lunes, 23 de enero de 2012

El caso Farewell

decine21

Unión Soviética, 1981. Son los últimos días del régimen de Brezhnev y la Guerra Fría entre los dos bloques a un lado y al otro del telón de acero es todavía una realidad. Sin embargo, los contactos, las traiciones y el espionaje son frecuentes. Por casualidad, el francés Pierre Froment, empleado en una multinacional en Moscú, recibe el encargo de su jefe galo de recoger unos documentos importantes de la mano de un tal Grigoriev, prestigioso coronel del KGB. Ese será el primer contacto entre los dos hombres, el primero de una serie de citas que significarán un amplio trasvase de información hacia Occidente, con el que esperan contribuir al fin de la Unión Soviética. El trato entre ambos hombres se irá haciendo cada vez más frecuente, más cordial, al tiempo que van tomando conciencia del riesgo que corren sus vidas y las de sus mujeres e hijos.

El director Christian Carion ha dado muestras de ser un cineasta fino, que narra historias humanas de interés, sin plegarse a superficialidades comerciales. Con ese esquema triunfó en La chica de París, y sobre todo en la original Feliz Navidad, donde narraba un suceso histórico acontecido en las trincheras de la I Guerra Mundial. En este film, el director galo vuelve a basarse en hechos reales para entregar una película de espías de corte clásico y muy realista. Ese clasicismo tiene tanto que ver con el aspecto formal -la cámara nunca despista ni juega con el espectador-, como con el hecho de que trata muy genuinamente el tema del espionaje. Aquí no hay tramas intrincadas, ni líos de nombres, ni giros sorprendentes, ni, por supuesto, agentes todopoderosos al estilo James Bond o similares. Ni tan siquiera se ve una pistola. Simple y llanamente se trata de una película de con dos hombres normales que un buen día asumieron un papel activo como espías, una decisión difícil y únicamente impelida por sus conciencias, al margen de aventuras y romanticismos huecos. Sabían que se jugaban la vida y asumieron ese riesgo.

Por otra parte, a pesar de su "autenticidad" este planteamiento arquetípico, donde la trama se desarrolla naturalmente, es también demasiado simple y desnudo, apuntalado por una triste y fría ambientación de Moscú. Y aunque al final planea una severa crítica hacia un Occidente cínico y sin escrúpulos, donde al fin y al cabo sólo interesan los fines políticos, en general da la sensación de que Carion no quiere liarse durante la narración, y por eso decide no inventar nada; sin embargo, esa decisión -perfectamente comprensible- también le obliga a repetirse en escenas anodinas, sin demasiado brío. Ejemplo de esa dirección sin nervio es la escena de la frontera con Finlandia, que debiera haber sido de altísima intensidad y resulta torpe y desaprovechada. Así que el plato fuerte de Carion hay que buscarlo en los personajes, que son los que mantienen el film a flote. Comprendemos bien cómo crece la amistad entre los espías, cómo sufren por sus familias, cómo dudan. En este sentido, lo mejor de la película es probablemente la relación entre Grigoriev y su hijo, muy verosímil. Los actores protagonistas están correctos, tanto Guillaume Canet como un inusual Emir Kusturica en labores de interpretación. Y llaman la atención los breves cameos de actores como Willem Dafoe, Diane Kruger o Benno Fürmann.

sábado, 14 de enero de 2012

Sherlock. Serie BBC


La BBC presenta una nueva versión del clásico de Conan Doyle. Sherlock Holmes y su compañero Watson se adaptan al siglo XXI: cambian la lupa por el GPS y las consultas a enciclopedias por una rápida búsqueda en Internet. Pero la esencia no cambia: Holmes sigue siendo el detective inteligente, perspicaz e irónico presentado en los libros y sus grandes dotes deductivas no quedan mermadas por el uso de la tecnología. Por su parte, Watson es también veterano de la guerra de Afganistán, igual que en las novelas, pero en un siglo diferente. También se mantiene la afición de Sherlock por el violín, y su adicción a la droga ha sido sustituida por los intentos del detective de dejar el tabaco a base de parches de nicotina. Con muy buen criterio, los productores han preferido eliminar la imagen de los fumaderos de opio propios del Londres de finales del XIX, sin credibilidad en nuestros días.

Por su parte, Scotland Yard también tiene protagonismo en esta serie: las investigaciones de cada caso son dirigidas por el inspector Lestrade que, ante las dificultades en diversos crímenes no duda en recurrir a las capacidades de Sherlock Holmes. Capacidades acompañadas, dicho sea de paso, de los más estrafalarios métodos de investigación.

El villano es, una vez más, el profesor Moriarty, que con una mente casi tan dotada como la del protagonista, le pondrá a prueba en más de una ocasión con los crímenes que dejarán a los investigadores comunes sin respuesta.

La acción se desarrolla en Londres, un Londres muy diferente al imaginado por el escritor, y se enfrenta al reto de reinventar el clásico una vez más, sin perder en contenido lo que gana en calidad técnica.
La primera temporada está formada por tres episodios, adaptaciones libres de otras tres novelas de Conan Doyle, de una hora y media de duración cada uno. El éxito logrado auguraba una segunda temporada, a punto de estrenarse en Estados Unidos, compuesta por otros tres capítulos.

Manteniendo el tono irónico y de suficiencia de Holmes, y la melancolía de Watson, nos encontramos ante una de las series revelación del año pasado.

Cada episodio cierra el caso planteado totalmente, por lo que pueden verse salteados, pero, para mantener la esencia se recomienda seguir el orden: Estudio en rosa, El banquero ciego y El gran juego.

El doblaje está muy conseguido, se ha mantenido el tono de los protagonistas, y la voz no desmerece de la interpretación original, aunque ésta es muy recomendable si se tienen los suficientes conocimientos de inglés como para poder disfrutarla.

Nuestra canción de amor


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Jane, una antigua cantante, vive amargada en su silla de ruedas, que se ve obligada a utilizar tras el accidente que la dejó paralítica. Su mejor amigo es Joey, un negro grandote y desequilibrado, con una mente infantil, que dice escuchar voces de ángeles que le hablan. Esta extraña pareja emprenderá un viaje a Memphis. El propósito declarado de él es conocer a un conocido autor de libros sobre ángeles, pero le empuja aún más el hallazgo de una carta no abierta dirigida a Jane, en que le escribe su hijo de diez años, invitándole a su primera comunión; sin que ella lo sepa, desea que asista a este acontecimiento que afecta a un hijo del que nunca le ha dicho una palabra.
El francés Olivier Dahan, responsable de La vida en rosa, escribe y dirige su primer film en inglés, rodado en Estados Unidos. Se trata de una historia sureña de trabajados personajes -con unos actores sobresalientes, donde merecen especial mención Renée Zellweger y Forest Whitaker-, muy humana, que enseguida adquiere formato de "road-movie". De modo que seguimos a Jane y Joey, y somos testigos de sus vicisitudes: la avería de su coche, el tipo que les engaña, la amistad con una mujer a la que el marido ha dejado, el viejo cantante con el que comparten historias del folklore local sobre el intérprete de blues que vendió su alma al diablo.

Dahan logra crear la deseada atmósfera entrañable, a la que ayuda la partitura musical con canciones de Bob Dylan, y donde se arranca a cantar la mismísima Renée Zellweger en uno de los motivos más emotivos de la cinta. Y dosifica la información acerca de los protagonistas. Da idea de su pericia la escena con que arranca el film, en que un tipo trata de ligar en un bar con Jane, verdaderamente perfecta. El cineasta logra un medido equilibro de sonrisas y lágrimas en un film sobre la amistad, que también trata las desgracias que acontecen en la vida, y que hay que saber encajar para seguir adelante.

The company men


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Aunque su nombre no es demasiado conocido, John Wells es un peso pesado de la televisión. Ha sido productor ejecutivo y guionista de series de altura, como El ala oeste de la casa blanca y Urgencias, cocreador de la serie Turno de guardia, e incluso ha llegado a ser presidente del Sindicato de Guionistas de la Costa Oeste. En esta ocasión, Wells debuta como director de largometraje con un film también escrito por él que explora las consecuencias de la crisis económica internacional.
Casualmente, la trama es una especie de versión americana de Los lunes al sol, pues sigue los pasos de varios trabajadores de los astilleros que se quedan en el paro. La diferencia con el film de Fernando León de Aranoa es que los protagonistas son ejecutivos de sólida posición. La cinta dedica más tiempo a Bobby Walker (Ben Affleck), acostumbrado a jugar al golf, y a presumir de Porsche, que tras encontrarse repentinamente en la calle tiene que acostumbrarse a reducir gastos, se da cuenta de que no se lo rifan las otras empresas como imaginaba en un primer momento, y hasta tiene que reconvertirse ocasionalmente en obrero de la construcción al aceptar un trabajo con su cuñado (Kevin Costner). La cinta también sigue el periplo de uno de sus compañeros, Phil Woodward (Chris Cooper), que aunque dura un poco más en la empresa también acaba despedido, y de Gene McClary (Tommy Lee Jones), su jefe, que también acaba fuera.
Se nota la procedencia televisiva del cineasta, pues la realización es más propia de un telefilm de sobremesa. Todo resulta excesivamente convencional y previsible. Los personajes son planos, aunque les insuflan bastante vida los actores, ya que Wells ha contado con un reparto de excepción en el que sobresalen, como era de suponer, Chris Cooper y Tommy Lee Jones, aunque sus personajes están desdibujados.
En cualquier caso, la cinta cumple sus objetivos, y avisa de las consecuencias de obsesionarse con las apariencias y el dinero. Además, acaba resultando muy positiva en su reivindicación de la unidad familiar en tiempos duros, y en su reflexión sobre la necesidad de ingeniárselas para seguir adelante como sea.

Betty Anne Waters


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Kenny y Betty Anne Waters son dos hermanos que a pesar de criarse en un hogar desestructurado, han estado siempre estrechamente unidos. Él, casado y con una hija, es un poco tarambana, y con facilidad tiene problemas con la policía. Pero nada tan fuerte como la acusación de asesinar una mujer, hecho por el que es condenado, ante la incredulidad de los dos hermanos, a cadena perpetua. Pasarán los años con distintas apelaciones que se van perdiendo. Advirtiendo que poca ayuda le cabe esperar de unos abogados que creen a Kenny culpable, Betty Anne toma la determinación de estudiar la carrera de derecho, para ocuparse personalmente de la defensa de su hermano. Casada y con dos hijos, su matrimonio se va a resentir, pero ella piensa que es su deber lograr la libertad de Kenny.
El actor Tony Goldwyn se ha ido labrando poco a poco una carrera como director, que incluye la realización de muchos episodios de series televisivas. Aquí maneja un guión de Pamela Grey (Música del corazón), basado en una aleccionadora historia real, sobre el amor fraternal y la confianza mutua mantenidos a lo largo del tiempo, que lleva a la protagonista a sobreponerse con constancia a mil y un obstáculos para demostrar una inocencia en la que cree firmemente. Lo que le da pie a entregar una película de corte clásico, no demasiado innovadora, pero que funciona.
Es cierto que este drama judicial tiene numerosos elementos vistos en tantas películas, aquí se puede aplicar con toda propiedad aquello de que 'no hay nada nuevo bajo el sol'. Pero el guión de Grey es sólido, y presenta una sólida galería de personajes, en la que brillan las interpretaciones de Hilary Swank, Sam Rockwell y Minnie Driver, pero también, en roles más breves, Melissa Leo, Juliette Lewis, Peter Gallagher y Clea Duvall. Y junto a momentos de genuino suspense -la búsqueda de las pruebas desaparecidas-, destacan los momentos en que se despiertan las emociones -las conversaciones entre los hermanos, la amiga leal, los hijos de Betty Anne preguntándose si harían lo mismo que su madre por el otro hermano...

Capitán América


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Creado en 1941 por Joe Simon y Jack Kirby, no es la primera vez que el Capitán América -uno de los personajes emblemáticos de la editorial Marvel- visita las pantallas, pues tuvo su propio serial a manos de la productora Republic, en los años 40. En 1990, mucho antes de la actual moda del cine de superhéroes, fue objeto de una infame adaptación, con Matt Sallinger interpretando al protagonista, que tras su fracaso en EE.UU. en algunos países como España se editó directamente en vídeo.

Steve Rogers es un joven escuchumizado, que logra entrar en el ejército, a pesar de su deficiente forma física. Durante los entrenamientos suple sus carencias atléticas a base de buena voluntad, determinación y arrojo. Un profesor responsable de un programa científico que tiene como objetivo crear un supersoldado mediante avances químicos, está convencido de que Rogers es ideal para someterse a la primera prueba, pues cree que lo importante es que el candidato sea alguien de nobles ideales, capaz de sacrificarse por los demás. El experimento sale bien, pero Rogers tendrá que enfrentarse a Cráneo Rojo, un agente nazi con planes siniestros.

Veinte años después de Rocketeer, basada en un cómic sobre otro superhéroe que combatía a los nazis, Joe Johnston se encarga de la adaptación al cine de las aventuras de uno de los más famosos personajes de las viñetas estadounidenses. Este nuevo film tiene puntos en común, pues también se desarrolla en tiempos de los nazis y el protagonista se convierte en superhéroe con ayuda de la ciencia. Como en aquélla, Johnston aprovecha el encanto de mezclar la estética "retro" de la época con elementos de fantasía y cachivaches de ciencia ficción irreales.

Como es habitual, el director de Jumanji y Parque Jurásico III toma como modelo el cine de Steven Spielberg, y sus peleas con nazis se inspiran en En busca del arca perdida, al tiempo que la banda sonora es de Alan Silvestri, notable discípulo de John Williams, el compositor habitual del Rey Midas. Se quita Johnston la espina de El hombre lobo, su anterior trabajo, uno de los más decepcionantes de su carrera.

A pesar de su asumida ligereza, y de que resulta imposible destacar frente a tanta competencia superheroica, se trata de un film correcto, con la suficiente espectacularidad, en cuyo reparto destaca un camelónico Hugo Weaving, como el malvado Cráneo Rojo. Introduce algún acertado golpe de humor y como era de esperar, el final entronca con la próxima película de "Los Vengadores", supergrupo del que forma parte el personaje.

El castor

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Walter Black debería ser feliz... pero no lo es. Casado, con dos hijos, dirige una empresa juguetera... y está sumido en una profunda depresión. Después de intentarlo todo para arreglar las cosas, Meredith, su esposa, le ha dejado. Refugiado en el alcohol y con ideas suicidas, llega una inesperada tabla de salvación: la marioneta de un castor, perpetuamente unida a su mano, y gracias a la cual logra expresarse, conectar con los demás y consigo mismo. Pero la línea que separa una curiosa terapia y la locura puede ser muy tenue.

Notable regreso a la dirección de la actriz Jodie Foster, quince años después de A casa por vacaciones. Quizá le falta un punto de emoción genuina a su film, pero demuestra gran oficio, y el deseo siempre loable de abordar cuestiones de entidad. Como en sus otras películas como directora, se reserva además un papel coprotagonista. Y de nuevo reincide en un tema común a gran parte de su filmografía -piénsese en títulos como El silencio de los corderos, Nell, El pequeño Tate...-, el problema de la comunicación con los demás, y singularmente con los seres más queridos, la propia familia. Cuenta para ello con un guión de Kylle Killen, con varios puntos de interés. Desde luego, es original el punto de partida, el otro yo de Walter volcado en la marioneta del castor, donde se logra un difícil equilibrio entre lo dramático y lo cómico, lo surrealista e incluso lo terrorífico. También tiene interés la subtrama del hijo adolescente, Porter, que rechaza a su padre, con el que presenta similitudes que lejos de agradarle le producen temor. La soledad, el autoengaño, la herencia genética, el conocimiento propio, la humildad para dejarse ayuda, las modas, el impacto de los medios de comunicación, son ideas que enriquecen la trama.

La película presenta un subtexto indudable, la formidable interpretación que entrega Mel Gibson de su personaje tiene una base en su propia vida, sus muy aireados por la prensa problemas personales, y se nota para bien; su trabajo es poderoso, tanto al mostrar el dolor y las contradicciones de Walter, como en su intereactuación con la marioneta, el actor se diría que es un experto ventrilocuo. También se advierte, como en sus anteriores filmes manejando la cámara, que Foster es una buena directora de actores. Está su propio trabajo, por supuesto, un papel difícil el de esposa que no quiere tirar la toalla, que debe ser sobrio y contenido. Pero también el de Rhiley Thomas Stewart, el hijo pequeño, y el de los adolescentes Anton Yelchin y Jennifer Lawrence, que encarnan bien la idea de buscar un lugar en el mundo

Win Win, ganamos todos

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Mike Flaherty es abogado de una pequeña población, felizmente casado, con dos niñas. En sus ratos libres entrena al equipo de lucha libre de un instituto. Enredado en dificultades económicas con las que no quiere preocupar a su esposa, acepta ser el tutor legal de un cliente anciano con principio de demencia senil, lo que supone unos ingresos extra. Un día se presenta Kyle, el nieto adolescente del anciano, con dificultades en casa, su madre soltera está en un programa de desintoxicación. Los Flaherty acogen en su hogar al chico, mientras Mike descubre que tiene ahí un diamante en bruto, Kyle tiene talento más que sobrado para la lucha libre.

El actor Thomas McCarthy prueba su enorme talento para el guión y la dirección de películas, demostrado anteriormente en Vías cruzadas y The Visitor. Deslumbra lo fácilmente que fluye la narración de esta película, que combina elementos de drama, comedia y cine deportivo, sin que se imponga claramente ninguno de estos géneros. El cineasta sabe plantear conflictos de entidad, todos resumibles en la importancia de superar egoísmos y prejuicios para ocuparse generosamente de los demás, con la idea clara de que, como culminaba la película Con faldas y a lo loco, "nadie es perfecto", a lo que podríamos añadir, "en todos podemos encontrar rasgos positivos, aunque no falten las manías y defectos". Y al tiempo, toda la narración esta sembrada de pequeños detalles que la dotan de una agradecible credibilidad, mientras la lucha libre sirve de metáfora acerca de las peleas cotidianas que corresponden a todas las personas.

El film es modélico en la construcción de personajes, con unos actores perfectamente seleccionados y dirigidos. Parece claro que McCarthy vierte en la película su propia experiencia familiar en los miembros de la familia Flaherty -estupendos Paul Giamatti y Amy Ryan, más las niñas-, pero además compone con acierto a los amigos del protagonista -estupendos secundarios Jeffrey Tambor y Bobby Cannavale-, a la abogada -Margo Martindale- y a los componentes de la familia desestructurada -el abuelo Burt Young, la hija Melanie Lynksey, el nieto Alex Shaffer, que debuta como actor-.

Hanna

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Hanna es una jovencita de dieciséis años, criada por su padre Erik, ex agente de la CIA, en las heladas tierras de Finlandia. Nunca ha estado fuera de esos bosques, y su progenitor le ha dado una educación muy particular con una enciclopedia y un cuento de los hermanos Grimm, desarrollando sobre todo su instinto de supervivencia, de modo que es algo muy parecido a una máquina de matar, cualquiera que se le acerque con malas intenciones, tiene muy difícil escapar de ella con vida. Sin contacto ninguno con la civilización hasta ese momento, ha llegado el momento de dar a conocer el paradero de Hannah a la misteriosa y fría agente de la CIA Marissa Wiegler.

Intrigante película de espías, que no se parece a ninguna otra película de espías. Y no porque carezca de acción trepidante y una buena dosis de intriga. Ya para empezar, sorprende que tras la cámara se encuentre Joe Wright, cineasta más abonado al drama, como demuestran sus anteriores filmes Orgullo y prejuicio, Expiación y El solista. Y aquí se enfrenta al reto, del que sale airoso, de sacar adelante una trama bastante elemental, y aun con agujeros, si se quiere -véase el "rollito" del ADN-, apoyado en ritmo, talento visual y personajes sólidos.

Explica Wright que concibió el film como un cuento de hadas, y algo de irreal hay en efecto en su desarrollo que lo emparenta con ese tipo de narraciones. Pues Marissa tiene mucho de "bruja" -así la describe Hanna en una postal enviada a su padre-, su principal secuaz es una especie de ogro maligno, y lugares como el puerto con sus contenedores, o el viejo parque de atracciones, se convierten en sitios de ensueño, verdaderamente fascinantes. Asombra el talento cinematográfico del director, esa combinación de elementos sonoros y visuales que dan a pie a escenas tan poderosas como la de Hannah recalando en una minúscula habitación, donde el teléfono, la televisión, el ventilador, se convierten a sus ojos en elementos potencialmente peligrosos a modo de malignos duendes.

Curiosamente, el elemento más real, también tiene su componente de irrealidad, la familia de turistas -el matrimonio y sus dos hijos- que acoge a Hannah. Su idea de lo que es un estilo de vida independiente, o la fascinación de la chica por las operaciones de cirugía estética o los ligues de ocasión, son botones de muestra de un estilo de vida frívolo, poco pegado al terreno de lo que verdaderamente importa.

Los actores están muy bien, aunque sus personajes sean más o menos arquetípicos. SobresaleSaoirse Ronan, con la que ya trabajó Wright enExpiación, y que combina de modo asombroso en Hannah la fría determinación con que se defiende de sus enemigos con la fragilidad de una niña que desconoce los peligros que aguardan más allá del inhóspito bosque que fue su hogar.