sábado, 24 de noviembre de 2012

Senna

Decine21
Formidable documental sobre el brasileño Ayrton Senna, legendario triple campeón de Fórmula 1. Fue premiado con toda justicia en el Festival de Sundance. La vida de Senna posee todos los elementos para construir una formidable película de ficción; por eso lo que ha hecho Asif Kapadia, con el apadrinamiento entre otros de Kevin Macdonald, es tan meritorio, pues con material documental de archivo –sólo algunas voces en off son actuales– ha compuesto un film apasionante, con “actores” y “conflictos” auténticos, resulta difícil pensar que el resultado fuera mejor con actores de verdad componiendo personajes.
Senna funciona a todos los niveles. Transmite la emoción de la competición, de los vehículos y la velocidad, y contrasta acertadamente la limpieza de las primeras carreras del campeón en el mundo del kart, con la política que domina la Fórmula 1. Pinta bien al protagonista, sin mitificarlo, ofreciendo un retrato ajustado de una persona humilde, con dotes excepcionales para el automovilismo, muy unido a su familia, y una profunda fe. Su preocupación por aliviar la pobreza de los niños más desfavorecidos, y la asunción de representar las ilusiones de sus compatriotas brasileños, sorprenden y revelan una gran calidad humana.
La rivalidad con quien fuera su compañero de escudería, el francés Alain Prost, también se recoge adecuadamente; este, por así decir, “villano” –como lo sería el presidente de la Federación Internacional de Automovilismo, otro francés–, te lo crees, y ves las diferencias entre los dos pilotos con imágenes y declaraciones, sin exagerarlas torcidamente mediante el amarillismo. Dos estilos de conducción y las personalidades de los pilotos –intuición y capacidad de riesgo frente a racionalismo puro y duro–, resultan tremendamente interesantes. Kapadia juega bien la carta de la sobriedad en los pasajes más emotivos de la cinta, y entrega un magnífico documento sobre el ser humano que fue un gran campeón y sus alrededores.

Las nieves del Kilimanjaro

Decine21
Robert Guédiguian se podría definir artísticamente hablando como un director bipolar. Tan pronto rueda explosiones de optimismo (Marius y Jeanette, su film más conocido) como descarnados relatos repletos de pesimismo (La ciudad está tranquila). Entra en la primera categoría esta cinta cuyo título curiosamente no proviene del relato corto de Ernest Hemingway, que dio lugar a la popular cinta de Henry King con Gregory Peck. Las nieves del Kilimanjaro, de Guediguián en realidad alude a una canción de Pascal Danel, muy popular en Francia, y que cantan los personajes en un momento determinado.

Guédiguian acierta al retratar las consecuencias de la crisis económica, que obliga al sindicato de trabajadores de astilleros a sortear públicamente el nombre de los veinte empleados que la empresa tiene que despedir para evitar el cierre. Uno de los escogidos, Michel, representante de los trabajadores, trata de hacer frente a su cese laboral, al tiempo que celebra su aniversario con Marie-Claire, en compañía de hijos, nietos y amigos que les hacen un regalo muy especial: un viaje al Kilimanjaro.

Como es habitual, Guédiguian filma en su Marsella natal, y le da los dos personajes principales, Michel y Marie-Claire, a sus dos actores habituales, Jean-Pierre Darroussin y Ariane Ascaride, esposa del realizador. Sin embargo, la película –que según los títulos de crédito se inspira en el poema de Victor Hugo 'Les pauvres gens', reivindicación de la solidaridad– no suena a ya vista, sino que tiene cierta frescura, y mezcla muy bien comedia y drama. Aunque Las nieves del Kilimanjaro, de Guediguián tiene tono de fábula, resulta lo suficientemente realista, y confronta diferentes actitudes ante los problemas, la del personaje central y la de su antagonista. Además, todas las piezas confluyen en un desenlace emotivo, que apuesta por la reconciliación, la comprensión del prójimo y la confianza en el futuro.

Darroussin y Ascaride demuestran una vez más que son grandes profesionales, con química en pantalla, y están rodeados de creíbles secundarios. Destaca en un papel más breve, pero de gran importancia, el joven Grégoire Leprince-Ringuet, que encarna a otro despedido.

Miel

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Un pueblo en una zona montañosa de Turquía. Yusuf es un niño muy sensible, con deseos de ganar una condecoración en clase de lectura, al que ha dejado muy tocado un sueño. Cuando intenta contárselo a su padre Yakup, que se gana la vida recogiendo la miel de las abejas en la copa de altos árboles, le dice que no debe hacerlo. La vida cotidiana transcurre entre las clases del pequeño, y la preocupación del progenitor, que empieza a ver que las abejas escasean, cuestión que comenta con su esposa, y por la que debe buscar abejas en otros bosques más lejanos.
Sensible película del cineasta turco Semih Kaplanoglu, con la que remata su trilogía de Yusuf –que también componen Leche y Huevo–, y que se hizo acreedora del Oso de Oro en Berlín. La trama es minimalista, y combina cierto realismo casi documental, al estilo iraní, que incluye la cotidianeidad, el costumbrismo y las fiestas, con el aspecto onírico de conexiones entre personas y premoniciones. La mirada es la de la infancia, pero está presente además como un personaje más la naturaleza hostil y amenazante. La inevitable tragedia se aborda con sobriedad.

El invitado

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Tobin Frost, un antiguo agente de la CIA vendido en la actualidad al mejor postor, ve peligrar su vida en medio de una operación de alto riesgo, hasta el punto de pedir asilo en la embajada de Estados Unidos en Ciudad del Cabo, en Sudáfrica. Será trasladado para su interrogatorio a una de las “casas seguras” en la ciudad, de la que se ocupa el novato agente Matt Weston. Pero se ve que “el invitado” molesta a gente poderosa, pues el refugio es asaltado, y Matt no tiene más remedio que huir con el prisionero y vagar de aquí para allá mientras espera instrucciones de sus superiores sobre el modo de proceder con el espía traidor.
Irregular película trepidante de espionaje, con nombres desconocidos en el guión y la dirección, los prometedores (al menos para los estudios de Hollywood) David Guggenheim y Daniel Espinosa. Entretenida sin duda, el film cuenta con dos buenos actores protagonistas, Denzel Washington y Ryan Reynolds, más una pléyade de eficaces secundarios a los que les falta un poco más de cancha (Vera Farmiga, Brendan Gleeson, Sam Shepard, Rubén Blades, Robert Patrick).
La película juega con el clásico esquema de “veterano-principiante”, “guardián-prisionero”, donde a veces se cambian las tornas, más el telón de fondo de unos turbios servicios secretos con oscuras cuestiones que ocultar y una absoluta falta de principios. Todo suena a visto, y muchos modos de hacer avanzar la trama son clichés muy previsibles –traiciones, complicidad con los medios de comunicación...–; y un detalle como situar la trama en Sudáfrica no aporta nada, la acción podía transcurrir en cualquier otra parte. Además el montaje del arranque y algunas escenas de acción, aunque sean muy dinámicas y dejen al espectador sin resuello, resultan un tanto confusas.

Camino a la libertad

Decine21
Siberia, 1940. El polaco Janusz ha sido enviado al gulag, y comparte penosas condiciones de vida con los otros prisioneros. Pesa en su alma que ha sido condenado por la falsa delación –obtenida bajo tortura– de su propia esposa. Una vez allí, sólo piensa en escapar, tarea aparentemente imposible, pues por sus condiciones climáticas extremas, Siberia entera es una prisión. A pesar de ello, aprovechando una ventisca, emprenderá la huida con otros seis hombres, de los que poco a poco iremos conociendo su historia.
Película basada libremente en los recuerdos del personaje polaco real Slavomir Rawicz, plasmados en un libro, y cuya veracidad ha sido puesta en duda desde 2006, cuando el interesado ya había fallecido. Más allá de esta polémica para especialistas, tenemos una trama de enorme interés humano, convertida en sólido y rico guión por Peter Weir y Keith R. Clarke, donde cabría subrayar en cualquier caso el interés de “imprimir la leyenda”, si se nos permite citar a John Ford. Impresiona la descripción del carismático líder del grupo, Janusz, guiado por la bondad, pero también la del desesperanzado americano Mr. Smith, el pastelero dibujante, el sacerdote letón, el buscavidas Valka, etc, o la de la misteriosa polaca Irena, a la que encuentran en el camino. La información sobre ellos se dosifica convenientemente, y el conjunto sirve para ofrecer un precioso cuadro sobre la condición humana, sus cualidades y limitaciones, francamente inspirador. Los diálogos están muy bien escritos, y los actores, no más de una decena que tenga alguna importancia, están sobresalientes, tanto los más conocidos –Ed Harris, Jim Sturgess, Colin Farrell, Saoirse Ronan– como los rusos y polacos. Además, en la versión original, el uso de los distintos idiomas, con predominio del inglés, se justifica de modo razonable.
Weir es un cineasta que maneja a la perfección las fuerzas de la naturaleza como marco misterioso y vivo donde se desarrollan sus historias, piénsese en Picnic en Hanging Rock, o más recientemente, en Master and Commander. Al otro lado del mundo. Aquí vuelve a dar una lección al respecto, en la rica variedad de elementos naturales bellos pero hostiles: la nieve y las rocas de la montaña, los impresionantes bosques, el hielo y los mosquitos del lago, el viento, la arena y los espejismos del desierto... Gracias a su talento visual y a su sentido narrativo, el cineasta australiano compone planos y pasajes hermosos, y de alto contenido dramático, sirvan de botón de muestra el fugado congelado, el paso del lago, o el hallazgo del agua que calma la sed.

El enigma del cuervo

Decine21
En El hombre de Chinatown, fallida intentona de Wim Wenders de triunfar en Hollywood bajo la tutela de Francis Ford Coppola en la producción, el escritor Dashiell Hammett se veía envuelto en una trama de asesinatos típica de sus novelas. También iba en la misma línea El secreto de los hermanos Grimm, de Terry Gilliam, protagonizada por los célebres recopiladores de cuentos infantiles. Ahora, James McTeague, delfín de los hermanos Wachowski que ejerció como ayudante de dirección en Matrix, y que debutó como realizador con V de vendetta, hace lo propio con el autor romántico y precursor del decadentismo Edgar Allan Poe, inventor del relato detectivesco y referencia universal de la literatura de terror.
El enigma del Cuervo, con un guión de Hannah Shakespeare (La boda de mi mejor amigo) y el debutante Ben Livingston, se sitúa en 1849, durante los últimos días del autor de "La caída de la Casa Usher", cuando tiene problemas con el alcohol y sobrevive publicando críticas literarias para un periódico cuyo director no comulga con su excesiva sinceridad. No resulta extraño que el padre de Emily Hamilton, su amada, desapruebe la relación. Mientras ultima con Emily un plan para anunciar en un baile de disfraces su boda, la policía investiga un asesinato que copia al pie de la letra el que se narra en el relato del escritor "Los crímenes de la calle Morgue". Será la primera de una serie de reconstrucciones de los pasajes más macabros de Poe, que ayudará al detective Emmet Fields a investigar el caso.
McTeague filma un thriller convencional pero lo suficientemente ameno, donde sobresale una ambientación gótica de lo más sugerente. En El enigma del cuervo sorprende, como era de esperar, la caracterización de John Cusack, que compone un Edgar Allan Poe muy de carne y hueso, genial como escritor pero con problemas graves y cierta propensión al egocentrismo. El director ha escogido para acompañarle a un casting ajustado, donde Alice Eve (Ni en sueños) demuestra su potencial interpretando a la novia del protagonista, mientras que el gran Brendan Gleeson consigue dar humanidad al obstinado padre de ésta.
En El enigma del cuervo no pretende mantener a ultranza la rigurosidad histórica y se toma numerosas licencias que los incondicionales de Poe captarán inmediatamente. Por poner un ejemplo, una de las víctimas de los asesinatos es nada menos que su rival, Rufus Wilmot Griswold, que en la realidad le sobrevivió y se dedicó a difamarle tras su muerte. Sin embargo, los amantes de su legado literario disfrutarán con las numerosas referencias a sus escritos, que por otro lado no entorpecen el visionado para los profanos. Lo mejor, es que Teague ha logrado captar el romanticismo del responsable del poema "Annabel Lee", pues la historia de amor reñido pero incondicional y desgarrador es sin duda lo más interesante del film.

Blancanieves y la leyenda del cazador

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"Blancanieves", cuya versión más conocida es la de los hermanos Grimm, es uno de los cuentos de hadas más populares. Abundan las versiones televisivas y cinematográficas, que han abordado la inmortal historia con diversos enfoques, que van desde la fidelidad al original de Blancanieves y los siete enanitos, la adaptación animada de Walt Disney, sin duda la más conocida, hasta las versiones en clave de terror (Blancanieves: un cuento de terror, con Sigourney Weaver como madrastra), y el musical cómico (Blancanieves y los tres vagabundos, de Walter Lang). Esta nueva versión, Blancanieves y la leyenda del cazador, sigue libremente la trama original, en clave de fantasía medieval, cercana por momentos a la trilogía de El Señor de los Anillos, de J.R.R. Tolkien, llevada al cine por Peter Jackson.
Ravenna, una malvada bruja, contrae matrimonio con el monarca viudo de un próspero reino, y tras asesinarle, usurpa el trono, y encierra a la heredera, Blancanieves, en una inhóspita torre. Cuando ésta logra escapar inesperadamente tras años de cautiverio recala en un bosque encantado del que casi nadie consigue volver. Para atraparla, Ravenna recurre a los servicios de Eric el cazador, un hombre desconsolado por la muerte de su esposa, que conoce el lugar. Pero cuando llega el momento de entregar a la joven, Eric se da cuenta de que está del lado equivocado.
Prometedor debut en el cine de Rupert Sanders, de dilatada trayectoria como realizador de anuncios de videojuegos, licores, etc., muy alabados por los expertos del sector. Sanders deja claro con Blancanieves y la leyenda del cazador que tiene por delante mucha carrera componiendo imágenes de enorme potencia visual. Su film supera ampliamente a Blancanieves (Mirror, Mirror), la particular versión del indio Tarsem Singh, que se estrenó poco antes.
Para empezar, las interpretaciones son más realistas. Cabe destacar el trabajo de la todoterreno Charlize Theron, como una madrastra más tridimensional y amenazadora que la encarnada por Julia Roberts en aquélla. Su maldad está más justificada, pese a que se supone que la otra narraba la historia desde su punto de vista. También la protagonista de Crepúsculo, Kristen Stewart, se revela en el papel de Blancanieves como una joven actriz de mayor proyección que Lily Collins. Asímismo, sorprende gratamente Chris Hemsworth, en un papel de héroe –el cazador– con más matices dramáticos que el Thor que le ha hecho famoso. El realizador aprovecha también que cuenta con un nutrido elenco de secundarios del que forman parte Toby Jones, Ian McShane, Ray Winstone, Nick Frost y Bob Hoskins.
De ritmo dinámico y ambientación muy oscura, Sanders logra que funcionen las secuencias épicas, los momentos en los que predominan elementos de mitología en la línea de Legend y Cristal oscuro, y pasajes de intensidad dramática. Los personajes de Blancanieves y la leyenda del cazador están llenos de carisma, y a pesar de que el conjunto se inscribe en el género fantástico tiene un tono creíble y realista. Sorprende al espectador a pesar de seguir en líneas generales a los hermanos Grimm, de los que rescata por ejemplo el comienzo, con las gotas de sangre de la madre de la protagonista cayendo sobre la nieve.

Acto de valor

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Una agente de la CIA es capturada en Centroamérica, mientras investiga acerca de la supuesta colaboración entre un contrabandista y el jefe de un grupo de terroristas islámicos. Todo apunta a que planean un atentado a gran escala en Estados Unidos. Un comando de los Navy SEALS recibirá la misión de rescatar a la prisionera.
Acto de Valor hace apología de las fuerzas especiales del ejército de Estados Unidos, y más exactamente de los Navy SEALS, que por lo visto pasan por ser uno de los grupos mejor preparados del mundo. Acto de valor narra los aconteceres de una misión bélica de alto riesgo. Está bien rodada y contiene espectaculares secuencias de acción. Sin embargo, los personajes son meros clichés, desde los malos de pacotilla hasta los supuestos protagonistas, de los cuales sabemos bien poco. Además, su linealidad de planteamientos y su guión epidérmico resta épica al conjunto, de manera que éste adquiere un innegable toque de simple episodio televisivo.
Está claro que Acto de Valor está concebida para tocar el corazón patriótico de los estadounidenses, como si quisiera empujar a los jóvenes a alistarse para dar la vida por su país. Una voz en off narra cómo es un soldado del grupo, cómo es su honor, su valentía, la unidad con sus compañeros, etc., mientras va escribiendo una carta dirigida a su hijo... Todo bastante yanqui. Y para vender más aún el producto, los personajes de Acto de valor son verdaderos Navy SEALS en activo, lo que por un lado aporta sin duda verosimilitud a sus maniobras y acciones reales, pero por otro resta capacidad interpretativa.

viernes, 26 de octubre de 2012

Tomates verdes fritos

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Film que fue un éxito relativamente inesperado en taquilla, pese a basarse en una novela de Fannie Flagg candidata al Pulitzer. La misma autora firmó el guión, que bascula entre dos historias que discurren en el Sur de Estados Unidos. Una, actual, afecta a Evelyn Couch, anodina ama de casa, acostumbrada a ser ignorada por su tosco marido, quien conoce casualmente en una residencia de la tercera edad a la fascinante Ninny Threadgoode, una anciana que vive allí, y con la que simpatiza enseguida. Ninny deja a Evelyn con los ojos como platos contándole entretenidas anécdotas de las andanzas juveniles, tiempo atrás, de dos mujeres muy amigas: Idgie y Ruth. El relato, mostrado a lo largo de varios flash-backs, cambiará la vida de Evelyn.
Una película femenina, pero que gustará a cualquiera con un mínimo de sensibilidad, y en definitiva a todo el que conozca el significado verdadero de la palabra ‘amistad’. Porque de eso trata en definitiva este film, más allá de la parte de intriga, que figura en la frase promocional de doble sentido ‘¿El secreto de la vida? ¡El secreto está en la salsa!’. Se nos habla de una doble amistad, en el presente y en el pasado. Esa capacidad de compartir penas y alegrías con otra persona, manifestada en el grito de guerra, que muestra complicidad, ‘¡Towanda!’, ayuda precisamente a sobrellevarlas y a gozarlas mejor. Amistad, amor… en los que hay un tiempo para llorar –muchas desgracias sacuden a las protagonistas– y otro tiempo para reír –Evelyn aparcando a la puerta de un centro comercial, por ejemplo. También se nos habla de la posibilidad de cambiar: Evelyn es capaz, como dice a su esposo, de mirarse un día al espejo y reconocer que no le gustó lo que vio. ‘¿Sabes entonces lo que hice?’, le pregunta. ‘Cambié.’
El neoyorquino Jon Avnet no se ha prodigado mucho en la dirección. Ha producido muchos filmes (como Sky Captain y el mundo del mañana), pero sólo ha dirigido pocos largos. Aparte de Tomates verdes fritos, el mejor sin duda, es director de The War (La guerra), un título interesante, y de El laberinto rojo e Íntimo y personal, que dan menos de lo que prometen. Aquí contó con una historia entrañable, y supo llevar todos los sentimientos citados a la pantalla. Conserva ese indefinible romanticismo sureño, y cuenta con cuatro grandísimas actrices: Jessica Tandy (ganadora del Oscar por Paseando a miss Daisy), Kathy Bates (que tiene el mismo galardón por Misery), Mary Stuart Masterson y Mary-Louise Parker.

sábado, 20 de octubre de 2012

Los Vengadores

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Loki, el acomplejado hermano de Thor, aprovecha la apertura de un portal de acceso a la Tierra, en el contexto de un experimento militar, para apoderarse del Teseract, un artilugio cúbico que le puede dar la clave para adueñarse del planeta con un poderoso ejército alienígena. Enormemente preocupado, Nick Furia pone en marcha con discreción desde S.H.I.E.L.D., una misteriosa organización, el proyecto de “Los Vengadores”, una reunión de superhéroes que, unidos, pueden constituirse en los guardianes de la Tierra. Ellos son Iron Man (el famoso magnate Tony Stark), Hulk (el doctor Bruce Banner), el capitán América (Steve Rogers), Thor, la Viuda Negra (la agente Natasha Romanoff) y Ojo de Halcón (Clint Barton), y deben dejar a un lado sus egos, correr el riesgo de ser manipulados por los que mandan, y soportar con paciencia las provocaciones del petulante Loki, para cumplir sus objetivos. Furia cuenta con la competente colaboración de sus ayudantes Hill y Coulson.
Marvel Los Vengadores es la película con mayor densidad de superhéroes Marvel por fotograma de la historia del cine. Tras irlos presentando uno a uno en anteriores filmes, los personajes creados por Stan Lee y Jack Kirby tienen al fin una historia que los reúne a todos, igual que ocurrió en el cómic desde 1963. Se pone tras la cámara Joss Whedon, bien conocido por ser el creador de la popular serie televisiva Buffy, la cazavampiros, además de haber participado en guiones de filmes tan importantes como Toy Story. Y hay que reconocerle el mérito de un libreto sólido y coherente, donde el argumento “salvar la Tierra” es mera excusa para construir razonablemente a los personajes y sus relaciones, con un divertido sentido del humor que descubre el matiz que define la personalidad de cada uno y da pie a determinados roces. Sirva de botón de muestra de sus gags el relativo a las malas relaciones fraternales de Loki y Thor, definidas con guasa como Shakespeare en malo, una divertida alusión a la dirección de Thor por parte del shakespeareano Kenneth Branagh. Incluir tanto personaje, y que ningún actor pueda quejarse de que no se le han dado un puñado de escenas interesantes, es un logro indudable de Whedon. Incluso los no-superhéroes tienen presencia, incluida Potts, la eficaz secretaria de Stark, o el científico Selvig. El estelar reparto parece encontrarse, definitivamente, muy a gusto, no parece que se hayan pegado para robar plano.
El capítulo de los efectos especiales brilla por su espectacularidad en Marvel Los Vengadores. A estas alturas parece que queda poco por inventar, pero ver a Hulk arremetiendo contra un caza, o darse de bofetadas con Thor, el camuflaje de la fortaleza espacial y Iron Man tratando de solucionar ciertos desperfectos, más la espectacular invasión y destrozos de Nueva York por una especie de escorpiones gigantes, constituyen momentos que son un regalo para los sentidos, especialmente en una gran pantalla de cine. Sobre el uso del 3D, puede ayudar a hacer más vistosos algunos pasajes, pero la verdad, no aporta gran cosa, una vez más, aparte de justificar el sobreprecio de una entrada para sufragar los gastos del costoso juguete en que consiste el film.

Battleship

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Los científicos han descubierto un lejano planeta de condiciones semejantes a la Tierra y allá lanzan una señal de comunicación, a ver si tienen respuesta. La tienen. Cinco naves espaciales no llegan en son de paz, sino que montan la marimorena en plenas maniobras navales de una fuerza internacional cerca de Hawai. Por suerte el hasta entonces desastroso e indisciplinado teniente Alex Hopper seguirá los ejemplares pasos del deber de su heroico hermano, el capitán Stone. Sus hombres serán unos valientes, e incluso su rival, el capitán japonés Nagata, será un inestimable aliado, Pearl Harbour ya es agua pasada. E incluso Sam, la novia de Alex, se comportará con coraje formando equipo con el lisiado veterano de guerra Canales.
Battleship es una adaptación del juego de los barquitos de toda la vida, o “Hundir la flota”, como se conoce en España la versión más sofisticada con tablero comercializada por Hasbro. Como puede imaginarse, el juego no tiene argumento, lo que permite a director y guionistas inventarse una invasión alienígena, y enfrentar a la Marina con los extraterrestres. La película no engaña, es puro entretenimiento, en la línea de las que nos suelen servir Roland Emmerich o Michael Bay. De modo que el principal logro en el guión de los hermanos Jon Hoeber y Erich Hoeber, es el modo en que están presente los clásicos disparos a ciegas entre dos contendientes, con maniobras brillantes. Pues en el resto tenemos personajes y situaciones muy elementales: militar con talento pero indisciplinado que aprende, soldados y “soldada” corajosos, patriotismo con espacio destacado para los veteranos, entendimiento entre las naciones... Hay simplezas como la de comparar a Colón (y los españoles, se sobreentiende) con los alienígenas por su afán destructor, pero en fin, no debería dársele más importancia.
Por lo demás, en Battleship, hay elaborados efectos especiales, con alienígenas con coraza a lo Iron Man y naves a lo Transformers, software para manejar las aguas, y pasajes más o menos adrenalíticos. Está claro que el film podía haberse aligerado –¿de verdad aporta algo el partido de fútbol o la destrucción de parte de Hong Kong?–, pero los productores de este tipo de cintas veraniegas (o casi) no se quedan tranquilos sin su ración de largo metraje, piensan que el tamaño importa. Dirige Peter Berg, que hizo la realista y más o menos lograda La sombra del reino, pero la claramente fallida Hancock, y lo hace con oficio y poco más.
En los actores no se ha hecho mucho gasto, pero hay ideas con gancho (o mejor dicho, con prótesis), como la de reclutar en su primer papel para el cine al veterano que perdió dos piernas en Irak Gregory D. Gadson (en la línea, y por favor, no comparemos las dos películas, de lo que hizo William Wyler en Los mejores años de nuestra vida con Harold Russsell), un emotivo ejemplo de superación en circunstancias difíciles que no se ocultan.
Además está la cantante Rihanna, que debuta, o la modelo bañista Brooklyn Decker. Sobre Taylor Kitsch es de suponer que algún ejecutivo estará rezando para que no pase con el film lo del fiasco John Carter.

viernes, 21 de septiembre de 2012

Sherlock Holmes. Juego de Sombras

Decine21
Sherlock Holmes se diría que anda algo celoso ante los inminentes planes de boda de su buen amigo, el doctor Watson, sus compartidas aventuras podrían no ser lo mismo ante la nueva etapa conyugal. Sea como fuere, el caso es que ambos se van a ver envueltos, en lucha contra el villano profesor Moriarty, en una conspiración de proporciones insospechadas, donde las acciones descontroladas de los anarquistas quieren ser aprovechadas para imponer un nuevo orden mundial.
 
Como ya ocurría en Sherlock Holmes, Guy Ritchie retoma las andanzas del archicélebre detective reconvirtiéndolas en un gran espectáculo visual modernillo de aventuras, con un amplio lienzo que le hace visitar varios países europeos, y con la excusa argumental –urdida por el matrimonio de guionistas de Michele Mulroney y Kieran Mulroney–, que alude a anarquistas, terrorismo y totalitarismos, cuestiones que puede comprender bien el espectador actual. A ello se añade la mente maléfica de Moriarty, un malo que no parece de este mundo, y que podría conectar de alguna forma con el Joker versión Christopher Nolan en El caballero oscuro. En tal sentido, todo el duelo final con Holmes, su particular partida de ajedrez, resulta verdaderamente brillante, lo mejor de la cinta.
 
Una película entretenida, pero irregular, que requiere cierta complicidad. El ritmo trepidante con que se sirve la historia, con escenas al ralentí tipo Matrix donde Richie parece sentirse muy a gusto, a veces resulta adecuado, pero otras tantas llega a ser demasiado apabullante, aturde en exceso. Por suerte Ritchie y su equipo de guionistas saben jugar las bazas de la intriga y del sentido del humor con buen tino, aprovechando el buen hacer de Robert Downey Jr. y Jude Law, y también introduciendo al hermano mayor de Sherlock, un divertido Stephen Fry. Jared Harris como Moriarty es correcto, y menos fortuna tiene Noomi Rapace, con su gitana hermana de un anarquista, personaje demasiado esquemático.

sábado, 4 de agosto de 2012

Blancanieves (Mirror, Mirror)

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Continúa la moda de revitalizar los cuentos tradicionales, renovando más o menos su argumento, en la línea de Por siempre jamás,Shrek y Alicia en el País de las Maravillas. Dos Blancanieves llegan a las carteleras casi simultáneamente, pues ésta se estrena poco antes que Blancanieves y la leyenda del cazador, con Kristen Stewart y Charlize Theron.
En esta ocasión, la madrastra rememora su historia. Se trata de una hechicera que se mantiene joven y guapa gracias a tratamientos de belleza extremos, se casó con el monarca de un lugar próspero donde la gente era bastante feliz, le hizo desaparecer, y mandó asesinar a Blancanieves, la heredera del reino. Pero a ésta le deja escapar su verdugo –agradecido porque tiene un buen recuerdo de su padre–, por lo que se refugia en la casa de siete enanos ladrones. Se ha enamorado del Príncipe de Valencia, un joven un tanto arrogante, pero guapo y refinado.
Aunque el planteamientopromete dar la otra versión del famoso relato, en algún momento de la preproducción se ha optado por olvidarse por completo de la idea. Desde luego no apuesta por tratar de entender más a la villana en la línea de King Kong, de Peter Jackson, por poner un ejemplo. Las novedades van por otro lado, pues ofrece bastante humor sencillo, duelos a espada y acción, y una protagonista muy ajustada al siglo XXI, muy lejos de ser aquella joven a la que se engaña fácilmente con una manzana, o que necesita ser salvada con un beso del príncipe. En esta ocasión, ella lleva la batuta por completo. Blancanieves (Mirror, Mirror) mantiene el tono familiar, aunque incluye algún guiño para mayores un poco más atrevido.
Tarsem Singh –que cuando tiene un guión sugestivo rueda la potente The Fall. El sueño de Alexandria– ha entregado ésta muy poco después de Immortals. Aporta un enorme esfuerzo por crear imágenes visualmente rompedoras, y un aire de irrealidad que cuadra muy bien con la historia. El cineasta indio llega al extremo de cerrar el film con un número musical a lo Bollywood. Sus actores resisten el envite más o menos, sobre todo Julia Roberts, que expresa una gran comicidad. El galán Armie Hammer, que no para de trabajar desde su doble papel en La red social, da el tipo. No deslumbra, pero tampoco desentona Lily Collins, que fuera la hija de Sandra Bullock, en The Blind Side (Un sueño posible).

Intocable

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Philippe, un millonario tetrapléjico, escoge contra pronóstico a Driss, un inmigrante negro de los suburbios parisinos que ha tenido problemas con la justicia, como asistente personal. El motivo de tan sorprendente elección reside en que Driss dice siempre lo que piensa, no se anda con tapujos ni se embosca en falsas compasiones, y su jefe piensa que alguien así es precisamente lo que necesita en esa etapa tan difícil de su vida.
Olivier Nakache y Eric Toledano escriben y dirigen Intocable, una película basada en hechos reales, aunque tamizada por el humor, el tono de su trabajo es de comedia, aunque no falten los momentos dramáticos. Aciertan los autores en su dibujo de “la extraña pareja”, saben darnos en el momento justo la información que necesitamos de los personajes, la viudez de Philippe, su hija adolescente, su amor platónico, y la complicada familia de Driss y el modo en que llegó a Francia.
Domina en la narración el tono ligero, estamos ante una película desengrasante. No es que se quite hierro a la difícil vida de alguien en el estado de Philippe, pero sí hay un intento de desdramatizar, con abundantes gags, donde la química entre François Cluzet y Omar Sy es perfecta, demostrando este último actor ser un auténtico “ganso”, algunos de los momentos que brinda son realmente desternillantes. Las bromas son en general elegantes, tienen estilo, aunque no falte alguna frivolidad acorde a la visión de la sexualidad dominante en la actualidad

La invención de Hugo

Decine21

París, tras la Primera Guerra Mundial. El pequeño Hugo Cabret, que ha heredado de su padre el gusto por los inventos, se ha quedado huérfano. Y tras desaparecer su viejo tío borrachín, que se ocupaba del mantenimiento del reloj de la estación de tren, vive solo en la torre, junto a la complicada maquinaria que ayuda a marcar las horas, sin que nadie lo sepa. Toda su ilusión es poner en marcha un autómata que andaba reparando su padre, y que cree que le ayudará a dar un sentido a su vida. Le ayudará Isabelle, que siempre ha deseado vivir una ventura, y se encuentra bajo la tutela de sus padrinos Georges y Jeanne. El viejo Georges regenta una tienda de juguetes mecánicos, de la que de vez en cuando Hugo birla piezas, y está amargado por algún suceso indeterminado del pasado.
Imaginativa adaptación de un libro infantil de Brian Selznick -pariente del mítico productor David O. Selznick-, con guión de John Logan, que ya había colaborado con Martin Scorsese en El aviador. Por fin el director italoamericano entrega una película infantil disfrutable por pequeños y grandes –no nos parece que el “ladrillo” Kundun entre en las categorías de “infantil” y “disfrutable”–, su historia de un huérfano al que intenta capturar el lisiado y cuadriculado inspector de la estación, que trata de resolver un enigma atravesando mil aventuras en compañía de una amiga, con la moraleja de encontrar el propio sitio en el mundo, arreglando lo que está roto, está perfectamente servida. Nunca es ñoña y desprende emociones genuinas, tiene magia y el encanto de un relato de Charles Dickens.
Además Scorsese asume con La invención de Hugo el reto de rodar una película en 3D, y lo hace con brillantez, sacando todo el partido al formato, de modo que la deslumbrante imaginería –maravilloso diseño de producción de Dante Ferretti– luce en todo su esplendor, el apartado visual del que es responsable el director de fotografía Robert Richardson resulta deslumbrante, y la música de Howard Shore acompaña muy bien. El cineasta se suma al selecto grupo de colegas –James Cameron, Wim Wenders, Werner Herzog...– que sí saben utilizar la tridimensionalidad en sus historias, lo suyo no es la simple excusa de otros para que la productora haga más “caja”. Destaca el partido que se saca al tren que quiere salirse de la pantalla, guiño a los Lumière, pero también en los planos picados y contrapicados, e incluso en algunos primeros planos, y ello de un modo nada artificial, justificado por lo que se está contando. El ritmo es muy dinámico, no en balde colabora por enésima vez con Scorsese en el capítulo de montaje Thelma Schoonmaker
Scorsese es un estudioso del cine, que ha publicado libros y hecho documentales para llamar la atención sobre los grandes maestros del Séptimo Arte, desconocidos con demasiada frecuencia por el gran público. Ahora suma a tal faceta este film que rescata a grandes genios del cine mudo del olvido, ahí está presente como personaje el gran mago y pionero del cine francés, Georges Méliès, a cuyos logros se rinde homenaje, pero también, aparte de los mentados hermanos Lumière, Harold Lloyd, Charles Chaplin, etc. Una magnífica pedagogía de los orígenes del cine, en forma de entrañable película familiar.
Acierta el director en el reparto de La invención de Hugo. Los chavales protagonistas resultan encantadores, mientras que Ben Kingsley, que ya hizo a un eficaz Faggins en el Oliver Twist (2005) de Roman Polanski, encaja muy bien como el cascarrabias Georges. No es cuestión de hacer aquí el repaso completo de los actores secundarios, pero merece la pena destacar las composiciones de Sacha Baron Cohen y Emily Mortimer, su delicada historia de amor da pie a un par de escenas memorables.
Puestos a poner un “pero” al film, podemos decir que el secreto del estado de decaimiento de Georges no encuentra una explicación plenamente satisfactoria, uno esperaba algo de más calado. Pero en fin, como decía Billy Wilder, “nadie es perfecto”.

Pío XII

Decine21


Acercamiento a la emblemática figura del papa Pío XII en los difíciles años de la Segunda Guerra Mundial, quien tuvo que pasar por una de las peores situaciones mundiales de la historia: el surgimiento del Tercer Reich. Su dilema de alzar la voz o trabajar discretamente para salvar vidas se alterna con la descripción del sufrimiento de los judíos, representados sobre todo a través de Miriam, hija de un librero viudo y con un hermano pequeño, que se debate entre el amor de Marco, un universitario cristiano, y Davide, un judío espabilado que se desenvuelve muy bien en el mercado negro.
Cuidada miniserie de más de tres horas de metraje, producida por la RAI y Lux Vide. La historia, que se esfuerza por poner rostro humano a la tragedia, se centra como es lógico en los esfuerzos pontificios y de tantos hombres de la Iglesia por intentar salvar los miles de judíos de Italia. Así, narra cómo el Papa llegó a un acuerdo con un general alemán católico para que se consideraran las iglesias y conventos romanos, propiedad de la Iglesia, protegidos por la extraterritorialidad del Vaticano, estado neutral en la guerra, lo que permitió refugiar entre sus paredes a miles de judíos.
Sin ser memorable -la miniserie dirigida por Christian Duguay abusa de cierto enfatismo subrayado por la partitura musical- el resultado ofrece una "foto" bastante completa de la delicada situación que tuvo que afrontar Pío XII, no se rehúye la famosa polémica acerca de su silencio. Efectivamente, el Papa, no hizo una condena pública del régimen porque pensó que como represalia, sus palabras llevarían a la muerte a miles de judíos, de lo que existía un precedente en el episcopado holandés; con ese silencio –tan criticado y vilipendiado– el Papa salvó a miles y miles de hombres y mujeres de la barbarie nazi. Se alude a demás a aspectos menos conocidos sobre el Papa y el nazismo, como su papel en una encíclica previa, leída en las iglesias alemanas, que condenaba el nazismo; o los planes felizmente frustrados para secuestrar al mismísimo pontífice.
Es de justicia subrayar al grandísimo trabajo interpretativo de James Cromwell (L.A. Confidential), un Pío XII muy convincente, con algunas escenas memorables, sobre todo aquellas en que tiene que lidiar con los oficiales alemanes, lo que hace situándoles ante su propia conciencia.

Maktub

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Algo en el hogar de Manolo no marcha bien. Casado con Beatriz y con dos hijos, las relaciones familiares se han ido deteriorando progresivamente. Cercana la Navidad, tal situación podría cambiar por el encuentro inesperado de Manolo con Antonio, un chaval que padece cáncer, hijo de madre soltera, Mari Luz. Con su liante desparpajo, Antonio logra enredar a Manolo para que le preste un poco de su afecto y tiempo, y esta posibilidad de ayudar al prójimo tendrá un efecto contagioso en todo su entorno.
Una grata sorpresa. Esta película familiar con formato de cuento navideño, escrita y dirigida porPaco Arango, hasta ahora curtido con la creación de las series televisivas ¡Ala... Dina! y El inquilino, tiene la nada desdeñable virtud de funcionar. Porque no es tan sencillo manejar los recursos típicos -y por tanto, manidos- de este tipo de filmes, con idea de divertir y conmover, apelando a los buenos sentimientos del espectador, y lograrlo. Arango alcanza el deseado equilibrio entre comedia y drama, y propone una fábula con enseñanzas sobre el sentido de la vida y la enfermedad, hablando sin complejos ni empachos de la muerte, la trascendencia, el amor, la capacidad de perdonar, la fidelidad y las relaciones entre padres e hijos. Y en singular mezcla de géneros, hasta se permite una sorpresa final casi de thriller o “cuento asombroso”, que ciertamente se ve venir, pero que está eficazmente entregada.
Hay un acierto completo en el casting, Arango tiene a un grupo de actores que se mueven bien en un terreno donde deben a la vez provocar risas y mover a la reflexión por sus distintas encrucijadas, qué grandes son Aitana Sánchez Gijón, Amparo Baró, Goya Tolelo, Mariví Bilbao,Enrique Villén, Rosa María Sardà, e incluso sólo cabe calificar de inteligente el fichar al popular “perdido” Jorge García como inmigrante mexicano repartidor de comida rápida. Diego Peretti es perfecto para el buscado efecto tragicómico, da el tipo de hombre agobiado que a la vez nos hace reír. El resto de adultos, muy bien escogido, cumple sobradamente. Puestos a destacar un actor -y todos los chavales están muy bien-, se lleva la palma el joven debutante Andoni Hernández, el chico enfermo, que compone un personaje clave con la solidez de todo un profesional.

domingo, 20 de mayo de 2012

La guerra de los botones

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La Francia ocupada por los alemanes en 1944. Aunque la atmósfera está enrarecida, en los pueblecitos de Longeverne y Velran se vive la guerra con cierta tranquilidad, pero no así entre los chicos de ambos pueblos, cuya rivalidad porque unos cazan en territorio de los otros les lleva a mantener sus particulares batallas, donde la prueba de la victoria de unos sobre otros son los botones que se arrancan de sus prendas de vestir. Lebrac, líder de uno de los grupos, vivirá su primer amor hacia Violeta, una chica que guarda un secreto. Y todos aprenderán que la guerra que libran los mayores es más importante que la suya.
La novela homónima de Louis Pergaud fue llevada al cine con bastante fortuna por Yves Roberten 1962 hasta convertirse en una especie de clásico familiar en el país galo. Menos fortuna tuvo una producción de David Puttnam que adaptaba la historia al mundo anglosajón. Ahora esChristophe Barratier, el director de Los chicos del coro, quien revisita la conocida trama. La principal novedad consiste en situarla en el contexto de la Segunda Guerra Mundial, o sea, encerrar una guerra dentro de otra, lo que explica que el título original aluda a una "nueva" guerra de los botones. Ello permite dar algo más de peso a los adultos, introducir cuestiones como el antisemitismo, y tratar una interesante idea, la de cómo juzgan los niños y jóvenes a sus mayores, a veces injustamente.
Aunque a ratos Barratier se pasa un poco de sensiblero, en líneas generales entrega una grata película familiar, buen retrato de la infancia y de las etapas de transición a la edad adulta. Algunas mezquindades de un chico que podrían tener terribles consecuencias no previstas, hacen pensar en esa obra maestra de Louis Malle titulada Adiós, muchachos. Barratier confirma que se le da de perlas escoger a actores jóvenes para sus películas, y de modo especial acierta con el pequeñajo Clément Godefroy como le petit Gibus, un chaval con una gracia y encanto que se ganan inmediatamente la simpatía del espectador.

La dama de hierro


Decine21
Phyllida Lloyd, que ya dirigió a Meryl Streep enMamma Mia!, recurre de nuevo a la prodigiosa actriz para el biopic de Margaret Thatcher, primera mujer elegida líder del Partido Conservador británico, y también la única que ha llegado a ser Primera Ministra del Reino Unido, tarea que desempeñó entre 1979 y 1990.
Presenta a la protagonista ya anciana, afectada por la demencia senil, que a veces cree que sigue estando en el poder, y que conversa con su marido ya fallecido. Entre malas pasadas de su memoria, visitas de su hija, etc., Thatcher rememora los momentos clave de su vida.
Resumir la amplísima trayectoria de la mandataria era una labor muy difícil, y la cinta de Lloyd repasa momentos clave como su ascensión en un mundo de hombres, su llegada al 10 de Downing Street, la Guerra de las Malvinas, el atentado del IRA al que sobrevivió, las manifestaciones contra su política de subida de impuestos, etc. En todos ellos está bastante explicada la postura de la líder británica, pero no profundiza en ninguno, y se echan de menos otros tantos asuntos en los que tuvo que ver como su presión para expulsar a Saddam Hussein de Kuwait o su política europea, mientras que su alianza con Ronald Reagan queda muy brevemente apuntada. Sólo parece tener cierto peso su relación con su marido – un excelente Jim Broadbent–.
Por otro lado, aunque hilvanar el film desde los recuerdos de la protagonista en su vejez es un recurso eficaz al principio, la directora acaba abusando de las secuencias de la última parte de su vida, la mayoría de ellas totalmente innecesarias.
Como era de esperar, el principal foco de interés de esta producción reside en la magistral interpretación de Meryl Streep. A pesar de su solvencia probada no era un reto fácil, pues aunque la actriz ya ha interpretado muchos personajes reales a lo largo de su trayectoria (la escritoraKaren Blixen, la periodista Susan Orlean, la sindicalista Karen Silkwood, etc.), lo cierto es que ninguna de ellas era físicamente tan reconocible como Margaret Thatcher. Con ayuda de una caracterización asombrosa, Meryl Streep realiza un trabajo de primera división, comparable con la labor de Helen Mirren en La reina, o de Colin Firth en El discurso del rey. Una pena que el resto del film no esté a la altura de los logros de estas producciones.

Arrugas


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Primer largometraje como director de Ignacio Ferreras, que ha colaborado en los 'storyboards' de Asterix y los vikingos y la serieRugrats. Le produce Manuel Cristóbal, todo un veterano de la animación hispana, pues ha estado detrás de títulos como El bosque animado, El sueño de una noche de San Juan, o El lince perdido. Ambos acometen la adaptación de la novela gráfica homónima de Paco Roca, con la que ganó el Premio Nacional de Cómic en 2008. Han logrado la hazaña de colarse entre los finalistas a los premios Annie, los más importantes del mundo de los dibujos animados, y entre los 18 finalistas previos a las nominaciones para el Oscar al mejor largometraje animado.
Emilio ha pasado toda su vida trabajando duramente, como director de una sucursal bancaria de barrio, para sacar adelante a su familia. Pero tras jubilarse, sufre pérdidas de memoria, y se ha convertido en una carga para su hijo y su nuera, que deciden enviarle a una residencia de ancianos, donde estará mucho mejor atendido. El sitio tiene pocas posibilidades, pues los otros internos se limitan a dormir y comer, no se sabe muy bien si se puede cambiar el canal de la televisión que siempre muestra documentales de animales, la piscina parece instalada únicamente para impresionar a los hijos de los residentes, etc. Pero Emilio entabla amistad con Miguel, un pícaro abuelillo que aunque nació en España ha vivido siempre en Argentina, y que le ayudará cuando su memoria se deteriore todavía más.
El guión, en el que ha intervenido el propio autor de la obra original, traduce milimétricamente las viñetas a la pantalla hasta el punto de que apenas se aprecia nada nuevo. Ha sido traducido en imágenes con una animación bastante limitada pero lo suficientemente imaginativa como para que la historia se desarrolle con la suficiente fluidez. Además, sus personajes son bastante humanos y expresivos, sobre todo algunos secundarios fácilmente reconocibles, como la señora que acumula sobrecitos de te y ketchup para dárselos a su nieto, una mujer que teme que le rapten los marcianos, el que cuenta todo el rato su triunfo como atleta, el viejo verde, etc. Los describe a todos de forma agridulce.
El principal valor del film es que se estrenan pocas cintas sobre residencias de ancianos, y divulga una realidad apenas tratada en el cine, y mucho menos desde el punto de vista de los que van a vivir en una. Y lo hace con extrema sensibilidad hasta el punto de que el final acaba resultando bastante emotivo. Además, trata con enorme inteligencia temas de gran calado, en cierto modo inauditos para una producción de dibujos animados, como la tentación del suicidio en casos de gravedad extrema, el valor del cariño hacia enfermos que no pueden comunicarse, el recurso a la evasión para sobrellevar la tristeza, y sobre todo la necesidad de amistad en los momentos difíciles. Arrugas ofrece una visión positiva de todos ellos, a través de un tono tragicómico, que sin esconder la realidad del tema sobre el que habla, incorpora cierto sentido del humor y muchísima humanidad.

viernes, 18 de mayo de 2012

Jane Eyre

Decine21

Una noche de tormenta en los páramos ingleses, una joven angustiada y sufriente corre desesperada en busca de refugio. La acoge John Rivers, devoto clérigo, que vive con sus hermanas. Y mientras Jane Eyre se repone, recuerda... Recuerda una vida de penalidades, su orfandad, los malos tratos de una cruel tía cuando era niña, la vida en un hospicio, y su llegada a una misteriosa casa para ser institutriz de la ahijada del taciturno pero fascinante Edward Rochester, cuyo agrio carácter tiene su causa en secretos no desvelados... Algo que le une a Jane, aunque ella ha sabido encajar mejor las piezas con aristas de su desdichada existencia.
Modélica adaptación de la novela de Charlotte Brontë. Cary Fukunaga supera con matrícula de honor el desafío de trasladar a la pantalla una obra literaria clásica y muy querida, que ya contaba con buenas versiones, como la que une a Joan Fontaine y Orson Welles -Jane Eyre (Alma rebelde)-, o las dirigidas por Delbert Mann y Franco Zeffirelli. Verdaderamente hay una magnífica conjunción entre el libreto urdido por Moira Buffini -guionista también de Tamara Drewe- y la brillante dirección de Fukunaga, que cambia completamente de registro tras abordar la inmigración con gran realismo y maestría en Sin nombre. Pues el guión tiene perfectamente situados los saltos temporales, y se ha hecho además una impecable labor de condensación, abreviando pasajes como los del orfanato, sin quitar por ello a la cosa ni un ápice de dramatismo. De modo que cobran gran intensidad algunas conversaciones, intercambios dialécticos maravillosos sobre cómo enfocar la propia vida en medio de la contrariedad, de Jane (Mia Wasikowska) con su tía (Sally Fields), el ama de llaves (Judi Dench), el “rescatador” Rivers (Jamie Bell), y, por supuesto, el atormentado Edward (Michael Fassbender). Qué fantástico reparto.
De lo dicho hasta podría deducirse, erróneamente, que estamos ante un film muy literario, con farragosas parrafadas. Nada más alejado de la realidad. Pues al logro de un guión de hierro, se suma el de una narración muy cinematográfica, en que se crea una adecuada atmósfera ya desde los comienzos, esa cámara agitada que refleja el estado anímico de Eyre, acompañada de unas voces deformadas y apenas audibles con las que el espectador es invitado a compartir su turbación. La paleta de colores apagados, la neblina, el caballo asustado, las habitaciones apenas iluminadas, todo contribuye al aire gótico y misterioso de una cinta redonda, donde a cada personaje se le sabe dar un peso, ya sea para destacarlo o para desdibujarlo, véase el caso de la novia oficial de de Edward. Quizá estamos ante la adaptación definitiva de la obra más conocida de la mayor de las hermanas Brontë.