miércoles, 9 de octubre de 2013

El cuarteto

Dustin Hoffman debuta como director en El cuarteto (Quartet), donde ha decidido no aparecer como actor. El tema que trata el film se diría que es toda una declaración de principios sobre el genio del artista que nunca muere, aunque envejezca, algo que en definitiva puede trasladarse a cualquier ser humano, independientemente de su dedicación profesional. No olvidemos que Dustin Hoffman ha hecho el film poco antes de cumplir los 75 años. Y el cineasta parece querer decirnos que hay que saber hacerse mayor, y aceptar las limitaciones propias de la edad, pero sin convertirse por propia voluntad en “muertos en vida”.
Adaptación de una obra de teatro de Ronald Harwood, que se ha encargado también de escribir el guión, la historia de El cuarteto (Quartet) se sitúa en la Casa Beecham, una residencia que acoge a músicos ancianos. Allí siguen practicando su arte, la ópera o lo que se tercie, aunque la voz ya no sea la de antaño. Los residentes andan muy revolucionados por dos motivos: una gala para recaudar fondos para Beecham en el aniversario del nacimiento de Giusseppe Verdi, en la que actúan muchos de ellos, y la llegada de una nueva inquilina y diva de la ópera, Jena Horton, ex esposa de Reggy, que vive allí. La posibilidad de que con otros dos grandes profesionales ancianos, Wilfred y Cecily, formen un cuarteto para la gran gala se diría imposible, por la triste forma en que terminó el matrimonio de Jena y Reggy, y por los temores de ella a cantar en público a su edad.
El cuarteto (Quartet) es una película pequeña y amable, un canto a la vida en cualquiera de sus etapas, drama con muchos toques de humor, y que también supone un reconocimiento al mundo de la lírica, y en general, a todos los artistas. Historia muy conveniente para Hoffman, que maneja bien en su condición de primerizo, sin intentar alardes innecesarios. El reparto es excepcional, están magníficos Maggie Smith y Tom Courtenay, el matrimonio que se rompió, el travieso y mujeriego Billy Connolly, y la ingenua y con señales de demencia senil Pauline Collins.

lunes, 7 de octubre de 2013

Oblivion

Jack Harper (Tom Cruise) es uno de los últimos mecánicos de aviones no tripulados destinados a la Tierra. Forma parte de una enorme operación dirigida a extraer recursos vitales después de décadas en guerra con la aterradora amenaza que representan los Scavs. Pero la misión de Jack toca a su fin.
Recorre y patrulla el cielo a miles de metros de altura hasta que su “elevada” existencia se derrumba cuando rescata a una preciosa desconocida de una nave derribada. Su llegada pone en marcha una serie de acontecimientos que obligarán a Jack a cuestionarse todo lo que sabe y que acabarán poniendo el destino de la raza humana en sus manos.

Futuro distópico. En el año 2077 la Luna ha sido destruida y la Tierra sufre una contaminación nuclear, debido a una guerra alienígena que al final ganaron los humanos. Los supervivientes han debido exiliarse a otros planetas, y unos pocos elegidos quedan destinados a la Tierra controlando los drones que obtienen valiosos recursos naturales. Uno de ellos es Jack Harper, que junto a su compañera Victoria, realiza su misión después de que a los dos les borraran la memoria, una acción que se supone facilita su arduo trabajo. Mientras ella realiza las tareas asignadas desde Control de modo metódico, él empieza a cuestionarse todo y a hacerse preguntas sobre el que fuera su hogar, la Tierra.
Película basada en un relato de ciencia ficción del director Joseph Kosinski, que se convertiría también en novela gráfica. Con Oblivion Kosinski demuestra que puede hacer películas más interesantes que Tron Legacy, todo lo visualmente asombrosa que se quiera, pero esencialmente hueca y tediosa. Aquí conjuga la imaginería y el diseño espectaculares con una trama medianamente entretenida y de tintes apocalípticos, que contiene guiños a La guerra de las galaxias, 2001: una odisea del espacio y Matrix, entre otros títulos, pero sin renunciar a la personalidad propia.
Oblivion maneja ideas como la manipulación, la aceptación pasiva del estado de las cosas y el uso de la libertad para labrar el propio destino, con un telón de fondo de la Tierra hecha pedazos, metáfora muy presente en el cine actual para hablar de los desafíos que debemos afrontar en nuestra contemporánea sociedad. Y lo hace sin complicarse demasiado la vida, de modo que pese a paradojas y sorpresas argumentales discutibles, en el fondo tenemos una historia muy sencilla, donde quizá lo más flojo es lo relativo a los rebeldes, un grupo de personajes zarrapastrosos sin demasiado interés, véanse al desganado Morgan Freeman fumándose literalmente un puro, o a Nicolaj Coster-Waldau en plan desconfiado y tal. De modo que el rey de la función es Tom Cruise, con sus princesas Olga Kurylenko y la poco conocida Andrea Riseborough. Ahí hay espacio para hablar del amor, e incluso hacer un guiño romántico a Tú y yo en el Empire State Building. (decine21)

domingo, 18 de agosto de 2013

Amor y Letras

Después de triunfar y hacerse famoso con su papel de Ted Mosby en la serie televisiva “Cómo conocí a vuestra madre”, el actor de Ohio Josh Radnor sorprendió a todos con su primer largometraje como guionista y director, “Happythankyoumoreplease”, espléndida tragicomedia romántica, con la que ganó el Premio del Público en el Festival de Sundance 2010. Ahora se consolida como el nuevo Woody Allen —pero en clave optimista y trascendente— con “Amor y letras”, otra magnífica tragicomedia romántica, que también escribe, produce, dirige e interpreta.

   Esta vez, Radnor da vida a Jesse, de 35 años, culto y desastrado, que trabaja como profesor de Literatura en la Universidad de Nueva York y no acaba de encontrar su ritmo vital. La oportunidad le llega cuando viaja a Ohio, a la universidad donde estudió, para asistir al homenaje a uno de sus maestros más queridos, el recién jubilado profesor Hoberg (Richard Jenkins). Allí, Jesse rememora sus ilusionados tiempos universitarios, descubre la triste realidad de su admirada profesora Fairfield (Allison Janney) y conoce a una joven estudiante de segundo de Literatura, Zibby (Elizabeth Olsen), inteligente, vitalista y aparentemente muy madura para su edad. Enseguida, la sintonía entre ambos se transforma en enamoramiento, lo que genera en Jesse un peliagudo dilema moral, pues pesan en su conciencia los dieciséis años de diferencia entre él y Zibby, y sobre todo su propia perplejidad ante esa cosa llamada amor…

   Por fuera, “Amor y letras” goza de la frescura narrativa e interpretativa de otras recientes producciones “Indie”, como “Pequeña Miss Sunshine”, “Lars y una chica de verdad”, “Juno”, “Once” o “The Visitor”. Y, como ellas, va acompañada por una sensacional banda sonora —aquí, de Ben Toth—, completada por una excelente y generosa selección de música clásica y moderna, empleada siempre con un eficacísimo sentido dramático. Radnor deja que la cámara se enamore de sus entrañables personajes, y ellos cautivan al espectador gracias a las excelentes interpretaciones de todos los actores, y especialmente de Elizabeth Olsen y el propio Radnor.

   En cualquier caso, lo mejor del filme y lo que da entidad a todo lo demás, es su sólido guión, riquísimo en referencias literarias y artísticas, sin atisbo de cinismo o frivolidad, y cargado con mucha emoción de verdad. A través de él, Radnor rinde homenaje a la profesión docente y a la buena literatura —“El mundo está tan mal porque la gente lee libros muy malos”, asegura su personaje— y, sobre todo, desarrolla una incisiva y sutil radiografía de la inmadurez afectiva de tantos jóvenes —afectados por el famoso síndrome de Peter Pan—, al tiempo que establece dos profundas coordinadas de la madurez: el autocontrol de los propios instintos y la apertura a los demás, incluido a Dios. “En mi película —señalaba Josh Radner a Juana Samanes en una entrevista para “13TV”—, se muestra el contraste entre la hondura de la música clásica, los viejos poemas de amor, las cartas manuscritas… y la superficialidad del email, el facebook, el twitter… Es lo que mi personaje echa de menos de sus tiempos universitarios, y lo que recupera en cierta medida. El mensaje es que hay que vivir las cosas con más profundidad, con relaciones más personales, cariñosas e inocentes, que vayan más allá de la simple atracción sexual y del ansia por satisfacerla inmediatamente. Al revés de lo que es habitual hoy día, aquí propongo conocer al ser amado emocionalmente antes que físicamente”. Y concluía: “En muchas películas, el romance se describe desde la fantasía, como si todos los problemas se fueran a resolver a través del amor. Sin embargo, una relación real no es así. La vida real te enseña que debes mirar a través de los ojos de la persona amada. Eso no te ahorra el dolor, pero te abre una perspectiva más lúcida, de la que puedes aprender. Una buena relación es difícil, pero muy enriquecedora. Y eso me parece más real que cualquier clase de fantasía”.

   En cuanto a su fascinante acercamiento a la religión, Radnor —de familia judía— también nada a contracorriente. En una entrevista que me concedió para “COPE”, señaló lo siguiente: “Si uno cree en Dios —y yo creo en él—, no lo ve sólo en ciertos espacios, como las iglesias o la naturaleza. Si Dios es omnipresente, está en todos lados: en las habitaciones de hotel, en los taxis, en el cielo... Al menos, ésa es la experiencia de mi conciencia… o de mi falta de conciencia. Por eso, mis dos películas como director muestran personajes que viven situaciones muy cotidianas, pero que podríamos calificar como experiencias de gracia. Alguien dijo que ‘un milagro es un cambio de percepción’. Me gusta esa idea. De ahí que muestre en mis películas esos momentos en que lo más cotidiano se transforma en un milagro”. Este certero enfoque le distancia de Woody Allen, aunque reconoce al veterano cineasta neoyorquino como uno de sus referentes principales: “No quiero compararme con él —me aseguraba en la citada entrevista—, pues es un auténtico genio, que ha dirigido más de cuarenta películas... En todo caso, él tiene una visión muy caótica del mundo: sus películas muestran mucha ansiedad, ausencia de sentido, perplejidad… Por el contrario, yo sí creo que existe un gran orden en el mundo. Quizás no lo vemos, pero está ahí. Por eso, mis dos películas como director tienen un cierto enfoque místico y metafísico”.

   Todos estos sugerentes enfoques enriquecen muchísimo “Amor y letras”, en la que Radnor recuerda aquella famosa cita de la “Oda a una urna griega”, de John Keats, “La verdad es belleza, y la belleza es verdad”, y hasta se atreve a reflexionar sobre los supuestos conflictos entre el amor humano y el divino, concluyendo que, en realidad, “el amor divino es el único que existe”. Casi nada. (Cope J. J. M.)( Almudi.org)

domingo, 23 de junio de 2013

El nombre

Vincent (Patrick Bruel) ha quedado con su embarazada mujer Anna (Judith El Zein) a cenar en casa de su hermana Élisabeth (Valérie Benguigui) y su cuñado Pierre (Charles Berling). Con ellos estará también el mejor amigo de la familia, Claude (Guillaume de Tonquedec). Justo antes de empezar a cenar Vincent desvela que ya han pensado el nombre para su futuro hijo. El resultado de esa noticia generará el estupor e incluso el enfado de todos los comensales. Y será el comienzo de una velada tan desastrosa como inolvidable.
Inspirada y divertida comedia francesa que ha obtenido merecidamente un gran éxito de taquilla y crítica en su país. El nombre está basada en la obra teatral homónima escrita por Matthieu Delaporte (quien también se ha encargado de trasladarla a guión cinematográfico) y Alexandre de La Patellière. Ambos se han ocupado de llevarla a la pantalla con espléndidos resultados, amparados en un maravilloso trabajo actoral.
El planteamiento recuerda sobremanera el de Un dios salvaje, ya que como en la película de Polanski y Reza, El nombre no rehúye su procedencia teatral –unos pocos personajes entre cuatro paredes, diálogos absorbentes– y lo que empieza siendo una jovial y serena reunión se convierte en una auténtica locura. Está muy logrado el tono realista, los diálogos rápidos, afilados, espontáneos, y el modo en que Delaporte y De La Patellière logran con enorme naturalidad que éstos vayan subiendo de tono sin resultar forzados, de modo que el espectador acaba encontrándose en medio de una tronchante trifulca de proporciones inauditas. Y es que la conversación deriva poco a poco en una marea incontrolable que empieza a zarandear a cada uno de presentes a base de sacar a relucir un entramado de incómodas verdades, traumas, secretos, rencores, etc, en donde ninguno de los personajes quedará impune.
Pero, bueno, esto no haría de El nombre más que una película correcta si no fuera porque ofrece algo que es imprescindible para el gran cine. El arte de no aburrir. Es seguro que el espectador no podrá reprimir la risa y aun la carcajada en muchos momentos. Puede que le cueste entrar al principio (quizá sus casi dos horas sean excesivas), pero llegará un momento en que no podrá sino despiporrarse de tan estrambótica situación. Por otra parte, es elogiable el tono elegante adoptado (sólo empañado por algunas fugaces imágenes), así como la total ausencia de maniqueísmo, de modo que los defectos de los personajes los hacen muy cercanos, entrañables, y engrandecen también sus pequeñas virtudes y en el fondo el enorme cariño que los une. Indudablemente hay un trabajo interpretativo de primer orden, en donde nadie del reparto cojea, desde el principal comensal Patrick Bruel hasta la veterana y más secundaria Françoise Fabian (la inolvidable protagonista de Mi noche con Maud). Todos tienen su momento de gloria y no lo desaprovechan. (Decine21)

Jack Reacher

Lee Child (pseudónimo del británico Jim Grant) creó a su personaje Jack Reacher en su novela "The Killing Floor", de 1997. Desde entonces lo ha recuperado en numerosas secuelas y precuelas que han llegado a convertirse en superventas. No resulta extraño que se hayan llevado sus peripecias a la pantalla, en un film que apenas oculta una evidente voluntad de dar pie a una franquicia, que versiona en concreto "Un disparo", uno de los libros más populares.
Un francotirador dispara a sangre fría a los transeúntes. Con seis disparos, acaba con la vida de cinco personas. Ha dejado evidencias tan claras que la policía le atrapa enseguida, pero durante el interrogatorio se limita a escribir una nota en la que pide que traigan a un tal Jack Reacher. Éste resulta ser un críptico individuo, antiguo oficial de la policía militar que mora casi sin dejar rastro por territorio desconocido. Cuando de improviso aparece le presta ayuda a Helen, joven idealista que actúa como abogada defensora del reo, pese a que paradójicamente su padre, Alex Rodin, el Fiscal del Distrito, ejerce la acusación.
Jack Reacher supone el segundo largometraje como realizador de Christopher McQuarrie, reputado libretista oscarizado por Sospechosos habituales. Llega a las pantallas doce años después de Secuestro infernal, su ópera prima. McQuarrie ha cuidado al máximo los diálogos, y maneja muy bien la historia, dosificando la intriga, y ofreciendo las suficientes dosis de espectacularidad, con momentos logrados, como la persecución de coches y el climax final. De fondo, una cuestión moral de gran interés tratada en numerosas ocasiones: el hombre que tras comprobar que el sistema judicial está lleno de lagunas, decide buscarse la justicia por su cuenta. Al estar emparentada la trama con títulos como Harry el sucio, puede dar lugar al rechazo por parte de algunos espectadores, pero a todos les dará que pensar.
En Jack Reacher sorprende la cuidada descripción de todos los personajes, incluidos diversos secundarios. Así se puede comprobar por ejemplo en el caso de Sandy (la poco conocida Alexia Fast), una jovencísima muchacha que a pesar de su inteligencia ha sido presionada para ayudar al bando equivocado, pintada en tres dimensiones aunque aparece en pocas secuencias. En general McQuarrie tiene a su favor una elección excelente del reparto, con buenos trabajos deRosamund Pike (la letrada brillante y utópica), Richard Jenkins (el fiscal que parece mantener una cruzada para enviar a sus acusados a la cámara de gas) y el veterano Robert Duvall (un ex militar reconvertido en dueño de una tienda de armas).
Sorprenden un par de elecciones del reparto. Por un lado, McQuarrie ha reclutado al legendario realizador alemán Werner Herzog para interpretar a un siniestro individuo, labor que logra a la perfección. Por otro lado, el también productor Tom Cruise encarna al protagonista, descrito en los libros como una mala bestia de dos metros y 110 kilos, lo que le aleja radicalmente de la imagen que ofrece el protagonista de Top Gun. Ídolos del aire. En su línea, éste no desentona, pero tampoco le saca partido a un personaje taciturno, supuestamente apartado de la sociedad, que le habría ido mejor a otros actores. (Decine21)

domingo, 12 de mayo de 2013

Los miserables, el musical

Año 1815. Jean Valjean cumple condena de trabajos forzados por robar una hogaza de pan, bajo los vigilantes ojos del estricto inspector de policía Javert. Obtenida la libertad condicional, desespera porque nadie le da trabajo cuando se conoce que es un ex convicto. Pero su vida da un vuelco cuando redescubre el amor y la compasión gracias al obispo que le acogió en su casa, a quien robó su cubertería, y que descarta denunciarle asegurando que el botín fue un regalo. Valjean iniciará una nueva existencia bajo otra identidad, pero a lo largo de los años Javert se cruzará en varias ocasiones decisivas de su vida, poniendo en peligro todo lo logrado. Pese a todo siempre optará por intentar hacer lo correcto, lo que supone entre otras cosas ayudar a su ex empleada Fantine, obligada a prostituirse, y que tiene una hijita, Cosette. Mientras, en las calles de París, entre los miserables, cada vez se extiende más el anhelo de la libertad frente a la tiranía y la injusticia social.
“Los miserables” de Victor Hugo ha sido repetidamente adaptada al cine, además de convertirse en maravilloso musical de Alain Boublil, Claude-Michel Schönberg y Herbert Kretzmer, el más representado hasta la fecha en los escenarios. Tom Hooper (ganador del Oscar por El discurso del rey) acomete el desafío de versionar para el cine musical, con un guión donde a los autores originales se suma William Nicholson, que dio muestra de sensibilidad con historias tan humanas como la de Tierras de penumbra. Él y Hooper consiguen dar a la película aliento cinematográfico, no tiene el espectador la sensación de que las canciones se encadenen abruptamente saltando de un escenario o año a otros, y los diálogos no cantados se han reducido para este fin al mínimo.
Los temas de Los miserables, el musical, son, por supuesto, los bien conocidos para todo aquel familiarizado con la obra de Hugo. Es decir, la confianza en Dios en situaciones extremas, el mantenimiento de la esperanza y la necesidad de dar gratis el amor a los demás. También el realismo de no negar la existencia de la miseria y de aprovechados que sacan partido exprimiendo a los más débiles o simplemente a los incautos, la disposición a dar la vida por ideales que merecen la pena, la lucha por la libertad. O la importancia de tener corazón frente a la tentación de atarse a frías normas y reglamentaciones. El mérito del musical, en los escenarios y en el cine, es no volver simplón este amplio y rico abanico de cuestiones.
En la película Los miserables, el musical, Hooper añade un arriesgado tono épico, apostando por un marco abrumador en el que se desarrolla la acción, como subrayando más la universalidad y grandeza de lo narrado, eso no es simplemente una pequeña historia en el devenir de la humanidad. Y deslumbra con escenarios como el lugar de los trabajos forzados de Valjean, un muelle sacudido por la tormenta, el paisaje por el que vaga ya en libertad, o los marcos de la capilla donde hace su plegaria, del París sediento de libertad, o el que marca el destino de Javert. También es muy hábil el montaje, sobre todo en el momento climático que une diversos temas musicales y a casi todos los personajes.
Pero por supuesto, lo importante es el drama humano de los personajes, expresado en desgarradoras canciones. El director pone el acento sobre todo en los aspectos trágicos, lo que hace que los personajes cómicos de los mesoneros Thénadier (Helena Bonham Carter y Sacha Baron Cohen), presentados con zafiedad, queden algo desdibujados, no producen gracia sino repulsa, y hasta se acercan a lo grotesco con su aparición en la boda. A cambio, Valjean crece, ayudado por la increíble interpretación de Hugh Jackman, verdaderamente notable en sus solos como “What Have I Done?”, al igual que Anne Hathaway como Fantine -increíble con “I Dreamed a Dream” y, sorpresa, la desconocida Samantha Barks como Éponine que deslumbra con “On My Own”. Es meritorio el trabajo del resto de actores, niños y mayores, con Russell Crowe interpretando a su racionalista Javert de modo contenido, evitando cualquier asomo de histrionismo, una arriesgada opción que acaba dando sus frutos (Decine21).

El chef

La gastronomía ha dado mucho juego en el cine, con títulos como El festín de Babette, Comer, beber, amar, Deliciosa Martha o Ratatouille. Se suma El chef, comedia francesa de pocas pretensiones escrita y dirigida por el poco conocido Daniel Cohen, autor de dos largometrajes.
A punto de ser padre, Jacky no consigue permanecer contratado como cocinero en ningún sitio por su desmedida afición a la alta cocina. Fiel seguidor del chef estrella Alexandre Vauclair, insiste en preparar platos sofisticados para clientes que buscan platos 'de batalla' y que no se toman demasiado bien sus exquisiteces. Acaba trabajando como pintor en una residencia de ancianos donde finalmente ayuda a preparar las comidas y se gana la admiración de los internos. Allí le descubre el propio Vauclair, que le ofrecerá hacer una prueba, necesitado urgentemente de un ayudante en un momento en el que se juega su negocio.
El chef combina ingredientes de primera calidad, como una eficaz partitura de Nicola Piovani que suele sacar buenos resultados cuando compone para películas de encuentros culinarios (Cena de amigos), alimentos varios (Huevos de oro, Jamón, jamón) o donde tiene importancia algún restaurante (La vida es bella). El plato principal consiste en una correcta interpretación de Jean Reno, muy desaprovechado últimamente, que lleva como guarnición un esforzado trabajo de Michaël Youn, superior a su trabajo como protagonista en Iznogoud el infame. El conjunto está aderezado por una aparición del español Santiago Segura, como experto en cocina molecular, que tiene gracia.
Totalmente predecible, algún fragmento disparado no acaba de funcionar, como aquél en el que los protagonistas se disfrazan de japoneses para espiar a la competencia. Sin embargo, El chef se gana al público por su tono amable, numerosos hallazgos hilarantes, y porque habla de la necesidad de afecto y de la importancia de cuidar las relaciones familiares como apoyo para triunfar profesionalmente y mantener la inspiración ( Decine21)

martes, 30 de abril de 2013

Golpe de efecto

Gus es un veterano ojeador de béisbol, con un talento natural para descubrir buenos jugadores. Pero se hace mayor, empieza a tener problemas con su vista que oculta, y hay quien piensa que debería tomar el camino de la jubilación. Viudo, tiene una única hija, Mickey, brillante abogada a un paso de lograr ser socia de su bufete. Sin embargo no es feliz, pesa en su ánimo la desconexión con su brusco progenitor, no consigue el ansiado acercamiento por mucho que lo intenta. Pasar con él unos días en Carolina del Norte, donde debe ver -es un decir, debido al problema de sus ojos- las posibilidades de un prometedor bateador, podría ser la ocasión de recuperar el tiempo perdido.

Argo


Irán, año 1979. Cuando la embajada de los Estados Unidos en Teherán es ocupada por seguidores del Ayatolá Jomeini para pedir la extradición del Sha de Persia, la CIA y el gobierno canadiense organizaron una operación para rescatar a seis diplomáticos estadounidenses que se habían refugiado en la casa del embajador de Canadá. Con este fin se recurrió a un experto en rescatar rehenes y se preparó el escenario para el rodaje de una película de ciencia-ficción, de título "Argo", en la que participaba un equipo de cazatalentos de Hollywood. La misión: ir a Teherán y hacer pasar a los diplomáticos por un equipo de filmación canadiense para traerlos de vuelta a casa. (FILMAFFINITY)

sábado, 30 de marzo de 2013

Lo imposible

En “Lo imposible”, María (Naomi Watts), Henry (Ewan McGregor) y sus tres hijos comienzan sus vacaciones de invierno en Tailandia. En la mañana del 26 de diciembre, la familia se relaja en la piscina después del día de Navidad cuando el mar, convertido en un enorme y violento muro de agua negra, invade el recinto del hotel. María solo tiene tiempo de gritar antes de ser engullida y arrastrada por la terrible ola. Sin tiempo para asimilar lo incomprensible e inesperado del desastre natural que acaban de sufrir, deberán luchar por la supervivencia y por volver a reencontrarse. La película se basa en una historia real que tuvo lugar durante el tsunami que azotó a la costa tailandesa en el año 2004.

   Días placenteros en un lugar idílico, puestos literalmente patas arriba por el tsunami destructor que asoló la costa en 2004. La familia se dispersa, tenemos dudas sobre la supervivencia de unos y otros, viven experiencias personales, y con otros individuos que conocen, muy fuertes. Lo típico, pero contado con un talento narrativo excepcional. Porque la recreación de la catástrofe en Lo imposible resulta sencillamente asombrosa, el espectador vive el desastre en primera persona. Nada que envidiar a lo que hizo Clint Eastwood en uno de los hilos narrativos de Más allá de la vida. Si acaso más espectacular, mejor. Pero dentro del despliegue de producción, asombroso, está la historia, muy bien llevada, con pulso dramático excelente y momentos emocionantes de genuino suspense, sostenidos con increíble osadía, jugando al despiste sin caer en las trampas fáciles. Sí, se confirma que lo de Bayona y Sánchez en El orfanato no fue un espejismo (Decine21 / Almudí JD)

Nannerl, la hermana de Mozart

  
Nannerl era el apelativo familiar de Maria Anna Mozart, hermana mayor de Wolfgang Amadeus. Su figura en el mundo de la música ha quedado un tanto ensombrecida por la fama de su brillante hermano. La cinta no reconstruye hechos históricos al pie de la letra, sino que presenta personajes reales en situaciones imaginarias. Se sitúa en la época en la que Leopold y Anna Maria Mozart, viajan a las principales cortes europeas para explotar el talento de sus dos hijos, Nannerl, ya adolescente, y el pequeño Wolfgang.
   Destaca el trabajo como protagonista de Marie Féret, hija del realizador, joven actriz con mucho potencial, así como su hermana Lisa Féret, que encarna a Louise de Francia. La cinta viene a explicar que si Nannerl no llegó a ser una compositora de éxito, fue por culpa de las circunstancias de la época, que vetaba esta ocupación a las mujeres, y por la obstinación de su padre, que a pesar de su evidente valía, la apartó del violín, que en su opinión no era un instrumento femenino, y únicamente le permitía tocar el clavicordio y cantar.
   Correctamente ambientada destaca la banda sonora de Marie-Jeanne Serrero, no por casualidad una mujer. También llama la atención la visión que se ofrece de Mozart niño, que para ser un genio parece muy poco brillante, en la línea del magistral film Amadeus, donde a pesar de su facilidad para crear partituras brillantes, se le presentaba como un cretino (Decine21 / Almudí JD).

viernes, 29 de marzo de 2013

Venganza: conexión Estambul


En “Venganza: Conexión Estambul”, la secuela de “Venganza”, Bryan Mills (Liam Neeson) disfruta de unas vacaciones en Estambul cuando un grupo de sicarios intenta secuestrarle a él, a su ex mujer y a su hija. Kim (Maggie Grace), la hija de Bryan, deberá ser quien rescate esta vez a su padre y evite que los criminales se cobren venganza.   Toma el relevo como realizador Olivier Megaton. Consigue darle dinamismo al film, y compone eficaces secuencias de acción y persecuciones, que le sacan tajada a la capital de Turquía, poco aprovechada por el cine del mainstream. Y aunque esta vez todo se ha vuelto un tanto más previsible, y algunos tramos resultan difíciles de creer salvo que el espectador le ponga empeño lo cierto es que los guionistas demuestran inteligencia a la hora de abordar temas como la unidad familiar, y la espiral a la que conduce la venganza y el odio.


    Repiten los actores principales. Liam Neeson se muestra tan convincente como siempre que le dan carrete, en lugar de relegarle a invitado de lujo de superproducciones estilo Battleship, Ira de titanes o El caballero oscuro: La leyenda renace. Encarna a su esposa otra vez Famke Janssen, que prueba que no debería estar casi olvidada. También realiza un buen trabajo como hija nuevamente la prometedora Maggie Grace, en alza tras sus apariciones en Perdidos y Amanecer (Parte 1) (Decine21 / Almudí JD)

   Todo es algo tópico, más o menos previsible, a veces demasiado inverosímil o violento, y menos contundente que en la primera entrega. Pero el filme resulta entretenido, no recurre a burdas concesiones a la galería y está interpretado con gran vigor, sobre todo por el siempre inmenso Liam Neeson (La Cope JJM)

El fraude

El protagonista de “El fraude” es Robert Miller, un magnate que en la víspera de su 60º cumpleaños parece el perfecto retrato del éxito americano en su vida profesional y familiar, siempre acompañado por su fiel mujer Ellen (Susan Sarandon) y Brooke (Brit Marling), su hija y heredera de su imperio. Pero tras los dorados muros de su mansión, Miller está con el agua al cuello, desesperado por completar la venta de su imperio a un gran banco antes de que quede expuesto un fraude que ha cometido. Además, mantiene un romance con una marchante de arte francesa (Laetitia Casta). Justo cuando se dispone a deshacerse de su problemático imperio, un sangriento e inesperado error le obliga a reencontrarse con un fantasma de su pasado y a enfrentarse a los límites de su doble moral.

   El fraude es una película más que urde su argumento al amparo de la crisis económica mundial. El director y guionista Nicholas Jarecki, debuta en el largometraje poniendo una vez más sobre el tapete el tema de la doble moral, de la vida falsa de tantos magnates, para quienes las empresas son sólo sus herramientas para adquirir poder, donde el dinero es el ídolo que manda sobre cualquier otra cosa, ya sea la verdad, las personas o la propia integridad. No está demás dejar claro que es esa falta de ética –“así son los negocios”, dice el protagonista– lo que ha llevado a la ruina a países enteros. Funciona en El fraude este tono dramático, con un empresario que se siente entre la espada y la pared, pero también el equilibrado enfoque de thriller policiaco, con esa especie de perro de presa personificado en el detective interpretado con gran soltura por Tim Roth.

   Queda así un thriller notable, más sólido en su trama melodramática que en su intriga policial —un tanto plana y deslavazada—, y de gran actualidad por su disección de la codicia materialista que late en el origen de la actual crisis económica. Una disección muy inquietante, sobre todo por el demoledor desenlace del filme (Decine21 / Almudí JD)

El topo

Años 70, en plena guerra fría. El fracaso de una misión especial en Hungría provoca un cambio en la cúpula de los servicios secretos británicos. Uno de los defenestrados es el agente George Smiley. Sin embargo, cuando ya se había hecho a la idea de retirarse, le encargan una misión especial. Se sospecha que hay un “topo” infiltrado en la cúpula del Servicio y sólo alguien de fuera puede averiguar quién es. Con la ayuda de otros agentes jubilados, Smiley irá recabando información y encajando las piezas para intentar descubrir al traidor. (FILMAFFINITY)
Thomas Alfredson (Déjame entrar) reúne un reparto excepcional en torno a un guión brillante en El topo, descafeinada traducción del título original "calderero, sastre, soldado, espía". Estos son los sobrenombres que se ganan los cuatro sospechosos de haberse infiltrado en los servicios de inteligencia británicos en los años 70.
Basada en la novela de John le Carré, la película no es fácil de seguir, pero merece la pena que el espectador haga un esfuerzo por desentrañar junto a Smiley la trama de este thriller apasionante, en el que pronto descubriremos que las relaciones sentimentales y el amor son motores tan importantes como el mayor de los secretos. En este sentido la evolución de la trama es una bomba de relojería que encaja perfectamente al final, gracias a la esforzada labor de los guionistas Bridget O’Connor y Peter Straughan.
 
Tras el fracaso de una misión especial en Hungría, comienza a reestructurarse la cúpula de mando. El agente George Smiley (Gary Oldman) es uno de los defenestrados, aunque pronto recibe el encargo de Control (John Hurt) de descubrir quién es el topo infiltrado en el servicio, lo que le hará actuar en la sombra, siempre apoyado en su fiel ayudante (Benedict Cumberbatch, el inquietante nuevo Sherlock de la serie emitida en TNT y que actualmente ofrece Antena 3).
Siempre parapetado tras sus grandes gafas, Smiley es capaz de esconder a un ser humano dotado de una inmensa capacidad para perdonar, para esperar y, sobre todo para encajar todas las piezas de un complejo ajedrez en el que él mismo encontrará su lugar. (www. quiero-cine.blogspot.com.es)

Les Lyonnais

Tras crecer en un miserable campo gitano, Edmon Vidal, alias Momon, conserva un sentimiento de familia, lealtad inquebrantable y orgullo de su origen. Sobre todo, ha mantenido su amistad con Serge Suttel, con el que descubrió la vida en prisión por algo tan ridículo como robar cerezas. Los dos acaban inevitablemente metiéndose en el crimen organizado. El equipo que formaron, la banda de Los Lioneses, llevó a cabo el más célebre robo armado de principios de los años 70. Su auge imparable acabó en 1974 con un arresto espectacular. Cercano a la edad de 60 años, a Momon le gustaría olvidar esa parte de su vida. Ha encontrado la paz junto a su mujer Janou —quien tanto sufrió en el pasado— y a sus hijos y nietos, quienes respetan enormemente a este hombre sencillo de principios universales, de cabeza clara y lleno de bondad. Pero entonces Serge Suttel, que no ha abandonado nada del pasado, entra de nuevo en escena..

   Intensa película de atmósfera “padrinesca”, basada en hechos reales, los golpes que realizaban en Francia, en la zona de Lyon, entre 1967 y 1977, una banda de atracadores gitanos conocida precisamente como “los lioneses”. Olivier Marchal entrega una historia gangsteril de ritmo impecable y algún giro imprevisto, bien soportada por su lacónico y perfecto protagonista, Gérard Lanvin. Están bien trazadas las relaciones entre los componentes del grupo de los lioneses, el modo en que afectan sus andanzas a sus familias, o el acecho policial, todo ello enmarcado por la mirada, cada vez más confusa, de Momon, que creía tener ciertas nociones de qué era lo correcto. No faltan los pasajes de brutalidad extrema, aunque sin intención de glorificar o banalizar la violencia mostrada (Decine21 / Almudí JD).

The amazing spiderman

 “The amazing Spider-Man” es la historia de Peter Parker (Andrew Garfield), un estudiante de secundaria que fue abandonado por sus padres cuando era niño, dejándolo a cargo de su tío Ben (Martin Sheen) y su tía May (Sally Field). Como la mayoría de los adolescentes de su edad, Peter trata de averiguar quién es y qué quiere llegar a ser. Peter también está encontrando su camino con su primer amor de secundaria, Gwen Stacy (Emma Stone), y juntos luchan por su amor con compromiso. Cuando Peter descubre un misterioso maletín que perteneció a su padre, comienza la búsqueda para entender la desaparición de sus padres, una búsqueda que le lleva directamente a Oscorp, el laboratorio del Dr. Curt Connors (Rhys Ifans), ex compañero de trabajo de su padre. Mientras Spider-Man se encuentra en plena colisión con el alter-ego de Connors, el Lagarto, Peter hará elecciones que alterarán sus opciones para usar sus poderes y darán forma a un destino que le convertirá en un superhéroe.

   Tras el éxito de Spider-Man 3,  la productora anunció a bombo y platillo que reiniciaría la franquicia con un nuevo reparto, devolviendo al personaje principal a la época del instituto, con la excusa de conectar con el público joven. En The Amazing Spider-Man sorprendió la elección del director, Marc Webb, procedente de los videoclips y las series televisivas.

   Pesa bastante que a Webb le hayan encargado repetir el punto de partida ya conocido.  Por esta razón, salvo para el público que en gran medida desconozca el subgénero, el inicio de The Amazing Spider-Man puede resultar agotador, a pesar de que se nota un enorme esfuerzo por rodar una producción de calidad. Las actuaciones son muy buenas y la cinta resulta muy entretenida. Hay mucha acción y risas y un romanticis­mo que Webb domina a la perfección. La cinta tiene gran fuerza visual y derrocha imaginación. Sigue presente en esta película la idea de la responsabilidad en las elecciones y el uso de los propios dones, (Decine21 / Almudí JD).

El caballero oscuro: la leyenda renace

En “El Caballero Oscuro: La leyenda renace”, la conclusión de la trilogía de El Caballero Oscuro del director Christopher Nolan, han pasado ocho años desde que Batman desapareciera en la oscuridad, convirtiéndose, en ese instante, de héroe en fugitivo. Al asumir la culpa por la muerte de D.A. Harvey Dent, el Caballero Oscuro lo sacrificó todo por lo que considera, al igual que el Comisario Gordon, un bien mayor. La mentira funciona durante un tiempo, ya que la actividad criminal de la ciudad de Gotham se ve aplacada gracias a la dura Ley Dent. Pero todo cambia con la llegada de una astuta gata ladrona, que lleva a cabo un misterioso plan. Sin embargo, es mucho más peligrosa la aparición en escena de Bane, un terrorista enmascarado cuyos despiadados planes para la ciudad hacen que Bruce regrese de su autoimpuesto exilio. Pero a pesar de volver a ponerse el traje, es posible que Batman no sea suficiente para combatir a Bane.

   Lo ha vuelto a repetir. Con El caballero oscuro el director Christopher Nolan dejó el listón de las películas de superhéroes a un nivel de calidad casi imposible de alcanzar por el común de los mortales. Ahora, cuatro años después este genio británico ha cerrado su personal trilogía sobre Batman de modo absolutamente brillante. Es inenarrable lo que ha hecho este tipo con el superhéroe de DC Comics creado por Bob Kane. El nivel de la producción asusta; el guión es de esos que no olvida cabo sueltos; la acción es asombrosa; y los villanos tienen la fuerza poderosa que ya mostraban los malvados anteriores. Y además en El caballero oscuro: La leyenda renace Nolan vuelve a no limitarse a ofrecer simplemente a unos comparsas que rodean la lucha del malo contra el bueno, sino que reparte un puñado de nuevos caracteres rebosantes de atractivo, nada planos, y casi siempre sorprendentes.

   La intensidad de la trama va de más a… más. Todo capta la atención. Y eso que en este caso Nolan se toma su tiempo. Es la película más larga de la saga: más de dos horas y media de pura intensidad. Pero, ojo, la potencia de Nolan va mucho más allá de lo visual. Porque lo grande de la cinta es que el espectáculo no lo basa en esos fuegos artificiales, sino en las personas y sus profusos mundos interiores. Personajes finamente trabajados y maravillosamente transformados en carne y hueso por unos actores de primera fila. Todos los actores están sobresalientes.

   Como en las dos películas anteriores, la cinta tiene una atmósfera muy sombría. La maldad tiene trazas brutales, hasta poco peliculeras, y se masca la tensión y la desesperación más que en los otros filmes. El aire tenebroso y casi apocalíptico, como dice Bane, viene agravado por una fotografía oscura, fiel reflejo del siniestro destino que le espera a Gotham y de la lóbrega situación anímica de los personajes. El colofón lo pone la rotunda, grave y resonante banda sonora de Hans Zimmer, capaz de estremecer al respetable. Estamos, en fin, ante una película donde el elemento fantástico es apabullante, la trama es poderosa, los personajes brillantes y el enfoque antropológico es muy, muy realista (Decine21 / Almudí JD).

jueves, 28 de marzo de 2013

La Delicadeza

En “La delicadeza” conoceremos a una mujer llamada Nathalie que pierde en un accidente al hombre del que está perdidamente enamorada. Después de una etapa de duelo, no puede creerse que el amor llame de nuevo a su puerta de la mano de Markus, un compañero de trabajo que nunca ha tenido éxito con las mujeres, pero que está cargado de bondad y de ternura; un hombre que para ella supone la vuelta a la vida.

   Los hermanos David Foenkinos y Stéphane Foenkinos debutan en el largometraje adaptando una novela del primero, superventas en Francia. Y entregan, con ingenio y sensibilidad,  una buena cinta romántica, que llega directa al corazón. El amor que asoma en La delicadeza no responde a las convenciones o estereotipos en boga. Nathalie necesita un cariño y afecto que nunca le han negado padres y suegros, o su mejor amiga, pero que en lo referente a un nuevo hombre en su vida, no parecía posible.
   Las soluciones que suele proponer la sociedad actual en tales casos van desde el “salga, diviértase, hay muchos hombres apuestos por ahí fuera, sírvase usted misma, aunque sólo sea para pasar el rato”. El film ofrece en cambio una visión del amor de largo alcance, y no lo hace con aburrido tono moralizante, sino narrando una historia que evoluciona gradualmente y conmueve, precisamente porque la delicadeza preside la relación. Contiene la cinta emociones genuinas, conviven en armonía los pasajes lacrimosos y los hilarantes, equilibrados y sin excesos, bien apoyados por una música estupenda. La película acierta al subrayar el sentido purificador del sufrimiento, el valor del cariño de familiares y amigos y, sobre todo, la necesidad de cimentar el amor en algo más que la atracción física. Todo ello, sin énfasis moralizantes. Las actuaciones son muy buenas (Decine21 / Almudí JD)

Margin Call

 
“Margin call”, ambientada en el arriesgado mundo de las altas finanzas, es un thriller dramático que compromete a las figuras clave de un banco de inversión durante las turbulentas 24 horas previas al inicio de la crisis financiera de 2008. Cuando Peter Sullivan, un analista junior, revela información que podría probar la caída de la empresa, origina una toma de decisiones en cadena tanto morales como financieras que producen un terremoto en las vidas de los implicados en el inminente desastre.
   Sorprendente debut del director J.C. Chandor, quien se lanza al ruedo con una película realmente arriesgada. Chandor consigue atrapar como si su historia fuera un thriller de intriga, gracias a unos personajes complejos, tiburones del dinero, tan diferentes como iguales a un tiempo, creaciones espantosas de la avaricia del mercado, pero también humanos.
   El film, cuyo desarrollo tiene lugar en un solo día, está ambientado en oficinas nocturnas, con luces artificiales y primeros planos, con tonos azulados y fríos. Chandor sabe hablar y gritar sobre el capitalismo en un mundo de cuatro paredes, y en este sentido la referencia es Wall Street, pero aquí todo es más crudo, tremendamente más real.
   Hay un gran acierto de casting, con unos actores que ofrecen momentos memorables, donde se llevan la palma un terrorífico y colosal Jeremy Irons y un agobiado y cautivador Kevin Spacey. Ambos están tan gigantescos como la crisis que sus personajes provocan. Estamos ante una película crítica y dura con el capitalismo sin escrúpulos de la sociedad moderna. (Decine21 / Almudí JD).

Sky Fall

En “Skyfall”, la lealtad de James Bond hacia M será puesta a prueba cuando el pasado de M vuelve para atormentarla. Su vida se verá en peligro, de modo que el agente 007 deberá localizar y eliminar la amenaza, sin importar el precio personal que tendrá que pagar. Tras el fracaso de la última y fatídica misión de Bond y revelarse la identidad de varios agentes secretos en distintos puntos del planeta, la sede del MI6 es atacada, obligando a M a trasladar su agencia. Debido a estos sucesos, su autoridad y posición se verán amenazados por Mallory, el nuevo Presidente del Comité de Inteligencia y Seguridad. Ahora, el MI6 se enfrenta a amenazas tanto externas como internas por lo que M decide acudir al único aliado en quien puede confiar: Bond. El agente 007 desaparece en las sombras con una única aliada: la agente de campo Eve. Juntos le seguirán la pista al misterioso Silva, cuyas letales y ocultas motivaciones están aún por desvelarse..

   Entrega número 23 de la saga oficial de Bond, James Bond, el agente secreto salido de la pluma de Ian Fleming, y que los guionistas Neal Purvis, Robert Wade y John Logan siguen reinventando, bajo la batuta de Sam Mendes, para hacerlo atractivo al público del siglo XXI. Skyfall tiene la virtud de jugar a poner al día a 007 con una defensa de las canas, lo clásico, la veteranía: el factor humano es decisivo, ninguna tecnología puede sustituir a las personas, y su experiencia cuenta.

   Dentro de que en Skyfall estamos, no puede ser de otra manera, dentro de una película de entretenimiento, el director y los guionistas se las componen para dar peso específico a la historia. Una cinta de Bond exige ritmo frenético, no parar. Sam Mendes no se queda corto en este apartado. Nos mueve por cinco puntos geográficos principales y concibe momentos muy espectaculares. Las chicas Bond y alguna escena sexy forman parte del cine bondiano, y Skyfall no es la excepción. Quizá aquí la novedad con la oriental Sévérine sea que se integra en el engranaje de la historia, de modo que aparece y desaparece cuando toca, y eso está bien (Decine21 / Almudí JD) LEER MÁS

   Por un lado, la puesta en escena del responsable de “American Beauty”, “Camino a la perdición”, “Jarhead, el infierno espera”, “Revolutionary Road” y “Un lugar donde quedarse” es quizás la mejor de toda la saga, también en las secuencias de acción.  Y, entre una y otra, Mendes mima los interludios dramáticos —más abundantes de lo habitual—, que esbozan algunos detalles del pasado del agente, subrayan la primacía del factor humano sobre el despliegue tecnológico y proponen una atractiva integración superadora de lo antiguo y lo nuevo, al tiempo que suavizan el machista hedonismo característico de la saga y enriquecen un poco los perfiles de las chicas Bond. En esta mayor hondura narrativa se aprecia la influencia de la saga de “Jason Bourne” —iniciada por Doug Liman en 2002—, y de recientes películas de superhéroes, como las dos partes de “El Caballero Oscuro”, de Christopher Nolan; “Los Vengadores”, de Joss Whedon, o “The Amazing Spider-Man”, de Marc Webb.

   El caso es que dicho enfoque beneficia a la labor de los actores, todos ellos muy sólidos en sus respectivos arquetipos. Sorprende especialmente el español Javier Bardem en la piel del inquietante y complejo villano Raoul Silva, a veces un poco sobreactuado, pero deslumbrante en un par de secuencias de gran intensidad dramática. Todo ello, articulado por el sobresaliente montaje de Stuart Baird, lujosamente presentado por la fotografía de Roger Deakins, el diseño de producción de Dennis Gassner y el vestuario de Jany Temime, y envuelto sin respiros por la siempre sugerente banda sonora de Thomas Newman, que se completa con la vibrante canción de créditos, “Skyfall”, a cargo de Adele y Paul Epworth. Queda así una notable película de intriga y acción, no tan rotunda ni rompedora como dicen algunos críticos, pero que cabe incluir entre las mejores entregas de la ya cincuentenaria saga de James Bond, el agente 007 (Cope J.J.M.)