sábado, 20 de noviembre de 2010

Un sueño posible. (The Blind Side)

Decine21
La historia auténtica de Michael Oher, que se convirtió en jugador de la liga profesional de fútbol americano cuando todos los elementos jugaban en su contra. La cosa se inicia con Big Mike, un adolescente afroamericano que ha crecido en un ambiente familiar desestructurado. En tal tesitura resulta milagroso que no se haya convertido en un delincuente y un holgazán. Eso sí, es un chico callado y retrasado en los estudios, y sin hogar. De modo sorprendente le admiten en una escuela cristiana, donde una maestra se esfuerza en ayudarle, pero no faltan las dificultades. El revulsivo definitivo en su vida será que Leigh Anne, la madre de dos chicos que estudian en el mismo colegio, se fije en él. De ofrecerle su casa para dormir una noche, pasará, de acuerdo con su esposo y los dos hijos, a adoptarlo. Y vistas sus excepcionales condiciones físicas, le apoyarán en su posible carrera deportiva.



Una película genuinamente americana, sí. Pero con valores universales, que se entienden en Tennessee y en Pekín, para entendernos. No estamos ante una de esas tramas deportivas llenas de partidos incomprensibles, a no ser para los aficionados al fútbol americano. Basta la introducción del film para que entendamos la posición de defensa de Oher frente a la de ataque de un 'quaterback', explicada muy gráficamente con una comparación inmobiliaria: si el 'quaterback' paga la hipoteca de la casa, el 'tackle' o bloqueador es el seguro de la misma. Y no falta un importante y emocionante partido, aunque no tanto por el resultado, audaz planteamiento. Pero sobre todo, estamos ante una trama de personajes, de superación, y de amor, mucho amor, en el que sobresale la relación maternofilial que surge entre Leigh Anne y Michael. Y donde se señala el papel que la fe juega a la hora de ayudar al prójimo, y que tiene emotivos pasajes, la comida de acción de gracias, o cierta conversación entre los esposos.

Verdaderamente el papel de Leigh Anne es una prueba de fuego de la que Sandra Bullock sale perfectamente airosa, lo que incluye el Oscar por su composición. Es necesario señalar que tiene escenas muy bien resueltas, las que comparte con su hijo, pero también esa visita a la madre biológica de Michael, o la del entrenamiento. Está muy bien el resto del reparto, de rostros no demasiado conocidos, a no ser el de Kathy Bates. Sobresale Quinton Aaron, que entrega una interpretación muy contenida del introspectivo Michael.

Welcome

Decine21
Bilal es un joven kurdo procedente de Irak, que ha recorrido miles de kilómetros para reunirse con su amada Mila en Londres. Pero habiendo llegado hasta Calais, en Francia, se diría que el último paso de cruzar el Canal de la Mancha para llegar a Inglaterra resulta poco menos que imposible, los controles fronterizos son muy exhaustivos. Abandonada la idea de ir oculto en un camión, alimenta el plan de cruzar el Canal a nado; para ello acude a una piscina municipal, donde toma clases de natación con Simon, un profesor amargado por la separación de su esposa Marion.

Philippe Lioret, con la ayuda en el guión de Emmanuel Courcol y Olivier Adam, urde una sensible historia acerca del drama terrible de la inmigración, los riesgos sin cuento que toman los que se proponen llegar al 'paraíso occidental'. Resulta especialmente emotiva la relación que surge entre Bilal y Simon, donde éste al principio sólo ayuda al otro para impresionar a su ex mujer -ella ayuda como voluntaria a los ilegales que arriban a Calais, proporcionando ropa y alimento-, en un intento desesperado de recuperarla. Trabajada, con matices, sin tremendismos, logra el cineasta francés no caer nunca en blanda sensiblería al describir la evolución de los acontecimientos, el modo en que se estrechan los lazos. Y a la hora de vertebrar la trama, funciona muy bien el paralelismo-contraste en las dos historias de amor, la de los enamorados iraquíes, y la de los separados Simon y Marion: la fuerza de voluntad y los sacrificios de Bilal espolean al conformista profesor de natación.

Nadie es perfecto, pero todos se esfuerzan más o menos por ser mejores personas, y dejarse guiar por el amor, la única tabla de salvación en este mundo. Con tal idea flotando, bien punteada por la sencilla y efectiva partitura musical, y por la metáfora visualmente fuerte de la natación, Loiret entrega una solidísima película, que da mucho que pensar. El reparto es fantástico, desde el joven no profesional Firat Ayverdi, al estupendísimo Vincent Lindon, pasando por presencias más secundarias pero tremendamente efectivas como las de Derya Ayverdi y Audrey Dana -la novia y la ex mujer-, Olivier Rabourdin -el teniente de policía- o Murat Subasi -un inmigrante-.