sábado, 24 de noviembre de 2012

Senna

Decine21
Formidable documental sobre el brasileño Ayrton Senna, legendario triple campeón de Fórmula 1. Fue premiado con toda justicia en el Festival de Sundance. La vida de Senna posee todos los elementos para construir una formidable película de ficción; por eso lo que ha hecho Asif Kapadia, con el apadrinamiento entre otros de Kevin Macdonald, es tan meritorio, pues con material documental de archivo –sólo algunas voces en off son actuales– ha compuesto un film apasionante, con “actores” y “conflictos” auténticos, resulta difícil pensar que el resultado fuera mejor con actores de verdad componiendo personajes.
Senna funciona a todos los niveles. Transmite la emoción de la competición, de los vehículos y la velocidad, y contrasta acertadamente la limpieza de las primeras carreras del campeón en el mundo del kart, con la política que domina la Fórmula 1. Pinta bien al protagonista, sin mitificarlo, ofreciendo un retrato ajustado de una persona humilde, con dotes excepcionales para el automovilismo, muy unido a su familia, y una profunda fe. Su preocupación por aliviar la pobreza de los niños más desfavorecidos, y la asunción de representar las ilusiones de sus compatriotas brasileños, sorprenden y revelan una gran calidad humana.
La rivalidad con quien fuera su compañero de escudería, el francés Alain Prost, también se recoge adecuadamente; este, por así decir, “villano” –como lo sería el presidente de la Federación Internacional de Automovilismo, otro francés–, te lo crees, y ves las diferencias entre los dos pilotos con imágenes y declaraciones, sin exagerarlas torcidamente mediante el amarillismo. Dos estilos de conducción y las personalidades de los pilotos –intuición y capacidad de riesgo frente a racionalismo puro y duro–, resultan tremendamente interesantes. Kapadia juega bien la carta de la sobriedad en los pasajes más emotivos de la cinta, y entrega un magnífico documento sobre el ser humano que fue un gran campeón y sus alrededores.

Las nieves del Kilimanjaro

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Robert Guédiguian se podría definir artísticamente hablando como un director bipolar. Tan pronto rueda explosiones de optimismo (Marius y Jeanette, su film más conocido) como descarnados relatos repletos de pesimismo (La ciudad está tranquila). Entra en la primera categoría esta cinta cuyo título curiosamente no proviene del relato corto de Ernest Hemingway, que dio lugar a la popular cinta de Henry King con Gregory Peck. Las nieves del Kilimanjaro, de Guediguián en realidad alude a una canción de Pascal Danel, muy popular en Francia, y que cantan los personajes en un momento determinado.

Guédiguian acierta al retratar las consecuencias de la crisis económica, que obliga al sindicato de trabajadores de astilleros a sortear públicamente el nombre de los veinte empleados que la empresa tiene que despedir para evitar el cierre. Uno de los escogidos, Michel, representante de los trabajadores, trata de hacer frente a su cese laboral, al tiempo que celebra su aniversario con Marie-Claire, en compañía de hijos, nietos y amigos que les hacen un regalo muy especial: un viaje al Kilimanjaro.

Como es habitual, Guédiguian filma en su Marsella natal, y le da los dos personajes principales, Michel y Marie-Claire, a sus dos actores habituales, Jean-Pierre Darroussin y Ariane Ascaride, esposa del realizador. Sin embargo, la película –que según los títulos de crédito se inspira en el poema de Victor Hugo 'Les pauvres gens', reivindicación de la solidaridad– no suena a ya vista, sino que tiene cierta frescura, y mezcla muy bien comedia y drama. Aunque Las nieves del Kilimanjaro, de Guediguián tiene tono de fábula, resulta lo suficientemente realista, y confronta diferentes actitudes ante los problemas, la del personaje central y la de su antagonista. Además, todas las piezas confluyen en un desenlace emotivo, que apuesta por la reconciliación, la comprensión del prójimo y la confianza en el futuro.

Darroussin y Ascaride demuestran una vez más que son grandes profesionales, con química en pantalla, y están rodeados de creíbles secundarios. Destaca en un papel más breve, pero de gran importancia, el joven Grégoire Leprince-Ringuet, que encarna a otro despedido.

Miel

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Un pueblo en una zona montañosa de Turquía. Yusuf es un niño muy sensible, con deseos de ganar una condecoración en clase de lectura, al que ha dejado muy tocado un sueño. Cuando intenta contárselo a su padre Yakup, que se gana la vida recogiendo la miel de las abejas en la copa de altos árboles, le dice que no debe hacerlo. La vida cotidiana transcurre entre las clases del pequeño, y la preocupación del progenitor, que empieza a ver que las abejas escasean, cuestión que comenta con su esposa, y por la que debe buscar abejas en otros bosques más lejanos.
Sensible película del cineasta turco Semih Kaplanoglu, con la que remata su trilogía de Yusuf –que también componen Leche y Huevo–, y que se hizo acreedora del Oso de Oro en Berlín. La trama es minimalista, y combina cierto realismo casi documental, al estilo iraní, que incluye la cotidianeidad, el costumbrismo y las fiestas, con el aspecto onírico de conexiones entre personas y premoniciones. La mirada es la de la infancia, pero está presente además como un personaje más la naturaleza hostil y amenazante. La inevitable tragedia se aborda con sobriedad.

El invitado

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Tobin Frost, un antiguo agente de la CIA vendido en la actualidad al mejor postor, ve peligrar su vida en medio de una operación de alto riesgo, hasta el punto de pedir asilo en la embajada de Estados Unidos en Ciudad del Cabo, en Sudáfrica. Será trasladado para su interrogatorio a una de las “casas seguras” en la ciudad, de la que se ocupa el novato agente Matt Weston. Pero se ve que “el invitado” molesta a gente poderosa, pues el refugio es asaltado, y Matt no tiene más remedio que huir con el prisionero y vagar de aquí para allá mientras espera instrucciones de sus superiores sobre el modo de proceder con el espía traidor.
Irregular película trepidante de espionaje, con nombres desconocidos en el guión y la dirección, los prometedores (al menos para los estudios de Hollywood) David Guggenheim y Daniel Espinosa. Entretenida sin duda, el film cuenta con dos buenos actores protagonistas, Denzel Washington y Ryan Reynolds, más una pléyade de eficaces secundarios a los que les falta un poco más de cancha (Vera Farmiga, Brendan Gleeson, Sam Shepard, Rubén Blades, Robert Patrick).
La película juega con el clásico esquema de “veterano-principiante”, “guardián-prisionero”, donde a veces se cambian las tornas, más el telón de fondo de unos turbios servicios secretos con oscuras cuestiones que ocultar y una absoluta falta de principios. Todo suena a visto, y muchos modos de hacer avanzar la trama son clichés muy previsibles –traiciones, complicidad con los medios de comunicación...–; y un detalle como situar la trama en Sudáfrica no aporta nada, la acción podía transcurrir en cualquier otra parte. Además el montaje del arranque y algunas escenas de acción, aunque sean muy dinámicas y dejen al espectador sin resuello, resultan un tanto confusas.

Camino a la libertad

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Siberia, 1940. El polaco Janusz ha sido enviado al gulag, y comparte penosas condiciones de vida con los otros prisioneros. Pesa en su alma que ha sido condenado por la falsa delación –obtenida bajo tortura– de su propia esposa. Una vez allí, sólo piensa en escapar, tarea aparentemente imposible, pues por sus condiciones climáticas extremas, Siberia entera es una prisión. A pesar de ello, aprovechando una ventisca, emprenderá la huida con otros seis hombres, de los que poco a poco iremos conociendo su historia.
Película basada libremente en los recuerdos del personaje polaco real Slavomir Rawicz, plasmados en un libro, y cuya veracidad ha sido puesta en duda desde 2006, cuando el interesado ya había fallecido. Más allá de esta polémica para especialistas, tenemos una trama de enorme interés humano, convertida en sólido y rico guión por Peter Weir y Keith R. Clarke, donde cabría subrayar en cualquier caso el interés de “imprimir la leyenda”, si se nos permite citar a John Ford. Impresiona la descripción del carismático líder del grupo, Janusz, guiado por la bondad, pero también la del desesperanzado americano Mr. Smith, el pastelero dibujante, el sacerdote letón, el buscavidas Valka, etc, o la de la misteriosa polaca Irena, a la que encuentran en el camino. La información sobre ellos se dosifica convenientemente, y el conjunto sirve para ofrecer un precioso cuadro sobre la condición humana, sus cualidades y limitaciones, francamente inspirador. Los diálogos están muy bien escritos, y los actores, no más de una decena que tenga alguna importancia, están sobresalientes, tanto los más conocidos –Ed Harris, Jim Sturgess, Colin Farrell, Saoirse Ronan– como los rusos y polacos. Además, en la versión original, el uso de los distintos idiomas, con predominio del inglés, se justifica de modo razonable.
Weir es un cineasta que maneja a la perfección las fuerzas de la naturaleza como marco misterioso y vivo donde se desarrollan sus historias, piénsese en Picnic en Hanging Rock, o más recientemente, en Master and Commander. Al otro lado del mundo. Aquí vuelve a dar una lección al respecto, en la rica variedad de elementos naturales bellos pero hostiles: la nieve y las rocas de la montaña, los impresionantes bosques, el hielo y los mosquitos del lago, el viento, la arena y los espejismos del desierto... Gracias a su talento visual y a su sentido narrativo, el cineasta australiano compone planos y pasajes hermosos, y de alto contenido dramático, sirvan de botón de muestra el fugado congelado, el paso del lago, o el hallazgo del agua que calma la sed.

El enigma del cuervo

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En El hombre de Chinatown, fallida intentona de Wim Wenders de triunfar en Hollywood bajo la tutela de Francis Ford Coppola en la producción, el escritor Dashiell Hammett se veía envuelto en una trama de asesinatos típica de sus novelas. También iba en la misma línea El secreto de los hermanos Grimm, de Terry Gilliam, protagonizada por los célebres recopiladores de cuentos infantiles. Ahora, James McTeague, delfín de los hermanos Wachowski que ejerció como ayudante de dirección en Matrix, y que debutó como realizador con V de vendetta, hace lo propio con el autor romántico y precursor del decadentismo Edgar Allan Poe, inventor del relato detectivesco y referencia universal de la literatura de terror.
El enigma del Cuervo, con un guión de Hannah Shakespeare (La boda de mi mejor amigo) y el debutante Ben Livingston, se sitúa en 1849, durante los últimos días del autor de "La caída de la Casa Usher", cuando tiene problemas con el alcohol y sobrevive publicando críticas literarias para un periódico cuyo director no comulga con su excesiva sinceridad. No resulta extraño que el padre de Emily Hamilton, su amada, desapruebe la relación. Mientras ultima con Emily un plan para anunciar en un baile de disfraces su boda, la policía investiga un asesinato que copia al pie de la letra el que se narra en el relato del escritor "Los crímenes de la calle Morgue". Será la primera de una serie de reconstrucciones de los pasajes más macabros de Poe, que ayudará al detective Emmet Fields a investigar el caso.
McTeague filma un thriller convencional pero lo suficientemente ameno, donde sobresale una ambientación gótica de lo más sugerente. En El enigma del cuervo sorprende, como era de esperar, la caracterización de John Cusack, que compone un Edgar Allan Poe muy de carne y hueso, genial como escritor pero con problemas graves y cierta propensión al egocentrismo. El director ha escogido para acompañarle a un casting ajustado, donde Alice Eve (Ni en sueños) demuestra su potencial interpretando a la novia del protagonista, mientras que el gran Brendan Gleeson consigue dar humanidad al obstinado padre de ésta.
En El enigma del cuervo no pretende mantener a ultranza la rigurosidad histórica y se toma numerosas licencias que los incondicionales de Poe captarán inmediatamente. Por poner un ejemplo, una de las víctimas de los asesinatos es nada menos que su rival, Rufus Wilmot Griswold, que en la realidad le sobrevivió y se dedicó a difamarle tras su muerte. Sin embargo, los amantes de su legado literario disfrutarán con las numerosas referencias a sus escritos, que por otro lado no entorpecen el visionado para los profanos. Lo mejor, es que Teague ha logrado captar el romanticismo del responsable del poema "Annabel Lee", pues la historia de amor reñido pero incondicional y desgarrador es sin duda lo más interesante del film.

Blancanieves y la leyenda del cazador

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"Blancanieves", cuya versión más conocida es la de los hermanos Grimm, es uno de los cuentos de hadas más populares. Abundan las versiones televisivas y cinematográficas, que han abordado la inmortal historia con diversos enfoques, que van desde la fidelidad al original de Blancanieves y los siete enanitos, la adaptación animada de Walt Disney, sin duda la más conocida, hasta las versiones en clave de terror (Blancanieves: un cuento de terror, con Sigourney Weaver como madrastra), y el musical cómico (Blancanieves y los tres vagabundos, de Walter Lang). Esta nueva versión, Blancanieves y la leyenda del cazador, sigue libremente la trama original, en clave de fantasía medieval, cercana por momentos a la trilogía de El Señor de los Anillos, de J.R.R. Tolkien, llevada al cine por Peter Jackson.
Ravenna, una malvada bruja, contrae matrimonio con el monarca viudo de un próspero reino, y tras asesinarle, usurpa el trono, y encierra a la heredera, Blancanieves, en una inhóspita torre. Cuando ésta logra escapar inesperadamente tras años de cautiverio recala en un bosque encantado del que casi nadie consigue volver. Para atraparla, Ravenna recurre a los servicios de Eric el cazador, un hombre desconsolado por la muerte de su esposa, que conoce el lugar. Pero cuando llega el momento de entregar a la joven, Eric se da cuenta de que está del lado equivocado.
Prometedor debut en el cine de Rupert Sanders, de dilatada trayectoria como realizador de anuncios de videojuegos, licores, etc., muy alabados por los expertos del sector. Sanders deja claro con Blancanieves y la leyenda del cazador que tiene por delante mucha carrera componiendo imágenes de enorme potencia visual. Su film supera ampliamente a Blancanieves (Mirror, Mirror), la particular versión del indio Tarsem Singh, que se estrenó poco antes.
Para empezar, las interpretaciones son más realistas. Cabe destacar el trabajo de la todoterreno Charlize Theron, como una madrastra más tridimensional y amenazadora que la encarnada por Julia Roberts en aquélla. Su maldad está más justificada, pese a que se supone que la otra narraba la historia desde su punto de vista. También la protagonista de Crepúsculo, Kristen Stewart, se revela en el papel de Blancanieves como una joven actriz de mayor proyección que Lily Collins. Asímismo, sorprende gratamente Chris Hemsworth, en un papel de héroe –el cazador– con más matices dramáticos que el Thor que le ha hecho famoso. El realizador aprovecha también que cuenta con un nutrido elenco de secundarios del que forman parte Toby Jones, Ian McShane, Ray Winstone, Nick Frost y Bob Hoskins.
De ritmo dinámico y ambientación muy oscura, Sanders logra que funcionen las secuencias épicas, los momentos en los que predominan elementos de mitología en la línea de Legend y Cristal oscuro, y pasajes de intensidad dramática. Los personajes de Blancanieves y la leyenda del cazador están llenos de carisma, y a pesar de que el conjunto se inscribe en el género fantástico tiene un tono creíble y realista. Sorprende al espectador a pesar de seguir en líneas generales a los hermanos Grimm, de los que rescata por ejemplo el comienzo, con las gotas de sangre de la madre de la protagonista cayendo sobre la nieve.

Acto de valor

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Una agente de la CIA es capturada en Centroamérica, mientras investiga acerca de la supuesta colaboración entre un contrabandista y el jefe de un grupo de terroristas islámicos. Todo apunta a que planean un atentado a gran escala en Estados Unidos. Un comando de los Navy SEALS recibirá la misión de rescatar a la prisionera.
Acto de Valor hace apología de las fuerzas especiales del ejército de Estados Unidos, y más exactamente de los Navy SEALS, que por lo visto pasan por ser uno de los grupos mejor preparados del mundo. Acto de valor narra los aconteceres de una misión bélica de alto riesgo. Está bien rodada y contiene espectaculares secuencias de acción. Sin embargo, los personajes son meros clichés, desde los malos de pacotilla hasta los supuestos protagonistas, de los cuales sabemos bien poco. Además, su linealidad de planteamientos y su guión epidérmico resta épica al conjunto, de manera que éste adquiere un innegable toque de simple episodio televisivo.
Está claro que Acto de Valor está concebida para tocar el corazón patriótico de los estadounidenses, como si quisiera empujar a los jóvenes a alistarse para dar la vida por su país. Una voz en off narra cómo es un soldado del grupo, cómo es su honor, su valentía, la unidad con sus compañeros, etc., mientras va escribiendo una carta dirigida a su hijo... Todo bastante yanqui. Y para vender más aún el producto, los personajes de Acto de valor son verdaderos Navy SEALS en activo, lo que por un lado aporta sin duda verosimilitud a sus maniobras y acciones reales, pero por otro resta capacidad interpretativa.