lunes, 18 de julio de 2016

Marte

En el transcurso de una misión tripulada a Marte, el astronauta Mark Watney (Matt Damon) es dado por muerto y abandonado por sus compañeros de tripulación tras una violenta tormenta. Sin embargo, Watney sobrevive y se encuentra solo y abandonado en ese planeta hostil. Con escasos suministros, Watney deberá recurrir a su ingenio, humor y espíritu de supervivencia para subsistir y encontrar una forma de comunicar a la Tierra que sigue vivo. A millones de kilómetros, la NASA y un equipo internacional de científicos trabajan sin descanso para traer al “marciano” de vuelta, al mismo tiempo que sus compañeros de tripulación planean una temeraria, si no imposible, misión de rescate. Mientras todos estos acontecimientos se desarrollan, el mundo entero se une para pedir que Watney regrese sano y salvo.

Una noche para sobrevivir

El mafioso y prolífico sicario de Brooklyn Jimmy Conlon (Neeson), que antes era conocido como El Cavatumbas, ha tenido mejores épocas. Su jefe y amigo de toda la vida es Shawn Maguire (Harris). Jimmy, que ahora tiene 55 años, se siente perseguido por los pecados de su pasado, así como por el detective de policía (D’Onofrio) que lleva 30 años detrás de él. Últimamente, parece que el único consuelo que encuentra Jimmy está en el fondo de un vaso de whiskey.
Pero cuando el hijo de Jimmy, Mike (Kinnaman), que vive alejado de su padre, se convierte en un objetivo, Jimmy tiene que elegir entre la familia de criminales a la que había escogido pertenecer y su familia auténtica, a la que había abandonado hacía mucho tiempo. Con Mike huyendo, la única penitencia por los errores pasados de Jimmy puede consistir en proteger a su hijo del destino al que Jimmy se ve abocado… con un arma de fuego apuntada en la dirección contraria a la que estaba acostumbrado. Ahora, sin ningún sitio al cual escapar, Jimmy solamente tiene una noche para averiguar a quién debe su lealtad y para ver si, de una vez por todas, puede hacer bien las cosas.

El corredor del laberinto

Thomas se despierta en un ascensor, que asciende lentamente. Cuando la caja se detiene y las puertas se abren, Thomas se ve en medio de un grupo de chicos que le dan la bienvenida al Claro: un enorme espacio abierto flanqueado por gigantescos muros de hormigón. Su mente está totalmente en blanco. No tiene ni idea de dónde está, no sabe de dónde viene y no puede recordar ni a sus padres, ni su pasado, ni siquiera su propio nombre.
El jovencito Thomas es elevado en un montacargas hasta El Claro, un limitado espacio exterior al aire libre, cuya única posible salida sería a través de un complicado laberinto habitado por extrañas criaturas depredadoras. Le tocará convivir con otros jóvenes, sólo varones, que como él subieron a través de la caja hasta ese lugar sin memoria, lo única que recuerdan, pasado algún tiempo, son sus nombres. Thomas descubre que sus compañeros son muy cautelosos a la hora de afrontar los peligros que les acechan, pero él tiene madera de líder, y frente a la pasividad propugnada por algunos, él comienza a tomar decisiones que suponen un riesgo claro para su vida, y tal vez para la de los otros.
Continúa la moda de adaptar novelas juveniles que vaticinan un complicado futuro distópico, tras las películas Los juegos del hambre y Divergente, o crear “ex novo” en la misma dirección, véase la serie televisiva Los 100. Con mimbres como los de la novela de referencia sobre jóvenes que lo tiene difícil para convivir juntos en un lugar aislado ­–la novela del Nobel William Golding “El señor de las moscas”–, o el referente de los misterios de la isla en Perdidos, el debutante en el largometraje Wes Ball se apresta a adaptar las populares novelas de James Dashner, publicadas por primera vez en 2009.
El film es entretenido, logra crear una atmósfera de tensión y miedo, por los peligros que acechan y la incómoda ignorancia de los personajes, compartida con los espectadores, acerca de lo que realmente está ocurriendo, unos y otros no saben por qué pasa lo que pasa. En algunos momentos la cinta se acerca al género de terror, también por ciertos pasajes violentos no aptos para todos los paladares. Visualmente la cinta es impactante, pero algunos momentos de acción son algo confusos y videocliperos, aturullan demasiado.
La idea principal que propugna El corredor del laberinto, muy adecuada para la sociedad actual, tan acomodaticia y pasiva, es la de qué actitud se debe adoptar ante las dificultades y problemas que hay que resolver en la vida. En los extremos, se puede aceptar el estado de las cosas, esto es lo que hay, y adaptarse; o bien, propugnar un cambio radical para alcanzar una solución; y en medio hay bastantes posibles posturas, según uno esté dispuesto a arriesgar –quizá temerariamente– o adoptar una actitud prudente –que podría lindar con la cobardía–.
Hay una decisión de no recurrir a actores de caché demasiado alto, tenemos jóvenes guaperas más o menos resultones como al protagonista, Dylan O’Brien, al que sólo conocerán los fans de la serie Teen Wolf. Los secundarios funcionan razonablemente –siempre resulta agradable ver a Patricia Clarkson, aunque sabe a poco su presencia–, pero se saca poca tajada a la llegada al lugar de una chica, que debería revolucionar al gallinero, podría uno pensar, y que encarna una sosita Kaya Scodelario. (Decine21)

La visita

Becca y Tyler, hermanos adolescentes, van a pasar unos días en la solitaria casa de los abuelos, con los que su madre soltera cortó toda relación al quedarse embarazada siendo una jovencita. La estancia podría ser el inicio de la deseable reconciliación, y Becca, aspirante a cineasta, está dispuesta a grabar toda la estancia con su cámara de vídeo, para así montar un documental sobre el tema. Será una buena sorpresa para su madre, que no estando aún preparada para el reencuentro, se va de crucero con su nuevo novio, un hispano. El caso es que los recién conocidos abuelos, a pesar de su aspecto bondadoso y un supuesto historial de servicio a su comunidad, resultan ser bastante siniestros.
M. Night Shyamalan se esfuerza por reinventarse mientras vuelve en parte a sus orígenes, tras las fallidas películas Airbender: El último guerrero y After Earth. Lo acaba de hacer con su incursión en el formato de serie televisiva en Wayward Pines y ahora con La visita, una irregular cinta de terror de bajo presupuesto, humor algo siniestro y desconcertante, y actores poco conocidos.
La idea es jugar con el aire documental que propicia el hecho de que Becca esté rodando precisamente un documento sobre su visita a unos abuelos que están deseando conocerles a ella y a su hermano, y así desdibujar las líneas entre realidad y ficción, al estilo de El proyecto de la bruja de Blair o la ya larga saga de Paranormal Activity. A ello se suma la poderosa personalidad visual de Shyamalan, y su capacidad de crear atmósferas inquietantes, aquí prescindiendo además de partitura musical; aspectos que combina, algo arriesgadamente, con algo de crítica social a las familias desestructuradas, y con un humor negro e incluso gore y decididamente grotesco, que a veces se antoja algo pasado de rosca. Da la impresión de que en esto último intenta emular el humor algo socarrón del mago del suspense en sus bromas de Alfred Hitchcock presenta, a quien también se cita claramente con ideas y algún plano, en homenaje a Psicosis.(Decine21)