martes, 19 de enero de 2016

The visitor


   "The visitor" se centra en un desencantado profesor de universidad (Richard Jenkins) que un día se encuentra a una pareja viviendo en su apartamento. A medida que vaya conociendo a estos dos extraños, descubrirá una nueva vida y un nuevo mundo.


    Walter es un profesor universitario de vida gris. Solitario, egoísta, no logra aprender a tocar el piano a pesar del esfuerzo que pone en la tarea. Su anquilosada existencia va a conocer un vuelco cuando el decano de su facultad prácticamente le obliga a acudir a Nueva York, a presentar un artículo que ha firmado con una compañera, de baja maternal. 

    A pesar de las excusas que pone -en realidad él no ha aportado nada al "paper"-, no tiene más remedio que acudir. Y al entrar por la noche en el apartamento que tiene en "La Gran Manzana" se lleva una inesperada sorpresa. Una pareja de inmigrantes -él, Tarek, sirio, ella, Zaineb, senegalesa- vive allí; al parecer, un desaprensivo les alquiló el lugar sin contar con el dueño. 

    Extraordinaria película del actor reconvertido a director y guionista Thomas McCarthy, quien ya sorprendió gratísimamente con su debut tras la cámara en Vías cruzadas. Aquí sigue por los mismos raíles, nunca mejor dicho, forjados para ese film. En efecto, el cineasta demuestra un enorme talento para crear tipos humanos memorables, y las situaciones dramáticas a las que se enfrentan emocionan y resultan creíbles. 

    Es sorprendente cómo se va desplegando la rica historia. Lo que parece simplemente un "viaje" de transformación del protagonista -genial Richard Jenkins, en el papel de su vida, por el que ha sido nominado al Oscar-, donde tiene peso principal la amistad, permite indagar en el drama de la inmigración, con las consideraciones sutiles de una sociedad, la estadounidense, que alimenta el miedo al recién llegado, a la vez que ignora casi todo lo que no tiene que ver con su país. 

    E, inesperadamente, como extraída por arte de birlibirloque de su chistera de mago-cineasta, McCarthy nos entrega una historia de amor capaz de arrancar las lágrimas al espectador más frío, donde tiene enorme presencia la gran protagonista de Los limoneros, Hiam Abbass. Además McCarthy sabe sacar partido a los bongos que maneja Tarek, y que son como el detonante que lleva a Walter a abrirse definitivamente a los otros, sin tasa. 

Julie y Julia


Historia basada en hechos reales, contada en dos tiempos que se alternan. En 1947, Julia Child es una mujer estadounidense felizmente casada con un diplomático, que no puede tener hijos, y vive en París. De carácter campechano algo arrollador, dispone de mucho tiempo libre, por lo que decide aprender los secretos de la cocina francesa junto a un gran maestro. 

    Su amistad con otras dos mujeres le embarca en el proyecto de escribir un libro sobre cocina francesa para amas de casa norteamericanas. Por otro lado, en 2002, Julie Powell se ha casado recientemente y se ha ido a vivir con su esposo al Queens neoyorquino. 

    Y combina su trabajo en una oficina de atención a los damnificados por los atentados del 11-S, con el mantenimiento de un blog en internet, donde arroja una mirada fresca al mundo culinario y a sus propias experiencias personales. Inspiración principal de Julie es el archifamoso libro de recetas de Julia. 

    Nora Ephron es una cineasta irregular, que combina títulos notables como guionista y/o directora (Cuando Harry encontró a Sally, Algo para recordar, Tienes un e-mail) con otros perfectamente prescindibles. El que nos ocupa, por fortuna, puede encuadrarse en el primer apartado. 

    Ephron se ha basado en sendos libros escritos por las protagonistas, y verdaderamente demuestra estar en estado de gracia, su narración fluye con absoluta naturalidad, los saltos de una época a otra están perfectamente medidos. 

    Suena a auténtico el amor presente en los dos matrimonios, y lo mismo ocurre con las pequeñas (o no tan pequeñas) crisis de la vida cotidiana. Y hay abundante espacio para el humor, pero también para las emociones capaces de provocar las lágrimas. 

    Obligado es subrayar el trabajo de las dos actrices principales, sensacional. Meryl Streep resulta divertida y entrañable en su composición de 'maruja' algo paleta, con un grandísimo corazón. Resulta muy recomendable escucharla en versión original, pues su entonación, y la forma en que se maneja en francés son sencillamente tronchantes. 

    En el otro lado del 'cuadrilátero', pero nunca compartiendo pantalla con Streep, destaca también la interpretación de Amy Adams, un personaje más contenido, y por ello menos agradecido, que saca adelante con enorme talento. Preferentemente para público femenino.