sábado, 12 de diciembre de 2009

Enemigos públicos


Decine21: Nueva incursión en el mundo de los forajidos al margen de la ley del veterano Michael Mann, que debutó en el cine con la notable Ladrón, y ha indagado sobre el tema en títulos como Hunter, Heat, Collateral y Corrupción en Miami (2006). Esta vez se basa en hechos reales, recogidos en el libro 'Public Enemies: America's Greatest Crime Wave and the Birth of the FBI, 1933-34', de Bryan Burrough. Recoge las peripecias de John Dillinger -personaje auténtico ya llevado al cine con desiguales resultados por John Milius (Dillinger), Lewis Teague (La dama de rojo) y Max Nosseck (Dillinger, el enemigo público nº1)-. Fue el más afamado ladrón de bancos de todos los tiempos, a pesar de la competencia, pues vivió en una época prodiga en criminales míticos, como Baby Face Nelson o Pretty Boy Floyd.


El guión -que remite a cintas como Bonnie and Clyde y Los intocables de Eliot Ness- sigue los pasos de John Dillinger durante 14 meses, a partir de su salida de la cárcel, en julio de 1934. Inicia entonces una oleada de atracos que le convirtieron en una presencia habitual de los periódicos. En ese tiempo, se enamora de Billie Frechette, una humilde empleada de un guardarropa. Dillinger debe esquivar a los hombres del agente federal Melvin Purvis, un experto tirador encargado de atraparle.


Michael Mann se luce con una esmerada reconstrucción de la época, y hace hincapié en la lucha de J. Edgar Hoover, porque el congreso le dote de los medios legales y financieros suficientes para perseguir a los delincuentes que cometieran robos en un lugar y después cambiaran de estado. Uno de los puntos de interés es la lucha de Hoover por transformar el Bureau of Investigation que dirigía por aquel entonces en el actual FBI: Por otro lado, el cineasta transmite muy bien la fascinación que sentían los ciudadanos medios, en plena época de la Gran Depresión, por los grandes gángsteres y ladrones de bancos, que por entonces tenían mucha presencia en los medios de comunicación. Dillinger se convirtió en una especie de ídolo, en una época donde ciudadanos incapaces de saltarse una señal de tráfico admiraban a aquellos que habían solucionado sus problemas desafiando la ley. Como los bancos eran extremadamente impopulares, el asaltante Dillinger era aclamado como una especie de Robin Hood. Mannn ha sabido reflejar todo esto en muchos detalles, como la sesión de preguntas de unos periodistas emocionados con Dillinger, tras ser detenido, o en la pasión que despertaba el actor especializado en mafiosos James Cagney -al que imita un compinche de Dillinger- y películas como El enemigo público nº 1, que cobra gran importancia en el desenlace de este film.


Sorprendente es la interpretación de Johnny Depp, en un registro más realista de lo habitual, que sabe transmitir la elegancia de su personaje, a pesar de sus métodos violentos, y añade un toque romántico que recuerda a alguna película de gángsteres de Humphrey Bogart, como El bosque petrificado o El último refugio. Es un personaje con muchos matices, descritos con sutileza en el guión, pues tuvo una infancia desgraciada, y a pesar de vivir al margen de la ley, tiene una especie de código de honor y valora la amistad por encima de todo, como los viejos personajes de las películas de Sam Peckinpah. Le secunda con convicción el prolífico Christian Bale, como un policía obsesionado por su presa, pero en el fondo honrado. Cuenta también el film con ilustres secundarios en papeles a veces muy menores, como Marion Cotillard, Channing Tatum, Giovanni Ribisi, Stephen Dorff y la casi olvidada Leelee Sobieski, que a pesar de su calidad, aquí casi no tiene papel.

En su relato de ascensión y caída de un gángster, Michael Mann parte de viejos esquemas, que tan buenos resultados le dieron a Howard Hawks, en Scarface, el terror del hampa. Un planteamiento clásico filmado con el moderno estilo eminentemente visual del director de El dilema, un montaje trepidante y una sabia utilización de las cámaras digitales. Muchos son los momentos deslumbrantes, aunque cabe destacar el último atraco al banco, la huida de la posada y una surrealista y poco probable visita de Dillinger a la oficina desde donde se dirige su busca y captura. También se anota un tanto Michael Mann a la hora de integrar las canciones de la época en la trama.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Warlords


Decine21: Espectacular wuxia (cine chino de artes marciales), que nos traslada a épocas legendarias del medievo oriental, en concreto a los años de la dinastía Qing. Se trata de una adaptación de la historia "El asesinato de Ma", y narra la personal y honorable lucha entre tres hermanos de sangre en medio de la guerra y de la agitación política. Lo mejor es poder participar del trabajo acrobático de tres extraordinarios actores: Jet Li, Andy Lau y Takeshi Kaneshiro.

Good


Decine21: Alemania, en los años previos a la II Guerra Mundial. John Halder, profesor de Universidad, es un tipo gris que inicia una relación con una de sus alumnas, a espaldas de su esposa, y escribe un libro en el que aboga por la eutanasia. Los nazis reciben con entusiasmo su obra, y cuatro años después de su publicación, le piden asesoramiento para divulgar sus ideas, que coinciden con las del partido, y han sido alabadas por el propio Hitler. Aunque había sido reacio a afiliarse al partido, y su mejor amigo es judío, Halder empieza a darse cuenta de las posibilidades de afiliarse al nazismo, por su propio interés...

Sugestivo retrato de la época de los nazis, desde el punto de vista de la población, de esos ciudadanos corrientes -y en principio pacíficos- que como es bien sabido llegaron a apoyar a un régimen que impuso el terror, y llevó a cabo un genocidio. Esto se explica por una mezcla de falta de referentes morales, conveniencia propia y falta de información. Resulta especialmente siniestra una escena colorista y alegre, en la que los ciudadanos acuden despreocupados a un desfile. "No puede ser mala una ideología que hace feliz a la gente", comenta uno de los personajes al respecto.

Tratar de entender cómo se llegó a la barbarie es lo que se ha propuesto el desconocido cineasta Vicente Amorim, nacido en Austria, de ascendencia brasileña, y responsable de la desconocida El camino de las nubes, entre otros títulos. Amorim adapta una obra teatral de C.P. Taylor, y juega muy bien la carta de su excelente reparto, encabezado por Viggo Mortensen, que hace un gran esfuerzo por alejarse de su registro de aventurero, el más conocido por el público. Mortensen sorprende con un papel de intelectual, ataviado con unas gafas que le dan un aire distinto al habitual, y logra hacer muy creíble a su personaje, un tipo sin muchos escrúpulos, capaz de integrarse en el nazismo, lo que acaba pasándole factura. También están a un alto nivel otros actores, como Jason Isaacs (Lucius Malfoy en la saga de Harry Potter) y Mark Strong (Red de mentiras). Estamos ante un film de interés, a pesar de que le falta algo de fuerza en los momentos que requieren más suspense, y de un final un tanto críptico y pretencioso.

La reina Victoria


Decine21: El reverso de la moneda mostrada hace unos años por Su majestad Mrs. Brown. Si la película de John Madden mostraba el desconsuelo de una reina Victoria talludita por la muerte de su esposo Alberto, y su particular relación con el plebeyo John Brown, la que nos ocupa sigue a una Victoria adolescente, con derecho a suceder al rey Guillermo, su tío. Circunstancia que tratan de explotar su madre, la duquesa de Kent, y lord John Conroy, para lograr una hipotética regencia. Entretanto el rey Leopoldo de Bélgica también conspira para controlar a la heredera al trono, y su juego es promover a su joven y apuesto hijo Alberto, para que seduzca a la inexperta Victoria. Y el rey Guillermo, consciente de que su mala salud le deja poco margen de maniobra, confía en el primer ministro Melbourne para traer a su sobrina a la Corte, y liberarla de una influencia materna que considera perjudicial.

La trama del film dirigido por el canadiense Jean-Marc Vallée (C.R.A.Z.Y.) adopta principalmente el punto de vista de Victoria, atrapada en esta teleraña de intrigas palaciegas, y que ignora por completo el significado de las palabras "existencia normal". Obligada a soportar presiones de unos y otros, al inicial recelo que siente por Alberto sigue una paulatina confianza y atracción, también porque observa que, por encima de la misión que le ha encomendado su padre, establece una relación personal y le da consejos bastante razonables. Uno de ellos, que se convierte en metáfora del film, es que, en la especie de ajedrez donde Victoria se siente pieza, manejada por unos otros, ella ha de aprender, si desea sobrevivir, las reglas del juego.

El guión de Julian Followes -que ganó un Oscar por su libreto de Gosford Park- tiene hechuras clásicas, y está traspasado por un cierto tono humanizador que se agradece. Cierto que las luchas de poder despiertan bajos instintos, pero también hay espacio para demostrar la lealtad de unos, e incluso en otros cierta grandeza de ánimo para reconocer que llega un momento en que los hijos "vuelan", ya no se pliegan a ciegas a los planes que han trazado para ellos sus progenitores. El reparto, dominado por la Victoria de Emily Blunt, quien ya había llamado gratamente la atención por su papel en El diablo viste de Prada, cuenta con un buen coprotagonista, Rupert Friend, y un excelente plantel de secundarios, algunos casi irreconocibles, como Paul Bettany, un estupendo Melbourne, Jim Broadbent, el estridente monarca Guillermo, y Mark Strong, el oscuro Conroy. La película, muy bien ambientada, sufre un pequeño bache, curiosamente, cuando triunfa el amor, pero en general mantiene un tono muy correcto, típico de ese buen cine histórico en el que los ingleses son expertos consumados.

Despedidas


Decine21: Daigo es un joven violonchelista recién casado que trabaja en una orquesta de Tokio. Sin embargo, cuando ésta queda disuelta, Daigo queda desolado, pues además de perder el empleo se ve obligado a vender el violonchelo por falta de dinero. Además, el joven acusa en su personalidad el abandono de su padre cuando era un niño; está desorientado con su vida, no tiene claro su futuro musical y ha perdido la confianza en su talento. El joven matrimonio decidirá entonces trasladarse a la pequeña ciudad de Yamagata, en donde la madre de Daigo, recientemente fallecida, le dejó una pequeña casa en herencia. Una vez instalados allí, Daigo acude a una entrevista de trabajo en una empresa que se dedica a las despedidas. Él cree que es una agencia de viajes, pero esas "despedidas" resultan ser algo distinto. En realidad, la empresa NK se encarga de amortajar a los muertos, de prepararlos para el últimos adiós.


Hablar de la muerte es complicado. Y en el cine es fácil caer en el exceso o la banalidad cuando se toca este tema. No es el caso de este bello film, justo ganador del Oscar a la mejor película en lengua no inglesa en 2009. Un excelente guión de Kundo Koyama y una primorosa dirección de Yojiro Takita (La espada del samurái) logran la difícil tarea de no deprimir al espectador con asunto tan delicado. Es un tema doloroso, lleno de misterio, y hay lógicamente un enfoque serio de la realidad de la muerte, pero se incide en que ese fin temporal es algo natural, parte de la vida humana, lo cual, junto a la acentuada visión trascendente de la existencia (con apertura sincera a todas las religiones), consigue que el conjunto no provoque en el espectador sentimientos traumáticos de inquietud o desasosiego.


Como corresponde a un film japonés de calidad, el ritmo es pausado -oriental-, y se da gran importancia al lenguaje corporal, a los gestos, especialmente primorosos en las escenas de amortajamiento. Por otra parte, esos momentos revelan una delicadeza asombrosa a la hora de tratar el cuerpo humano, que es manipulado con excelsa dignidad, con un respeto casi religioso. La muerte nos iguala a todos, viene a decir la película, y todos los muertos merecen esa honorable despedida final, "hasta que volvamos a vernos"... La emoción surge naturalmente en ciertos momentos, también agudizados por una cuidadísima y sencilla planificación, y por la melodiosa y extraordinaria banda sonora de Joe Hisaishi, que arranca del chelo un sonido de enorme belleza.


Con sensibilidad inaudita, el director japonés ofrece además una historia de amor muy original, con varias perspectivas. El vacío que causa la ausencia del padre, un tema lateral al principio, va tomando cuerpo hasta desembocar en tema esencial, capaz de provocar intensa emoción. También se dignifica el trabajo humano, por muy antisocial que parezca. Y desde luego, asombra la sutileza incomparable con que se van desplegando las historias de los personajes, magníficamente interpretados. Nadie se queda fuera; cada uno de ellos, por pequeño que parezca, tiene su pizca de sentido en la película: el jefe, que lleva ocho años viudo; la empleada, que abandonó a su hijo de seis años; la esposa amorosa, que no entiende el trabajo del marido; la señora de los baños, cuyo hijo no la entiende; el amigo anciano, con un trabajo que había pasado oculto durante años. En fin, una película diferente (muy japonesa, si se quiere), que se atreve a hablar de la vida y de la muerte, con mucha sencillez y esperanza.

Gran Torino


VALORACIÓN PERSONAL CINEDOSIS: es una historia muy bonita. Clint Eastwood es un viejo cascarrabias que vive en un barrio lleno de inmigrantes. Sus nuevos vecinos orientales acaban colándose en su vida y le van cambiando por dentro. Trabaja las distintas relaciones entre personajes y está salpicada muy frecuentemente por tacos. Vale la pena.

Decine21: Walt Kowalski es un anciano gruñón, jubilado tras 50 años de trabajo en una fábrica automovilística, que acaba de quedarse viudo. Incapaz de comunicarse con sus inmaduros hijos -que pretenden llevarle a una residencia- o con su nieta -vestida con ropa poco recatada-, se siente incómodo en su barrio globalizado, lleno de pandillas conflictivas de orientales, latinos y afroamericanos. También tiene todo tipo de prejuicios hacia sus vecinos de al lado. Éstos pertenecen a la etnia 'hmong', del sudeste asiático, que él identifica con los orientales con los que combatió en Corea.

Kowalski vive anclado en un pasado simbolizado en su emblemático coche, un Ford Gran Torino de 1972, que mantiene tan reluciente como el primer día. Una noche impide que lo robe uno de sus vecinos 'hmong', el tímido adolescente Thao, que ha sido presionado por su primo pandillero. Poco después, este primo y sus amiguetes la tomarán con Thao, pero Kowalski les echa del lugar con un rifle. Poco a poco, el viejo cascarrabias acaba haciéndose muy amigo de sus vecinos, especialmente del chico, al que tendrá que ofrecer mucha ayuda.

Después de encadenar tres películas en las que no participaba como actor -Banderas de nuestros padres, Cartas desde Iwo Jima y El intercambio-, Clint Eastwood ha dado con un guión que le va al pelo, pues su personaje es un tipo que por su forma de comportarse y sus diálogos, refleja muy bien cómo hubiera sido Harry el sucio o cualquiera de sus personajes una vez jubilado. Algunos pasajes en los que Clint empuña el arma al estilo de los pistoleros que interpretaba de joven, o pronuncian sentencias amenazantes, parecen sentidos homenajes a su amplia filmografía. Enlaza en cierta manera con varias cintas recientes de héroes crepusculares, especialmente con Rocky Balboa, que presentaba de forma creíble una historia en la que el maduro protagonista acababa convertido en el héroe a pesar de la edad.

Retoma el guión asuntos que ha indagado muchas veces Eastwood a lo largo de su envidiable filmografía, como la redención, la violencia, el choque cultural, las relaciones familiares dificultosas, etc. Incluye esta vez varios golpes de humor -ausente en sus últimas películas-, al tiempo que como es habitual, filma con un estilo muy clásico, y un ritmo lo suficientemente ágil pero nunca apresurado, pues se toma su tiempo para describir a los personajes y mostrar las relaciones entre ellos. Todos están muy bien dibujados, incluso secundarios memorables, como el peluquero con el que el protagonista intercambia insultos constantemente a pesar de que se adoran, o el jovencísimo sacerdote de 27 años al que antes de fallecer la esposa de Kowalski le encargó que le confesara. Atención a los actores que interpretan a estos y otros personajes, tan desconocidos como brillantes.

Donde Eastwood se luce especialmente es al explorar la relación entre su personaje y Thao, y cómo ambos evolucionan gracias a su inesperado encuentro. Eastwood aprenderá a ser más tolerante -descubre que estos orientales de lo que él llamaba la etnia 'jamón' resultan ser más cercanos que sus propios hijos-. El chico aprende del anciano a comportarse como un hombre, a buscarse un trabajo y a relacionarse con los demás. Marcando las distancias, la historia recuerda a ratos a Kárate Kid, salvo porque aquí el oriental es el chico; pero éste también es acosado por gamberros juveniles, su maestro también le hace lavar el coche, y también se siente atraído por una chica con la que parece no tener posibilidades...

Quizás algún pasaje se antoje innecesariamente largo, y el conjunto no llega a la altura de las grandes cintas del cineasta, pero es una obra bastante digna. Refleja otra vez la fatalista visión que tiene Eastwood de un mundo cruel e injusto, donde el individuo se ve abocado a un final trágico. Pero como ocurre en Sin perdón, Million Dollar Baby, El intercambio y otras de sus películas, por el camino es posible encontrar a buenas personas, capaces de sacrificarse y apoyar a los suyos. Por tanto, no se puede hablar de una visión completamente desesperanzada.

Star trek


Decine21: Tanto va el Enterprise al espacio, que al final el filón se agota. Hasta los más fieles seguidores de la célebre astronave se dieron cuenta de que la décima entrega fílmica, Star Trek: Némesis, daba muestras sobradas de que la fórmula se había sobreexplotado. A pesar de todo, en su segundo largometraje como director, J.J. Abrams, creador de las series televisivas Alias y Perdidos, se ha propuesto resucitar Star Trek, que antes de ser una saga cinematográfica fue una de las más conocidas series televisivas de la historia. Abrams parte de cero, en la línea de Batman Begins, de forma que cualquiera que desconozca por completo a los personajes pueda disfrutar sin problemas de la trama. Pero además, el astuto director ha sabido, mediante una estratagema de guión que conviene no desvelar, hacer que nada de lo que ocurra aquí contradiga lo ya visto en las entregas anteriores, para no molestar a los miles de 'trekkies', tal y como se conoce a los fans con los que cuenta la saga.

Tan de cero pretende empezar la historia Abrams que abre el film con el nacimiento del protagonista, el capitán James Tiberius Kirk, que viene al mundo al mismo tiempo que su padre se inmola, mientras se enfrenta a la nave de Nero, un capitán renegado de la raza de los romulanos. Tras una infancia rebelde, Kirk acaba convirtiéndose en un brillante cadete de la Flota Estelar, donde aún se recuerda el valor de su progenitor. Allí se hace amigo de McCoy, que estudia para ser oficial médico, conoce a la joven Uhura, experta en lenguajes y formas de comunicación, con la que no acaba de llevarse bien del todo, e inicia una enconada rivalidad con Spock, hijo de una humana y de un vulcano, raza que se distingue por su afán de controlar las emociones. Una supuesta llamada de auxilio llevará a Kirk y al resto de cadetes a embarcarse en el Enterprise y enfrentarse nuevamente con Nero, el romulano que reaparece con un siniestro y destructivo plan...

El reparto es completamente nuevo, salvo por la inclusión del legendario Leonard Nimoy, el intérprete original de Spock, que encarna a su personaje envejecido. Para interpretarlo cuando es joven, le ha sustituido el joven Zachary Quinto, en el papel más importante junto con el hasta ahora muy secundario Chris Pine, que encarna al capitán Kirk, El tal Pine es un joven atractivo con mucho potencial para arrastrar al público adolescente a los cines, al igual que Zoe Saldanha, muy expresiva como Uhura, el más importante papel femenino. Destaca la inclusión en el reparto del especialista en comedia Simon Pegg (Scotty), y de la veterana Winona Ryder, que es la madre de Spock en un corto pero emotivo papel. Sorprende el fichaje del excelente actor Eric Bana para encarnar al villano, Nero, pues aunque borda el papel, no se comprende si era necesario un fichaje que sin duda habrá costado una millonada, para un papel irreconocible, ya que está siempre completamente recubierto de maquillaje.

Se declara Abrams más seguidor de Star Wars que de Star Trek, y su película está próxima al primer George Lucas, en la medida en que no pretende hacer ciencia ficción dura, sino una dinámica cinta de aventuras, con mucha acción, y sofisticados efectos especiales. Y sin embargo, sorprende su habilidad para no traicionar a los iniciados. A estos les ofrece numerosísimos guiños que les harán muy felices (la prueba del Kobayashi Maru, la babosa de Star Trek II. La ira de Khan, y hasta la sintonía original de la serie y el monólogo del principio...), pero hay un especial cuidado en que los homenajes estén tan integrados en la historia que no es necesario saber nada para poder seguirla. Es una entrega más ligera de lo habitual, pues aunque contiene notas positivas sobre la amistad, las emociones humanas, el sacrificio y el sentido del deber, está claro que Abrams está pendiente de sorprender continuamente. Su habilidad para conseguirlo es notable, sobre todo en algunos momentos memorables, como la persecución protagonizada por el pequeño Kirk, la secuencia en la que éste se arroja en paracaídas para sabotear una perforadora y su huida de un monstruo gigantesco en un planeta inhóspito. Se le puede achacar una pequeña bajada de ritmo cuando el anciano Spock cuenta su historia, y la inclusión de una secuencia de sexo en una saga que hasta ahora era completamente blanca, para todos los públicos. Pero ha logrado resucitar el cadáver, que es lo de que se trataba.

The international


De cine21: Una investigación llevada a cabo por el agente de la interpol Louis Salinger y la ayudante del fiscal del distrito en Manhattan Eleanor Whitman está a punto de destapar un escándalo mayúsculo de venta de armas en países del tercer mundo a través de un banco tapadera con sede en Luxemburgo. Pero la persona que servía de contacto con el banco es asesinada con una limpieza escalofriante, y a partir de ese momento se ponen en marcha resortes muy poderosos para no dejar resquicios que permitan denunciar el caso. Lo que supone el empleo de asesinos profesionales, que ponen en su punto de mira a personas muy importantes, como Calvini, uno de los políticos favoritos para ocupar el puesto de primer ministro en Italia.
Apasionante intriga política escrita por el primerizo Eric Singer, y dirigida por el alemán Tom Tykwer, que tan buen sabor de boca dejó en los cinéfilos hace ya más de diez años con la dinámica Corre, Lola, corre. Con un esquema de enfrentamiento sin equilibrio de fuerzas, a lo David contra Goliat, el cineasta filma con buen pulso, y sabe crear la perfecta atmósfera de conspiración que exige la trama -es modélico el pasaje en Milán en torno a un francotirador-, donde en todo momento tiene uno la sensación de que puede surgir un personaje de la sombra, dispuesto a enmarañar aun más la historia. Además incluye formidables escenas de acción, bien rodadas, como la que acontece en el museo Gugghenheim neoyorquino, verdaderamente espectacular. La película denuncia a un sistema financiero y político internacional capaz de permitir, aunque sea por omisión, los más increíbles y corruptos negocios, a costa de la tragedia de personas y aun naciones enteras. En tal sentido estamos ante una narración pesimista, donde no cabe confiar en la justicia, sólo en las personas concretas; y aquellos que procuran hacer lo correcto se ven obligados a vender, en parte, su alma al diablo.