sábado, 17 de enero de 2009

La sombra del reino



Un escenario político post 11-S. Un terrible atentado terrorista sacude a la colonia occidental de una empresa petrolífera en Riad, Arabia Saudí, con más de cien muertos. Entre las víctimas se encuentran dos agentes del FBI. De modo que, aunque la política oficial de Estados Unidos es la de no interferir en la investigación que llevan a cabo las autoridades saudíes, el agente especial Fleury, amigo de uno de los muertos, mueve los hilos necesarios para que finalmente pueda acudir un equipo de tres hombres y una mujer a cooperar con las autoridades locales. Investigarán buscando evidencias en el escenario del crimen, tratando de superar las inevitables susceptibilidades que surgen por ambas partes.

En muy poco tiempo Matthew Michael Carnahan ha logrado colocar dos guiones donde se tocan temas como Oriente Medio, el entendimiento de culturas y el terrorismo: el de este film, y el de Leones por corderos. En ambos casos demuestra sensibilidad e inteligencia al proponer temas de calado dentro de tramas capaces de interesar a un público amplio. Aquí, con la mirada más superficial, tenemos la clásica historia de investigación policial, donde uno de los motivos que impulsa a los agentes de la ley es el deseo de venganza ante una flagrante y horrorosa injusticia; pero tal historia, que por cierto pega un ingenioso quiebro bien avanzado el metraje, sirve también para pintar el choque de culturas, representado por dos hombres honrados con "backgrounds" diferentes: Fleury, el agente negro, y Ghazi, el militar que al principio hace de "niñera" de los americanos; cuando aprenden a conocerse, y ver en el otro al hombre íntegro y amante de su familia y su país, su colaboración se estrecha, también porque ha surgido algo muy parecido a la amistad. Por supuesto también hay espacio para criticar la discriminación de la mujer en el mundo árabe, o métodos como la tortura en los interrogatorios; pero también hay una contrapartida al hablar de la burocracia en el lado estadounidense, y la perpetua mirada al "qué dirán" los medios de comunicación si hacemos esto o aquello, en vez de intentar hacer, simplemente, lo correcto.

Peter Berg (Friday Night Lights) sabe dotar al film de un ritmo muy ágil, maneja bien una nerviosa cámara en mano, y se luce en la emboscada de la autopista, o en el asalto a una casa nido de terroristas. El reparto se revela muy acertado, desde Jamie Foxx a una Jennifer Garner que sabe poner cara de sufridora como nadie, pasando por el siempre eficaz Chris Cooper, o los palestinos Ashraf Barhom y Ali Suliman, fichados tras su gran trabajo en Paradise Now. Respalda la producción Michael Mann, e impacta ese final en que las palabras pronunciadas en los dos bandos en contextos diferentes hablan de ese impulso primario y que ciega, de la venganza aniquiladora, que cree resolver las cosas aunque, en realidad, no resuelva nada.

Iron man



Tony Stark es un geniecillo desde que era un crío, cuando ganó todo tipo de premios científicos, además de licenciarse en el MIT con tan sólo 17 años. Es además el heredero de la más importante industria armamentística del planeta. Por supuesto, su principal cliente es el ejército de los Estados Unidos, y aunque lleva una vida de auténtico playboy, Tony se considera un patriota, que vende armas a "los buenos". Pero tras hacer una demostración de su nuevo misil en Afganistán, es capturado por una facción guerrillera que le insta a fabricar el misil para ellos. Tony hace como que accede, pero en realidad fabrica una prodigiosa armadura con la que logrará evadirse. De vuelta a casa, toda la concepción acerca de su negocio ha dado un giro de 180 grados. Porque se ha producido la ironía de que Tony fue hecho prisionero con sus propias armas.
Nueva adaptación de un superhéroe de Marvel. El Hombre de Hierro fue creado por Stan Lee (que hace su tradicional cameo en la cinta), Jack Kirby y Don Heck en 1963, inspirados por el visionario millonario Howard Hughes; y para la ocasión, se ha actualizado el contexto en que transcurren sus andanzas. Es decir, en vez de Vietnam, tenemos a nuestro protagonista en un contexto contemporáneo, y aunque se evitar ser muy explícito, tal vez para no herir susceptibilidades, está al fondo el polvorín de Oriente Medio, con Afganistán mencionado, y unos villanos refugiados en cuevas que recuerdan a un tal Osama Bin Laden, aunque haya alguno de los malotes que habla hasta... ¡húngaro!
La idea es pintar el camino a la redención del protagonista, que de despreocupado empresario de herramientas asesinas, pasa a utilizar sus conocimientos y creatividad en una búsqueda más concreta y menos manipulable de la paz en el mundo. Por supuesto, su nueva visión no sienta nada bien entre los accionistas de Stark Industries, sobre todo en su mentor Obidiah Stane, que hasta el momento había sido como un padre para Tony. También despierta dudas en los que más le aprecian, o sea, en su amigo militar James Rhodes (cuya mirada a una armadura de metal nos permite pensar por dónde irá su personaje en una futura secuela, o al menos eso harán los conocedores de la saga), y en su fiel secretaria Pepper Potts.
La película es entretenida, pero no memorable. Se habría agradecido un poco más de ingenio y sentido del humor en la trama, no confiarlo todo a la parafernalia de la trepidante acción; incluso empezar con una especie de flash-back, sólo para "animar" enseguida la narración, metiendo unas pocas explosiones y tal, parece un pelín torpe, como si hubiera sido una decisión de última hora cambiar el arranque, tras uno de esos tests que tanto gustan a Hollywood. Tiene el film, por supuesto, mucha tralla, acentuada con su música, muy 'heavy metal', como reclama el férreo protagonista. Los efectos especiales de las armaduras están muy logrados, y puede adivinarse que hay una deuda con títulos como Transformers y Stealth: La amenaza invisible. Hay acierto en el casting de los secundarios (Jeff Bridges de malvado, y Gwyneth Paltrow como la eficaz Pepper), aunque algo más sosillo se nos antoja Robert Downey Jr., simplemente correcto.

Cine21

jueves, 1 de enero de 2009

Sin destino



Holocausto
El horror del genocidio nazi ha dado pie a grandes películas como La lista de Schindler y El pianista, y en un estilo muy diferente, La vida es bella y 'Maus', el sorprendente cómic ganador del Pulitzer de Art Spiegelman. Estos títulos han dejado tan alto el listón, que retomar este asunto se antoja un reto difícil de acometer. Supera la prueba con nota el prestigioso director de fotografía húngaro Lajos Koltai (Conociendo a Julia, La leyenda del pianista en el océano), habitual de los films de Isztvan Szabó, que en su debut como cineasta adapta la novela homónima y prácticamente autobiográfica de su compatriota Imre Kertész, deportado a Auschwitz en 1944 y galardonado con el premio Nobel de Literatura en 2002. El propio Kertész se ha encargado de escribir el guión.
La novedad con respecto a aproximaciones anteriores al Holocausto es que se aborda desde el punto de vista de Gyorgy Köves, un adolescente de catorce años de Budapest, que se ve obligado a madurar de golpe cuando su padre le anuncia que debe abandonar el hogar porque los nazis le trasladan a un 'campo de trabajo'. Tras la dura separación familiar, que los personajes ven de forma esperanzada a pesar de todo, Gyorgy es apresado un día en plena calle por los nazis con otros judíos e introducido en un tren que le traslada a un campo de concentración.
Como era de esperar, a Koltai le interesa mucho la parte visual. Ha colocado como directora de fotografía a otra húngara, Gyula Pados, que ofrece una estética pictórica de gran belleza. A pesar de que nunca lo había hecho, Koltai dirige muy bien a actores tan solventes como Marcell Nagy, el joven protagonista y Daniel Craig -en un rol bastante secundario como sargento estadounidense-, que rodó esta película antes de ser elegido como nuevo James Bond.
Koltai acierta al prescindir de secuencias explícitas de violencia. Las ejecuciones masivas en la cámara de gas con las que Spielberg ponía los pelos como escarpias a los espectadores están presentes en esta ocasión fuera de campo. El film muestra una sucesión de escenas cotidianas, que suelen acabar con un fundido en negro y describen la rutina degradante y terrorífica de los personajes.La opera prima de Koltai muestra con hondura el valor de la autoconfianza para sobrevivir a situaciones extremas. Las valiosas lecciones de un altruista compañero en una de las secuencias clave hacen que el protagonista se conciencie de la necesidad de mantener la dignidad y sobre todo voluntad y razones para vivir, si es que realmente desea salir adelante. El film no oculta la parte más oscura del ser humano en secuencias tan escalofriantes como la del guardia húngaro que se acerca al tren de los deportados para sacar tajada. Se aprecia además cierto desencanto en el epílogo -una de las partes más novedosas-, y que habla, ya superado el conflicto, de la insolidaridad de la sociedad húngara y del bloque soviético. Pero a pesar de todo, el film es un emotivo canto a la esperanza.

(decine21)

No es país para viejos


No es país para viejos es el nuevo thriller de los oscarizados hermanos Joel y Ethan Coen, basado en el libro del novelista estadounidense Cormac McCarthy, ganador del Premio Pulitzer.
Se trata de una historia de crímenes en la frontera entre Texas y México en los años ochenta. Transcurre en una época en que los cuatreros han sido sustituidos por traficantes de droga y las pequeñas ciudades se han convertido en zonas de tiro libre.
La historia empieza cuando Llewelyn Moss (Josh Brolin) encuentra una camioneta rodeada por varios hombres muertos. En la parte trasera hay un cargamento de heroína y dos millones de dólares. Cuando Moss coge el dinero, provoca una reacción en cadena de violencia, que la ley, representada por el desilusionado sheriff Bell (Tommy Lee Jones), no consigue detener. Mientras Moss intenta huir de sus perseguidores, especialmente del misterioso cerebro de la operación (Javier Bardem) que se juega las vidas de otros a cara o cruz, la película pone al descubierto la delincuencia en Estados Unidos y amplía su significado hasta incluir temas tan antiguos como la Biblia y tan contemporáneos y sangrientos como los titulares de esta mañana.
La película brilla con un reparto encabezado por Tommy Lee Jones (El fugitivo, Hombres de negro), Josh Brolin (Grindhouse), Javier Bardem (Mar adentro), nominado por la Academia, Woody Harrelson (El escándalo de Larry Flint) y Kelly Mcdonald (Trainspotting). Los hermanos Coen volvieron a colaborar con el director de fotografía Roger Deakins, nominado a cinco Oscar.

August Rush


VALORACIÓN PERSONAL CINEDOSIS: película romántica que muestra un "amor" vivido de forma adolescente. Recurre a muchos tópicos, pero es la típica película que puede triunfar entre adolescentes. Simple, pero no está mal.
DeCine21: El apasionado y breve romance entre dos jóvenes músicos -una violonchelista de carrera prometedora y el rebelde guitarrista líder de un grupo de rock- en la ciudad de Nueva York tendrá como consecuencia el nacimiento de August Rush. August, que crece en un orfanato, es un niño prodigio con un gran talento innato para la música y que persigue un único objetivo: encontrar a sus padres.
Kirsten Sheridan, la hija de Jim Sheridan (En el nombre del padre, Mi pie izquierdo) y coautora del libreto de In America (primer dato importante), dirige su segunda película a partir de un guión de James V. Hart y Nick Castle, autores de Hook (segundo dato importante). Y son dos datos interesantes porque sirven para valorar un proyecto que, sin ser redondo, tiene muchos elementos valiosos y similitudes con las dos cintas anteriores. De In America toma el tono melodramático, el retrato de la inocencia -aquí personalizada en un Freddie Highmore que va dejando de ser niño pero que sigue siendo un estupendo actor-, unas gotas de hiperromanticismo y la defensa a ultranza del valor de la familia. De Hook toma el ritmo narrativo propio de una fábula.
August Rush es un cuento navideño, con todos sus pros y contras. Es cierto que Sheridan no es Capra y que el guión, a ratos, es inverosímil (como le ocurre a cualquier cuento) y en otros momentos resulta algo televisivo y roza peligrosamente el exceso sentimental. Pero salvados estos escollos a Sheridan le ha quedado una película más que correcta, ágil, con un buen reparto y un mejor casting (lo de poner a Robin Williams de malo es un acierto, y Jonhatan Rhys Meyers aporta un físico algo canalla que impide que la pareja protagonista resulte empalagosa). La película, además, se presenta envuelta en una original banda sonora, que empezó escribiendo Hans Zimmer y remató Mark Mancina, que fusiona con bastante acierto la música clásica con baladas de rock.
Ana Sánchez de la Nieta

(Fila Siete)

Como la vida misma



Una comedia creíble e inteligente con buenos diálogos, grandes interpretaciones y una música muy adecuada.
Dan es un hombre viudo, padre de tres hijas y escritor de una columna periodística titulada "Como la vida misma" en la que habla de la relaciones intergeneracionales. Sin embargo la relación con sus hijas no es precisamente satisfactoria, sobre todo cuando las obliga a realizar una visita a su numerosa familia. Antes de llegar, Dan conoce a una mujer en una librería y se enamora de ella sin saber que es la novia de su hermano.
El punto de partida incluye muchos tópicos: padre viudo, un encuentro muy casual, enamorarse de la mujer equivocada, una casa repleta de niños. Pero el guión y los actores levantan la película mostrando una familia alocada, numerosa y chismosa de manera mucho más divertida que la rutinaria Doce en casa.
Peter Hedges (Iowa, 1962) dirige y coescribe esta película después de realizar una opera prima que fue bien recibida por la crítica (Retrato de April) y de escribir junto a los hermanos Weitz el guión de Un niño grande que fue candidato al Oscar en 2002.
El guión de esta comedia romántica recuerda por sus diálogos vivos e inteligentes a títulos recientes como Juno o Pequeña Miss Sunshine. Se nota el esfuerzo de Hedges y Pierce Gardner (segundo guionista de la película) por controlar la glucosa y buscar constantemente el giro creativo y la réplica ingeniosa. De esta manera la película entretiene con un ritmo que no decae y que huye de muchos lugares comunes.
Todo esto cobra fuerza con un elenco de actores bien seleccionado que hace un trabajo excelente: Steve Carrell (controlado en sus gestos y medido en su dramatismo), Juliette Binoche (encantadora redención en este género después del olvidable Jet Lag con Jean Reno), Dianne Wiest (magnífica siempre, aunque aquí algo desaprovechada), Amy Ryan (que aspiró al Oscar por Adios, pequeña, adios)… Todos hacen de esta película un entretenimiento amable en el que la música de Sondre Lerche acompaña dando brillo y da color a los estados anímicos de los personajes.
Por poner un "pero", quizá a la película le falte una conclusión más redonda, un par de pasos de profundidad en la solución de los conflictos planteados… Aún así, está muy por encima de la superficialidad y la idiotez de muchas comedias actuales.
Claudio Sánchez

(Fila Siete)