sábado, 12 de diciembre de 2009

Enemigos públicos


Decine21: Nueva incursión en el mundo de los forajidos al margen de la ley del veterano Michael Mann, que debutó en el cine con la notable Ladrón, y ha indagado sobre el tema en títulos como Hunter, Heat, Collateral y Corrupción en Miami (2006). Esta vez se basa en hechos reales, recogidos en el libro 'Public Enemies: America's Greatest Crime Wave and the Birth of the FBI, 1933-34', de Bryan Burrough. Recoge las peripecias de John Dillinger -personaje auténtico ya llevado al cine con desiguales resultados por John Milius (Dillinger), Lewis Teague (La dama de rojo) y Max Nosseck (Dillinger, el enemigo público nº1)-. Fue el más afamado ladrón de bancos de todos los tiempos, a pesar de la competencia, pues vivió en una época prodiga en criminales míticos, como Baby Face Nelson o Pretty Boy Floyd.


El guión -que remite a cintas como Bonnie and Clyde y Los intocables de Eliot Ness- sigue los pasos de John Dillinger durante 14 meses, a partir de su salida de la cárcel, en julio de 1934. Inicia entonces una oleada de atracos que le convirtieron en una presencia habitual de los periódicos. En ese tiempo, se enamora de Billie Frechette, una humilde empleada de un guardarropa. Dillinger debe esquivar a los hombres del agente federal Melvin Purvis, un experto tirador encargado de atraparle.


Michael Mann se luce con una esmerada reconstrucción de la época, y hace hincapié en la lucha de J. Edgar Hoover, porque el congreso le dote de los medios legales y financieros suficientes para perseguir a los delincuentes que cometieran robos en un lugar y después cambiaran de estado. Uno de los puntos de interés es la lucha de Hoover por transformar el Bureau of Investigation que dirigía por aquel entonces en el actual FBI: Por otro lado, el cineasta transmite muy bien la fascinación que sentían los ciudadanos medios, en plena época de la Gran Depresión, por los grandes gángsteres y ladrones de bancos, que por entonces tenían mucha presencia en los medios de comunicación. Dillinger se convirtió en una especie de ídolo, en una época donde ciudadanos incapaces de saltarse una señal de tráfico admiraban a aquellos que habían solucionado sus problemas desafiando la ley. Como los bancos eran extremadamente impopulares, el asaltante Dillinger era aclamado como una especie de Robin Hood. Mannn ha sabido reflejar todo esto en muchos detalles, como la sesión de preguntas de unos periodistas emocionados con Dillinger, tras ser detenido, o en la pasión que despertaba el actor especializado en mafiosos James Cagney -al que imita un compinche de Dillinger- y películas como El enemigo público nº 1, que cobra gran importancia en el desenlace de este film.


Sorprendente es la interpretación de Johnny Depp, en un registro más realista de lo habitual, que sabe transmitir la elegancia de su personaje, a pesar de sus métodos violentos, y añade un toque romántico que recuerda a alguna película de gángsteres de Humphrey Bogart, como El bosque petrificado o El último refugio. Es un personaje con muchos matices, descritos con sutileza en el guión, pues tuvo una infancia desgraciada, y a pesar de vivir al margen de la ley, tiene una especie de código de honor y valora la amistad por encima de todo, como los viejos personajes de las películas de Sam Peckinpah. Le secunda con convicción el prolífico Christian Bale, como un policía obsesionado por su presa, pero en el fondo honrado. Cuenta también el film con ilustres secundarios en papeles a veces muy menores, como Marion Cotillard, Channing Tatum, Giovanni Ribisi, Stephen Dorff y la casi olvidada Leelee Sobieski, que a pesar de su calidad, aquí casi no tiene papel.

En su relato de ascensión y caída de un gángster, Michael Mann parte de viejos esquemas, que tan buenos resultados le dieron a Howard Hawks, en Scarface, el terror del hampa. Un planteamiento clásico filmado con el moderno estilo eminentemente visual del director de El dilema, un montaje trepidante y una sabia utilización de las cámaras digitales. Muchos son los momentos deslumbrantes, aunque cabe destacar el último atraco al banco, la huida de la posada y una surrealista y poco probable visita de Dillinger a la oficina desde donde se dirige su busca y captura. También se anota un tanto Michael Mann a la hora de integrar las canciones de la época en la trama.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Warlords


Decine21: Espectacular wuxia (cine chino de artes marciales), que nos traslada a épocas legendarias del medievo oriental, en concreto a los años de la dinastía Qing. Se trata de una adaptación de la historia "El asesinato de Ma", y narra la personal y honorable lucha entre tres hermanos de sangre en medio de la guerra y de la agitación política. Lo mejor es poder participar del trabajo acrobático de tres extraordinarios actores: Jet Li, Andy Lau y Takeshi Kaneshiro.

Good


Decine21: Alemania, en los años previos a la II Guerra Mundial. John Halder, profesor de Universidad, es un tipo gris que inicia una relación con una de sus alumnas, a espaldas de su esposa, y escribe un libro en el que aboga por la eutanasia. Los nazis reciben con entusiasmo su obra, y cuatro años después de su publicación, le piden asesoramiento para divulgar sus ideas, que coinciden con las del partido, y han sido alabadas por el propio Hitler. Aunque había sido reacio a afiliarse al partido, y su mejor amigo es judío, Halder empieza a darse cuenta de las posibilidades de afiliarse al nazismo, por su propio interés...

Sugestivo retrato de la época de los nazis, desde el punto de vista de la población, de esos ciudadanos corrientes -y en principio pacíficos- que como es bien sabido llegaron a apoyar a un régimen que impuso el terror, y llevó a cabo un genocidio. Esto se explica por una mezcla de falta de referentes morales, conveniencia propia y falta de información. Resulta especialmente siniestra una escena colorista y alegre, en la que los ciudadanos acuden despreocupados a un desfile. "No puede ser mala una ideología que hace feliz a la gente", comenta uno de los personajes al respecto.

Tratar de entender cómo se llegó a la barbarie es lo que se ha propuesto el desconocido cineasta Vicente Amorim, nacido en Austria, de ascendencia brasileña, y responsable de la desconocida El camino de las nubes, entre otros títulos. Amorim adapta una obra teatral de C.P. Taylor, y juega muy bien la carta de su excelente reparto, encabezado por Viggo Mortensen, que hace un gran esfuerzo por alejarse de su registro de aventurero, el más conocido por el público. Mortensen sorprende con un papel de intelectual, ataviado con unas gafas que le dan un aire distinto al habitual, y logra hacer muy creíble a su personaje, un tipo sin muchos escrúpulos, capaz de integrarse en el nazismo, lo que acaba pasándole factura. También están a un alto nivel otros actores, como Jason Isaacs (Lucius Malfoy en la saga de Harry Potter) y Mark Strong (Red de mentiras). Estamos ante un film de interés, a pesar de que le falta algo de fuerza en los momentos que requieren más suspense, y de un final un tanto críptico y pretencioso.

La reina Victoria


Decine21: El reverso de la moneda mostrada hace unos años por Su majestad Mrs. Brown. Si la película de John Madden mostraba el desconsuelo de una reina Victoria talludita por la muerte de su esposo Alberto, y su particular relación con el plebeyo John Brown, la que nos ocupa sigue a una Victoria adolescente, con derecho a suceder al rey Guillermo, su tío. Circunstancia que tratan de explotar su madre, la duquesa de Kent, y lord John Conroy, para lograr una hipotética regencia. Entretanto el rey Leopoldo de Bélgica también conspira para controlar a la heredera al trono, y su juego es promover a su joven y apuesto hijo Alberto, para que seduzca a la inexperta Victoria. Y el rey Guillermo, consciente de que su mala salud le deja poco margen de maniobra, confía en el primer ministro Melbourne para traer a su sobrina a la Corte, y liberarla de una influencia materna que considera perjudicial.

La trama del film dirigido por el canadiense Jean-Marc Vallée (C.R.A.Z.Y.) adopta principalmente el punto de vista de Victoria, atrapada en esta teleraña de intrigas palaciegas, y que ignora por completo el significado de las palabras "existencia normal". Obligada a soportar presiones de unos y otros, al inicial recelo que siente por Alberto sigue una paulatina confianza y atracción, también porque observa que, por encima de la misión que le ha encomendado su padre, establece una relación personal y le da consejos bastante razonables. Uno de ellos, que se convierte en metáfora del film, es que, en la especie de ajedrez donde Victoria se siente pieza, manejada por unos otros, ella ha de aprender, si desea sobrevivir, las reglas del juego.

El guión de Julian Followes -que ganó un Oscar por su libreto de Gosford Park- tiene hechuras clásicas, y está traspasado por un cierto tono humanizador que se agradece. Cierto que las luchas de poder despiertan bajos instintos, pero también hay espacio para demostrar la lealtad de unos, e incluso en otros cierta grandeza de ánimo para reconocer que llega un momento en que los hijos "vuelan", ya no se pliegan a ciegas a los planes que han trazado para ellos sus progenitores. El reparto, dominado por la Victoria de Emily Blunt, quien ya había llamado gratamente la atención por su papel en El diablo viste de Prada, cuenta con un buen coprotagonista, Rupert Friend, y un excelente plantel de secundarios, algunos casi irreconocibles, como Paul Bettany, un estupendo Melbourne, Jim Broadbent, el estridente monarca Guillermo, y Mark Strong, el oscuro Conroy. La película, muy bien ambientada, sufre un pequeño bache, curiosamente, cuando triunfa el amor, pero en general mantiene un tono muy correcto, típico de ese buen cine histórico en el que los ingleses son expertos consumados.

Despedidas


Decine21: Daigo es un joven violonchelista recién casado que trabaja en una orquesta de Tokio. Sin embargo, cuando ésta queda disuelta, Daigo queda desolado, pues además de perder el empleo se ve obligado a vender el violonchelo por falta de dinero. Además, el joven acusa en su personalidad el abandono de su padre cuando era un niño; está desorientado con su vida, no tiene claro su futuro musical y ha perdido la confianza en su talento. El joven matrimonio decidirá entonces trasladarse a la pequeña ciudad de Yamagata, en donde la madre de Daigo, recientemente fallecida, le dejó una pequeña casa en herencia. Una vez instalados allí, Daigo acude a una entrevista de trabajo en una empresa que se dedica a las despedidas. Él cree que es una agencia de viajes, pero esas "despedidas" resultan ser algo distinto. En realidad, la empresa NK se encarga de amortajar a los muertos, de prepararlos para el últimos adiós.


Hablar de la muerte es complicado. Y en el cine es fácil caer en el exceso o la banalidad cuando se toca este tema. No es el caso de este bello film, justo ganador del Oscar a la mejor película en lengua no inglesa en 2009. Un excelente guión de Kundo Koyama y una primorosa dirección de Yojiro Takita (La espada del samurái) logran la difícil tarea de no deprimir al espectador con asunto tan delicado. Es un tema doloroso, lleno de misterio, y hay lógicamente un enfoque serio de la realidad de la muerte, pero se incide en que ese fin temporal es algo natural, parte de la vida humana, lo cual, junto a la acentuada visión trascendente de la existencia (con apertura sincera a todas las religiones), consigue que el conjunto no provoque en el espectador sentimientos traumáticos de inquietud o desasosiego.


Como corresponde a un film japonés de calidad, el ritmo es pausado -oriental-, y se da gran importancia al lenguaje corporal, a los gestos, especialmente primorosos en las escenas de amortajamiento. Por otra parte, esos momentos revelan una delicadeza asombrosa a la hora de tratar el cuerpo humano, que es manipulado con excelsa dignidad, con un respeto casi religioso. La muerte nos iguala a todos, viene a decir la película, y todos los muertos merecen esa honorable despedida final, "hasta que volvamos a vernos"... La emoción surge naturalmente en ciertos momentos, también agudizados por una cuidadísima y sencilla planificación, y por la melodiosa y extraordinaria banda sonora de Joe Hisaishi, que arranca del chelo un sonido de enorme belleza.


Con sensibilidad inaudita, el director japonés ofrece además una historia de amor muy original, con varias perspectivas. El vacío que causa la ausencia del padre, un tema lateral al principio, va tomando cuerpo hasta desembocar en tema esencial, capaz de provocar intensa emoción. También se dignifica el trabajo humano, por muy antisocial que parezca. Y desde luego, asombra la sutileza incomparable con que se van desplegando las historias de los personajes, magníficamente interpretados. Nadie se queda fuera; cada uno de ellos, por pequeño que parezca, tiene su pizca de sentido en la película: el jefe, que lleva ocho años viudo; la empleada, que abandonó a su hijo de seis años; la esposa amorosa, que no entiende el trabajo del marido; la señora de los baños, cuyo hijo no la entiende; el amigo anciano, con un trabajo que había pasado oculto durante años. En fin, una película diferente (muy japonesa, si se quiere), que se atreve a hablar de la vida y de la muerte, con mucha sencillez y esperanza.

Gran Torino


VALORACIÓN PERSONAL CINEDOSIS: es una historia muy bonita. Clint Eastwood es un viejo cascarrabias que vive en un barrio lleno de inmigrantes. Sus nuevos vecinos orientales acaban colándose en su vida y le van cambiando por dentro. Trabaja las distintas relaciones entre personajes y está salpicada muy frecuentemente por tacos. Vale la pena.

Decine21: Walt Kowalski es un anciano gruñón, jubilado tras 50 años de trabajo en una fábrica automovilística, que acaba de quedarse viudo. Incapaz de comunicarse con sus inmaduros hijos -que pretenden llevarle a una residencia- o con su nieta -vestida con ropa poco recatada-, se siente incómodo en su barrio globalizado, lleno de pandillas conflictivas de orientales, latinos y afroamericanos. También tiene todo tipo de prejuicios hacia sus vecinos de al lado. Éstos pertenecen a la etnia 'hmong', del sudeste asiático, que él identifica con los orientales con los que combatió en Corea.

Kowalski vive anclado en un pasado simbolizado en su emblemático coche, un Ford Gran Torino de 1972, que mantiene tan reluciente como el primer día. Una noche impide que lo robe uno de sus vecinos 'hmong', el tímido adolescente Thao, que ha sido presionado por su primo pandillero. Poco después, este primo y sus amiguetes la tomarán con Thao, pero Kowalski les echa del lugar con un rifle. Poco a poco, el viejo cascarrabias acaba haciéndose muy amigo de sus vecinos, especialmente del chico, al que tendrá que ofrecer mucha ayuda.

Después de encadenar tres películas en las que no participaba como actor -Banderas de nuestros padres, Cartas desde Iwo Jima y El intercambio-, Clint Eastwood ha dado con un guión que le va al pelo, pues su personaje es un tipo que por su forma de comportarse y sus diálogos, refleja muy bien cómo hubiera sido Harry el sucio o cualquiera de sus personajes una vez jubilado. Algunos pasajes en los que Clint empuña el arma al estilo de los pistoleros que interpretaba de joven, o pronuncian sentencias amenazantes, parecen sentidos homenajes a su amplia filmografía. Enlaza en cierta manera con varias cintas recientes de héroes crepusculares, especialmente con Rocky Balboa, que presentaba de forma creíble una historia en la que el maduro protagonista acababa convertido en el héroe a pesar de la edad.

Retoma el guión asuntos que ha indagado muchas veces Eastwood a lo largo de su envidiable filmografía, como la redención, la violencia, el choque cultural, las relaciones familiares dificultosas, etc. Incluye esta vez varios golpes de humor -ausente en sus últimas películas-, al tiempo que como es habitual, filma con un estilo muy clásico, y un ritmo lo suficientemente ágil pero nunca apresurado, pues se toma su tiempo para describir a los personajes y mostrar las relaciones entre ellos. Todos están muy bien dibujados, incluso secundarios memorables, como el peluquero con el que el protagonista intercambia insultos constantemente a pesar de que se adoran, o el jovencísimo sacerdote de 27 años al que antes de fallecer la esposa de Kowalski le encargó que le confesara. Atención a los actores que interpretan a estos y otros personajes, tan desconocidos como brillantes.

Donde Eastwood se luce especialmente es al explorar la relación entre su personaje y Thao, y cómo ambos evolucionan gracias a su inesperado encuentro. Eastwood aprenderá a ser más tolerante -descubre que estos orientales de lo que él llamaba la etnia 'jamón' resultan ser más cercanos que sus propios hijos-. El chico aprende del anciano a comportarse como un hombre, a buscarse un trabajo y a relacionarse con los demás. Marcando las distancias, la historia recuerda a ratos a Kárate Kid, salvo porque aquí el oriental es el chico; pero éste también es acosado por gamberros juveniles, su maestro también le hace lavar el coche, y también se siente atraído por una chica con la que parece no tener posibilidades...

Quizás algún pasaje se antoje innecesariamente largo, y el conjunto no llega a la altura de las grandes cintas del cineasta, pero es una obra bastante digna. Refleja otra vez la fatalista visión que tiene Eastwood de un mundo cruel e injusto, donde el individuo se ve abocado a un final trágico. Pero como ocurre en Sin perdón, Million Dollar Baby, El intercambio y otras de sus películas, por el camino es posible encontrar a buenas personas, capaces de sacrificarse y apoyar a los suyos. Por tanto, no se puede hablar de una visión completamente desesperanzada.

Star trek


Decine21: Tanto va el Enterprise al espacio, que al final el filón se agota. Hasta los más fieles seguidores de la célebre astronave se dieron cuenta de que la décima entrega fílmica, Star Trek: Némesis, daba muestras sobradas de que la fórmula se había sobreexplotado. A pesar de todo, en su segundo largometraje como director, J.J. Abrams, creador de las series televisivas Alias y Perdidos, se ha propuesto resucitar Star Trek, que antes de ser una saga cinematográfica fue una de las más conocidas series televisivas de la historia. Abrams parte de cero, en la línea de Batman Begins, de forma que cualquiera que desconozca por completo a los personajes pueda disfrutar sin problemas de la trama. Pero además, el astuto director ha sabido, mediante una estratagema de guión que conviene no desvelar, hacer que nada de lo que ocurra aquí contradiga lo ya visto en las entregas anteriores, para no molestar a los miles de 'trekkies', tal y como se conoce a los fans con los que cuenta la saga.

Tan de cero pretende empezar la historia Abrams que abre el film con el nacimiento del protagonista, el capitán James Tiberius Kirk, que viene al mundo al mismo tiempo que su padre se inmola, mientras se enfrenta a la nave de Nero, un capitán renegado de la raza de los romulanos. Tras una infancia rebelde, Kirk acaba convirtiéndose en un brillante cadete de la Flota Estelar, donde aún se recuerda el valor de su progenitor. Allí se hace amigo de McCoy, que estudia para ser oficial médico, conoce a la joven Uhura, experta en lenguajes y formas de comunicación, con la que no acaba de llevarse bien del todo, e inicia una enconada rivalidad con Spock, hijo de una humana y de un vulcano, raza que se distingue por su afán de controlar las emociones. Una supuesta llamada de auxilio llevará a Kirk y al resto de cadetes a embarcarse en el Enterprise y enfrentarse nuevamente con Nero, el romulano que reaparece con un siniestro y destructivo plan...

El reparto es completamente nuevo, salvo por la inclusión del legendario Leonard Nimoy, el intérprete original de Spock, que encarna a su personaje envejecido. Para interpretarlo cuando es joven, le ha sustituido el joven Zachary Quinto, en el papel más importante junto con el hasta ahora muy secundario Chris Pine, que encarna al capitán Kirk, El tal Pine es un joven atractivo con mucho potencial para arrastrar al público adolescente a los cines, al igual que Zoe Saldanha, muy expresiva como Uhura, el más importante papel femenino. Destaca la inclusión en el reparto del especialista en comedia Simon Pegg (Scotty), y de la veterana Winona Ryder, que es la madre de Spock en un corto pero emotivo papel. Sorprende el fichaje del excelente actor Eric Bana para encarnar al villano, Nero, pues aunque borda el papel, no se comprende si era necesario un fichaje que sin duda habrá costado una millonada, para un papel irreconocible, ya que está siempre completamente recubierto de maquillaje.

Se declara Abrams más seguidor de Star Wars que de Star Trek, y su película está próxima al primer George Lucas, en la medida en que no pretende hacer ciencia ficción dura, sino una dinámica cinta de aventuras, con mucha acción, y sofisticados efectos especiales. Y sin embargo, sorprende su habilidad para no traicionar a los iniciados. A estos les ofrece numerosísimos guiños que les harán muy felices (la prueba del Kobayashi Maru, la babosa de Star Trek II. La ira de Khan, y hasta la sintonía original de la serie y el monólogo del principio...), pero hay un especial cuidado en que los homenajes estén tan integrados en la historia que no es necesario saber nada para poder seguirla. Es una entrega más ligera de lo habitual, pues aunque contiene notas positivas sobre la amistad, las emociones humanas, el sacrificio y el sentido del deber, está claro que Abrams está pendiente de sorprender continuamente. Su habilidad para conseguirlo es notable, sobre todo en algunos momentos memorables, como la persecución protagonizada por el pequeño Kirk, la secuencia en la que éste se arroja en paracaídas para sabotear una perforadora y su huida de un monstruo gigantesco en un planeta inhóspito. Se le puede achacar una pequeña bajada de ritmo cuando el anciano Spock cuenta su historia, y la inclusión de una secuencia de sexo en una saga que hasta ahora era completamente blanca, para todos los públicos. Pero ha logrado resucitar el cadáver, que es lo de que se trataba.

The international


De cine21: Una investigación llevada a cabo por el agente de la interpol Louis Salinger y la ayudante del fiscal del distrito en Manhattan Eleanor Whitman está a punto de destapar un escándalo mayúsculo de venta de armas en países del tercer mundo a través de un banco tapadera con sede en Luxemburgo. Pero la persona que servía de contacto con el banco es asesinada con una limpieza escalofriante, y a partir de ese momento se ponen en marcha resortes muy poderosos para no dejar resquicios que permitan denunciar el caso. Lo que supone el empleo de asesinos profesionales, que ponen en su punto de mira a personas muy importantes, como Calvini, uno de los políticos favoritos para ocupar el puesto de primer ministro en Italia.
Apasionante intriga política escrita por el primerizo Eric Singer, y dirigida por el alemán Tom Tykwer, que tan buen sabor de boca dejó en los cinéfilos hace ya más de diez años con la dinámica Corre, Lola, corre. Con un esquema de enfrentamiento sin equilibrio de fuerzas, a lo David contra Goliat, el cineasta filma con buen pulso, y sabe crear la perfecta atmósfera de conspiración que exige la trama -es modélico el pasaje en Milán en torno a un francotirador-, donde en todo momento tiene uno la sensación de que puede surgir un personaje de la sombra, dispuesto a enmarañar aun más la historia. Además incluye formidables escenas de acción, bien rodadas, como la que acontece en el museo Gugghenheim neoyorquino, verdaderamente espectacular. La película denuncia a un sistema financiero y político internacional capaz de permitir, aunque sea por omisión, los más increíbles y corruptos negocios, a costa de la tragedia de personas y aun naciones enteras. En tal sentido estamos ante una narración pesimista, donde no cabe confiar en la justicia, sólo en las personas concretas; y aquellos que procuran hacer lo correcto se ven obligados a vender, en parte, su alma al diablo.

martes, 20 de octubre de 2009

Resistencia




Decine21: La verdadera historia de los cuatro hermanos Bielski, en los años de la Segunda Guerra Mundial, en la Bielorrusia que los nazis se esfuerzan por conquistar. Tras el asesinato de sus padres, con la despreciable ayuda de colaboracionistas locales, Tuvia Bielski se refugia en el bosque con sus tres hermanos, asumiendo el liderato de una pequeña comunidad judía, que irá creciendo con el paso del tiempo. La supervivencia es la meta, y el enemigo no sólo es el alemán invasor, también el gélido invierno y el hambre causan estragos. Se imponen estrictas reglas: todos deberán ocupar su tiempo y realizar tareas que redunden en beneficio del grupo, de acuerdo con su conocimiento; prohibido tener niños, en esas penosas condiciones, serían una carga insoportable; hay que atenerse a una férrea disciplina. Por supuesto, atenerse a todo ello no es fácil, y surgirán los desacuerdos. Así, Zus Bielski prefiere la lucha directa con los alemanes, y abandonará al grupo para unirse al ejército ruso como partisano, experto en actos de sabotaje.

Edward Zwick director se ha convertido en un auténtico especialista en filmar películas bélicas, con el notable mérito de que las acciones de combate las pueda entender hasta el espectador menos avezado: allí están para demostrarlo Tiempos de gloria, En honor a la verdad y El último samurái. El film que nos ocupa también logra incluir vibrantes escenas guerreras, como la del bombardeo del bosque, o la del grupo de soldados atrapado entre dos fuegos; la del ataque nocturno de un puesto alemán, con planos breves y ralentizados de un modo muy original, sorprende positivamente. Sin duda que la pericia del director de fotografía Eduardo Serra y la partitura musical con mucho violín de James Newton Howard contribuyen, y mucho, al buen resultado de los pasajes de guerra.

Pero no sólo de buenos momentos de acción bélica vive el género, y Zwick y su coguionista Clayton Frohman saben además construir una historia razonable y humana, evitando las concesiones que podrían rebajar la realidad de que la guerra es un completo horror, que embrutece y degrada. Es cierto que al principio la larga narración avanza con un tono algo frío, poco emotivo, y que los hermanos se introducen de modo algo brusco. Pero poco a poco se van perfilando los mimbres de una historia que, aunque algo cansina, es sólida. Así, se pinta a los personajes y los dilemas que deben arrostrar, sobre todo a los tres hermanos con mayor presencia, los mentados Tuvia y Zus -Daniel Craig y Liev Schreiber, que están bien, sabiamente contenidos-, más Asael -Jamie Bell-. Y con verismo, se incluyen situaciones en que puede la sed de venganza sobre otras actitudes tan necesarias como el perdón y la compasión; a la hora de ejercer el mando, se toman decisiones muy crueles, que incluyen la muerte, y también se producen momentos en que las fuerzas flaquean; lo referente a la no-procreación tiene el contrapunto de un impactante caso límite, que introduce la necesaria humanidad en una norma muy cuestionable; la fe del elegido pueblo judío convive con la desesperanza, reflejada en la triste oración del rabino. También, con unas pocas pinceladas, las justas, se apuntan las relaciones amorosas que protagonizan los hermanos.

Valkiria


Decine21: África, 1943. El oficial alemán Claus von Stauffenberg es herido en acción de guerra, a resultas de lo cual pierde la mano derecha, varios dedos de la izquierda y un ojo. Ya antes de que ello ocurriera, discrepaba de los planes de Adolf Hitler, que han llevado a Alemania al desastre, además de haber propiciado crímenes abominables. Pero ahora, de vuelta en Berlín, se acentúa su convicción de que resulta preciso actuar, es su deber como soldado, patriota y católico no permanecer con los brazos cruzados. De modo que se aliará con un movimiento conspiratorio para asesinar al Führer, convocar a los reservistas, lanzar el boto de humo de un golpe de estado perpetrado por oficiales de la SS y tomar el control con el nombramiento de un gobierno provisional. Se trata de la Operación Valkiria, que deberá arrancar el 20 de julio de 1944 con un atentado en la Guarida del Lobo, en el cuartel de Ratensburg. Además del coronel von Stauffenberg, que diseña la estrategia de la operación, se encuentran conjurados en el complot el general Friedrich Olbricht, el coronel Albrecht Ritter Mertz von Quirnheim y el general Ludwig Beck, entre otros.

Hasta de quince atentados llegó a ser objeto Adolf Hitler, y todos terminaron en fracaso. El cine ha abordado esta oposición interna al líder nacionalsocialista en películas tan apasionantes como Rommel, el zorro del desierto, o La noche de los generales. La incursión de Brian Singer, que ya abordó la temática nazi en Verano de corrupción, adaptación de una obra de Stephen King, resulta harto afortunada. Por un lado, el guión del debutante Nathan Alexander y Christopher McQuarrie -quien ya colaboró con Singer en Sospechosos habituales- es muy fiel a los hechos históricos, que sabe describir sin caer en el embarullo incomprensible, o en la ristra de nombres que ni el espectador más atento sería capaz de retener. La narración posee un dinamismo fantástico, no hay una sola caída de ritmo. Y el suspense acerca de cómo va a discurrir la operación golpista atrapa, ya sea en la preparación del explosivo y en las dudas de los implicados, o por la desinformación acerca del alcance del atentado. Al tiempo, los personajes están muy bien descritos, con rasgos que los humanizan. Tom Cruise compone a un von Stauffenberg resuelto, que sufre por los padecimientos de Alemania, actúa en conciencia y permanece muy unido a su numerosa familia; el actor sabe encarnar su grave determinación, lo que es meritorio en alguien que por sus rasgos tiende a mostrarse risueño. Y se entienden las dudas para entrar en acción de Olbricht o Beck, el pragmatismo cobarde del general Friedrich Fromm, la frustración del general Henning von Tresckow, la confusión del mayor Otto Ernst Remer, o las presiones a que se ve sometido el general Erich Fellgiebel. Si una película merece un premio al conjunto de su reparto es ésta, están perfectamente elegidos y responden Bill Nighy, Terence Stamp, Tom Wilkinson, Kenneth Branagh, Thomas Kretschmann y Eddie Izzard, e incluso los que tienen menor presencia, David Bamber componiendo a Hitler o Harvey Friedman a Goebbels.

No sólo estamos ante cine histórico de primera, respaldado por una estupenda recreación de época y la ayuda que supone rodar en escenarios auténticos, como el edificio Blender, sino que Singer se muestra muy inspirado como cineasta. Es fantástica la idea de iniciar el film con von Stauffenberg escribiendo un diario en alemán, y el modo en que se produce la transición de ese idioma al inglés (o a la lengua en que el espectador escuche la cinta). Cinematográfico y sin palabras, muy visual, resulta ver al protagonista en su hogar, mirando a su esposa e hijos, no hace falta decir nada para saber que por ellos debe tomar importantes decisiones; también, casi a renglón seguido, es muy gráfico el momento del bombardeo mientras suena un disco con la música de Wagner, ese vinilo rayado que enlaca con la idea de la operación Valkiria; y las mutilaciones de von Stauffenberg son utilizadas lo justo, con ingenio, ese 'hail, Hitler', o la torpe manipulación de una cartera. Visto el brío vigoroso de Singer en este film no podemos sino hacer votos para que deje para otros los cuentos de superhéroes y él se dedique a contar historias más dramáticas y hondas, tiene talento de sobra para hacerlo.

Oh Jerusalén


Decine21: Adaptación de la exitosa y voluminosa novela de Larry Collins y Dominique Lapierre, que quiere ser una recreación de los hechos acontecidos alrededor de la creación del Estado de Israel en 1948, poco tiempo después de terminar la Segunda Guerra Mundial. Los autores retoman los hechos históricos y los vierten en sus páginas como si de un amplio reportaje periodístico se tratara, y para seguir un desarrollo ordenado y ampliar el atractivo de la historia introducen personajes de ficción. El director Elie Chouraqui, que adquirió cierta celebridad con la notable Las flores de Harrison, vuelve al terreno bélico y se encarga de trasladar la novela al guión y de convertir éste en imágenes.

El argumento sigue las vicisitudes de dos amigos americanos, Bobby Goldman y Saïd Chahine, uno judío y el otro palestino, que en un momento dado se sienten empujados a trasladarse a Israel para poder ayudar a sus respectivos pueblos. La zona en cuestión arde de ansiedad y de disturbios, ante la inminente retirada de las tropas británicas y la impaciencia que provoca la votación de la ONU acerca de la creación del nuevo país para los judíos. El comienzo de la guerra y del odio entre judíos y palestinos es sólo cuestión de días.

La película se ve con agrado, es entretenida y didáctica a la hora de no ofrecer una frívola y maniquea visión de la situación política de Israel, y logra algún momento de emoción entre los dos protagonistas, amigos por encima de todo. Pero también da la sensación de que la empresa de adaptar la novela se ha revelado a la postre demasiado aventurada. O han faltado medios económicos o la simplificación ha sido excesiva. El caso es que el aire episódico de los acontecimientos resta mucha grandiosidad a una película que demandaba un mayor esfuerzo de producción -desdice demasiado que las tomas panorámicas de Jerusalén no se correspondan a las localizaciones del rodaje- y se echan en falta unos personajes más elaborados. Los actores se esfuerzan y logran estar en su sitio, y llama la atención especialmente un metamorfoseado Ian Holm, que interpreta a Ben Gurion.

La conspiración del pánico


DeCine21: Trepidante película que funciona con el esquema que tan buenos resultados diera a Alfred Hitchcock, piénsese en Con la muerte en los talones, de dos personajes corrientes y molientes inmersos contra su voluntad en una situación extrema. La trama se inicia con el ejército estadounidense desarrollando una operación contraterrorista. A pesar de que una supercomputadora desaconseja ejecutar dicha operación, y el secretario de defensa es del mismo parecer, el presidente la autoriza, con desastrosas consecuencias. Poco después, el joven Jerry se entera de que su hermano gemelo, militar, ha muerto en un accidente. Destrozado por la desgracia, debe enfrentarse además a sus padres, descontentos con el modo en que maneja su vida. De pronto, sin comerlo ni beberlo, se encuentra con que su piso está lleno de material para fabricar bombas; una misterioso comunicante telefónico comienza a darle instrucciones para evitar ser acusado de terrorista. Al mismo tiempo, una mujer, Rachel, descubre con horror que su hijita ha sido secuestrada. Ella y Jerry, que no se conocían, serán obligados bajo amenazas a formar parte de un maquiavélico plan, que podría poner patas arriba a los Estados Unidos, y por ende, al mundo entero.
Steven Spielberg produce este film, dirigido por D.J. Caruso, con Shia LaBeouf de protagonista. Se ve que los tres han estrechado lazos gracias a títulos como Transformers, Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal y Disturbia, y aquí entregan una película la mar de entretenida, concebida como una vertiginosa montaña rusa, donde se acumulan con acierto las situaciones peligrosas y la sensación de indefensión de los personajes, que deben esforzarse por tomar el control de una situación que, aparentemente, les supera. El guión pide al espectador que suspenda su incredulidad, una convención que se acepta fácilmente, de modo que puede uno identificarse con esa especie de persecución de tintes paranoicos a través de teléfonos, satélites y pantallas de ordenador, dando órdenes o rectificándolas de forma desconcertante. Aparte de la referencia hitchcockiana ya apuntada, el film cita muy conscientemente 2001: una odisea del espacio, para advertir acerca de unas máquinas que estarían supliendo al ser humano peligrosamente a la hora de tomar decisiones comprometidas.
LaBeouf va camino de convertirse en una gran estrella. Actúa con gran naturalidad, y da el tipo de joven actual, buen tipo pero algo indolente. Le da buena réplica Michelle Monaghan, una actriz que ha ido creciendo desde sus iniciales papeles secundarios en títulos como Misión imposible III.

El desafío. Frost contra Nixon


Es evidente que al guionista y autor teatral Peter Morgan le fascina sumergirse en la vida de personas reales a la hora de concebir sus obras de ficción. Logros cinematógraficos como El último rey de Escocia (el dictador ugandés Idi Amín), La Reina (Isabel II de Inglaterra, Tony Blair y compañía) y Las hermanas Bolena (Enrique VIII y las hermanas del título), donde se dan la mano autenticidad e interés dramático, son buena muestra de ello. La caída del poder del presidente Richard Nixon en 1974 por el escándalo Watergate, y las entrevistas televisivas que le hizo el británico David Frost tres años después le sirvieron de fuente de inspiración para una obra de teatro, protagonizada por Frank Langella y Michael Sheen, que triunfó en los escenarios de Londres y Broadway. Para su autor, una adaptación cinematográfica era impensable, pero los esfuerzos persuasivos de Ron Howard, director, y Brian Grazer, productor, fueron positivos, y Morgan convirtió su obra en libreto cinematográfico. El resultado en celuloide es cine político de altura, aun con las inevitables simplificaciones, en la línea de títulos como Buenas noches, y buena suerte.
El planteamiento de la trama resulta apasionante, como si de un combate de boxeo se tratara, comparación que le viene al pelo al director de Cinderella Man. A la hora de pelear en el ring televisivo, tenemos a la derecha a un Richard Nixon frustrado por su retirada del poder, triste de que sus logros presidenciales se hayan visto empañados por el Watergate; es alguien que no se resigna al ostracismo, a que su mandato se reduzca, casi, a la nada, a unos hechos vergonzantes; necesitaría, y así lo ven sus asesores, un lavado de imagen cara a la opinión pública, que podría venir de una entrevista televisiva. Pero no de un entrevistador cualquiera, sino de, aspirante al título de supershowman televisivo, David Frost, exitoso por sus programas en el Reino Unido y Australia, pero con fama de frívolo y graciosete.
Hay un momento en el film, en que uno tiene la sensación de estar contemplando "lo de siempre", servido con buenos actores, estupenda reconstrucción de la época, todo el empaque que Hollywood sabe dar a las superproducciones que se toman a sí mismas en serio. O sea, una vez acordado un formato para la entrevista (horas de duración, temas a tratar, etc), vemos la preparación de los equipos de los dos contendientes, bromas, imitaciones de Nixon, declaraciones del tipo "hay que lograr que este tipo se disculpe", la chica de Frost... Todo ello desde una óptica más próxima a la del bando liberal de Frost, que a la de los defensores de Nixon. Eso sí, con un esfuerzo de equilibrio y matización: el ex presidente carece del don de gentes, transpira demasiado, dice obscenidades, piensa mucho en el dólar, abusó de las grabaciones, admitió prácticas delictivas. pero tuvo logros políticos, ama a su país, posee convicciones, es un adversario temible; y Frost es audaz al asumir el reto de la difícil entrevista, y se lleva a las personas de calle... pero tiene la inseguridad de quien se mueve en un "show business" con frecuencia superficial, nota la desconfianza de los que le rodean, es mundano y no se esfuerza todo lo que debiera en preparar sus entrevistas.
Y de pronto... Llega un momento electrizante, quizá lo mejor de la película, que anticipa de modo magistral el clímax de los pasajes reveladores de las entrevistas: la llamada teléfonica nocturna. ¿Realidad?, ¿ficción?, ¿qué más da? El caso es que sirve para establecer una inesperada conexión entre Nixon y Frost, dos personajes no tan diferentes de lo que a simple vista se diría. En ese momento, en que las interpretaciones de Langella y Sheen -que reasumen sus papeles de teatro- brillan a grandísima altura, somos conscientes de que tenemos ante nosotros a dos personas, de carne y hueso. Más o menos criticables, con virtudes y defectos, pero personas al cabo. Con esta magnífico bagaje, hasta se perdona el recurso facilón del investigador, que llega en el último momento con los documentos decisivos para encarrilar la entrevista en la dirección deseada

Cometas en el cielo


Sentida adaptación de la popular novela homónima de Khaled Hosseini. Curiosamente, aunque la obra original se escribió en inglés, y el guión de David Benioff también, la mayor parte de los diálogos del film son en dari y pastún, en aras del realismo. En esa línea los pasajes afganos resultan creíbles, no estamos ante un título exótico con decorados de cartón piedra y occidentales maquillados. Y las escenas en que se vuelan las cometas resultan excitantes, y ayudan a acometer (¿o habría que decir "acometar"? la dura trama.
San Francisco, año 2000. Amir, felizmente casado, recibe ejemplares de su primera novela; tal hecho coincide con una llamada desde Pakistán, lo que despierta recuerdos en parte sepultados, pero nunca olvidados. Corría 1978 y en Kabul, Afganistán, siendo un niño pastún, era amigo de Hassan, a pesar de que éste era de etnia hazara e hijo de Alí, un sirviente de su padre. Ya en esos años había empezado a apuntar su habilidad para imaginar historias, y los dos chicos disfrutaban sobremanera haciendo volar cometas. Pero un hecho traumático va a levantar un muro entre ellos, y el pasar del tiempo, como le previene a Amir su padre, su "Baba", va a pudrir las cosas. La invasión soviética de 1979 obligará a Amir y a su padre a intentar la huida del país, lo que tras varias peripecias conduce a Estados Unidos.
David Benioff y Marc Forster acometían una tarea ardua, pues la novela de Hosseini es rica en acontecimientos dramáticos y secretos vergonzosos, algo que dificultaba atrapar todos los conflictos sin minimizarlos y restarles entidad; y lo cierto es que en un metraje de dos horas salen bastante airosos del reto. Los cineastas atrapan las diferencias étnicas, las posiciones distintas que les toca vivir a Amir y Hassan; de modo que pintar su amistad y las ilusiones propias de la infancia, no impide reflejar en el primero su falta de coraje, el abuso del que puede hacer por su posición de superioridad, y en el segundo una lealtad a machamartillo, que incluso en algún momento podría parecer servil, aunque esté dictada por un amor que le llevaría a hacer lo que hace "una y mil veces", como se repite en varios momentos. Además, se evita que, por la acumulación de situaciones más o menos tremendas -el enfrentamiento de los chicos en la calle, la escena más fuerte de la novela, resuelta con elegancia, además del viaje a la frontera, las difíciles relaciones y la enfermedad del padre, o el regreso al Afganistán de los talibanes...- la película adquiera tintes folletinescos; hay una apuesta por la sobriedad y la contención muy de agradecer. El film habla de los errores -o siendo más claros, los pecados- que todo ser humano comete, junto al sentido de culpa, y la posibilidad de reparar por ellos y redimirse a través del perdón y la entrega al otro, y por la mirada a Dios, resumida en la frase "Hay un camino para volver a ser bueno". Resulta obligado referirse al reparto, perfecto, de actores desconocidos, casi todos reclutados en Afganistán. Los niños son muy naturales, y los adultos hacen un buen trabajo. De éstos sólo puede sonar, tal vez, el rostro de Amir adulto, Khalid Abdalla, a quien se pudo ver en United 93.

Bienvenidos al norte

VALORACIÓN PERSONAL CINEDOSIS: Es una película entretenida para pasar el rato.
Decine21: El francés Dany Boon empieza a sonar fuera de Francia, como intérprete de títulos como Mi mejor amigo. En esta comedia ejerce como director por segunda vez, tras La casa de tus sueños, y es también guionista y actor secundario. El film ha batido el record de espectadores en Francia, donde se aprecia mejor que en ningún sitio sus chistes en torno a las diferencias entre habitantes del sur y del norte. Y sin embargo, también ha funcionado bien en otros países como Alemania.
Philippe Abrams trabaja como jefe de una oficina postal al sur de Francia. Philippe quiere mudarse con su mujer y su hijo a la Riviera francesa, pero al final le envían a Bergues, una pequeña ciudad al norte del país. Los habitantes del sur tienen todo tipo de prejuicios con respecto al norte, porque piensan que allí siempre hace frío y sus habitantes tienen costumbres bárbaras. Philippe decide trasladarse él solo, y regresar a ver a los suyos los fines de semana. Una vez en su destino, descubre que sus nuevos convencinos tienen un dialecto incomprensible, pero son personas amables y el sitio es idílico. Su mujer no le cree cuando se lo cuenta, porque piensa que le oculta la verdad para ahorrarle preocupaciones. Al final acaba siguiéndole la corriente a ella, y le hace creer que lo pasa fatal. Todo va sobre ruedas hasta que la esposa decide irse con él al norte por solidaridad.
El público no francófono que vea esta comedia con subtítulos o doblada -han tenido que hacer un gran esfuerzo para recrear el peculiar lenguaje 'ch'timi' en el doblaje español- intuirá que se está perdiendo gran parte de la comicidad, basada en los malentendidos que se producen porque los personajes del norte cambian letras, y usan vocablos extraños. Aún sin entenderlo todo, arranca sonoras carcajadas porque cuenta con un ingenioso guión con diálogos que encadenan un hallazgo tras otro. Kad Merad -el profesor de gimnasia que acaba siendo aliado del protagonista de Los chicos del coro- se revela como un cómico de lo más eficaz, y forma una memorable pareja cómica con el propio Dany Boon. El desayuno con la madre posesiva, la ronda en bicicleta del jefe con su subordinado tienen mucha gracia, así como la parte que parece una vuelta de tuerca a Dama por un día y Un gángster para un milagro (Frank Capra parece haber sido el modelo a seguir). Aunque busca ser un entretenimiento ligero, da pie a algún pequeño apunte sobre la constancia matrimonial o los riesgos de la mentira. No es de extrañar que Warner se haya apresurado a adquirir los derechos para hacer un remake, en el que Will Smith ejercerá al menos como productor. El mismo argumento adaptado a un 'yanqui' de Nueva York que sea trasladado a un estado del sur también podría dar mucho juego.

miércoles, 14 de octubre de 2009

Los niños de Huang Shi


Años 30, siglo XX. George Hogg es un periodista inglés que desea informar acerca de la invasión de las tropas japonesas en China. Haciéndose pasar por un conductor de la cruz roja logra salir de la zona franca de Shanghai y adentrarse en el interior, hacia Nanjing. Las atrocidades que allí ve le provocan una conmoción y además están a punto de costarle la vida a mano de los japoneses. Es salvado 'in extremis' por Chen, un combatiente de la resistencia china, educado en Occidente y que sigue los postulados comunistas. Él y la enfermera norteamericana Lee Pearson deciden que Hogg sea enviado para su seguridad a un lugar lejano, el orfanato de Huang Shi. Allí, Hogg entablará relación con un grupo de niños y jóvenes que intentan sobrevivir en medio del caos, la guerra y la carestía de alimentos.
El británico Roger Spottiswoode (El mañana nunca muere) dirige con corrección una historia de valor, solidaridad y amor. Se trata una relato verídico, pues el protagonista existió efectivamente y el guión recrea sus experiencias reales en el país asiático, entonces desmembrado por el enfrentamiento con los nipones y por su propia lucha interna entre los comunistas y las tropas nacionalistas de Chang Kai-shek. La cuidada ambientación es fruto de un esmerado esfuerzo de producción -que se hace notar especialmente en las escenas del tren o de los ataques aéreos- y los elementos dramáticos, desprendidos de una historia que mezcla guerra y amores occidentales en el lejano oriente, recuerdan un poco a películas como El velo pintado o La condesa rusa. Pero aquí, los espectadores quizá echen en falta algo de nervio al conjunto, ya que el guión de los inexpertos Jane Hawksley y James MacManus adolece de cierta monotonía y de algunas caídas de tensión, así como la traslación a la pantalla de Spottiswoode se revela imperfecta en lo referente a la narración temporal de los hechos. Puede ser por esa falta de tensión épica -es inexplicable también la ausencia de una banda sonora de peso- por lo que la historia emociona menos de lo que debería, aunque en honor a la verdad el resultado final siga siendo estimable.
El reparto internacional es sobradamente conocido. Pero mientras que Jonathan Rhys Meyers y Chow Yun-Fat hacen un trabajo únicamente correcto, y por momentos incluso gris, las dos actrices están estupendas: Radha Mitchell en su papel de mujer filántropa y de fuerte carácter, y la elegante Michelle Yeoh en el de una gran señora de negocios.

Nunca es tarde para enamorarse


Dos personas maduras, un encuentro casual, la oportunidad para el amor al caer el día. Él es Harvey, divorciado neoyorquino, cuya hija está a punto de casarse en Londres; le habría gustado ser pianista de jazz, pero ha debido conformarse con crear melodías y ambientes para anuncios comerciales. Y ella es Kate, eterna solterona, que trabaja en una empresa de encuestas en Londres, siempre pendiente de una madre que no para de llamarle, y que desea fervientemente que encuentre al hombre de su vida.Agradable comedia romántica y otoñal, traspasada de buenos sentimientos capaces de conmover al público que "no busca tres pies al gato". El primer tramo del film sirve para que el desconocido Joel Hopkins, guionista y director londinense, trace en parelelo la trayectoria de los dos personajes, y lo hace con estupenda fluidez, sin que parezca artificioso el paso de una narración a otra. Con habilidad juega a amagar, despertando el deseo del espectador, que aguarda a que definitivamente Kate y Harvey entren en la vida del otro. Tiene la grandísima fortuna de contar con dos actores formidables, Dustin Hoffman y Emma Thompson, que bordan sus papeles; no caen jamás en la exageración, y hay química entre ellos, resulta creíble el modo tan normal en que intiman, donde uno y otra gozan de la mutua compañía. Resulta muy atractivo la capacidad de ella para sacar a flote lo mejor de él en relación a la boda de la hija, de la que un Harvey que se siente excluido ha decidido huir. En realidad, toda la cinta invita a aprovechar el tiempo de esta vida, atrapar las oportunidades que surgen e incluso crearlas.
Es ésta una de esas películas que puede despertar en más de un momento la lágrima del público. En tal sentido quizá peca de exageración cierto acontecimiento ya avanzada la cinta, que se diría un guiño no bien resuelto a Tú y yo. Pero conviene no exagerar este defecto en un film de hechuras clásicas, bien planteado y con muchas virtudes. Además Hopkins sabe guardar el adecuado equilibrio de lo emotivo con algunas buenas ideas humorísticas -el antirrobo del traje que luce Hoffman, la madre que sospecha que su vecino es un psicópata...-, que a buen seguro harán sonreír al espectador.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Crash


¡Qué difícil es juzgar bien a las personas...! Y sin embargo, día a día, los seres humanos parece que no podemos sustraernos a emitir juicios críticos acerca de tal o cual actuación de nuestros semejantes. Y como somos egoístas, desconfiados, frívolos, cínicos y quizá solitarios, a menudo nuestras conclusiones resultan parciales y estrechas, cuando no claramente sesgadas por nuestros gustos y prejuicios. No tiene por qué ser así, pero la experiencia raramente nos demuestra lo contrario. C'est la vie, que dirían los franceses. Pues bien, que cualquier ser humano es capaz de lo mejor y de lo peor, de lo bueno y de lo malo, de la virtud y del pecado, sin importar su condición, su raza o su religión, es la gran verdad que transmite esta maravillosa y multipremiada película, que respira autenticidad por los cuatro costados. Su creador, Paul Haggis, se dio a conocer al gran público el año pasado con el guión de la también fantástica Million Dollar Baby, película durísima dirigida por Clint Eastwood. Ahora, además de escribir el guión de Crash, con la colaboración de Robert Moresco, también ha optado por ponerse detrás de las cámaras y hacer labores de producción. La jugada le ha salido perfecta y ahí están los Oscar conseguidos para demostrarlo.

El hallazgo del cadáver de un muchacho durante una noche especialmente fría en la populosa ciudad de Los Ángeles, sirve de punto de arranque de un argumento que se retrotrae a las treinta y seis horas anteriores del fatal descubrimiento. Durante ese tiempo, el modélico guión de Haggis hará llegar al espectador -con apenas algunos trazos- los diversos caminos existenciales y las crisis de identidad de un amplio puñado de personajes, que quieren retratar -con las lógicas limitaciones de la realidad- la variada tipología de personas de una gran ciudad y por ende del mundo entero. Ahí están el fiscal del distrito y su esposa, con sus desencuentros y soledades; un policía con experiencia y su joven e idealista compañero; un tendero iraní y su hija médico; un cerrajero mexicano y su familia; un matrimonio acomodado de afroamericanos; dos agentes de la ley; dos jóvenes delincuentes...

Gracias al guión y al montaje milimétrico las vidas de los personajes quedan relacionadas entre sí, un poco a la manera de Magnolia (1999), la apabullante película coral de Paul Thomas Anderson, aunque en el caso de Crash las historias sean más equilibradas y menos excesivas. La película, tan honda como sincera, es un monumento sobre la condición humana, con todas sus debilidades y sus esperanzas. Y por encima de todo, Haggis logra algo muy, pero que muy difícil hoy en día: emocionar casi hasta las lágrimas sin una pizca de sentimentalismo. Y hay que elogiar el completísimo reparto, lleno de actores conocidos, al igual que los aspectos más técnicos, como la fotografía de J. Michael Muro y la música minimalista de Mark Isham, que viene aderezada con las estupendas canciones "In the Deep", de Bird York, y el excelente colofón "Maybe Tomorrow" de Stereophonics.

La clase


Una magnífica película sobre el mundo de la educación escolar, Palma de Oro de 2008 en Cannes. Laurent Cantet (Recursos humanos, El empleo del tiempo) se basa en "Entre les murs", un libro donde François Bégadeau, un profesor auténtico, recogía algunas de sus experiencias profesionales. Rodada con un tono realista, que recoge anécdotas reales recogidas en ese libro, el propio Bégadeau es coguionista, además de interpretar al profesor protagonista. El marco de la acción es un instituto conflictivo de París, donde debido al multiculturalismo vigente, conviven chicas y chicos de procedencia muy diversa, África negra, el Magreb, China... François es profesor de lengua, peros sus clases no se limitan a enseñar el uso correcto del francés, sino que son una continua conversación con los alumnos, donde éstos son obligados a pensar, a razonar sus ideas, a bucear por qué mantienen un determinado punto de vista. La relación no es perfecta, hay alumnos que responden mejor que otros. Algunos se niegan a responder a las preguntas del profesor, pues implican darse a conocer, algo que pueden no desear hacer. Otros hacen el tonto, mantienen una actitud pasiva, se distraen... Pero ése es el reto para François, motivarles un día tras otro, tratarles con respeto.
El cine francés tiene una interesante tradición en abordar el tema de la educación de modo sugerente, basta pensar en títulos como Hoy empieza todo y Ser y tener. Además, dentro de la tradición en Francia de enseñar cine en las aulas, tiene mucho sentido que exista el viaje inverso, enseñar la educación en las pantallas. Cantet, Bégaudeau y Robin Campillo han sabido articular una trama muy realista y natural, uno verdaderamente tienen la sensación de ser una especie de cámara oculta, testigo de lo que acontece en las clases, o en las reuniones de profesores. Hay una decisión de que todo lo mostrado transcurra en el instituto, nada veremos de lo que pasa fuera. Y esto, lejos de escamotear el resto de la vida de los personajes, sirve para pintar mejor lo que ocurre en las clases, y la bidireccional influencia que puede tener lo que pasa dentro y fuera de ellas; hay formas eficaces de enseñar cómo lo del exterior repercute en lo del interior, ya sea la anunciada expulsión de Francia del padre de Wei, un alumno chino, o el comportamiento en casa de Souleymaine, un chico sometido a un consejo disciplinario. Curiosamente, no tiene uno la sensación de estar ante un film consciente y aburridamente pedagógico, sino que todo parece emocionante, muy estimulante, con lugar para las sorpresas, como esa alumna que, ante el estupor de su profesor, declara haber leído "La República" de Platón en su tiempo libre, lo que además es un homenaje a la socrática pedagogía del maestro.
El film contiene unas interpretaciones tremendamente naturales, aunque Cantet niega que ello se deba a que los alumnos se interpreten a sí mismos. El director organizó un talles con los alumnos de un instituto, y logró que de los 50 asistentes iniciales 25 siguieran comprometidos con su proyecto cuando arrancó el rodaje. Lo cierto es que el desarrollo de cada clase es atractivo, y que los chicos resultan creíbles, se abandona cualquier estereotipo, tan difícil de evitar, piénsese en la esforzada Diarios de la calle. Afirma Cantet que el planteamiento de muchas escenas, rodadas con tres cámaras digitales para captar al profesor, al alumno principal, y al resto de la clase, era como un partido de tenis, un intercambio de raquetazos donde cualquiera podía resultar más o menos vencedor, y tal enfoque funciona muy bien. También es un acierto mostrar la fragilidad del profesor, quien a pesar de sus buenas intenciones también puede equivocarse, o encontrarse sin respuesta ante un alumno. El reto, por supuesto, es no tirar la toalla, seguir adelante con la loable meta de formar bien a los chicos que están a su cargo.

martes, 23 de junio de 2009

Mil años de oración



Reencuentro
Después de sorprender con títulos como El club de la buena estrella y el díptico Smoke-Blue in the Face, el director de Hong Kong Wayne Wang ha llevado una carrera un tanto errática, con rarezas como El centro del mundo y títulos comerciales de Hollywood como Sucedió en Manhattan. Aquí vuelve a lo que mejor se le da, una historia sencilla y muy humana, basada en un relato de Yiyun Li, que firma también el guión. Lo que le ha hecho merecedor de la Concha de Oro en el Festival de San Sebastián.
Shi, un anciano chino, viudo y jubilado viaja a Estados Unidos para visitar a su hija Yilan, instalada en ese país y recientemente divorciada. Se trata de una película donde importan, y mucho, las cosas pequeñas. Cuando Yilan propone a su padre volar, para conocer mejor el lugar, él contesta que prefiere ir en tren, conocer las cosas directamente. Wang nos habla del viejo problema de la comunicación, común en oriente y occidente. En un momento dado, Yilan comenta con su padre los problemas del mandarín, un idioma que parece pensado para no expresar los sentimientos, propicio para los secretos. Pero lo cierto es que la sociedad occidental también propicia el aislamiento, el no poder volver a comer a casa tranquilamente, las llamadas impersonales de los televendedores, los planes en solitario como acudir a una sala de cine.
No hay "terremotos" en esta película de condición minimalista, todo es la vida misma. Vemos a Shi hablar su inglés elemental, hacer migas con una vecina de origen iraní, que también tiene problemas con el idioma; somos testigos de la sorpresa de este hombre mayor, porque una joven en edad de trabajar esté tomando el sol tranquilamente en la piscina, y hable con la mayor naturalidad en biquini a un desconocido, algo que despierte en el protagonista la elemental modestia en que se ha educado.
Hay buenas metáforas -esas muñecas rusas que esconden dentro otras muñecas, y que se encuentran entremezcladas, Shi las ordena, lo que habla de problemas no compartidos por el otro, que dan pie a prejuicios, a pensar lo que no se debe pensar-, magníficas interpretaciones -Henry O ganó el premio al mejor actor en el Festival de San Sebastián-, y buen equilibrio entre elementos dramáticos y humorísticos.


El orfanato


VALORACIÓN PERSONAL CINEDOSIS: Da gusto ver que el cine español también sabe hacer películas de miedo que valgan la pena. Perfecta para desfogar con unos cuantos gritos.
DeCine21: Laura y Carlos, un matrimonio con un hijo pequeño, Simón, se dispone a inaugurar una minirresidencia para niños discapacitados, situada a las afueras de una localidad costera. El antiguo caserón, reacondicionado para su nueva función, fue la sede años atrás un orfanato, entre cuyas paredes creció Laura, antes de que fuera finalmente adoptada. Recién instalados con la ilusión de ayudar a los futuros huéspedes de la residencia, y en vísperas de ponerla en marcha, se acentúa la costumbre del pequeño de jugar con sus "amigos invisibles". Lo que sus padres consideran una afición más o menos inofensiva, pero que debería ser erradicada, crece de grado cuando el chaval asegura tener como compañeros de sus juegos a antiguos habitantes del lugar. El extremo de conducta tan poco convencional se alcanza en la jornada de la inauguración: entre los niños que van a ser internados y sus familiares, se deja ver un pequeño con uniforme de otra época y la cabeza cubierta con un capuchón; tal hecho coincide con una discusión entre Laura y su hijo, que termina con la inexplicable desaparición de este último. Los esfuerzos de la policía para dar con su paradero se revelan inútiles, y la madre, convencida de que para explicar los hechos no bastan las explicaciones puramente racionales, confía en la ayuda de un equipo de espiritistas.
Notable muestra del género de terror, supone el debut en la dirección de Juan Antonio Bayona, también autor del guión. El cineasta, respaldado en la producción por Guillermo del Toro -que se apuntó un tanto notable en 2006 con El laberinto del fauno, film también fantástico de producción española, y ganador de 3 Oscar-, consigue producir auténtico miedo; y lo hace con sutileza, sin recursos facilones: incluso los golpes de efecto -el atropello, las carreras por la playa, los hallazgos macabros, el recurso a los juegos infantiles.- tienen un agradecible punto de contención. Ciertamente están presentes muchas de las convenciones del género -aunque Geraldine Chaplin está estupenda, su personaje, sensible a las manifestaciones de los espíritus, o el siniestro caserón, remiten a títulos como Poltergeist-, pero Bayona sabe darles un toque personal, y demuestra llevar bien aprendida la imprescindible "asignatura" del género, la creación de atmósferas, de tensión y angustia crecientes; además, sabe concluir de modo sugerente -otra "asignatura" nada fácil-, sin aspavientos; todo apoyado en un concepto fuerte capaz de sostener la trama, el del amor de una madre por su hijo. Belén Rueda lleva la mayor parte del peso interpretativo de la película, y resiste bien el embate, primero en su faceta de madre de familia ilusionada con abrir la residencia, luego como mujer destrozada por la desaparición del hijo y la creciente sensación de que se está distanciando de su marido, que no ven las cosas del mismo modo, como sería deseable.

Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal



Que vienen los rusos
Los amantes del cine 'Indy' llevaban diecinueve años esperando que Spielberg se decidiera a retomar la saga de Indy, Indiana Jones, el más célebre arqueólogo del mundo. Pero el cineasta se ha resistido, pues en espera de un guión que le motivara llegó a echar por tierra uno escrito por el mismísimo Frank Darabont (Cadena perpetua). Al final se ha decantado por un libreto de David Koepp, que había escrito para él Parque Jurásico, muy acorde con lo que se esperaba.
La trama transcurre en los años 50, la era del nacimiento del 'rock and roll', cuando un Indy envejecido ha sido retenido junto con Mac, antiguo colaborador suyo, por un grupo de soldados soviéticos liderados por Irina Spalko, una cruel mujer que fue el ojito derecho de Stalin. Irina necesita que Indiana Jones le ayude a encontrar una reliquia precolombina, depositada en una instalación secreta del ejército estadounidense... En la aventura subsiguiente en la que se ve envuelto el veterano aventurero recibirá la ayuda de Mutt Williams, arrogante muchacho que ha ido en busca de Indy para advertirle de que un amigo, el profesor Oxley, ha sido secuestrado. Y también reaparece la mismísima Marion Ravenwood, la compañera de Indy en la legendaria En busca del arca perdida. Desvelar más datos de la trama sería hacerle un flaco favor al espectador...
La cuarta entrega de la saga no decepciona, a pesar de las grandes expectativas que ha levantado. Ya quisiera George Lucas haber mantenido el nivel tan alto en su resurrección de La guerra de las galaxias. Se le pueden sacar pegas, pero éstas son bastante menores. Por ejemplo, algunos diálogos explicativos son tan extensos que propician caídas de ritmo. También se puede resaltar que a pesar de la magia que tiene el regreso de Marion, Karen Allen es una actriz que no acaba de resultar muy convincente.
La película está llena de guiños a los incondicionales por sus referencias al arca, al padre del protagonista, a Marcus, etc. Y también se homenajean a clásicos del cine de aventuras, como los protagonizados por Tarzán, o aquellas que tenían memorables duelos de espadas... Si el objetivo de las anteriores entregas era recuperar el sabor de aquellas películas para todos los públicos, ciertamente, Spielberg ha vuelto a conseguirlo. Gustará a los que crecieron con los clásicos del cine, a quienes eran unos niños cuando se estrenaron sus predecesoras, y también a las nuevas generaciones.
Spielberg muestra desde luego que sigue en plena forma -aunque nadie lo dudaba, pues su anterior trabajo, Munich, es uno de sus grandes filmes-. Aprovecha la ambientación para trazar una descripción de la época de la Guerra Fría, con sus pruebas nucleares, su paranoia ante la amenaza comunista, y sus jóvenes rebeldes y roqueros. Se luce sobre todo en las secuencias de acción, algunas para el recuerdo, como la persecución en plena selva. Aunque ha necesitado más efectos especiales que en otras entregas, lo cierto es que los usa de forma tan inteligente que no desentonan. Las andanzas de sus personajes propician además una apología de la unidad familiar bastante sana, que el cineasta admite sin rubor.
Por supuesto, es obligatorio citar el trabajo de John Williams, un colaborador esencial de la serie. El compositor favorito de Spielberg se luce, rememorando fragmentos musicales de antaño, y con pasajes nuevos brillantes, como el que acompaña a los soldados soviéticos, que suena a música rusa. El reparto está formado por grandes estrellas, en pequeños papeles, que cumplen con su cometido. Harrison Ford mantiene su intenso carisma; en pantalla parece que sigue en forma a pesar del paso del tiempo, y se nota que ha acumulado ya muchas tablas. Cede mucho protagonismo a Shia LaBeouf, sin duda un gran acierto, porque desprende el magnetismo de las grandes estrellas, y recuerda lejanamente al rey del género de aventuras, Errol Flynn, en quien parece haberse inspirado para encarnar a su personaje, un fanfarrón con encanto. Cuando ambos protagonistas aparecen en pantalla aprovechan bastante que los diálogos tienen cierto ingenio ('has traído una navaja a un tiroteo'). ¿Son padre e hijo, como se rumoreaba antes del estreno del film? Para hallar respuesta al gran enigma cinematográfico de la temporada, lo suyo es no perderse la película.

Viaje al centro de la tierra



En busca del hermano perdido
La productora Walden Media se ha especializado en cine familiar basado en novelas de calidad, como Las crónicas de Narnia, hasta ahora el mayor éxito de la compañía. Parece que era inevitable que Walden Media se fijara en la obra de Julio Verne, uno de los autores más populares en el terreno de la literatura juvenil. Tras una irregular versión de La vuelta al mundo en 80 días (2004), con Jackie Chan, se han lanzado a producir esta adaptación a la era moderna y bastante libre del clásico de Verne 'Viaje al centro de la Tierra', que ya había dado lugar a varias versiones, entre ellas una de gran calidad y bastante fiel al original, dirigida en 1959 por Henry Levin, con James Mason.
El geólogo y profesor universitario Trevor Anderson investiga qué ocurrió con su hermano, desaparecido mientras investigaba la posible existencia de un mundo subterráneo. Mientras tiene que ocuparse de cuidar a su sobrino adolescente, Anderson descubre que su hermano usaba como guía el libro 'Viaje al centro de la Tierra', de Julio Verne, que estaría basado en hechos reales. Este libro y las notas del fallecido le llevan a explorar con su sobrino y una guía islandesa una cueva, en la que se quedan encerrados. Allí, descubrirán el camino hacia el mundo subterráneo que buscaba el desaparecido.
Brendan Fraser interpreta con gracia a un personaje, el profesor Anderson, muy similar al de la saga de La momia, con el que arranca alguna que otra pequeña carcajada. Está a su altura el niño que interpreta a su sobrino, Josh Hutcherson, que protagonizó Un puente hacia Terabithia, donde demostraba sobradamente su talento. Algunas secuencias de acción proporcionan las dosis de espectáculo esperadas, como la de los vagones de la mina abandonada, que se parece muchísimo a la de Indiana Jones y el templo maldito. Se nota muchísimo que el director, Eric Brevig, tiene poca experiencia como realizador, y mucha como responsable de efectos, en cintas como El día de mañana. Y es que resulta que acaba habiendo una sobredosis de efectos especiales y persecuciones, en las que los protagonistas huyen de amenazadores monstruos prehistóricos. Concebidas para ser vistas en 3D, donde dan mucho juego -ofrecen la sensación de estar en la montaña rusa de un parque de atracciones-, lo cierto es que pueden llegar a resultar un poco cansinas vistas de forma convencional.
Decine21