sábado, 9 de julio de 2011

Más allá de la vida



Decine21
Marie, una periodista francesa de éxito, que pasa unas vacaciones con su novio en el sudeste asiático, tiene una experiencia cercana a la muerte cuando les sorprende un tsunami. George, residente en San Francisco, tiene un don, puede contactar con los seres queridos fallecidos de los que acuden a él; pero está harto, quiere ser una persona normal. Marcus, un niño londinense con una madre alcohólica, sufrirá la pérdida de a aquel a quien más quiere en el mundo, su hermano gemelo Jason. Las vidas de los tres acabarán confluyendo en Londres.

El "joven" Clint Eastwood sigue en plena forma, y aunque aquí no obtiene su película más redonda, justo es reconocerle que acomete un reto nada fácil: reflexionar sobre un trance que nos aguarda a todos, el de la muerte. Ciertamente que ha mirado éste en muchos fimes, piénsese en Million Dollar Baby y Gran Torino. Pero si en esos casos se abordaba la "muerte por compasión" y el sacrificio de entregar la vida por el otro, aquí se da vueltas al interrogante de qué viene después de morir, y el deseo natural de todo ser humano de retomar el contacto con los que nos han dejado. Ello sin detenerse en ninguna religión en particular, sólo se quiere subrayar que es bastante razonable pensar que no todo se acaba aquí. Y que junto a experiencias sobrenaturales más o menos plausibles, existe también mucho farsante que vive de la credulidad y desconsuelo ajenos

Firma el guión de la cinta Peter Morgan, que abandona las historias de personajes reales que le han caracterizado hasta ahora -La Reina, El desafío. Frost contra Nixon-, para crear una trama completamente de ficción, compuesta por tres hilos narrativos muy nítidos. Lo cierto es que dichos hilos resultan inicialmente inconexos, a no ser por el tema de la muerte, con lo que el esfuerzo del guionista -y luego, del director- consiste en saltar de uno a otro para situar al espectador, procurando no perderlo. La meta se logra parcialmente, pues Morgan e Eastwood se toman su tiempo, quieren definir con primor a los personajes -con momentos brillantes, auténticos hallazgos-, pero a veces se demoran en exceso. Eso sí, al final nos llevan adonde quieren, y los últimos veinte minutos son sin duda lo mejor de la cinta, entonces se desatan climáticamente todas las emociones.

Matt Damon sigue creciendo como actor, ahora mismo da a la perfección el tipo de persona corriente, por muy extraordinarias que sean sus circunstancias. También destacan Cécile de France -la periodista-, Bryce Dallas Howard -compañera de clases de cocina de George, que se siente atraído por él- y los dos críos gemelos -Frankie McLaren y George McLaren-.

El almirante


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Magnífica película rusa que recrea la historia real del almirante Aleksander Kolchak, quien tras demostrar su valentía, liderazgo y habilidad bélica contra los alemanes en el Mar Báltico durante la Gran Guerra, llegaría a convertirse en líder del llamado Ejército Blanco, que luchó contra los bolcheviques tras la revolución de 1917 y el derrocamiento del Zar. El film, una trágica historia de amor y guerra que se desarrolla a lo largo de los duros años de la revolución comunista que dio origen a la Unión Soviética, trae clarísimas reminiscencias de Doctor Zhivago, un modelo sin duda superior a El almirante, pese a la gran calidad de la película dirigida con estilo por Andrey Kravchuk, cineasta ruso nacido en San Petersburgo en 1962.

Desde el comienzo, el espectador comprueba que va a ser testigo de una historia de tintes épicos, con ese impresionante enfrentamiento naval entre rusos y alemanes. La escaramuza está filmada de modo realista, vibrante, y logra que sintamos el agua y el estruendo en el propio pellejo, un poco a la manera de Master and Commander. Al otro lado del mundo, sólo que aquí el pesado hierro sustituye a los cascos de madera. A la vez, ese comienzo supone una fabulosa presentación de los dos personajes masculinos más importantes de la película, los amigos Aleksander Kolchak y Sergei Timirov. Casados ambos, pronto Kolchak se enamorará de Anna, mujer de Timirov. Pero Kolchak es un hombre virtuoso y sus fuertes sentimientos no lo arrastrarán frívolamente, aunque será inevitable que los amigos se separen y la esposa de Kolchak sufra por su delicada situación matrimonial.

Alguien dijo una vez que las grandes historias son siempre historias de adulterios. Si ánimo de defender ciegamente esta postura extrema, ahí están para apoyarla novelas inmortales como "Ana Karenina", "Los hermanos Karamazov", "Madame Bovary" y un largo etcétera. También este film tiene esa temática, pero, como le ocurre a las grandes historias, nada de lo que se cuenta resulta superficial. Porque en esta película de época, que lo es, los personajes tienen un alto sentido del honor, de la palabra dada, una conciencia de que la virtud nos hace mejores personas. Y es este aspecto el que más conmueve del film: la historia rezuma grandeza y las palabras de San Pablo, citadas explícitamente en varias ocasiones -ahora permanecen la fe, la esperanza y la caridad, pero de éstas virtudes la más importante es la caridad- tienen sentido real en las vidas heroicas de muchos de los personajes. Estamos ante el retrato histórico de una época extinta, un mundo donde el honor era más importante que la vida, donde si uno mataba a una mujer en combate firmaba su propia sentencia de muerte, un mundo, en fin, en donde Dios estaba vivo en el corazón de la gente y donde los acontecimientos por trágicos que fuesen eran aceptados con fe en la voluntad divina, pese a que se negara al hombre su insondable significado.

Es cierto que no todo en el film es perfecto. Su duración se antoja quizá escasa para la epopeya que se quiere narrar, y a la vez parece haber una cierta arbitrariedad en los episodios elegidos, aunque quizá sólo sea que se abusa de la elipsis, tanto en la historia de amor, como en las campañas bélicas y en la importancia de algunos personajes secundarios. Esto, claro está, provoca cierto acartonamiento narrativo y no propicia demasiado la implicación emotiva del espectador, y ese sea quizá el mayor defecto de un film que en general es muy superior a la media. Por lo demás, las escenas bélicas y las localizaciones son impactantes y están bellamente fotografiadas. En cuanto a las interpretaciones, tampoco ayuda el carácter serio del protagonista, interpretado con convicción por Konstantin Khabenskiy (Guardianes de la noche). Y sí que destaca en cambio el más versátil trabajo Elizaveta Boyarskaya, que encarna dulcemente a la enamorada Anna.

Brothers


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Jim Sheridan se toma cada nuevo proyecto con suma tranquilidad. Cuatro años después de la absolutamente fallida Get Rich or Die Trying, el irlandés rueda un remake de Hermanos, coescrita y dirigida por la danesa Susanne Bier. Cuenta con un guión del prestigioso David Benioff (Cometas en el cielo, La última noche) que ha introducido pocos cambios con respecto al original, pues básicamente ha adaptado la historia a los Estados Unidos.
Así, esta vez tenemos al capitán Sam Cahill, militar modélico, felizmente casado con Grace, su novia del instituto, con la que tiene dos hijas. Por contra, su hermano menor Tommy Cahill es la oveja negra de la familia, que acaba de salir de la cárcel en libertad condicional. Cuando el helicóptero en el que viaja Sam es derribado por los talibanes durante una misión en Afganistán, Tommy estrecha su relación con la esposa de su hermano, y poco a poco se convierte en su sustituto en el hogar. Además, Grace y Tommy se sienten atraídos el uno por el otro.

Tenía Sheridan todas las papeletas para triunfar nuevamente, pues se basa en un film muy sólido, y cuenta con un reparto de primera. Además, la historia da pie al director de En el nombre del padre y En América para incidir en el tema más importante de su filmografía: las relaciones familiares. Como en esas dos películas citadas, le interesan en particular las relaciones paternofiliales, así que aunque el tema central son los hermanos, presta especial atención a la relación de las niñas con su padre, y del hermano díscolo con el suyo.

Es además un film sobre las secuelas de la guerra, en línea con El cazador o El regreso. El tema está de desgraciada actualidad, por el recrudecimiento de la guerra de Afganistán.

Pero el resultado es un film excesivamente convencional, mil veces visto, y mucho menos impactante que su versión danesa. Su resolución es poco brillante, faltan ideas en la puesta en escena y todo se vuelve demasiado previsible. Desde luego no está a la altura de la brillante filmografía de Sheridan, que parece que empieza a acusar cierto cansancio en los últimos años.

Levantan un poco la función los actores. Realiza un gran esfuerzo Tobey Maguire, aunque su interpretación resulta un poco forzada, y su look deliberadamente desmejorado no ayuda a hacer creíble a su personaje. Resultan mucho más naturales Natalie Portman y Jake Gyllenhaal, así como los sobresalientes secundarios, Sam Shepard, Mare Winningham y sobre todo las niñas Bailee Madison y Taylor Geare, enormemente expresivas.