Decine21
Los científicos han descubierto un lejano planeta de condiciones
semejantes a la Tierra y allá lanzan una señal de comunicación, a ver si
tienen respuesta. La tienen. Cinco naves espaciales no llegan en son de
paz, sino que montan la marimorena en plenas maniobras navales de una
fuerza internacional cerca de Hawai. Por suerte el hasta entonces
desastroso e indisciplinado teniente Alex Hopper seguirá los ejemplares
pasos del deber de su heroico hermano, el capitán Stone. Sus hombres
serán unos valientes, e incluso su rival, el capitán japonés Nagata,
será un inestimable aliado, Pearl Harbour ya es agua pasada. E incluso
Sam, la novia de Alex, se comportará con coraje formando equipo con el
lisiado veterano de guerra Canales.
Battleship es una adaptación del juego de los barquitos de
toda la vida, o “Hundir la flota”, como se conoce en España la versión
más sofisticada con tablero comercializada por Hasbro. Como puede
imaginarse, el juego no tiene argumento, lo que permite a director y
guionistas inventarse una invasión alienígena, y enfrentar a la Marina
con los extraterrestres. La película no engaña, es puro entretenimiento,
en la línea de las que nos suelen servir Roland Emmerich o Michael Bay. De modo que el principal logro en el guión de los hermanos Jon Hoeber y Erich Hoeber,
es el modo en que están presente los clásicos disparos a ciegas entre
dos contendientes, con maniobras brillantes. Pues en el resto tenemos
personajes y situaciones muy elementales: militar con talento pero
indisciplinado que aprende, soldados y “soldada” corajosos, patriotismo
con espacio destacado para los veteranos, entendimiento entre las
naciones... Hay simplezas como la de comparar a Colón (y los españoles,
se sobreentiende) con los alienígenas por su afán destructor, pero en
fin, no debería dársele más importancia.
Por lo demás, en Battleship, hay elaborados efectos especiales, con alienígenas con coraza a lo Iron Man y naves a lo Transformers,
software para manejar las aguas, y pasajes más o menos adrenalíticos.
Está claro que el film podía haberse aligerado –¿de verdad aporta algo
el partido de fútbol o la destrucción de parte de Hong Kong?–, pero los
productores de este tipo de cintas veraniegas (o casi) no se quedan
tranquilos sin su ración de largo metraje, piensan que el tamaño
importa. Dirige Peter Berg, que hizo la realista y más o menos lograda La sombra del reino, pero la claramente fallida Hancock, y lo hace con oficio y poco más.
En los actores no se ha hecho mucho gasto, pero
hay ideas con gancho (o mejor dicho, con prótesis), como la de reclutar
en su primer papel para el cine al veterano que perdió dos piernas en
Irak Gregory D. Gadson (en la línea, y por favor, no comparemos las dos películas, de lo que hizo William Wyler en Los mejores años de nuestra vida con Harold Russsell), un emotivo ejemplo de superación en circunstancias difíciles que no se ocultan.
Además está la cantante Rihanna, que debuta, o la modelo bañista Brooklyn Decker. Sobre Taylor Kitsch es de suponer que algún ejecutivo estará rezando para que no pase con el film lo del fiasco John Carter.

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