Decine21
Siberia, 1940. El polaco Janusz ha sido enviado al gulag, y comparte
penosas condiciones de vida con los otros prisioneros. Pesa en su alma
que ha sido condenado por la falsa delación –obtenida bajo tortura– de
su propia esposa. Una vez allí, sólo piensa en escapar, tarea
aparentemente imposible, pues por sus condiciones climáticas extremas,
Siberia entera es una prisión. A pesar de ello, aprovechando una
ventisca, emprenderá la huida con otros seis hombres, de los que poco a
poco iremos conociendo su historia.
Película basada libremente en los recuerdos del personaje polaco real Slavomir Rawicz,
plasmados en un libro, y cuya veracidad ha sido puesta en duda desde
2006, cuando el interesado ya había fallecido. Más allá de esta polémica
para especialistas, tenemos una trama de enorme interés humano,
convertida en sólido y rico guión por Peter Weir y Keith R. Clarke, donde cabría subrayar en cualquier caso el interés de “imprimir la leyenda”, si se nos permite citar a John Ford.
Impresiona la descripción del carismático líder del grupo, Janusz,
guiado por la bondad, pero también la del desesperanzado americano Mr.
Smith, el pastelero dibujante, el sacerdote letón, el buscavidas Valka,
etc, o la de la misteriosa polaca Irena, a la que encuentran en el
camino. La información sobre ellos se dosifica convenientemente, y el
conjunto sirve para ofrecer un precioso cuadro sobre la condición
humana, sus cualidades y limitaciones, francamente inspirador. Los
diálogos están muy bien escritos, y los actores, no más de una decena
que tenga alguna importancia, están sobresalientes, tanto los más
conocidos –Ed Harris, Jim Sturgess, Colin Farrell, Saoirse Ronan–
como los rusos y polacos. Además, en la versión original, el uso de los
distintos idiomas, con predominio del inglés, se justifica de modo
razonable.
Weir es un cineasta que maneja a la perfección las fuerzas de la
naturaleza como marco misterioso y vivo donde se desarrollan sus
historias, piénsese en Picnic en Hanging Rock, o más recientemente, en Master and Commander. Al otro lado del mundo.
Aquí vuelve a dar una lección al respecto, en la rica variedad de
elementos naturales bellos pero hostiles: la nieve y las rocas de la
montaña, los impresionantes bosques, el hielo y los mosquitos del lago,
el viento, la arena y los espejismos del desierto... Gracias a su
talento visual y a su sentido narrativo, el cineasta australiano compone
planos y pasajes hermosos, y de alto contenido dramático, sirvan de
botón de muestra el fugado congelado, el paso del lago, o el hallazgo
del agua que calma la sed.

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