sábado, 20 de octubre de 2012

Battleship

Decine21
Los científicos han descubierto un lejano planeta de condiciones semejantes a la Tierra y allá lanzan una señal de comunicación, a ver si tienen respuesta. La tienen. Cinco naves espaciales no llegan en son de paz, sino que montan la marimorena en plenas maniobras navales de una fuerza internacional cerca de Hawai. Por suerte el hasta entonces desastroso e indisciplinado teniente Alex Hopper seguirá los ejemplares pasos del deber de su heroico hermano, el capitán Stone. Sus hombres serán unos valientes, e incluso su rival, el capitán japonés Nagata, será un inestimable aliado, Pearl Harbour ya es agua pasada. E incluso Sam, la novia de Alex, se comportará con coraje formando equipo con el lisiado veterano de guerra Canales.
Battleship es una adaptación del juego de los barquitos de toda la vida, o “Hundir la flota”, como se conoce en España la versión más sofisticada con tablero comercializada por Hasbro. Como puede imaginarse, el juego no tiene argumento, lo que permite a director y guionistas inventarse una invasión alienígena, y enfrentar a la Marina con los extraterrestres. La película no engaña, es puro entretenimiento, en la línea de las que nos suelen servir Roland Emmerich o Michael Bay. De modo que el principal logro en el guión de los hermanos Jon Hoeber y Erich Hoeber, es el modo en que están presente los clásicos disparos a ciegas entre dos contendientes, con maniobras brillantes. Pues en el resto tenemos personajes y situaciones muy elementales: militar con talento pero indisciplinado que aprende, soldados y “soldada” corajosos, patriotismo con espacio destacado para los veteranos, entendimiento entre las naciones... Hay simplezas como la de comparar a Colón (y los españoles, se sobreentiende) con los alienígenas por su afán destructor, pero en fin, no debería dársele más importancia.
Por lo demás, en Battleship, hay elaborados efectos especiales, con alienígenas con coraza a lo Iron Man y naves a lo Transformers, software para manejar las aguas, y pasajes más o menos adrenalíticos. Está claro que el film podía haberse aligerado –¿de verdad aporta algo el partido de fútbol o la destrucción de parte de Hong Kong?–, pero los productores de este tipo de cintas veraniegas (o casi) no se quedan tranquilos sin su ración de largo metraje, piensan que el tamaño importa. Dirige Peter Berg, que hizo la realista y más o menos lograda La sombra del reino, pero la claramente fallida Hancock, y lo hace con oficio y poco más.
En los actores no se ha hecho mucho gasto, pero hay ideas con gancho (o mejor dicho, con prótesis), como la de reclutar en su primer papel para el cine al veterano que perdió dos piernas en Irak Gregory D. Gadson (en la línea, y por favor, no comparemos las dos películas, de lo que hizo William Wyler en Los mejores años de nuestra vida con Harold Russsell), un emotivo ejemplo de superación en circunstancias difíciles que no se ocultan.
Además está la cantante Rihanna, que debuta, o la modelo bañista Brooklyn Decker. Sobre Taylor Kitsch es de suponer que algún ejecutivo estará rezando para que no pase con el film lo del fiasco John Carter.

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