lunes, 13 de junio de 2011

Los próximos tres días



Decine21
La pesadilla de una familia corriente. Josh, profesor universitario casado con Lara, y con un niño, Luke, ha salido a cenar con su hermano y su mujer. Han discutido, pero nada del otro mundo. Al poco de volver a casa, la policía irrumpe intempestivamente, y se lleva detenida a Lara, a la que acusan de asesinato. Y en efecto, es condenada, pues todas las pruebas apuntan a que mató a una mujer en un aparcamiento. El tiempo pasa, y las distintas apelacionas no sirven de nada. Tan desesperado está Josh, que empieza a idear un plan de fuga para Lara. Lo que implica pensar no sólo en sacarla de la cárcel, sino en el traslado de la familia al completo a otro país.

Paul Haggis (Crash, En el valle de Elah) escribe y dirige un dinámico y hitchcockiano remake de la reciente película francesa Pour elle. Se trata de un angustioso thriller contado desde el punto de vista de Josh, un tipo normal, no especialmente mañoso, que convencido de la inocencia de su esposa acometerá toda clase de acciones arriesgadas para devolverle la libertad. Su motivación, claro está, es el amor, él nunca duda de la esposa, porque la conoce; lo que no quita para que Haggis siembre interrogantes en el espectador.

Quizá Haggis estira demasiado la trama en la parte que se refiere a los minuciosos preparativos de la fuga, pero lo hace con la idea de dar verosimilitud a lo que cuenta, se trata de no escamotear al espectador los muchos obstáculos con que se topa Josh, bien encarnado por el siempre convincente Russell Crowe. Desde los tratos con maleantes de diversa calaña, a la mirada preocupada de los padres de Josh, el distanciamiento de Luke de su madre... Es posible que en esta 'obsesión' excesiva por atar cabos el director haya tenido en la cabeza Un ciudadano ejemplar, hecha el año anterior y de temática comparable -se incide también en los errores del sistema a la hora de administrar justicia-, aunque bastante menos creíble. De este modo, cuando llega el último tercio de la película, la huida pura y dura, uno puede aceptar trucos y sorpresas destinados a despistar a sus perseguidores.

Desde el punto de vista de guión y realización, destaca la escena de la autopista, un alarde de concatenar máximo peligro y tensa calma. Hemos hablado ya del buen trabajo de Crowe, pero conviene subrayar el completo acierto en el resto del reparto.

VALORACIÓN PERSONAL CINEDOSIS: entretenidísimo thriller, mantiene en tensión hasta el último minuto. Dura cerca de dos horas, que pasan volando.

Imparable



Decine21
Tras coger el metro neoyorquino en Asalto al tren Pelham 123, Denzel Washington se sube ahora a un tren de largo recorrido en otro thriller con vagones y raíles que también tiene como 'maquinista' a Tony Scott. El dinámico cineasta británico ha dirigido al actor afroamericano no sólo en aquella cinta, sino también en Marea roja, El fuego de la venganza y Déjà vu, por lo que ésta es su quinta colaboración.

El argumento está inspirado en hechos reales. En la estación ferroviaria de una localidad de Pensilvania, un operario se sube a la máquina de un tren de 39 vagones que debe mover. El tipo es bastante incompetente y no se le ocurre otra cosa que apearse en marcha un momento para cambiar la aguja de las vías él mismo. Cuando quiere volver a subir, el tren se ha descontrolado y acelera peligrosamente. La controladora Connie Hooper descubre que parte de la carga es material tóxico e inflamable por lo que el tren puede producir un enorme desastre allá donde descarrile. Los únicos capaces de idear un plan para solucionar el problema serán un veterano maquinista y un novato que ejerce de jefe de un tren que se cruza con el convoy imparable.

Se entiende que Scott recurra a Washington constantemente, porque al actor le bastan un par de frases para dar humanidad a su personaje y meterse al público en el bolsillo. Su personaje de veterano ferroviario padre de dos hijas contrasta radicalmente con el joven novato encarnado por Chris Pine, que tras Star Trek confirma su talento y que no desentona frente a su prodigioso compañero de reparto, lo que no es poco. Realiza también un trabajo meritorio la actriz Rosario Dawson como una controladora de gran personalidad.

El argumento es mínimo, pero Scott se conoce al dedillo las reglas del thriller. El realizador filma con un ritmo 'imparable' e increíble espectacularidad, con su reconocible estilo a base de rápidas combinaciones de imaginativos planos y movimientos de cámara continuos. Esta vez acierta al ir explicando las partes más técnicas de la trama mediante imágenes de la televisión que cubre los acontecimientos.

La principal virtud de Scott es que tiene muy en cuenta que lo importante no son los fuegos de artificio, sino interesar al público por los personajes, para que las secuencias de suspense resulten más cercanas. No todos los directores tienen en cuenta esta regla tan sencilla, a juzgar por la gran cantidad de vistosos blockbusters sin alma que llegan a las carteleras. No trata de ofrecer ninguna reflexión, pero subyace una apología de la unidad familiar, y trata de pasada temas como el compañerismo, el sacrificio, el trabajo bien hecho y las consecuencias de la falta de escrúpulos en la gestión empresarial, que contribuyen a dotar de interés a Imparable para que no descarrile.

El discurso del rey




Decine21
Década de los 30 del pasado siglo. Reina en Inglaterra Jorge V, y soplan aires de guerra. Su segundo hijo, Albert, padece una pronunciada tartamudez desde que era niño. Los muchos expertos que han tratado de ayudarle con su problema han fracasado. Lo que no tendría demasiada importancia, de no ser por la muerte de su padre y lo poco adecuado que es David, el heredero, para asumir la función de monarca. Los avatares del destino le obligan a llevar la corona... y sus súbditos, en tiempos difíciles, necesitan oír la voz del rey. Un heterodoxo logopeda, el australiano Lionel Logue, podría ser la solución a tan reales dificultades.

Formidable película dirigida por el británico Tom Hooper, que tiene a sus espaldas un magnífico currículum de películas y series televisivas basadas en personajes auténticos, ya sean regios (Elizabeth I), presidenciales (John Adams) o futboleros (The Damned United). Tiene a su disposición un guión de lujo firmado por un sorprendente David Seidler, quien hasta ahora sólo había descollado, y eso muy relativamente, con libretos de películas animadas (El rey y yo, La espada mágica. En busca de Camelot), y con uno escrito para Francis Ford Coppola, el de Tucker, un hombre y su sueño. Los hermanos Weinstein, productores, vuelven por la puerta grande a la lucha por los Oscar, y desde luego el conjunto del reparto de este film es de los mejores que se han visto en los últimos tiempos. Los personajes son magníficos y los actores que los representan les sacan todo su jugo, está increíble, sensacional, Colin Firth, pero también Geoffrey Rush, Helena Bonham Carter, Guy Pearce, Timothy Spall, Derek Jacobi, Michael Gambon, Jennifer Ehle, Anthony Andrews...

Una trama basada en la relación profesor-alumno, por así decir, es algo muy visto. Caer en el tópico es muy, pero que muy fácil. Porque hay elementos que inevitablemente se repiten, ya sea el choque de caracteres, la no comprensión de lo que el profesor pretende, el no-respeto por las capacidades del alumno, etcétera. Pero Seidler y Hooper se las arreglan para sortear una y otra vez estas dificultades ascendiendo a cotas de brillantez excepcionales. Un elemento de originalidad lo introduce, obviamente, el hecho de que uno pertenezca a la realeza y el otro sea un plebeyo, y que éste, para aplicar con éxito su método, exija una relación de igualdad, e incluso de amistad. Pero la razón de que esta película sea casi un milagro no estriba sólo en eso, pues hay mil y un detalles, perfectamente cuidados, que contribuyen a reforzar lo que se cuenta.

Así, podemos entender de dónde viene la inseguridad de Albert y la confianza de Lionel, aprendemos a conocer y contrastar los respectivos entornos familiares y sus distintas responsabilidades. Y hay escenas redondísimas, que producen emociones genuinas: no quisiéramos hacer el listado de las mismas, pero vale la pena destacar la de la primera consulta de Albert, la que tiene lugar en Westminster cuando ensayan la coronación y, por supuesto, la del climático discurso tras la declaración de guerra.

Es muy inteligente la partitura musical, tanto los temas originales de Alexandre Desplat, como el uso de música clásica, Beethoven y su séptima sinfonía en un momento clave. Y la fotografía, con lentes cortas, y el recurso a picados y contrapicados, resulta muy apropiada para resaltar la soledad de la función real, aunque, paradójicamente, uno se encuentre en buena compañía.

Caza a la espía



Decine21
Una historia basada en hechos reales, que provocaron un buen revuelo en la opinión pública mundial, y más específicamente entre la estadounidense. La agente de la CIA Valerie Plame quedó literalmente "quemada", al filtrar a la prensa un alto cargo de la administración Bush su actividad encubierta. La idea era anular al esposo de Plame, que había publicado un artículo cuestionando las razones que esgrimía la Casa Blanca para invadir Irak.

Resulta curioso constatar que si Paul Greengrass pasó de filmes basados en hechos reales como Domingo sangriento a la saga de espías ficticios Bourne, Doug Liman ha seguido el proceso contrario, de El caso Bourne ha dado el salto a una historia real, Caza a la espía, que maneja con la misma trepidante emoción que supo conceder al film mentado. Su uso de la cámara en mano es efectivo, pues subraya los modos torcidos de proceder de unos y otros, o la duda de cómo acabarán discurriendo las cosas.

El cineasta sabe conjugar la trama política -las famosas armas de destrucción masiva en Irak, los modos de operar la CIA y la Casa Blanca- con el drama personal que afecta a mujer y marido. Estos están interpretados con enorme talento por Naomi Watts y Sean Penn, pues saben hacer que casen los momentos de gran entereza y control de la situación, con aquellos en que se ven superados por los acontecimientos. El amor a la familia y al propio país, y la verdad como guía en el propio actuar, son los grandes temas propuestos, donde a veces se producen conflictos de intereses.

Sospechosos habituales



Decine21
¿Quién es Keyser Soze? ¿Se trata de un mito, el diablo como le define uno de los personajes? ¿O bien es alguien real, este supuesto rey del crimen, del que nadie conoce su verdadera identidad? Estos interrogantes surgen una y otra vez durante la investigación del incendio en extrañas circunstancias de un barco, en el que murieron más de una veintena de personas. Verbal Kint (Kevin Spacey), que logró salvar la vida en la tragedia, declara ante la policía. Y conocemos a través de un largo flash-back cómo él y otros delincuentes llegaron a formar una banda por ser. sospechosos habituales, convocados con frecuencia por la policía en ruedas de reconocimiento. El misterioso Keyser Soze les hizo una oferta que no podían rechazar, aunque para la mayoría de ellos iba a tener fatales consecuencias.

Formidable y complejo rompecabezas, capaz de romper todos los esquemas del espectador, y en el que todas las piezas acaban encajando. El interrogatorio practicado por Kujan, el policía al que da vida Chazz Palminteri, sirve para mostrar un juego del gato y el ratón, en el que no se sabe quién de los dos, Verbal o Kujan, hace el papel de "gato". El guionista Christopher McQuarrie urdió una trama sencillamente sorprendente, y el luego director de X-Men, Verano de corrupción y Superman Returns, Bryan Singer (que entonces tenía 29 añitos), se las arregló para hacer una traslación perfecta a la pantalla. El Oscar al guión no sorprendió a nadie: además de que la estructura es perfecta (Tarantino seguiría una línea no muy diferente con Pulp Fiction), los diálogos, con sus réplicas y contrarréplicas, rebosan ingenio. Y la construcción del personaje siempre ausente y presente, Keyser Soze, que parece uno de esos poderosos corruptos que tan bien supo describir Orson Welles, se revela como una idea formidable. El relato de cómo afrontó la violación de su mujer y el secuestro de sus retoños es como para erizar los pelos a cualquiera.

El film cuenta con un reparto casi enteramente masculino, muy bien seleccionado: Stephen Baldwin (quizá el menos conocido de los hermanos actores Baldwin), Gabriel Byrne, Benicio Del Toro, Kevin Bacon (brillante en Homicidio en primer grado), Kevin Spacey (que se llevó el primer Oscar de los dos que tiene, e inició una brillantísima carrera), Chazz Palminteri (que ya había brillado como gángster en Una historia del Bronx y Balas sobre Broadway), Pete Postlethwaite. hicieron un magnífico trabajo. Si Byrne ya había llamado la atención en filmes de gangsters como Muerte entre las flores, el film fue la ocasión de que otros rostros empezaran a asomar en la pantalla: Postlewaite brillaría con luz propia sobre todo en En el nombre del padre y Tocando el viento, y Del Toro se llevaría un Oscar años después por su composición de poli mexicano en Traffic.

El imperio del sol



Decine21
Jim Graham es un chaval británico, hijo único, que vive con sus padres en Shanghai. Su cómoda existencia entre algodones dará un vuelco durante la II Guerra Mundial.

Jim tiene 13 años y su exaltada imaginación vibra de modo especial con los aviones. Tiene varios modelos en miniatura, y no puede evitar dar botes cuando ve las aeronaves surcando el cielo. A Jim nunca le ha faltado nada, y siempre ha visto la realidad de la vida a distancia; lo dice Spielberg plásticamente con la imagen del Packard que le conduce con las ventanillas subidas, para que nada del exterior afecte a Jim. Tras el ataque japonés a Pearl Harbor, estalla el caos en la zona occidental de Shanghai. Jim se separa de sus padres, y a partir de ese momento se inicia en el juego de la supervivencia. La criada ya no le obedece, sino que le abofetea. Hay que buscar comida, los platos cocinados ya no llegan a la mesa por arte de magia. Jim se ve obligado a crecer (esa maleta de cartón, que abandonada supone el fin de la infancia), y busca la complicidad de Basie, un americano que se mueve en la actual situación como pez en el agua. Acabará, como tantos, en un campo de prisioneros.

Adaptación de la obra de ribetes autobiográficos de J.G. Ballard, con guión del autor teatral Tom Stoppard. Spielberg rueda un film espectacular, gran parte rodado en Shanghai con miles de extras, con un formato 'a lo grande', muy a lo David Lean. La preciosa fotografía de Allen Daviau y la gran partitura de John Williams ayudan al empaque de un título a redescubrir.

La misión



Decine21
La misión de Roland Joffé se ha convertido en un auténtico clásico moderno. Producción del británico David Puttnam, de cuya mano han salido títulos como Los duelistas, El expreso de medianoche, Carros de fuego y Los gritos del silencio (esta última dirigida en 1984 también por Joffé), narra con aplomo una de las gestas españolas en el nuevo mundo: la evangelización de los indios guaraníes, llevada a cabo por los jesuitas en las conocidas reducciones. Estas instituciones donde el evangelio se diría hecho realidad, junto al hermosísimo paisaje (increíbles las cataratas de Iguazú, fotografiadas con pericia por el oscarizado Chris Menges), parecen restituirnos al paraíso perdido. Pero cuestiones políticas de diversa índole podrían dar al traste con todo.


La historia, escrita por Robert Bolt (Lawrence de Arabia, Doctor Zhivago, Un hombre para la eternidad), transcurre en el siglo XVIII, cuando España y Portugal han llegado a un acuerdo político, plasmado en el Tratado de Madrid, para gestionar sus colonias americanas. Una consecuencia "colateral" de tal tratado es que los jesuitas, que tienen una misión en tierras de los guaraníes, en Brasil, deberían abandonar el lugar. Pero el padre Gabriel (Jeremy Irons), que esta al frente de la misión, se resiste a dejar a esas almas que tiene encomendadas. Contará con la ayuda de los otros padres, entre los que destaca Rodrigo Mendoza (Robert De Niro), un antiguo traficante de esclavos, que está tratando de redimirse de su pasado disoluto.


La película da un magnífico ejemplo de lo que se ha dado en llamar inculturación. Para transmitir a los indígenas la fe cristiana, el padre Gabriel se sirve de la música, y gracias a su oboe logra comunicar con ellos. A este respecto la música del genial Ennio Morricone se revela memorable, con temas hermosísimos, incluido el Ave María guaraní. Para Joffé, que trabajó codo con codo con Bolt, cuyo estado de salud entonces era delicado, la cosa está clara: "Sentí que había algo muy hermoso en aquello que los seres humanos pueden compartir, y aquello se convirtió en la raíz de la historia para mí".


Una de las cosas que mejor funcionan en el film es la diferencia de caracteres entre el padre Gabriel, apóstol convencido de la no violencia y del poder de la oración, y Rodrigo, que debido a su pasado guerrero es partidario de no quedarse de brazos cruzados y combatir la injusticia. Además de a Irons y De Niro, pueden verse en el reparto a unos entonces jovencísimos Liam Neeson y Aidan Quinn.

Largo domingo de noviazgo



Decine21
Decir Jean-Pierre Jeunet es decir preciosismo fotográfico, personajes tan ricos como estrambóticos, gags carcajeantes próximos al slapstic del cine mudo y desfachatez visual a la hora de mostrar crudeza u obscenidad sin perder ni por un instante el aire mágico de la fábula imaginaria. Todo eso lo tenía esa obra magistral que se llamaba Amelie, y que le granjeó el aplauso de la crítica y el público de todo el mundo. Ahora, el director francés vuelve a usar idéntica fórmula con una historia muy distinta, más sórdida y monocromática, pero con la misma e inestimable colaboración de la luminosa Audrey Tautou, una actriz de una candidez y expresión en la mirada fuera de lo común.



La historia, adaptación de la novela del francés Sébastien Japrisot, se centra en el amor hiperrromántico de Mathilde por Gilles. Ambos se separaron cuando él marchó a luchar a las trincheras en la Primera Guerra Mundial. Al cabo del tiempo Mathilde recibe la noticia de su muerte, ya que, tras ser sometido a consejo de guerra junto a otros cuatro compañeros, Gilles fue abandonado en tierra de nadie. Mathilde viaja, investiga y remueve cielo y tierra para dar con el paradero de su amor. Pese a que las noticias nunca son halagüeñas, ella no desespera de encontrarle vivo. Junto Mathilde el espectador es testigo poco a poco del puzzle de los acontecimientos, y, mientras tanto, otras curiosas historias y personajes entran en juego.


Entre el drama y la comedia, la historia no pierde nunca el aire del cuento romántico, en especial en las estampas idílicas en la casa de los tíos, aunque también destaca el naturalismo con que Jeunet rueda las secuencias de guerra, muerte y sexualidad. Entre los intérpretes no falta el buen hacer del actor fetiche del director, Dominique Pinon.

Mejor... imposible



Decine21
Jack Nicholson da vida a Melvyn, un solitario escritor de novelas rosas, que tiene un carácter maniático y obsesivo, además de ser una persona sumamente egoísta. Siempre que abre la boca ofende a alguien. Víctimas de sus comentarios caústicos son, entre otros, su vecino Simon, un artista homosexual, y los clientes del restaurante donde acude a comer todos los días. No obstante, una camarera llamada Carol irrumpe en su vida. Ella es la única que puede hacerle cambiar.

James L. Brooks dirige esta comedia basada en una historia de Mark Andrus. El film engancha de principio a fin, y ello es debido a una cuidada puesta en escena, a unos diálogos inteligentes e ingeniosos, y sobre todo, a un acabado retrato de los personajes; todos ellos terminan por hacérsenos encantadores. El resultado final es una comedia perfecta. No es casualidad, pues, que el film fuera premiado con dos Oscar de la Academia en las categorias de mejor actor (Jack Nicholson) y mejor actriz (Helen Hunt).

El golpe

Decine21
En plenos años 30, Henry Gondorff y Johnny Hooker son dos caraduras que se dedican a timar y llevarse grandes sumas de dinero al bolsillo. La muerte de un amigo a manos de un gángster, les producirá deseos de venganza y para ello, prepararán el que será su mayor golpe.

Extraordinaria película que ganó siete Oscar y contó con la interpretación de la emblemática pareja de los actores y galanes Paul Newman y Robert Redford. El film no pierde ritmo en ningún momento y gracias al fabuloso y sorprendente guión, acompañado de un toque de humor y una notable ambientación, la historia resulta muy, pero que muy entretenida. Y la química entre los dos actores es inmejorable como ya demostraron en la también fascinante Dos hombres y un destino. Para la posteridad han quedado las saltarinas notas del piano de Scott Joplin, mítica estrella del estilo Ragtime.