Después de crear la popular serie televisiva
“Buffy, la cazavampiros”, el neoyorquino Joss Whedon se consolidó como
guionista en “Alien resurrección” y en superproducciones de animación de
la talla de “Toy Story”, “Titan A.E.” o “Atlantis: El imperio perdido”.
Esto le permitió dirigir diversos episodios de populares series
televisivas—como “Ángel”, “The Office” o “Dollhouse”—, dar el salto al
cine en 2005 con “Serenity” y triunfar en todo el mundo siete años
después con “Marvel Los vengadores”. Entre el rodaje de esta última
película y el inicio de su postproducción, Whedon filmó en poco más de
diez días —en su propia casa de Los Ángeles, en riguroso blanco y negro,
con actores amigos suyos y coproducida con su esposa Kai Cole— “Mucho
ruido y pocas nueces”, fresquísima y anacrónica adaptación de la primera
comedia de William Shakespeare. El Príncipe Don Pedro de Aragón (Reed Diamond) regresa victorioso
de una batalla acompañado de su siniestro hermano bastardo Don Juan
(Sean Maher), del inteligente Benedicto (Alexis Denisof) y del romántico
Claudio (Fran Kranz), un joven florentino que ha sido colmado de
honores por el gran valor mostrado en el campo de batalla. Son recibidos
con gran regocijo por el caballero Leonato (Clark Gregg), que vive con
su bella hija Hero (Jillian Morgese) y su sarcástica sobrina Beatriz
(Amy Acker) en una lujosa villa de Mesina (Sicilia). Beatriz y Benedicto
dicen no creer en el amor, y se lanzan puyas sin piedad. Por el
contrario, Claudio sí cree en Cupido, y desea casarse con Hero, que le
corresponde. Entonces, Claudio, Hero, el Rey Don Pedro y las criadas
preparan un sofisticado enredo para unir a Beatriz y Benedicto. Pero el
envidioso Don Juan se entera del plan, y urde una calumnia infame. En “Mucho ruido y pocas nueces”, Joss Whedon confirma su talento
como guionista, actualizando la obra de Shakespeare casi sin modificar
su texto original ni sus certeras reflexiones sobre el amor, la lealtad,
la envidia y la mentira. En este sentido, es clave su sensacional
dirección de actores —todos están espléndidos—, que logra el milagro de
que el espectador asuma como real la irreal situación. Además, se luce
en su puesta en escena, siempre al servicio de los actores y con una
planificación enormemente imaginativa en el exhaustivo aprovechamiento
de su luminosa casa, en sí misma atractiva, pues fue diseñada por su
esposa Kai, que es arquitecta. Finalmente, el propio Whedon firma el
fluidísimo montaje y hasta la bella banda sonora, que incluye varias
canciones románticas preciosas. Sólo cabe reprocharle algún detalle un
tanto grosero en las escenas sexuales. (Cope J. J. M.)
martes, 8 de julio de 2014
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