domingo, 29 de agosto de 2010

Moon



De cine 21: Prometedor debut como director de Duncan Jones, hijo del celebérrimo cantante David Bowie. El guionista es otro primerizo, Nathan Parker, que se ha basado en una historia del propio Jones. Aunque sólo ha pasado por festivales menores, como el de Edimburgo y el de Seattle, lo cierto es que allí se ha llevado algún premio, y ha obtenido una buena respuesta de la crítica.

Sam es un astronauta que lleva tres años en la Luna, como supervisor de unas cosechadoras que recolectan un gas que se usa como energía en la Tierra. Una avería en un satélite le impide comunicarse en directo, aunque a veces recibe mensajes en vídeo de sus superiores o de su esposa, en los que también puede ver a su hija de tres años. Pero su única compañía real es Gerty, un robot programado para ayudarle a sobrevivir. Durante una misión de rutina, Sam sufre un accidente con el vehículo lunar...

Contar más del argumento sería estropear un poco la película, que dosifica muy bien la intriga. Duncan Jones le saca mucho partido al presupuesto, ya que no ha necesitado grandes excesos, y tiene los efectos especiales justos. Tampoco se ha gastado mucho en actores, ya que salvo alguna aparición puntual de algún que otro personaje, y la voz del robot -que en la versión original pertenece a Kevin Spacey-, lo cierto es Sam Rockwell aguanta el peso de la película prácticamente en solitario, y realiza un buen trabajo. Se agradece asimismo que Moon no pretenda tener los planteamientos profundos de 2001: una odisea del espacio, ni la espectacularidad de las cintas tipo La guerra de las galaxias. Se queda en una pequeña gran cinta de género, con reflexiones más que interesantes sobre los recuerdos y la ética empresarial. La única pega es que recuerda demasiado al citado film de Kubrick, a Blade Runner y a otros títulos, por lo que le falta un poco más de entidad propia.

jueves, 5 de agosto de 2010

Adam

Caratula de AdamDecine21:
Adam es un joven brillante y solitario, que padece el síndrome de Aspergen, una especie de autismo en alto grado, que se manifiesta en una gran inteligencia -es ingeniero electrónico, y sabe de todo un poco-, un comportamiento metódico, una sinceridad brutal y poco delicada, y una cierta incapacidad para detectar lo que siente el que tiene al lado. Su padre acaba de morir y vive solo. La llegada de una nueva vecina, Beth, escritora de libros infantiles y profesora, le empuja a salir de sí mismo pues siente una inmediata atracción. ¿Pero es posible el amor entre ellos?

Esta película escrita y dirigida por el desconocido Max Mayer resulta una agradable sorpresa. Ya el punto de partida, descrito con voz en off por Beth al inicio, es sugestivo: compara su relación con Adam con la del principito con el piloto en la conocida obra literaria de Antoine de Saint-Exupery; sólo que ella creía ser el principito hasta que se dio cuenta de que su rol, realmente, era el del piloto. El guión y su plasmación en imágenes construyen bien la evolución en la relación de los dos protagonistas, un amor creciente que da pie a situaciones humorísticas, pero también momentos cargados de tensión, por ser ambos tan diferentes. Además la historia romántica está bien imbricada con la subtrama que atañe al padre de Beth, acusado de fraude contable, y que se enfrenta a un difícil proceso judicial que podría llevarle incluso a la cárcel. Y se asumen riesgos en la forma de resolver el film.

La narración introduce un jugoso subtexto aprovechando con acierto la dedicaciones profesionales y conocimientos de Beth y Adam, con momentos mágicos como el de cierta noche en Central Park, las referencias al cuento del emperador desnudo -idea subrayada con el nombre del propio protagonista, Adam, que en el paraíso terrena descubre su desnudez, y que incide en la idea del autoconocimiento-, o los momentos de contemplación de las estrellas. Con inteligencia se plantean temas como el de ir con la verdad por delante en el trato con los otros.