Tras 25 años cosechando éxitos y gozar de fama mundial, el futuro de
un cuarteto de cuerda de Nueva York está a punto de recibir un duro
golpe que pondrá en entredicho su futuro. El violonchelista de la
formación está padeciendo los primeros síntomas de una enfermedad que en
poco tiempo pondrá fin a su carrera como intérprete.
La incertidumbre sobre su futuro se apoderará del cuarteto, dando
rienda suelta a emociones reprimidas, egoísmos y reproches que pondrán
en entredicho años de amistad y colaboración profesional.
La vida siempre da una segunda oportunidad, por lo que encontrarán
una solución que les permitirá ofrecer “El último concierto” (para
conmemorar sus 25 años como formación), poniendo a salvo tanto su
amistad como su inmenso y reconocido legado musical.
Los integrantes de un cuarteto de cuerda
se preparan para celebrar su 25 aniversario con una nueva temporada de
conciertos. Pero al mayor del grupo, Peter, viudo desde hace un año, le
han diagnosticado la enfermedad de Parkinson, todavía en sus inicios,
pero que inevitablemente le llevará a la retirada. Lo que provoca no
sólo dudas sobre el futuro y la continuidad del grupo –la interpretación
del difícil Opus 131 de Beethoven será en principio la última actuación
de Peter–, sino replanteamientos en el modo en que cada uno está
enfocando su vida. Robert y Guliette están casados, pero él arrastra
cierto complejo por ser segundo violín frente al cerebral primer violín
Daniel, y el matrimonio ha dejado que se enfríe un tanto su amor. Por
otro lado Alexandra, jovencita hija de Robert y Guliette, quiere romper
la “coraza” de Daniel, en el fondo porque siente cierta atracción que
adivina mutua.
Debut en el largometraje de ficción del documentalista Yaron Zilberman,
donde el delicado equilibrio que lleva a la armonía en un cuarteto se
convierte en metáfora del idéntico equilibrio que hay que lograr en la
existencia cotidiana, en las distintas relaciones humanas, marido-mujer,
padres-hijos, profesor-alumno, enamorado-enamorada, amigo-amigo. Se
nota que el director y coguionista de El último concierto es un
apasionado de la música, y logra transmitir la vibración por la
ejecución de los cuartetos, y concretamente de la elegida Opus 191 de
Beethoven, composición triste de 7 movimientos que debe interpretarse en
stacatta y sin pausas, y que se dice fue lo que pidió escuchar Schubert
en el lecho de muerte.
El acierto de Zilberman es entregar una historia de interés humano,
con personajes creíbles en los problemas que deben afrontar –la
enfermedad, la soledad, el cansancio, el egocentrismo...– y sus
soluciones –el amor, el perdón, la magnanimidad...–, interpretados por
un atinadísimo reparto, sobre todo con los veteranos Christopher Walken, Philip Seymour Hoffman, Catherine Keener y Mark Ivanir,
aunque la joven Imogen Poots también aguanta el tipo. De todos modos se
nota la bisoñez del director en algún pasaje un poco pasado de rosca en
la interpretación actoral, concretamente el del enfrentamiento de madre
e hija en el apartamento de la segunda, con unos reproches
desequilibrados frente al tono del resto de la película. (decine21)
domingo, 18 de mayo de 2014
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