lunes, 3 de noviembre de 2014

EN SOLITARIO

Basada en la famosa carrera Vendée Globe: una regata de las más duras y arriesgadas que existen: los participantes tienen que dar la vuelta al mundo en vela sin ayuda de nadie más, se tienen que valer por sí mismos. 

En la cinta podemos ver a François Cluzet (Intocable) interpretando el personaje de Yann, el cuál reemplaza a su mejor amigo debido a una lesión que este padece. Su amigo Frank Devil, interpretado por Guillaume Canet, se lastima justo unos días antes de que la competición de vela arranque, lo que le lleva a Yann a participar en su lugar. La Vendée Globe le llevará supondrá para él la más increíble aventura que él nunca hubiera podido imaginar.

Al noveno día, Yann tiene que detenerse en Cabo Verde debido a que su barco se ha averiado y tiene que repararlo. Cuando regresa al mar de nuevo, se percata de que algo ha cambiado.
Yann decide seguir dando la vuelta al mundo, a pesar del riesgo de ser descalificado por haber parado durante la regata. La aventura se convierte en un viaje solitario "a dos."


Título original
En solitaire
Año
2013
Duración
96 min.
País
 Francia
Director
Christophe Offenstein
Guión
Jean Cottin, Christophe Offenstein, Thomas Bidegain (Idea: Frédéric Petitjean)
Fotografía
Guillaume Schiffman
Reparto
François Cluzet, Samy Seghir, Guillaume Canet, Karine Vanasse, Arly Jover, Jean-Paul Rouve, Virginie Efira, Emmanuelle Bercot, José Coronado, Dana Prigent

miércoles, 17 de septiembre de 2014

NON-STOP

Bill Marks (Liam Neeson), un veterano agente del servicio aéreo de los Air Marshalls, pasa por una mala etapa: tiene problemas con la bebida, y últimamente se toma su trabajo como una rutinaria tarea de vigilante a bordo de un avión. Sin embargo, en un viaje de Nueva York a Londres recibe una serie de misteriosos mensajes de texto, en los que se le pide que inste al gobierno a hacer una transferencia de 150 millones de dólares a una cuenta secreta. En caso contrario, un pasajero morirá cada 20 minutos. El juego del gato y el ratón se desarrollado a 40.000 pies de altura y con la vida de 200 pasajeros pendiente de un hilo. 


Director: Jaume Collet-Serra 
Guión: John Richardson, Chris Roach 
Reparto: Liam Neeson, Julianne Moore, Nate Parker, Michelle Dockery, Scoot McNairy, Corey Stoll, Lupita Nyong'o, Omar Metwally, Jason Butler Harner, Linus Roache, Shea Whigham, Anson Mount, Quinn McColgan, Corey Hawkins, Frank Deal 

jueves, 11 de septiembre de 2014

Emperador

1945. Tras la rendición japonesa a finales de la Segunda Guerra Mundial, el prestigioso general Douglas MacArthur y su colega, el general Fellers, deben decidir si el emperador Hirohito será ahorcado o no como criminal de guerra. En su decisión, influirá la búsqueda de Aya, una estudiante de intercambio que Fellers conoció años atrás en los EE.UU.
Resurge el cine histórico sobre la Segunda Guerra Mundial. Y lo hace con historias muy poco tratadas hasta ahora por el séptimo arte. “Emperador” nos acerca a dos grandes figuras del siglo XX: el General Douglas MacArthur y el Emperador Hiroito. Una película que no defraudará a los amantes del género histórico.


   Hace ya diez años que el realizador británico Peter Webber nos sorprendió con “La joven de la perla”, una adaptación de la novela histórica de Tracy Chevalier sobre el pintor Johannes Vermeer. Ahora vuelve a la adaptación histórica de la obra “La salvación de Su Majestad”, de Shiro Okamoto. Terminada la Segunda Guerra Mundial, el General MacArthur (Tommy Lee Jones) recibe el encargo de iniciar la reconstrucción de Japón, golpeado duramente por las bombas atómicas. Pero, como había ocurrido en Alemania, estaba pendiente la depuración de responsabilidades bélicas. 

   Lo que había empezado como un ataque traicionero a los Estados Unidos en Pearl Harbour se había transformado en una cruenta guerra que asoló todo el Pacífico. Ahora los aliados querían juzgar por crímenes de guerra a los cabecillas de la ofensiva. Al igual que muchos de los líderes del Tercer Reich, varios altos cargos nipones optaron por la vía del suicidio. Pero la cuestión verdaderamente grave era qué hacer con el Emperador Hiroito (Takatarô Kataoka). Japón no se entendía sin su emperador, y una medida drástica contra él podía hacer inviable el proyecto de pacificación y reconstrucción del Imperio del Sol Naciente. 
   Pero, por otro lado, el Emperador no podía irse de rositas siendo el máximo representante del Estado. MacArthur le encarga al General Bonner Fellers (Matthew Fox) que encuentre pruebas, si las hay, que permitan exculpar a Hiroito de la guerra, y salvarle por el bien del futuro de Japón. Este difícil cometido centra el argumento de esta interesante película bélico-política, que junto a “Monuments Men” demuestra que aún la Segunda Guerra Mundial esconde inédita enjundia cinematográfica, cuando muchos creían que ya todo estaba contado.


   Las pesquisas del general Fellers se ven entretejidas de una trama romántica en clave de flashback en la que descubrimos los intereses ocultos que tiene el General en salvar la figura del Emperador Hiroito. Detrás está la presión de un MacArthur que necesita dar respuestas rápidamente al Presidente de los Estados Unidos. Todo ello tiene como telón de fondo el encuentro entre dos culturas de difícil maridaje. El pragmatismo y la inmediatez del hacer americano choca con la mística del Estado nipón, la devoción religiosa hacia el dios Emperador, y una sociedad basada en la obediencia ancestral y la poca transparencia. Fellers comprende que la justicia no es venganza, y que la justicia en la mentalidad oriental no es lo mismo que en la occidental. 

   Los contrapuntos de esta irresoluble bipolaridad están en los secundarios. El chofer de Fellers,Takahashi (Masayoshi Haneda), que trata de hacer, no sólo de traductor, sino de filtro cultural entre ambos mundos; y Aya Shimada (Eriko Hatsune), la mujer amada del general, que junto a su tío, elGeneral Kajima (Toshiyuki Nishida), le permiten a Fellers entender un poco más la mentalidad japonesa.

   El tono del filme es muy clásico, al estilo de “Monuments Men”, pero naturalmente sin el humor de aquella. Aunque se trata de una película muy proamericana, no se oculta el horror de los bombardeos que masacraron a tantos inocentes, ni las barbaries de Hiroshima y Nagasaki, con las que comienza el filme. Sin duda, lo mejor es el desenlace, a la mayor gloria de MacArthur, que sobre todo nos habla de política con letras mayúsculas. Cuando se vence, no se trata de arrasar al vencido, sino de ayudarle a salir adelante sin que vuelvan a suceder los horrores del pasado. Una notable película de entretenimiento para disfrutar en familia. J. O. (“Alfa y Omega” (Decine21 / Almudí JD) 

martes, 8 de julio de 2014

El único superviviente

Con la colaboración del novelista y periodista británico Patrick Robinson, el marine texano Marcus Luttrell escribió en 2007 el impactante libro autobiográfico “Lone Survivor: The Eyewitness Account of Operation Redwing and the Lost Heroes of Seal Team 10”. Ahora, el cineasta neoyorquino Peter Berg (“El tesoro del Amazonas”, “Hancock”, “Battleship”) lo adapta en “El único superviviente”, angustiosa película bélica, con un duro estilo hiperrealista, similar al del magistral arranque de “Salvar al soldado Ryan” o al de producciones más recientes, como “Black Hawk derribado”, “Green Zone: Distrito protegido”, “La sombra del reino” —del propio Berg— o “La noche más oscura”. El 28 de junio de 2005, Marcus Luttrell (Mark Wahlberg) y sus compañeros Michael Murphy ( Taylor Kitsch), Matt Axe Axelson (Ben Foster) y Danny Dietz (Emile Hirsch) —pertenecientes a un comando de los Navy SEALs (Sea, Air, Land Teams)— iniciaron la encubierta Operación Alas Rojas (Operation Red Wings). Su misión era “neutralizar” como fuera al peligroso líder talibán Ahmad Shah (Yousuf Azami), escondido en la remota región montañosa de Kunar, en Afganistán. Ya instalados en las inmediaciones de su cuartel general, el encuentro con unos lugareños les obligó a tomar una peliaguda decisión moral, a consecuencia de la cual fueron perseguidos a muerte por un centenar de enfurecidos talibanes, mientras intentaban sin éxito contactar con sus mandos para recibir apoyo aéreo. Sólo el líder de una aldea pashtun, Gulab (Ali Suliman), se atrevió a prestarles ayuda frente a los fundamentalistas. Ciertamente, pesan la cierta estructura narrativa de videojuego que padece la película, la violenta explicitud de sus imágenes —esas dolorosísimas caídas por las rocas…— y su tono decididamente hagiográfico y patriótico, con ramalazos patrioteros demasiado complacientes con la belicista política exterior de Estados Unidos. Pero esos excesos se compensan en parte con la alta calidad de la puesta en escena de Berg —de tensa planificación y trepidante montaje—, y con su esfuerzo para enriquecer la conmovedora veracidad y fisicidad de todas las interpretaciones con reflexiones dramáticas y morales de entidad, muchas de ellas, con una alta capacidad emocional, sobre todo las que exaltan el compañerismo de los protagonistas. Queda así una notable película bélica, que entusiasmará a los aficionados al género.(Cope  J. J. M.) (Decine21 / Almudí JD)

Mucho ruido y pocas nueces

Después de crear la popular serie televisiva “Buffy, la cazavampiros”, el neoyorquino Joss Whedon se consolidó como guionista en “Alien resurrección” y en superproducciones de animación de la talla de “Toy Story”, “Titan A.E.” o “Atlantis: El imperio perdido”. Esto le permitió dirigir diversos episodios de populares series televisivas—como “Ángel”, “The Office” o “Dollhouse”—, dar el salto al cine en 2005 con “Serenity” y triunfar en todo el mundo siete años después con “Marvel Los vengadores”. Entre el rodaje de esta última película y el inicio de su postproducción, Whedon filmó en poco más de diez días —en su propia casa de Los Ángeles, en riguroso blanco y negro, con actores amigos suyos y coproducida con su esposa Kai Cole— “Mucho ruido y pocas nueces”, fresquísima y anacrónica adaptación de la primera comedia de William Shakespeare. El Príncipe Don Pedro de Aragón (Reed Diamond) regresa victorioso de una batalla acompañado de su siniestro hermano bastardo Don Juan (Sean Maher), del inteligente Benedicto (Alexis Denisof) y del romántico Claudio (Fran Kranz), un joven florentino que ha sido colmado de honores por el gran valor mostrado en el campo de batalla. Son recibidos con gran regocijo por el caballero Leonato (Clark Gregg), que vive con su bella hija Hero (Jillian Morgese) y su sarcástica sobrina Beatriz (Amy Acker) en una lujosa villa de Mesina (Sicilia). Beatriz y Benedicto dicen no creer en el amor, y se lanzan puyas sin piedad. Por el contrario, Claudio sí cree en Cupido, y desea casarse con Hero, que le corresponde. Entonces, Claudio, Hero, el Rey Don Pedro y las criadas preparan un sofisticado enredo para unir a Beatriz y Benedicto. Pero el envidioso Don Juan se entera del plan, y urde una calumnia infame.   En “Mucho ruido y pocas nueces”, Joss Whedon confirma su talento como guionista, actualizando la obra de Shakespeare casi sin modificar su texto original ni sus certeras reflexiones sobre el amor, la lealtad, la envidia y la mentira. En este sentido, es clave su sensacional dirección de actores —todos están espléndidos—, que logra el milagro de que el espectador asuma como real la irreal situación. Además, se luce en su puesta en escena, siempre al servicio de los actores y con una planificación enormemente imaginativa en el exhaustivo aprovechamiento de su luminosa casa, en sí misma atractiva, pues fue diseñada por su esposa Kai, que es arquitecta. Finalmente, el propio Whedon firma el fluidísimo montaje y hasta la bella banda sonora, que incluye varias canciones románticas preciosas. Sólo cabe reprocharle algún detalle un tanto grosero en las escenas sexuales. (Cope J. J. M.)

Doce años de esclavitud

En 1841, veinte años antes del inicio de la Guerra de Secesión, Solomon Northup (Chiwetel Ejiofor) es un hombre negro libre, que vive tranquilamente en Nueva York con su esposa Anne (Kelsey Scott) y sus hijos Margaret (Quvenzhané Wallis) y Alonzo (Cameron Zeigler). Hasta que un día es secuestrado y vendido como esclavo en Louisiana, sin poder despedirse siquiera de su familia. Entonces, Solomon pasa por diversas plantaciones en las que debe luchar para continuar vivo e intentar preservar su propia dignidad, sobre todo frente a la crueldad del capataz Tibeats (Paul Dano) y del amo Edwin Epps (Michael Fassbender). Alimentada por inesperados gestos de amabilidad y ayuda —por ejemplo, de su amo Ford (Benedict Cumberbatch)—, su esperanza no le abandonará a lo largo de su odisea de doce años. El encuentro de Solomon con el abolicionista canadiense Bass (Brad Pitt) cambiará su vida para siempre.   Basada en la propia autobiografía de Solomon Northup —publicada en 1853—, esta película del londinense Steve McQueen (“Hunger”, “Shame”) es una de las cintas más duras que se hayan hecho nunca sobre la esclavitud en Estados Unidos. Se podría objetar a la película la explicitud de su violencia extrema, con algunas escenas que recuerdan demasiado a la también crudísima “La Pasión de Cristo”, de Mel Gibson. Pesa además esa bondad maniquea que se atribuye en tantos filmes a las víctimas de la Historia: judíos del Holocausto, negros de la esclavitud, republicanos en la guerra civil española...   A pesar de esos dos discutibles elementos, “12 años de esclavitud” es una película notable, muy impactante, llena de momentos de buen cine, y con una brillante gestión de la emotividad. Pilares de este éxito son actores de la talla de Chiwetel Ejiofor, Michael Fassbender, Paul Giamatti, Benedict Cumberbatch o Brad Pitt. Estos dos últimos encarnan a los personajes más interesantes, más humanos, y que además son los más cristianos. Porque el tratamiento de la religiosidad es profuso e interesante en el filme. “12 años de esclavitud” comenzó ganando el Premio del Público en el prestigioso Festival Internacional de Cine de Toronto, ha obtenido ya diversos galardones importantes de la crítica estadounidense y ahora se perfila como una firme candidata para los Oscar, después de haber sido nominada a los Globos de Oro en siete categorías: mejor película dramática, director, guion, actor de drama (Chiwetel Ejiofor), actor secundario (Michael Fassbender), actriz secundaria (Lupita Nyong'o) y banda sonora (Hans Zimmer). J. O. (“Alfa y Omega”). (JD Almudí)

viernes, 20 de junio de 2014

Gente en sitios


Gente en sitios parece desafiar lo que se entiende generalmente como pelicula. Encadena pequeños sketches, sin ningún nexo aparente de unión, con múltiples personajes. Una pareja acude a visitar un piso en venta, pero el empleado de la inmobiliaria les juega una mala pasada, un tipo le ha dicho a un desempleado que le ayudaría pero no sabe cómo, un marido que contempla aburrido la televisión recibe una reprimenda por parte de su esposa porque se le ha pasado por alto que ésta se ha cambiado de cara...
En los diversos fragmentos de Gente en sitios predominan las risas, pero también hay espacio para el drama (una mujer se golpea brutalmente al caerse cuando intenta devolverle su bufanda a una desconocida) y el surrealismo más absoluto (un tipo enseña a caminar a un hombre parado en la calle). Algunos destilan cierta frescura, aunque otros resultan interminables a pesar de su brevedad, y ofrecen la sensación de que el director se ha limitado a encadenar material diverso, sin ningún sentido planificado de antemano.
Aunque el espectador medio de las salas de cine que acuda a ver este film sin estructura aparente pensará con toda probabilidad que le han tomado el pelo, Gente en sitios no resulta del todo desdeñable, pues aunque sólo están esbozadas se pueden entresacar pequeñas reflexiones sobre la incomunicación ciudadana, y la falta de miras y el desconcierto del hombre actual.
A Juan Cavestany se le debe reconocer una enorme valentía a la hora de arriesgarse, y su capacidad para sacar adelante Gente en sitios con un presupuesto nimio, y aún así haber podido convocar a destacados actores del cine español más interesados por el proyecto en sí que por cobrar sus cachés habituales.
Muchos de ellos sostienen por sí mismos con talento momentos aislados del metraje, como Eduard Fernández (un excelente padre al que convencen para rodar un vídeo televisivo cuando acude a buscar a su hijo a su centro escolar). También cumplen Raúl Arévalo, Carlos Areces, Luis Bermejo, Antonio de la Torre, José Ángel Egido, Tristán Ulloa, Maribel Verdú, y hasta Ernesto Sevilla, Santiago Segura y Adriana Ugarte, que incluso saben a poco. (decine21)

domingo, 18 de mayo de 2014

Los juegos del hambre 2: En llamas

Katniss Everdeen (Jennifer Lawrence) vuelve a casa sana y salva después de ganar los 74º Juegos del Hambre anuales junto a su tributo Peeta Mellark (Josh Hutcherson). Ganar significa tener que dejar atrás a familia y amigos, y embarcarse en el “Tour de la Victoria” por los diferentes distritos. A lo largo del camino, Katniss se da cuenta de que una rebelión comienza a gestarse, pero en el Capitolio continúa todo bajo control mientras el Presidente Snow (Donald Sutherland) organiza los 75 Juegos del Hambre anuales (El Vasallaje), una competición que cambiará Panem para siempre…

Segunda entrega de la saga iniciada con la exitosa Los juegos del hambre. Aún queda la adaptación de la última de las novelas de Suzanne Collins, Sinsajo, que según está previsto se fragmentará en dos películas.
Por primera vez ha habido dos ganadores de “Los juegos del hambre”, Katniss Everdeen y Peeta Mellark, que según la tradición, inician el Tour de la Victoria, por todos los distritos, donde se encontrarán con los familiares de los caídos durante el torneo. Pero la población percibe a Katniss como una rebelde que ha desafiado con éxito al oscuro poder del Capitolio, lo que podría avivar una insurrección. Tras un intento fallido de usar a la muchacha para manipular a la opinión pública, el nuevo y maquiavélico Vigilante Jefe, Plutarch Heavensbee, le dará la solución al presidente Snow, organizar una edición del 75 aniversario de la macabra gesta, que recupere a ganadores de los años anteriores, por lo que como sólo puede ganar uno, lo más probable es que Katniss muera.
El director Gary Ross, que realizó un correcto trabajo en la primera parte, cede el testigo a Francis Lawrence (Soy leyenda), que le saca partido sobre todo a la numerosa acción presente en la trama derivando en un tramo final trepidante. Los juegos del hambre: En llamas ofrece la suficiente espectacularidad como para mantener al público ensimismado, pese a que repite forzadamente el mismo esquema, con la protagonista enfrentándose de nuevo a la misma competición, cuando se suponía que no lo tendría que hacer más.
Aunque está claro que su público natural son adolescentes, no se realizan concesiones fáciles a este sector, como podrían haber sido, por ejemplo, la sobredosis de diálogos empalagosos, y personajes quitándose la camisa forzadamente de Crepúsculo. Los juegos del hambre: En llamas tiene un tono más adulto incluso que el de su predecesora.
A todo esto se le suma que tiene cierto interés su análisis del funcionamiento de la propaganda mediática, en concreto del poder de la televisión para mantener distraída a la población de los verdaderos problemas. Además, Los juegos del hambre: En llamas reincide sobre el sacrificio, el trabajo en equipo, la familia y la necesidad de cuestionar de forma crítica las doctrinas oficiales del poder que promueve la caja tonta.
Por su parte, Jennifer Lawrence vuelve a demostrar que su capacidad interpretativa supera con mucho la media, y está bien acompañada por los jóvenes Josh Hutcherson y –en menor medida– Liam Hemsworth. De nuevo choca, quizás, que se haya recurrido a actorazos como Donald Sutherland, Woody Harrelson, Elizabeth Banks, Toby Jones o Stanley Tucci para papeles que apenas tienen presencia. Así y todo, el insuperable Philip Seymour Hoffman no necesita más que un par de secuencias breves para componer a un villano retorcido y memorable. (decine21)

El quinto poder

Anunciando una época marcada por secretos de alto riesgo, la filtración de noticias explosivas y el tráfico de información clasificada, WikiLeaks cambió el panorama para siempre. El thriller dramático basado en hechos reales, “The Fifth Estate”, revela la lucha para exponer los engaños y la corrupción del poder que convirtió a un advenedizo de Internet en la cabeza de la organización más controvertida del siglo XXI. La historia comienza cuando el fundador de WikiLeaks Julian Assange (Benedict Cumberbatch) y su colega Daniel Domscheit-Berg (Daniel Brühl) se asocian como perros guardianes subterráneos, vigilando a los privilegiados y poderosos. De la nada crean una plataforma que permite denunciar anónimamente y filtrar información secreta, iluminando los oscuros recovecos de los secretos gubernamentales y crímenes corporativos. No tardan en revelar más noticias que todas las organizaciones de comunicación más prestigiosas del mundo juntas. Pero cuando Assange y Berg obtienen acceso a la mayor cantidad de documentos confidenciales de los servicios de inteligencia en la historia de los Estados Unidos, luchan entre ellos y contra una de las cuestiones claves de nuestro tiempo: ¿cuál es el coste de guardar secretos en una sociedad libre y cuál es el coste de exponerlos?


La historia de WikiLeaks y su principal impulsor, Julian Assange, que hizo temblar a las altas esferas del poder con la publicación masiva en internet, gracias a fuentes anónimas, de actuaciones secretas inmorales o fuera de la legalidad. El film de Bill Condon, que se basa en los libros "Inside WikiLeaks: My Time with Julian Assange at the World's Most Dangerous Website" –del antiguo socio de Assange, Daniel Domscheit-Berg– y "WikiLeaks: Inside Julian Assange's War on Secrecy" –de Luke Harding y David Leigh–, apunta al nacimiento de un quinto poder de rasgos todavía difusos, que habría sobrepasado a los medios de comunicación, por el aprovechamiento de las nuevas tecnologías para propagar desde un website material sensible que atañe al resto de los estamentos de poder, y que podría configurar a una especie de nuevo “perro guardián”, pero también a un “Gran Hermano” de los vaticinados por George Orwell. La idea es que se ha abierto una “caja de Pandora” que lo está cambiando todo.
Estamos ante una cinta que maneja abundante información y puntos de vista sobre un episodio de la historia reciente, y el guión de Josh Singer, bregado en la serie televisiva El ala oeste de la Casa Blanca, se las arregla para que no nos perdamos en la maraña de información, y disfrutemos de un relato que puede hacer pensar en Todos los hombres del presidente, o más reciente en el tiempo, y también con la revolución tecnológica bien presente, La red social. Junto a una foto bastante completa de lo ocurrido, hay una buena definición de personajes, y jugadas inteligentes, como la escena final, en que el propio Assange (su “alter ego” Benedict Cumberbatch) opina sobre la película y los libros publicados sobre WikiLeaks.
Quizá el principal acierto del film es no erigirse en juez implacable de unos y otros. De modo que se pinta el idealismo que mueve a los activistas de WikiLeaks, aunque sin dejar de señalar el vértigo que les proporciona su recién estrenado poder, que puede conducir a egocentrismo algo despiadado –el retrato de Assange en tal sentido no es demasiado amable, y se apunta a secretos del pasado que habrían marcado su personalidad– o a plantearse la necesidad de marcarse ciertos límites –el dilema de Daniel Domscheit-Berg, al que da vida Daniel Brühl imprimiéndole humanidad–. Se señalan las consecuencias que puede tener la publicación de información confidencial, incluso en lo relativo a poner vidas en peligro. O se plantea la redefinición de los medios de comunicación tradicionales por la llegada de nuevos agentes informativos que operan con reglas nuevas, y ante los que cabría exhibir ciertos estándares de superioridad moral aplicados en el pasado, prácticas como el contraste de la información con varias fuentes y su protección. (decine21)

El último concierto

Tras 25 años cosechando éxitos y gozar de fama mundial, el futuro de un cuarteto de cuerda de Nueva York está a punto de recibir un duro golpe que pondrá en entredicho su futuro. El violonchelista de la formación está padeciendo los primeros síntomas de una enfermedad que en poco tiempo pondrá fin a su carrera como intérprete.
La incertidumbre sobre su futuro se apoderará del cuarteto, dando rienda suelta a emociones reprimidas, egoísmos y reproches que pondrán en entredicho años de amistad y colaboración profesional.
La vida siempre da una segunda oportunidad, por lo que encontrarán una solución que les permitirá ofrecer “El último concierto” (para conmemorar sus 25 años como formación), poniendo a salvo tanto su amistad como su inmenso y reconocido legado musical.

Los integrantes de un cuarteto de cuerda se preparan para celebrar su 25 aniversario con una nueva temporada de conciertos. Pero al mayor del grupo, Peter, viudo desde hace un año, le han diagnosticado la enfermedad de Parkinson, todavía en sus inicios, pero que inevitablemente le llevará a la retirada. Lo que provoca no sólo dudas sobre el futuro y la continuidad del grupo –la interpretación del difícil Opus 131 de Beethoven será en principio la última actuación de Peter–, sino replanteamientos en el modo en que cada uno está enfocando su vida. Robert y Guliette están casados, pero él arrastra cierto complejo por ser segundo violín frente al cerebral primer violín Daniel, y el matrimonio ha dejado que se enfríe un tanto su amor. Por otro lado Alexandra, jovencita hija de Robert y Guliette, quiere romper la “coraza” de Daniel, en el fondo porque siente cierta atracción que adivina mutua.
Debut en el largometraje de ficción del documentalista Yaron Zilberman, donde el delicado equilibrio que lleva a la armonía en un cuarteto se convierte en metáfora del idéntico equilibrio que hay que lograr en la existencia cotidiana, en las distintas relaciones humanas, marido-mujer, padres-hijos, profesor-alumno, enamorado-enamorada, amigo-amigo. Se nota que el director y coguionista de El último concierto es un apasionado de la música, y logra transmitir la vibración por la ejecución de los cuartetos, y concretamente de la elegida Opus 191 de Beethoven, composición triste de 7 movimientos que debe interpretarse en stacatta y sin pausas, y que se dice fue lo que pidió escuchar Schubert en el lecho de muerte.
El acierto de Zilberman es entregar una historia de interés humano, con personajes creíbles en los problemas que deben afrontar –la enfermedad, la soledad, el cansancio, el egocentrismo...– y sus soluciones –el amor, el perdón, la magnanimidad...­–, interpretados por un atinadísimo reparto, sobre todo con los veteranos Christopher Walken, Philip Seymour Hoffman, Catherine Keener y Mark Ivanir, aunque la joven Imogen Poots también aguanta el tipo. De todos modos se nota la bisoñez del director en algún pasaje un poco pasado de rosca en la interpretación actoral, concretamente el del enfrentamiento de madre e hija en el apartamento de la segunda, con unos reproches desequilibrados frente al tono del resto de la película. (decine21)

sábado, 15 de marzo de 2014

Elysium

En el año 2159 existen dos tipos de personas: los muy acaudalados, que viven en una estación espacial artificial e inmaculada llamada Elysium, y el resto, que vive en la Tierra, superpoblada y en ruinas. La Secretaria Delacourt (Jodie Foster) no se parará ante nada para preservar la lujosa forma de vida de los habitantes de Elysium. Pero eso no impedirá que la gente de la Tierra intenté con todas sus fuerzas entrar en la estación. Max (Matt Damon) acepta liderar una misión en la que se jugará la vida, pero que servirá para igualar estos dos mundos opuestos.
Segundo largometraje escrito y dirigido por el sudafricano Neill Blomkamp también adscrito al género de la ciencia ficción, como su ópera prima, la sorprendente District 9, rodada tras una trayectoria de varios años como cortometrajista.
La acción transcurre en el año 2154, cuando la mayor parte de la población vive en condiciones infrahumanas en la Tierra, gobernada por una élite despótica. Los pocos que pueden permitírselo viven a lo grande en Elysium, una estación espacial segura llena de urbanizaciones de gran lujo, y con el mejor sistema sanitario que quepa imaginar. A cambio de ser transportado ilegalmente allí, el desafortunado Max acepta la misión de secuestrar a un rico que visite el inframundo en que se ha convertido la Tierra por motivos de negocios; la idea es extraerle de su cerebro datos de sus cuentas bancarias. Algo no saldrá como se esperaba.
Superior a otras superproducciones veraniegas, que anteponen la espectacularidad al contenido, Elysium está repleta de reflexiones de interés sin que por ello se descuide la acción, verdaderamente trepidante. Sobre todo, insiste en la crítica a la segregación de los individuos del primer film de Blomkamp, que era una clara metáfora del apartheid que se vivió en su país. En esta ocasión, todo está presentado de forma tan realista que parece plausible, pues por ejemplo la zona rica se llama Elysium, término que designa en inglés a los Campos Elíseos de París, mientras que en la paupérrima superficie de la Tierra y concretamente en Los Ángeles domina la presencia de latinos, que hablan en español. El film aborda temas como el despotismo a la hora de ejercer el poder, la solidaridad y la dignidad de cada persona, y el sacrificio, todo ello sin resultar pedante en ningún momento ni inaccesible para el público 'palomitero'. Además, Blomkamp aprovecha que cuenta en su primera cinta estadounidense con un presupuesto elevado, lo que le permite un diseño de producción vistoso y efectos especiales de primera. El aspecto de los robots, armas y naves resulta lo suficientemente fresco, frente a tantas producciones insulsas y convencionales que dominan las carteleras.
No resulta sorprendente a estas alturas que tanto Jodie Foster –cada vez más selectiva en sus apariciones en la pantalla– como Matt Damon realicen trabajos de altísimo nivel. Pero además, el film cuenta con un elenco muy bien ensamblado de secundarios de diversas nacionalidades ideales para sus personajes, sobre todo el también sudafricano Sharlto Copley, protagonista de la anterior cinta del realizador, que en Elysium realiza un trabajo excepcional en un registro muy diferente, como villano psicótico. También brillan el estadounidense William Fichtner en el rol de ejecutivo de una megacorporación, la brasileña Alice Braga como amiga latina del personaje de Damon, el compatriota de esta última Wagner Moura (protagonista de Tropa de elite) como un contrabandista-pirata algo cínico pero carente de maldad, el tremendamente expresivo Diego Luna en el papel de inseparable socio del personaje central y la pequeña Emma Tremblay, que debuta como una niña enferma de leucemia (decine21).


sábado, 1 de febrero de 2014

Perdidos en la nieve

Los filmes del cineasta noruego Petter Naess apenas han tenido repercusión fuera de su país, excepto su segunda cinta, la excelente Elling, que llego a ser candidata al Oscar a la mejor película extranjera, y en menor medida la menos interesante Crazy in Love (Locos de amor). En Perdidos en la nieve, el realizador reconstruye una historia real acontecida en su país durante la II Guerra Mundial. En 1940, un bombardero de la Luftwaffe se enfrenta en el espacio aéreo de una remota región de Noruega con un caza de la RAF. Ambos aeroplanos acaban estrellándose, por lo que tres alemanes y dos ingleses tratan de sobrevivir a pesar de la crudeza del invierno de la zona. Los dos grupos acuden a refugiarse a la misma cabaña. Los nazis toman prisioneros a sus rivales, pero en el fondo ambos grupos saben que deberán colaborar para salir adelante. Se trata de una coproducción entre Suecia y Noruega sencilla pero emotiva. Perdidos en la nieve supone un sentido alegato a favor de la paz, y arroja una mirada positiva a la capacidad del ser humano de superar las diferencias aparentemente irreconciliables cuando está en juego conservar la vida. Quizás el film resulta un poco lento al principio, pero gana en interés conforme va desarrollando a los personajes, que pasan de los prejuicios iniciales a dejar la guerra en un segundo plano. Básicamente todo transcurre en la cabaña en la que encuentran refugio, y durante la mayor parte del metraje sólo aparecen los cinco protagonistas, lo que exige un enorme esfuerzo de los actores para que la historia funcione. Pero el reparto internacional lo consigue. Destaca el británico Rupert Grint, el amigo inseparable de Harry Potter, que ya bastante crecido demuestra que puede dar vida con convicción a otros personajes, en el rol del impulsivo artillero de Liverpool que acompaña a un capitán de porte aristocrático, muy bien encarnado por el poco experimentado Lachlan Nieboer (secundario en Downton Abbey). De los alemanes acapara la atención Florian Lukas, el inolvidable montador aspirante a cineasta de Good Bye, Lenin!, como el piloto, aunque no desentonan David Kross –The Reader (El lector)– como un joven defensor de Hitler, y Stig Henrik Hoff –La cosa (The Thing)– como un lacónico militar.

Moscati: El médico de los pobres

Producción televisiva concebida para la RAI, en la línea de otros filmes hagiográficos de la compañía italiana como Bakhita (en torno a la santa sudanesa Giuseppina Bakhita). Dirige Moscati Giacomo Campiotti, autor de otro de estos títulos, Prefiero el paraíso (sobre San Felipe Neri). Tiene el acierto de divulgar la vida de una figura menos conocida fuera de Italia, Giuseppe Moscati, que fue canonizado por Juan Pablo II en fechas relativamente recientes, el 25 de octubre de 1987, o sea, hace 25 años.El film arranca a principios del siglo XX, cuando Moscati acaba de licenciarse en Medicina con calificaciones brillantes. Junto a su inseparable amigo, Giorgio Piromallo, se presenta a las pruebas para ser contratado en el Hospital de Incurables de Nápoles. Mientras que Piromallo mantiene una relación con una mujer de mala reputación a la que deja embarazada, Moscati se siente atraído por Elena, una joven aristócrata. Pero el brillante y joven doctor se replanteará el amor que siente por ella cuando se da cuenta de los beneficios de su dedicación al cuidado de numerosísimos enfermos sin recursos, a los que ayuda a pagar las medicinas...Como cabe esperar si se conocen los precedentes, Moscati tiene una factura digna a pesar de un presupuesto claramente ajustado. Campiotti ha escogido muy bien al elenco, encabezado por Beppe Fiorello (Terraferma), que transmite muy bien la ilusión por su trabajo del personaje central. Le secundan con corrección la expresiva Kasia Smutniak (en el rol de Elena), y el eficaz Ettore Bassi (como el desorientado Piromallo). Con un tono amable, se centra en los sacrificios personales de Giuseppe Moscati y en su extremada vocación de servicio a los demás. Tiene gran importancia la subtrama de su relación con Piromallo, lo que saca a colación temas como la traición, el perdón y la redención.La versión de Moscati estrenada en cines en España ha sido convenientemente recortada, pues la original dura 200 minutos.

Ahora me ves

Durante un espectáculo en Las Vegas, un grupo de magos denominado Los cuatro jinetes teletransporta desde el escenario a un tipo elegido al azar entre el público a su banco en Francia para robar una gran cantidad de dinero que reparten entre los espectadores. Investiga el asunto el agente del FBI Dylan Hobbs, que cuenta con la ayuda de Alma Vargas, una detective de la Interpol. Descubren que entre los asistentes al show se encontraba Thaddeus Bradley, un delatador de magos, que sospecha los trucos usados por el cuarteto para llevar a cabo el golpe.Thriller que parte de un guión de Boaz Yakin (director y libretista de Fresh, El precio de la libertad), Ed Solomon (guionista de Men in Black) y el debutante Edward Ricourt, que parecen aplicar al cine las reglas de un buen espectáculo de magia. Primero captan la atención del público con un prometedor punto de partida, y posteriormente se sacan continuos conejos de la chistera para sorprender una y otra vez. Exigen suspender la credulidad en algunos puntos, como la extrema habilidad para el hipnotismo de uno de los personajes, y sus numerosos giros pueden acabar agotando, pero el espectador que se deje llevar pasará un rato ameno. Cuenta además con un elenco muy bien escogido, en el que destacan Jesse Eisenberg, Isla Fisher, Woody Harrelson y un inmenso Mark Ruffalo que le da mucha gracia a su personaje, el policía. Recupera a José Garcia (Utopía), un tanto desaparecido últimamente en un papel muy secundario, y reúne a Morgan Freeman y Michael Caine, tras la saga de El caballero oscuro, que le dan lustre a la función. Con el trabajo de todos se puede pasar por alto la extrema ligereza de la cinta, y que la realización de Louis Leterrier (Transporter 2, El increíble Hulk) no pase de correcta.