domingo, 22 de mayo de 2011

El secreto de sus ojos

Decine21
Benjamín Esposito se acaba de jubilar después de llevar toda la vida trabajando en el juzgado. Su nuevo estado le concede mucho tiempo libre por lo que decide escribir una novela. Enseguida tiene claro de qué irá su libro. Hace más de dos décadas trabajó en el caso del asesinato y violación de una joven, que se resolvió de una manera nada satisfactoria. La vuelta atrás de Esposito lo lleva a mirar de frente otra vez a los fantasmas del pasado que en el presente lo atormentan más de lo que le gustaría reconocer. No sólo se trata de volver para dar respuesta al caso, sino que Benjamín tiene también razones sentimentales. Resulta que lleva más de 20 años enamorado de la que fuera su jefa en el juzgado. La mirada atrás parece ser la puerta para cerrar en el presente las distintas historias que han marcado su vida.

Juan José Campanella vuelve al cine después de Luna de Avellaneda (2004). En este intervalo ha hecho mucha televisión, donde ha dirigido capítulos de series como House y Rockefeller Center. Su vuelta a la gran pantalla nos ha traído al mejor Campanella. Se trata de una película muy suya y que a la vez poco tiene que ver con lo que había hecho hasta ahora. Es difícil de definir; en el calificativo de thriller no encaja, se aproxima más al cine negro. Pero también tiene mucho de drama, sin olvidar el importante componente romántico. La estética de la cinta está muy cuidada. Planos maravillosos en los que da gusto reposar la mirada. Algunos de estos planos tienen como protagonistas absolutos a los ojos, que para eso aparecen en el título de la película. Se nota un gran esfuerzo por parte de director y actores porque los ojos "hablen", cosa que en numerosas ocasiones se consigue pese a la dificultad que supone. Y es que llegado este punto, toca hablar de los actores. Todos y cada uno de ellos están soberbios tanto a nivel individual como en sus interrelaciones. Benjamin y su amada de juventud Irene destilan química, confianza, cercanía, están muy bien Ricardo Darín y Soledad Villamil. El mismo Benjamin con su compañero de fatigas Sandoval -estupendo Guillermo Francella-, compone una genial pareja de "investigadores" que provoca numerosas situaciones cómicas. Y es que Campanella compagina a la perfección este sentido del humor omnipresente con el contenido tan dramático que tiene la película.

Es difícil ver una cinta de este estilo tan cuidada tanto en contenido como en forma. Se atañe además a las "normas" actuales de dar una sorpresa final, que resulta adecuada y perfecta para el clima de suspense que puebla la película. Para que no todo sean flores, cabe decir que hay un momento en que la película pierde algo de fuelle. Sucede en la segunda parte, pero al final, vuelve a recuperar todo su esplendor.

La red social

Decine 21

Otoño de 2003. Mark Zuckerberg estudia en la Universidad de Harvard. Genio de la informática, de mente brillante, e irremediablemente asocial, tras romper con su novia e ingerir altas dosis de alcohol, tiene una idea para que los estudiantes opinen sobre la alumna más maciza de Harvard, lo que difundido viralmente colapsa el servidor de la universidad. He ahí la semilla de Facebook, la red social de internet que revolucionará en poco tiempo el modo de hacer amigos y relacionarse con ellos en el mundo entero. En efecto, la hazaña de Zuckerberg llama la atención de los hermanos Winklevoss, que andan ideando una red social para Harvard, y le fichan como programador. Pero mientras les da largas en lo relativo a su tarea, impulsa por su cuenta con su amigo Eduardo Saverin lo que va a ser Facebook. Al ver la luz, y arrasar en la red, los Winklevoss se sentirán engañados, y no van a ser los únicos en el entorno en que se mueve Zuckerberg.

Brillante película de David Fincher, que logra hacer apasionante la complicada narración de cómo Facebook se convirtió en la extraordinaria empresa y fenómeno social que hoy es. Cuenta con un formidable guión de Aaron Sorkin -que utiliza como fuente el imprescindible libro "The Accidental Billionaires"-, que logra que parezca fácil lo difícil, no en vano el creador de la serie televisiva El ala oeste de la Casa Blanca es todo un especialista en hilvanar historias complejas para el medio audiovisual, donde abundan los diálogos vertiginosos, en los que no falta ni sobra una frase; una réplica, una mirada, un plano de un objeto, todo aporta valiosa información a la narración.

El esqueleto narrativo es perfecto. Tras un breve prólogo -la brillante conversación de Zuckerberg con su novia, más la caída del servidor de Harvard-, se encadena la sesión pública de la institución académica que ve los hechos, con otra, la de los abogados que ven el conflicto de intereses entre Zuckerberg y sus socios de Facebook con los distintos enemigos que se ha creado en la vertiginosa carrera que le ha hecho multimillonario. Y entreveradas con esta segunda sesión, se presentan las distintas escenas de cómo la red social crece y crece. De modo que somos testigos de la paradoja de que quien ha logrado relacionar a tantos millones de personas en todo el mundo, se encuentra básicamente solo, no conecta con nadie.

El film desarrolla así temas clásicos como el saborear las mieles del triunfo, la ambición y el poder, la lealtad puesta a prueba, cuyos principales protagonistas, todos auténticos, no quedan demasiado bien parados. No es que haya una condena sin paliativos, pero el hecho es que se ponen en evidencias sus debilidades y flaquezas, no todo es tan 'cool' como el Facebook al que su destino se encuentra ligado. Fincher ha tenido el acierto de acudir a actores jóvenes en alza pero cuyo rostro puede no sonar excesivamente al espectador: los más conocidos son Jesse Eisenberg (Bienvenidos a Zombieland), que da vida a Zuckerberg, y Justin Timberlake, que encarna a Sean Parker, creador de Napster; pero brilla también el recién llegado Andrew Garfield, que interpreta a Saverin.