sábado, 12 de noviembre de 2011

Winter's Bone

Decine21

A Ree, una joven de 17 años, le toca ejercer de cabeza de familia en la zona rural de Ozark Mountain, cuida a sus dos hermanos pequeños y a su madre incapacitada. Su padre está metido en tejemanejes de drogas, y actualmente le busca la policía porque debe comparecer en breve ante un tribunal. Como él puso de garantía la casa familiar, corren peligro de ser embargados en caso de que no aparezca, vivo o muerto. Ree emprende la búsqueda del progenitor, lo que implica tratar con numerosos indeseables que no quieren hablar.Estupenda muestra de cine independiente estadounidense, premiada en Sundance, y que se diría 'prima hermana' de la reciente Frozen River. Adapta una novela de Daniel Woodrell, y como en el film citado, también tenemos a una mujer fuerte que lucha con todos los medios por los suyos, aunque en este caso con la característica de que se trata de una adolescente. De narración sobria, Debra Granik, con el sabio guión escrita por ella y Anne Rosellini, y una partitura musical intrigante y desasosegadora, sabe tomarse su tiempo en el despliegue de los diversos elementos, jugando con la ignorancia del espectador en lo referente a la catadura moral de los distintos personajes.
Domina una tristeza resignada, que casa bien con los colores invernales de las imágenes de los bosques con sus árboles pelados, y de la que son sintomáticos los personajes de Lágrima, tío de Ree, Gail, su mejor amiga, y ciertas mujeres; incluso en la alegría despreocupada de los niños destaca de algún modo su inconsciencia. Y a medida que Ree se acerca más a descubrir el paradero de su padre, la narración crece en intensidad, hasta el magnífico clímax en el pantano, donde se desbordan las emociones y la joven
Jennifer Lawrence da lo mejor de su estupenda interpretación.

sábado, 29 de octubre de 2011

Sin identidad


Decine21

Cuarta película de Jaume Collet-Serra, con la que ha logrado la hazaña de convertirse en el primer realizador español que lidera la taquilla estadounidense. Collet-Serra -que ha desarrollado toda su carrera en Hollywood- vuelve a trabajar para el astuto productor Joel Silver (Matrix), que ya le había contratado para su ópera prima, La casa de cera, y para La huérfana.
Sin identidad adapta la novela "Out of My Head", del popular escritor francés
Didier Van Cauwelaert (La educación de las hadas). El arranque guarda ciertas similitudes con el thriller Frenético, de Roman Polanski. Un tipo llega a Berlín con su mujer para participar en un congreso, pero tiene un accidente durante un desplazamiento en taxi. Salva la vida, pero pierde parcialmente la memoria. Aunque recuerda ser el doctor Martin Harris, su esposa niega conocerle y está acompañada de otro tipo que asegura ser el auténtico doctor Martin Harris. Además, unos asesinos le persiguen, por lo que tratará de descubrir qué ha ocurrido, con ayuda de una emigrante que conducía el taxi accidentado.
Collet-Serra acierta al seguir claramente los patrones del mejor
Alfred Hitchcock. Como en las más brillantes películas del maestro del suspense, rueda con un ritmo ágil, y cada secuencia encandila al espectador, de forma que éste tiene poco espacio para averiguar si el guión tiene algún fallo, o tratar de conjeturar una explicación a lo que ve en pantalla. La trampa está bien construida y el desenlace no resulta decepcionante. No plantea grandes conflictos existenciales, aunque incorpora pequeñas reflexiones sobre la identidad, y la capacidad humana para redimirse.
Además de una factura impecable, el film cuenta con un reparto de lo más ajustado.
Liam Neeson logra una gran naturalidad en un papel que entraña una gran dificultad, de hombre confundido y desesperado, y está arropado por actores muy sobresalientes, como Diane Kruger, la atractiva January Jones (Mad Men), Aidan Quinn, Frank Langella, y el gran Bruno Ganz, que consigue dar una enorme dignidad a un papel en principio menor, un ex agente de la Stasi muy distinto al que encarnaba Ulrich Mühe en La vida de los otros.

La legión del águila



Decine21

Britania. Año 140 dC. Licenciado del ejército con honores tras ser herido en combate, Marco Aquila se interna en el norte de Britania más allá del territorio del Imperio Romano. Intenta averiguar qué ha ocurrido con la Novena Legión, compuesta por 5.000 hombres bajo el mando de su padre, que desaparecieron veinte años atrás sin dejar rastro. Marco ha escuchado que se ha visto en un templo el águila de oro, emblema de la Novena Legión, y quiere recuperarlo. Le ayuda en su búsqueda Esca, un esclavo de origen bárbaro que odia a los romanos, pero ha jurado servir a Marco después de que éste le salvara la vida.
El escocés
Kevin MacDonald se esfuerza por rodar largometrajes bastante variados. Tras el documental Tocando el vacío, el drama El último rey de Escocia y el thriller La sombra del poder -todos ellos brillantes- el realizador compone ahora una de romanos, y además con un planteamiento de lo más clásico. Adapta una novela de Rosemary Sutcliff que MacDonald leyó a los 12 años y le dejó un grato recuerdo.
MacDonald retoma sobre todo un asunto que parece estar presente en toda su filmografía, la amistad entre dos tipos de lo más variopinto (dos expertos escaladores diferentes, un joven médico y un sanguinario dictador o un reportero y un congresista). En esta ocasión desarrolla la cordial relación entre el amo y el esclavo, ambos enemigos naturales, que aprenden a confiar el uno en el otro.
El realizador aprovecha que tiene a sus órdenes a algún secundario brillante, como el veterano
Donald Sutherland (el tío del protagonista), Tahar Rahim, protagonista de Un profeta (casi irreconocible como guerrero bárbaro), y el especialista en malvados Mark Strong, esta vez como antiguo legionario. Sus protagonistas, Channing Tatum y Jamie Bell -Billy Elliot (Quiero bailar)- sorprenden, en papeles bastante trabajados.
En las secuencias de acción -bien resueltas- MacDonald parece tomar como modelo
El último mohicano, de Michael Mann, al que remite también la banda sonora y la cresta de mohicano de los villanos.

lunes, 5 de septiembre de 2011

Wall Street 2



Decine21

Año 2001. Gordon Gekko sale de la cárcel tras cumplir condena por delitos monetarios. Siete años después el ex 'tiburón' de Wall Street publica "¿La codicia es buena?", libro que anticipa la inminente crisis financiera mundial, denunciando que la codicia forma ya parte del sistema legal. Winnie, la hija de Gordon, no se habla con él, odia todo lo que representa, y le culpa de la muerte de su hermano por la droga. Paradójicamente, ella planea casarse con Jake, que trabaja en el mundo de las grandes corporaciones, y que apoya firmemente a una empresa que investiga en energías alternativas basadas en la fusión. Y es que puede que Jake no sea tan diferente a Gordon, pues tras el suicidio de su mentor, cuya empresa estaba en bancarrota por culpa de los rumores del mercado, reclama venganza, pues sabe que tiene nombres y apellidos quien le empujó a quitarse la vida.

La codicia en los mercados bursátiles, que conoció un boom en los 80 del pasado siglo, quedó inmortalizada fílmicamente en el Gordon Gekko de Wall Street, personaje que dio a Michael Douglas un Oscar. Con los recientes sucesos de la 'burbuja' inmobiliaria y la generación 'ninja', había una lógica expectación acerca de qué haría Oliver Stone retomando a Gekko, esta vez con un guión ajeno de Allan Loeb y Stephen Schiff.

Vaya por delante que aquí no se trata de explicar la crisis financiera, en tal sentido decepciona su condición de simple e ideal telón de fondo para retomar al personaje del film de 1987, e incorporar algunos nuevos. Late todo el tiempo la idea de si Gekko puede redimirse, ser mejor persona, el mismo planteamiento que escogió Francis Ford Coppola para recuperar a Michael Corleone en El padrino III; y siguiendo la comparación, la otra duda que flota es si Jake será como el hijo de Michael que se dedica a la ópera, un tipo honrado, o como el bastardo de Sony, un gángster destinado a suceder a Michael. Los otros planteamientos que vertebran la trama son el valor del tiempo, capital más valioso que el monetario, y la importancia de aportar a la sociedad cosas tangibles, como podrían ser una nueva fuente de energía, o la dedicación a la enfermería de la madre de Jake.

Estamos ante una cuidada producción de estudio, pero a la que falta alma, el hálito del original. Escasea el espacio para la tragedia a lo Shakespeare, y sobra en cambio para el convencionalismo dulzón, de modo notorio en el poco trabajado desenlace. El dibujo de la 'selva' de Wall Street y de internet suena a ratos a cliché: el 'tiburón' de Josh Brolin, con esa pintura en su despacho de Saturno devorando a sus hijos; o la hija izquierdista Winnie, con su idealista website "La verdad congelada". Quizá la fortuna de Stone es contar con unos actores que se elevan sobre sus personajes para darles relieve. Carey Mulligan da una gravedad a su personaje, que lo hace creíble, Michael Douglas consigue sostener las evoluciones de un Gekko algo 'veleta', Josh Brolin aporta cinismo. Menos credibilidad se observa en un Shia LaBoeuf demasiado 'pitagorín', en el científico de Austin Pendlenton, o en la vendedora de pisos de Susan Sarandon.

127 horas



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Aron Ralston es un joven al que le gustan los deportes de riesgo. Sin decir a nadie donde iba, se ha liado la manta a la cabeza y ha partido a John Blue Canyon, en Utah, un paraje rocoso increíble e inmenso, poco frecuentado. Allí disfruta de lo lindo hasta que un mal paso le hace caer por una sima, con tan escasa fortuna que su brazo queda atrapado por una roca que se diría imposible de mover. Aron pasará solo las 127 horas del título luchando por sobrevivir, y haciendo un particular examen de conciencia de lo que han dado de sí sus 25 años.

El británico Danny Boyle repite con el guionista Simon Beaufoy, con quien hizo la oscarizada Slumdog Millionaire, ambos adaptan un libro del propio Aron Ralston donde cuenta su increíble peripecia. Y entrega una historia de supervivencia donde es clave el amor recordado de los seres queridos, con un sugerido sentido de la providencia al fondo, tema ya presente Slumdog..., y desde luego en Millones. Si la expresión 'luchar a brazo partido' no existiera, se diría que nació de los hechos narrados, tal es el empeño que Aron pone en salvar su vida.

Aunque el metraje es escaso, apenas hora y media, el principal desafío al que se enfrenta Boyle es mantener el interés en una monosituación dentro de una grieta, esquema parecido al del título de ficción Buried (Enterrado). Ciertamente resulta algo reiterativo, y puede llegar a cansar, pero el director muestra carácter con la cámara y sus encuadres, el uso de la cámara de vídeo que lleva Aron, las escenas oníricas, casi alucinaciones, la visión de gusano desde el fondo del abismo, que permite atisbar el cielo. También la partitura musical de otro miembro del equipo Slumdog..., A.R. Rahman, ayuda.

Resulta meritoria la interpretación de James Franco, que soporta todo el peso actoral de la película, los demás que aparecen son simples comparsas. Especialmente dura resulta la escena climática de la película, abordada de un modo hiperrealista no apto para todos los estómagos.

sábado, 9 de julio de 2011

Más allá de la vida



Decine21
Marie, una periodista francesa de éxito, que pasa unas vacaciones con su novio en el sudeste asiático, tiene una experiencia cercana a la muerte cuando les sorprende un tsunami. George, residente en San Francisco, tiene un don, puede contactar con los seres queridos fallecidos de los que acuden a él; pero está harto, quiere ser una persona normal. Marcus, un niño londinense con una madre alcohólica, sufrirá la pérdida de a aquel a quien más quiere en el mundo, su hermano gemelo Jason. Las vidas de los tres acabarán confluyendo en Londres.

El "joven" Clint Eastwood sigue en plena forma, y aunque aquí no obtiene su película más redonda, justo es reconocerle que acomete un reto nada fácil: reflexionar sobre un trance que nos aguarda a todos, el de la muerte. Ciertamente que ha mirado éste en muchos fimes, piénsese en Million Dollar Baby y Gran Torino. Pero si en esos casos se abordaba la "muerte por compasión" y el sacrificio de entregar la vida por el otro, aquí se da vueltas al interrogante de qué viene después de morir, y el deseo natural de todo ser humano de retomar el contacto con los que nos han dejado. Ello sin detenerse en ninguna religión en particular, sólo se quiere subrayar que es bastante razonable pensar que no todo se acaba aquí. Y que junto a experiencias sobrenaturales más o menos plausibles, existe también mucho farsante que vive de la credulidad y desconsuelo ajenos

Firma el guión de la cinta Peter Morgan, que abandona las historias de personajes reales que le han caracterizado hasta ahora -La Reina, El desafío. Frost contra Nixon-, para crear una trama completamente de ficción, compuesta por tres hilos narrativos muy nítidos. Lo cierto es que dichos hilos resultan inicialmente inconexos, a no ser por el tema de la muerte, con lo que el esfuerzo del guionista -y luego, del director- consiste en saltar de uno a otro para situar al espectador, procurando no perderlo. La meta se logra parcialmente, pues Morgan e Eastwood se toman su tiempo, quieren definir con primor a los personajes -con momentos brillantes, auténticos hallazgos-, pero a veces se demoran en exceso. Eso sí, al final nos llevan adonde quieren, y los últimos veinte minutos son sin duda lo mejor de la cinta, entonces se desatan climáticamente todas las emociones.

Matt Damon sigue creciendo como actor, ahora mismo da a la perfección el tipo de persona corriente, por muy extraordinarias que sean sus circunstancias. También destacan Cécile de France -la periodista-, Bryce Dallas Howard -compañera de clases de cocina de George, que se siente atraído por él- y los dos críos gemelos -Frankie McLaren y George McLaren-.

El almirante


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Magnífica película rusa que recrea la historia real del almirante Aleksander Kolchak, quien tras demostrar su valentía, liderazgo y habilidad bélica contra los alemanes en el Mar Báltico durante la Gran Guerra, llegaría a convertirse en líder del llamado Ejército Blanco, que luchó contra los bolcheviques tras la revolución de 1917 y el derrocamiento del Zar. El film, una trágica historia de amor y guerra que se desarrolla a lo largo de los duros años de la revolución comunista que dio origen a la Unión Soviética, trae clarísimas reminiscencias de Doctor Zhivago, un modelo sin duda superior a El almirante, pese a la gran calidad de la película dirigida con estilo por Andrey Kravchuk, cineasta ruso nacido en San Petersburgo en 1962.

Desde el comienzo, el espectador comprueba que va a ser testigo de una historia de tintes épicos, con ese impresionante enfrentamiento naval entre rusos y alemanes. La escaramuza está filmada de modo realista, vibrante, y logra que sintamos el agua y el estruendo en el propio pellejo, un poco a la manera de Master and Commander. Al otro lado del mundo, sólo que aquí el pesado hierro sustituye a los cascos de madera. A la vez, ese comienzo supone una fabulosa presentación de los dos personajes masculinos más importantes de la película, los amigos Aleksander Kolchak y Sergei Timirov. Casados ambos, pronto Kolchak se enamorará de Anna, mujer de Timirov. Pero Kolchak es un hombre virtuoso y sus fuertes sentimientos no lo arrastrarán frívolamente, aunque será inevitable que los amigos se separen y la esposa de Kolchak sufra por su delicada situación matrimonial.

Alguien dijo una vez que las grandes historias son siempre historias de adulterios. Si ánimo de defender ciegamente esta postura extrema, ahí están para apoyarla novelas inmortales como "Ana Karenina", "Los hermanos Karamazov", "Madame Bovary" y un largo etcétera. También este film tiene esa temática, pero, como le ocurre a las grandes historias, nada de lo que se cuenta resulta superficial. Porque en esta película de época, que lo es, los personajes tienen un alto sentido del honor, de la palabra dada, una conciencia de que la virtud nos hace mejores personas. Y es este aspecto el que más conmueve del film: la historia rezuma grandeza y las palabras de San Pablo, citadas explícitamente en varias ocasiones -ahora permanecen la fe, la esperanza y la caridad, pero de éstas virtudes la más importante es la caridad- tienen sentido real en las vidas heroicas de muchos de los personajes. Estamos ante el retrato histórico de una época extinta, un mundo donde el honor era más importante que la vida, donde si uno mataba a una mujer en combate firmaba su propia sentencia de muerte, un mundo, en fin, en donde Dios estaba vivo en el corazón de la gente y donde los acontecimientos por trágicos que fuesen eran aceptados con fe en la voluntad divina, pese a que se negara al hombre su insondable significado.

Es cierto que no todo en el film es perfecto. Su duración se antoja quizá escasa para la epopeya que se quiere narrar, y a la vez parece haber una cierta arbitrariedad en los episodios elegidos, aunque quizá sólo sea que se abusa de la elipsis, tanto en la historia de amor, como en las campañas bélicas y en la importancia de algunos personajes secundarios. Esto, claro está, provoca cierto acartonamiento narrativo y no propicia demasiado la implicación emotiva del espectador, y ese sea quizá el mayor defecto de un film que en general es muy superior a la media. Por lo demás, las escenas bélicas y las localizaciones son impactantes y están bellamente fotografiadas. En cuanto a las interpretaciones, tampoco ayuda el carácter serio del protagonista, interpretado con convicción por Konstantin Khabenskiy (Guardianes de la noche). Y sí que destaca en cambio el más versátil trabajo Elizaveta Boyarskaya, que encarna dulcemente a la enamorada Anna.

Brothers


Decine21

Jim Sheridan se toma cada nuevo proyecto con suma tranquilidad. Cuatro años después de la absolutamente fallida Get Rich or Die Trying, el irlandés rueda un remake de Hermanos, coescrita y dirigida por la danesa Susanne Bier. Cuenta con un guión del prestigioso David Benioff (Cometas en el cielo, La última noche) que ha introducido pocos cambios con respecto al original, pues básicamente ha adaptado la historia a los Estados Unidos.
Así, esta vez tenemos al capitán Sam Cahill, militar modélico, felizmente casado con Grace, su novia del instituto, con la que tiene dos hijas. Por contra, su hermano menor Tommy Cahill es la oveja negra de la familia, que acaba de salir de la cárcel en libertad condicional. Cuando el helicóptero en el que viaja Sam es derribado por los talibanes durante una misión en Afganistán, Tommy estrecha su relación con la esposa de su hermano, y poco a poco se convierte en su sustituto en el hogar. Además, Grace y Tommy se sienten atraídos el uno por el otro.

Tenía Sheridan todas las papeletas para triunfar nuevamente, pues se basa en un film muy sólido, y cuenta con un reparto de primera. Además, la historia da pie al director de En el nombre del padre y En América para incidir en el tema más importante de su filmografía: las relaciones familiares. Como en esas dos películas citadas, le interesan en particular las relaciones paternofiliales, así que aunque el tema central son los hermanos, presta especial atención a la relación de las niñas con su padre, y del hermano díscolo con el suyo.

Es además un film sobre las secuelas de la guerra, en línea con El cazador o El regreso. El tema está de desgraciada actualidad, por el recrudecimiento de la guerra de Afganistán.

Pero el resultado es un film excesivamente convencional, mil veces visto, y mucho menos impactante que su versión danesa. Su resolución es poco brillante, faltan ideas en la puesta en escena y todo se vuelve demasiado previsible. Desde luego no está a la altura de la brillante filmografía de Sheridan, que parece que empieza a acusar cierto cansancio en los últimos años.

Levantan un poco la función los actores. Realiza un gran esfuerzo Tobey Maguire, aunque su interpretación resulta un poco forzada, y su look deliberadamente desmejorado no ayuda a hacer creíble a su personaje. Resultan mucho más naturales Natalie Portman y Jake Gyllenhaal, así como los sobresalientes secundarios, Sam Shepard, Mare Winningham y sobre todo las niñas Bailee Madison y Taylor Geare, enormemente expresivas.

lunes, 13 de junio de 2011

Los próximos tres días



Decine21
La pesadilla de una familia corriente. Josh, profesor universitario casado con Lara, y con un niño, Luke, ha salido a cenar con su hermano y su mujer. Han discutido, pero nada del otro mundo. Al poco de volver a casa, la policía irrumpe intempestivamente, y se lleva detenida a Lara, a la que acusan de asesinato. Y en efecto, es condenada, pues todas las pruebas apuntan a que mató a una mujer en un aparcamiento. El tiempo pasa, y las distintas apelacionas no sirven de nada. Tan desesperado está Josh, que empieza a idear un plan de fuga para Lara. Lo que implica pensar no sólo en sacarla de la cárcel, sino en el traslado de la familia al completo a otro país.

Paul Haggis (Crash, En el valle de Elah) escribe y dirige un dinámico y hitchcockiano remake de la reciente película francesa Pour elle. Se trata de un angustioso thriller contado desde el punto de vista de Josh, un tipo normal, no especialmente mañoso, que convencido de la inocencia de su esposa acometerá toda clase de acciones arriesgadas para devolverle la libertad. Su motivación, claro está, es el amor, él nunca duda de la esposa, porque la conoce; lo que no quita para que Haggis siembre interrogantes en el espectador.

Quizá Haggis estira demasiado la trama en la parte que se refiere a los minuciosos preparativos de la fuga, pero lo hace con la idea de dar verosimilitud a lo que cuenta, se trata de no escamotear al espectador los muchos obstáculos con que se topa Josh, bien encarnado por el siempre convincente Russell Crowe. Desde los tratos con maleantes de diversa calaña, a la mirada preocupada de los padres de Josh, el distanciamiento de Luke de su madre... Es posible que en esta 'obsesión' excesiva por atar cabos el director haya tenido en la cabeza Un ciudadano ejemplar, hecha el año anterior y de temática comparable -se incide también en los errores del sistema a la hora de administrar justicia-, aunque bastante menos creíble. De este modo, cuando llega el último tercio de la película, la huida pura y dura, uno puede aceptar trucos y sorpresas destinados a despistar a sus perseguidores.

Desde el punto de vista de guión y realización, destaca la escena de la autopista, un alarde de concatenar máximo peligro y tensa calma. Hemos hablado ya del buen trabajo de Crowe, pero conviene subrayar el completo acierto en el resto del reparto.

VALORACIÓN PERSONAL CINEDOSIS: entretenidísimo thriller, mantiene en tensión hasta el último minuto. Dura cerca de dos horas, que pasan volando.

Imparable



Decine21
Tras coger el metro neoyorquino en Asalto al tren Pelham 123, Denzel Washington se sube ahora a un tren de largo recorrido en otro thriller con vagones y raíles que también tiene como 'maquinista' a Tony Scott. El dinámico cineasta británico ha dirigido al actor afroamericano no sólo en aquella cinta, sino también en Marea roja, El fuego de la venganza y Déjà vu, por lo que ésta es su quinta colaboración.

El argumento está inspirado en hechos reales. En la estación ferroviaria de una localidad de Pensilvania, un operario se sube a la máquina de un tren de 39 vagones que debe mover. El tipo es bastante incompetente y no se le ocurre otra cosa que apearse en marcha un momento para cambiar la aguja de las vías él mismo. Cuando quiere volver a subir, el tren se ha descontrolado y acelera peligrosamente. La controladora Connie Hooper descubre que parte de la carga es material tóxico e inflamable por lo que el tren puede producir un enorme desastre allá donde descarrile. Los únicos capaces de idear un plan para solucionar el problema serán un veterano maquinista y un novato que ejerce de jefe de un tren que se cruza con el convoy imparable.

Se entiende que Scott recurra a Washington constantemente, porque al actor le bastan un par de frases para dar humanidad a su personaje y meterse al público en el bolsillo. Su personaje de veterano ferroviario padre de dos hijas contrasta radicalmente con el joven novato encarnado por Chris Pine, que tras Star Trek confirma su talento y que no desentona frente a su prodigioso compañero de reparto, lo que no es poco. Realiza también un trabajo meritorio la actriz Rosario Dawson como una controladora de gran personalidad.

El argumento es mínimo, pero Scott se conoce al dedillo las reglas del thriller. El realizador filma con un ritmo 'imparable' e increíble espectacularidad, con su reconocible estilo a base de rápidas combinaciones de imaginativos planos y movimientos de cámara continuos. Esta vez acierta al ir explicando las partes más técnicas de la trama mediante imágenes de la televisión que cubre los acontecimientos.

La principal virtud de Scott es que tiene muy en cuenta que lo importante no son los fuegos de artificio, sino interesar al público por los personajes, para que las secuencias de suspense resulten más cercanas. No todos los directores tienen en cuenta esta regla tan sencilla, a juzgar por la gran cantidad de vistosos blockbusters sin alma que llegan a las carteleras. No trata de ofrecer ninguna reflexión, pero subyace una apología de la unidad familiar, y trata de pasada temas como el compañerismo, el sacrificio, el trabajo bien hecho y las consecuencias de la falta de escrúpulos en la gestión empresarial, que contribuyen a dotar de interés a Imparable para que no descarrile.

El discurso del rey




Decine21
Década de los 30 del pasado siglo. Reina en Inglaterra Jorge V, y soplan aires de guerra. Su segundo hijo, Albert, padece una pronunciada tartamudez desde que era niño. Los muchos expertos que han tratado de ayudarle con su problema han fracasado. Lo que no tendría demasiada importancia, de no ser por la muerte de su padre y lo poco adecuado que es David, el heredero, para asumir la función de monarca. Los avatares del destino le obligan a llevar la corona... y sus súbditos, en tiempos difíciles, necesitan oír la voz del rey. Un heterodoxo logopeda, el australiano Lionel Logue, podría ser la solución a tan reales dificultades.

Formidable película dirigida por el británico Tom Hooper, que tiene a sus espaldas un magnífico currículum de películas y series televisivas basadas en personajes auténticos, ya sean regios (Elizabeth I), presidenciales (John Adams) o futboleros (The Damned United). Tiene a su disposición un guión de lujo firmado por un sorprendente David Seidler, quien hasta ahora sólo había descollado, y eso muy relativamente, con libretos de películas animadas (El rey y yo, La espada mágica. En busca de Camelot), y con uno escrito para Francis Ford Coppola, el de Tucker, un hombre y su sueño. Los hermanos Weinstein, productores, vuelven por la puerta grande a la lucha por los Oscar, y desde luego el conjunto del reparto de este film es de los mejores que se han visto en los últimos tiempos. Los personajes son magníficos y los actores que los representan les sacan todo su jugo, está increíble, sensacional, Colin Firth, pero también Geoffrey Rush, Helena Bonham Carter, Guy Pearce, Timothy Spall, Derek Jacobi, Michael Gambon, Jennifer Ehle, Anthony Andrews...

Una trama basada en la relación profesor-alumno, por así decir, es algo muy visto. Caer en el tópico es muy, pero que muy fácil. Porque hay elementos que inevitablemente se repiten, ya sea el choque de caracteres, la no comprensión de lo que el profesor pretende, el no-respeto por las capacidades del alumno, etcétera. Pero Seidler y Hooper se las arreglan para sortear una y otra vez estas dificultades ascendiendo a cotas de brillantez excepcionales. Un elemento de originalidad lo introduce, obviamente, el hecho de que uno pertenezca a la realeza y el otro sea un plebeyo, y que éste, para aplicar con éxito su método, exija una relación de igualdad, e incluso de amistad. Pero la razón de que esta película sea casi un milagro no estriba sólo en eso, pues hay mil y un detalles, perfectamente cuidados, que contribuyen a reforzar lo que se cuenta.

Así, podemos entender de dónde viene la inseguridad de Albert y la confianza de Lionel, aprendemos a conocer y contrastar los respectivos entornos familiares y sus distintas responsabilidades. Y hay escenas redondísimas, que producen emociones genuinas: no quisiéramos hacer el listado de las mismas, pero vale la pena destacar la de la primera consulta de Albert, la que tiene lugar en Westminster cuando ensayan la coronación y, por supuesto, la del climático discurso tras la declaración de guerra.

Es muy inteligente la partitura musical, tanto los temas originales de Alexandre Desplat, como el uso de música clásica, Beethoven y su séptima sinfonía en un momento clave. Y la fotografía, con lentes cortas, y el recurso a picados y contrapicados, resulta muy apropiada para resaltar la soledad de la función real, aunque, paradójicamente, uno se encuentre en buena compañía.

Caza a la espía



Decine21
Una historia basada en hechos reales, que provocaron un buen revuelo en la opinión pública mundial, y más específicamente entre la estadounidense. La agente de la CIA Valerie Plame quedó literalmente "quemada", al filtrar a la prensa un alto cargo de la administración Bush su actividad encubierta. La idea era anular al esposo de Plame, que había publicado un artículo cuestionando las razones que esgrimía la Casa Blanca para invadir Irak.

Resulta curioso constatar que si Paul Greengrass pasó de filmes basados en hechos reales como Domingo sangriento a la saga de espías ficticios Bourne, Doug Liman ha seguido el proceso contrario, de El caso Bourne ha dado el salto a una historia real, Caza a la espía, que maneja con la misma trepidante emoción que supo conceder al film mentado. Su uso de la cámara en mano es efectivo, pues subraya los modos torcidos de proceder de unos y otros, o la duda de cómo acabarán discurriendo las cosas.

El cineasta sabe conjugar la trama política -las famosas armas de destrucción masiva en Irak, los modos de operar la CIA y la Casa Blanca- con el drama personal que afecta a mujer y marido. Estos están interpretados con enorme talento por Naomi Watts y Sean Penn, pues saben hacer que casen los momentos de gran entereza y control de la situación, con aquellos en que se ven superados por los acontecimientos. El amor a la familia y al propio país, y la verdad como guía en el propio actuar, son los grandes temas propuestos, donde a veces se producen conflictos de intereses.

Sospechosos habituales



Decine21
¿Quién es Keyser Soze? ¿Se trata de un mito, el diablo como le define uno de los personajes? ¿O bien es alguien real, este supuesto rey del crimen, del que nadie conoce su verdadera identidad? Estos interrogantes surgen una y otra vez durante la investigación del incendio en extrañas circunstancias de un barco, en el que murieron más de una veintena de personas. Verbal Kint (Kevin Spacey), que logró salvar la vida en la tragedia, declara ante la policía. Y conocemos a través de un largo flash-back cómo él y otros delincuentes llegaron a formar una banda por ser. sospechosos habituales, convocados con frecuencia por la policía en ruedas de reconocimiento. El misterioso Keyser Soze les hizo una oferta que no podían rechazar, aunque para la mayoría de ellos iba a tener fatales consecuencias.

Formidable y complejo rompecabezas, capaz de romper todos los esquemas del espectador, y en el que todas las piezas acaban encajando. El interrogatorio practicado por Kujan, el policía al que da vida Chazz Palminteri, sirve para mostrar un juego del gato y el ratón, en el que no se sabe quién de los dos, Verbal o Kujan, hace el papel de "gato". El guionista Christopher McQuarrie urdió una trama sencillamente sorprendente, y el luego director de X-Men, Verano de corrupción y Superman Returns, Bryan Singer (que entonces tenía 29 añitos), se las arregló para hacer una traslación perfecta a la pantalla. El Oscar al guión no sorprendió a nadie: además de que la estructura es perfecta (Tarantino seguiría una línea no muy diferente con Pulp Fiction), los diálogos, con sus réplicas y contrarréplicas, rebosan ingenio. Y la construcción del personaje siempre ausente y presente, Keyser Soze, que parece uno de esos poderosos corruptos que tan bien supo describir Orson Welles, se revela como una idea formidable. El relato de cómo afrontó la violación de su mujer y el secuestro de sus retoños es como para erizar los pelos a cualquiera.

El film cuenta con un reparto casi enteramente masculino, muy bien seleccionado: Stephen Baldwin (quizá el menos conocido de los hermanos actores Baldwin), Gabriel Byrne, Benicio Del Toro, Kevin Bacon (brillante en Homicidio en primer grado), Kevin Spacey (que se llevó el primer Oscar de los dos que tiene, e inició una brillantísima carrera), Chazz Palminteri (que ya había brillado como gángster en Una historia del Bronx y Balas sobre Broadway), Pete Postlethwaite. hicieron un magnífico trabajo. Si Byrne ya había llamado la atención en filmes de gangsters como Muerte entre las flores, el film fue la ocasión de que otros rostros empezaran a asomar en la pantalla: Postlewaite brillaría con luz propia sobre todo en En el nombre del padre y Tocando el viento, y Del Toro se llevaría un Oscar años después por su composición de poli mexicano en Traffic.

El imperio del sol



Decine21
Jim Graham es un chaval británico, hijo único, que vive con sus padres en Shanghai. Su cómoda existencia entre algodones dará un vuelco durante la II Guerra Mundial.

Jim tiene 13 años y su exaltada imaginación vibra de modo especial con los aviones. Tiene varios modelos en miniatura, y no puede evitar dar botes cuando ve las aeronaves surcando el cielo. A Jim nunca le ha faltado nada, y siempre ha visto la realidad de la vida a distancia; lo dice Spielberg plásticamente con la imagen del Packard que le conduce con las ventanillas subidas, para que nada del exterior afecte a Jim. Tras el ataque japonés a Pearl Harbor, estalla el caos en la zona occidental de Shanghai. Jim se separa de sus padres, y a partir de ese momento se inicia en el juego de la supervivencia. La criada ya no le obedece, sino que le abofetea. Hay que buscar comida, los platos cocinados ya no llegan a la mesa por arte de magia. Jim se ve obligado a crecer (esa maleta de cartón, que abandonada supone el fin de la infancia), y busca la complicidad de Basie, un americano que se mueve en la actual situación como pez en el agua. Acabará, como tantos, en un campo de prisioneros.

Adaptación de la obra de ribetes autobiográficos de J.G. Ballard, con guión del autor teatral Tom Stoppard. Spielberg rueda un film espectacular, gran parte rodado en Shanghai con miles de extras, con un formato 'a lo grande', muy a lo David Lean. La preciosa fotografía de Allen Daviau y la gran partitura de John Williams ayudan al empaque de un título a redescubrir.

La misión



Decine21
La misión de Roland Joffé se ha convertido en un auténtico clásico moderno. Producción del británico David Puttnam, de cuya mano han salido títulos como Los duelistas, El expreso de medianoche, Carros de fuego y Los gritos del silencio (esta última dirigida en 1984 también por Joffé), narra con aplomo una de las gestas españolas en el nuevo mundo: la evangelización de los indios guaraníes, llevada a cabo por los jesuitas en las conocidas reducciones. Estas instituciones donde el evangelio se diría hecho realidad, junto al hermosísimo paisaje (increíbles las cataratas de Iguazú, fotografiadas con pericia por el oscarizado Chris Menges), parecen restituirnos al paraíso perdido. Pero cuestiones políticas de diversa índole podrían dar al traste con todo.


La historia, escrita por Robert Bolt (Lawrence de Arabia, Doctor Zhivago, Un hombre para la eternidad), transcurre en el siglo XVIII, cuando España y Portugal han llegado a un acuerdo político, plasmado en el Tratado de Madrid, para gestionar sus colonias americanas. Una consecuencia "colateral" de tal tratado es que los jesuitas, que tienen una misión en tierras de los guaraníes, en Brasil, deberían abandonar el lugar. Pero el padre Gabriel (Jeremy Irons), que esta al frente de la misión, se resiste a dejar a esas almas que tiene encomendadas. Contará con la ayuda de los otros padres, entre los que destaca Rodrigo Mendoza (Robert De Niro), un antiguo traficante de esclavos, que está tratando de redimirse de su pasado disoluto.


La película da un magnífico ejemplo de lo que se ha dado en llamar inculturación. Para transmitir a los indígenas la fe cristiana, el padre Gabriel se sirve de la música, y gracias a su oboe logra comunicar con ellos. A este respecto la música del genial Ennio Morricone se revela memorable, con temas hermosísimos, incluido el Ave María guaraní. Para Joffé, que trabajó codo con codo con Bolt, cuyo estado de salud entonces era delicado, la cosa está clara: "Sentí que había algo muy hermoso en aquello que los seres humanos pueden compartir, y aquello se convirtió en la raíz de la historia para mí".


Una de las cosas que mejor funcionan en el film es la diferencia de caracteres entre el padre Gabriel, apóstol convencido de la no violencia y del poder de la oración, y Rodrigo, que debido a su pasado guerrero es partidario de no quedarse de brazos cruzados y combatir la injusticia. Además de a Irons y De Niro, pueden verse en el reparto a unos entonces jovencísimos Liam Neeson y Aidan Quinn.

Largo domingo de noviazgo



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Decir Jean-Pierre Jeunet es decir preciosismo fotográfico, personajes tan ricos como estrambóticos, gags carcajeantes próximos al slapstic del cine mudo y desfachatez visual a la hora de mostrar crudeza u obscenidad sin perder ni por un instante el aire mágico de la fábula imaginaria. Todo eso lo tenía esa obra magistral que se llamaba Amelie, y que le granjeó el aplauso de la crítica y el público de todo el mundo. Ahora, el director francés vuelve a usar idéntica fórmula con una historia muy distinta, más sórdida y monocromática, pero con la misma e inestimable colaboración de la luminosa Audrey Tautou, una actriz de una candidez y expresión en la mirada fuera de lo común.



La historia, adaptación de la novela del francés Sébastien Japrisot, se centra en el amor hiperrromántico de Mathilde por Gilles. Ambos se separaron cuando él marchó a luchar a las trincheras en la Primera Guerra Mundial. Al cabo del tiempo Mathilde recibe la noticia de su muerte, ya que, tras ser sometido a consejo de guerra junto a otros cuatro compañeros, Gilles fue abandonado en tierra de nadie. Mathilde viaja, investiga y remueve cielo y tierra para dar con el paradero de su amor. Pese a que las noticias nunca son halagüeñas, ella no desespera de encontrarle vivo. Junto Mathilde el espectador es testigo poco a poco del puzzle de los acontecimientos, y, mientras tanto, otras curiosas historias y personajes entran en juego.


Entre el drama y la comedia, la historia no pierde nunca el aire del cuento romántico, en especial en las estampas idílicas en la casa de los tíos, aunque también destaca el naturalismo con que Jeunet rueda las secuencias de guerra, muerte y sexualidad. Entre los intérpretes no falta el buen hacer del actor fetiche del director, Dominique Pinon.

Mejor... imposible



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Jack Nicholson da vida a Melvyn, un solitario escritor de novelas rosas, que tiene un carácter maniático y obsesivo, además de ser una persona sumamente egoísta. Siempre que abre la boca ofende a alguien. Víctimas de sus comentarios caústicos son, entre otros, su vecino Simon, un artista homosexual, y los clientes del restaurante donde acude a comer todos los días. No obstante, una camarera llamada Carol irrumpe en su vida. Ella es la única que puede hacerle cambiar.

James L. Brooks dirige esta comedia basada en una historia de Mark Andrus. El film engancha de principio a fin, y ello es debido a una cuidada puesta en escena, a unos diálogos inteligentes e ingeniosos, y sobre todo, a un acabado retrato de los personajes; todos ellos terminan por hacérsenos encantadores. El resultado final es una comedia perfecta. No es casualidad, pues, que el film fuera premiado con dos Oscar de la Academia en las categorias de mejor actor (Jack Nicholson) y mejor actriz (Helen Hunt).

El golpe

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En plenos años 30, Henry Gondorff y Johnny Hooker son dos caraduras que se dedican a timar y llevarse grandes sumas de dinero al bolsillo. La muerte de un amigo a manos de un gángster, les producirá deseos de venganza y para ello, prepararán el que será su mayor golpe.

Extraordinaria película que ganó siete Oscar y contó con la interpretación de la emblemática pareja de los actores y galanes Paul Newman y Robert Redford. El film no pierde ritmo en ningún momento y gracias al fabuloso y sorprendente guión, acompañado de un toque de humor y una notable ambientación, la historia resulta muy, pero que muy entretenida. Y la química entre los dos actores es inmejorable como ya demostraron en la también fascinante Dos hombres y un destino. Para la posteridad han quedado las saltarinas notas del piano de Scott Joplin, mítica estrella del estilo Ragtime.

domingo, 22 de mayo de 2011

El secreto de sus ojos

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Benjamín Esposito se acaba de jubilar después de llevar toda la vida trabajando en el juzgado. Su nuevo estado le concede mucho tiempo libre por lo que decide escribir una novela. Enseguida tiene claro de qué irá su libro. Hace más de dos décadas trabajó en el caso del asesinato y violación de una joven, que se resolvió de una manera nada satisfactoria. La vuelta atrás de Esposito lo lleva a mirar de frente otra vez a los fantasmas del pasado que en el presente lo atormentan más de lo que le gustaría reconocer. No sólo se trata de volver para dar respuesta al caso, sino que Benjamín tiene también razones sentimentales. Resulta que lleva más de 20 años enamorado de la que fuera su jefa en el juzgado. La mirada atrás parece ser la puerta para cerrar en el presente las distintas historias que han marcado su vida.

Juan José Campanella vuelve al cine después de Luna de Avellaneda (2004). En este intervalo ha hecho mucha televisión, donde ha dirigido capítulos de series como House y Rockefeller Center. Su vuelta a la gran pantalla nos ha traído al mejor Campanella. Se trata de una película muy suya y que a la vez poco tiene que ver con lo que había hecho hasta ahora. Es difícil de definir; en el calificativo de thriller no encaja, se aproxima más al cine negro. Pero también tiene mucho de drama, sin olvidar el importante componente romántico. La estética de la cinta está muy cuidada. Planos maravillosos en los que da gusto reposar la mirada. Algunos de estos planos tienen como protagonistas absolutos a los ojos, que para eso aparecen en el título de la película. Se nota un gran esfuerzo por parte de director y actores porque los ojos "hablen", cosa que en numerosas ocasiones se consigue pese a la dificultad que supone. Y es que llegado este punto, toca hablar de los actores. Todos y cada uno de ellos están soberbios tanto a nivel individual como en sus interrelaciones. Benjamin y su amada de juventud Irene destilan química, confianza, cercanía, están muy bien Ricardo Darín y Soledad Villamil. El mismo Benjamin con su compañero de fatigas Sandoval -estupendo Guillermo Francella-, compone una genial pareja de "investigadores" que provoca numerosas situaciones cómicas. Y es que Campanella compagina a la perfección este sentido del humor omnipresente con el contenido tan dramático que tiene la película.

Es difícil ver una cinta de este estilo tan cuidada tanto en contenido como en forma. Se atañe además a las "normas" actuales de dar una sorpresa final, que resulta adecuada y perfecta para el clima de suspense que puebla la película. Para que no todo sean flores, cabe decir que hay un momento en que la película pierde algo de fuelle. Sucede en la segunda parte, pero al final, vuelve a recuperar todo su esplendor.

La red social

Decine 21

Otoño de 2003. Mark Zuckerberg estudia en la Universidad de Harvard. Genio de la informática, de mente brillante, e irremediablemente asocial, tras romper con su novia e ingerir altas dosis de alcohol, tiene una idea para que los estudiantes opinen sobre la alumna más maciza de Harvard, lo que difundido viralmente colapsa el servidor de la universidad. He ahí la semilla de Facebook, la red social de internet que revolucionará en poco tiempo el modo de hacer amigos y relacionarse con ellos en el mundo entero. En efecto, la hazaña de Zuckerberg llama la atención de los hermanos Winklevoss, que andan ideando una red social para Harvard, y le fichan como programador. Pero mientras les da largas en lo relativo a su tarea, impulsa por su cuenta con su amigo Eduardo Saverin lo que va a ser Facebook. Al ver la luz, y arrasar en la red, los Winklevoss se sentirán engañados, y no van a ser los únicos en el entorno en que se mueve Zuckerberg.

Brillante película de David Fincher, que logra hacer apasionante la complicada narración de cómo Facebook se convirtió en la extraordinaria empresa y fenómeno social que hoy es. Cuenta con un formidable guión de Aaron Sorkin -que utiliza como fuente el imprescindible libro "The Accidental Billionaires"-, que logra que parezca fácil lo difícil, no en vano el creador de la serie televisiva El ala oeste de la Casa Blanca es todo un especialista en hilvanar historias complejas para el medio audiovisual, donde abundan los diálogos vertiginosos, en los que no falta ni sobra una frase; una réplica, una mirada, un plano de un objeto, todo aporta valiosa información a la narración.

El esqueleto narrativo es perfecto. Tras un breve prólogo -la brillante conversación de Zuckerberg con su novia, más la caída del servidor de Harvard-, se encadena la sesión pública de la institución académica que ve los hechos, con otra, la de los abogados que ven el conflicto de intereses entre Zuckerberg y sus socios de Facebook con los distintos enemigos que se ha creado en la vertiginosa carrera que le ha hecho multimillonario. Y entreveradas con esta segunda sesión, se presentan las distintas escenas de cómo la red social crece y crece. De modo que somos testigos de la paradoja de que quien ha logrado relacionar a tantos millones de personas en todo el mundo, se encuentra básicamente solo, no conecta con nadie.

El film desarrolla así temas clásicos como el saborear las mieles del triunfo, la ambición y el poder, la lealtad puesta a prueba, cuyos principales protagonistas, todos auténticos, no quedan demasiado bien parados. No es que haya una condena sin paliativos, pero el hecho es que se ponen en evidencias sus debilidades y flaquezas, no todo es tan 'cool' como el Facebook al que su destino se encuentra ligado. Fincher ha tenido el acierto de acudir a actores jóvenes en alza pero cuyo rostro puede no sonar excesivamente al espectador: los más conocidos son Jesse Eisenberg (Bienvenidos a Zombieland), que da vida a Zuckerberg, y Justin Timberlake, que encarna a Sean Parker, creador de Napster; pero brilla también el recién llegado Andrew Garfield, que interpreta a Saverin.

miércoles, 9 de febrero de 2011

Salt

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Evelyn Salt es una de las más eficaces agentes de la CIA, pero ha encontrado la felicidad en el matrimonio, y querría por ello un destino tranquilo entre papeles en vez de trabajo de campo. En éstas la reclaman para un interrogatorio rutinario a un desertor de los servicios secretos rusos. El tipo desvela un complot de agentes soviéticos "durmientes", planificado durante la guerra fría, cuyo primer paso sería el asesinato del presidente ruso durante el funeral del recién fallecido vicepresidente de los Estados Unidos; lo más escalofriante de su historia es que Salt sería uno de esos agentes durmientes.


Adrenalítico thriller dirigido por Philip Noyce, todo un especialista en películas de la CIA, suyas son dos entregas de la saga de Jack Ryan -Juego de patriotas y Peligro inminente- y la adaptación de la novela de Graham Greene El americano impasible. Aquí entrega un film con final que apunta a nueva entrega, de ritmo endiablo y bastante increíble -su punto de partida recuerda un poco a Nikita (1990)-, pero que una vez aceptada la convención de su inverosimilitud a lo 24 y su estilo cómic, se disfruta intensamente. El director australiano sabe rodar bien las asombrosas escenas de acción, y juega bien la carta de la ambigüedad acerca de quién es y qué quiere realmente Salt, creando una atmósfera desasosegante, de alucinante conspiración donde nada es lo que parece.


Angelina Jolie se luce como heroína de acción, y sabe insuflar humanidad a su personaje en las escenas dramáticas, donde vamos conociendo su pasado y motivaciones. Encuentra buenos compañeros de reparto en Liev Schreiber y Chiwetel Ejiofor.

domingo, 23 de enero de 2011

El escritor

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El ex primer británico Adam Lang prepara la publicación de sus memorias con ayuda de un 'negro'. Pero éste aparece ahogado en la costa estadounidense, cerca de donde Lang tiene una espléndida mansión. Todo apunta a una muerte accidental, y pronto llega el relevo, otro 'negro' dispuesto a dar forma a las parrafadas escritas por el político. El comienzo de su labor coincide con una convocatoria del Tribuna Internacional de La Haya para Lang, por supuestos crímenes de guerra durante la guerra de Irak. El 'premier' retirado despotrica contra los medios y lo que parece una traición de su ministro del Foreign Office, quien cuestiona la postura de Lang en este delicado tema. Mientras, el 'negro' se ve inmerso en una atmósfera artificiosa, donde Lang parece estar perpetuamente actuando, mientras su amargada esposa Ruth le echa en cara su infidelidad con una secretaria.

Adaptación de un best-seller de Robert Harris, el propio autor ha coescrito el guión con Roman Polanski, el director del film. El resultado es un thriller político apasionante, con una atmósfera de conspiración que se prolonga durante todo el metraje, un logro muy meritorio. En manos de otro director la trama podía ser absolutamente convencional, pero el cineasta polaco da con el tono -no en vano, ha entregado filmes encomiables de este género, como Chinatown y Frenético-, al que ayuda una inteligente paleta de colores donde domina el gris, cielos siempre cubiertos, con predominio de la lluvia. Polanski logra que nos identifiquemos con el punto de vista del protagonista -un entonado Ewan McGregor-, un escritor acostumbrado a hacer anónimamente un trabajo que suele ser anodino, pero que de pronto se ve inmerso en una complicada maraña de intereses. La sensación de indefensión y falta de control de los acontecimientos es permanente, con lo que la emoción del riesgo está presente en todo momento.
Como resulta obligado en un film de este tipo, hay espacio para la sorpresa, pero también para la acerada crítica política, donde tanto Estados Unidos como Gran Bretaña quedan bastante malparados, los primeros como torpes manipuladores en el escenario de la política internacional, la segunda como títere manejado por su poderoso aliado. Es verdad que hay algún truco de guión 'facilón' -sobre todo el viejecillo pescador, cuya opinión invita a dudar acerca de la causa de muerte del primer 'negro'-, pero en líneas generales resulta llamativa la alta calidad de este título netamente comercial; el reparto es impecable, y el modo visual en que resuelve algunos pasajes -por ejemplo, el desenlace-, justifica que Polanski se hiciera merecedor del premio al mejor director en el Festival de Berlín.