martes, 23 de junio de 2009

Mil años de oración



Reencuentro
Después de sorprender con títulos como El club de la buena estrella y el díptico Smoke-Blue in the Face, el director de Hong Kong Wayne Wang ha llevado una carrera un tanto errática, con rarezas como El centro del mundo y títulos comerciales de Hollywood como Sucedió en Manhattan. Aquí vuelve a lo que mejor se le da, una historia sencilla y muy humana, basada en un relato de Yiyun Li, que firma también el guión. Lo que le ha hecho merecedor de la Concha de Oro en el Festival de San Sebastián.
Shi, un anciano chino, viudo y jubilado viaja a Estados Unidos para visitar a su hija Yilan, instalada en ese país y recientemente divorciada. Se trata de una película donde importan, y mucho, las cosas pequeñas. Cuando Yilan propone a su padre volar, para conocer mejor el lugar, él contesta que prefiere ir en tren, conocer las cosas directamente. Wang nos habla del viejo problema de la comunicación, común en oriente y occidente. En un momento dado, Yilan comenta con su padre los problemas del mandarín, un idioma que parece pensado para no expresar los sentimientos, propicio para los secretos. Pero lo cierto es que la sociedad occidental también propicia el aislamiento, el no poder volver a comer a casa tranquilamente, las llamadas impersonales de los televendedores, los planes en solitario como acudir a una sala de cine.
No hay "terremotos" en esta película de condición minimalista, todo es la vida misma. Vemos a Shi hablar su inglés elemental, hacer migas con una vecina de origen iraní, que también tiene problemas con el idioma; somos testigos de la sorpresa de este hombre mayor, porque una joven en edad de trabajar esté tomando el sol tranquilamente en la piscina, y hable con la mayor naturalidad en biquini a un desconocido, algo que despierte en el protagonista la elemental modestia en que se ha educado.
Hay buenas metáforas -esas muñecas rusas que esconden dentro otras muñecas, y que se encuentran entremezcladas, Shi las ordena, lo que habla de problemas no compartidos por el otro, que dan pie a prejuicios, a pensar lo que no se debe pensar-, magníficas interpretaciones -Henry O ganó el premio al mejor actor en el Festival de San Sebastián-, y buen equilibrio entre elementos dramáticos y humorísticos.


El orfanato


VALORACIÓN PERSONAL CINEDOSIS: Da gusto ver que el cine español también sabe hacer películas de miedo que valgan la pena. Perfecta para desfogar con unos cuantos gritos.
DeCine21: Laura y Carlos, un matrimonio con un hijo pequeño, Simón, se dispone a inaugurar una minirresidencia para niños discapacitados, situada a las afueras de una localidad costera. El antiguo caserón, reacondicionado para su nueva función, fue la sede años atrás un orfanato, entre cuyas paredes creció Laura, antes de que fuera finalmente adoptada. Recién instalados con la ilusión de ayudar a los futuros huéspedes de la residencia, y en vísperas de ponerla en marcha, se acentúa la costumbre del pequeño de jugar con sus "amigos invisibles". Lo que sus padres consideran una afición más o menos inofensiva, pero que debería ser erradicada, crece de grado cuando el chaval asegura tener como compañeros de sus juegos a antiguos habitantes del lugar. El extremo de conducta tan poco convencional se alcanza en la jornada de la inauguración: entre los niños que van a ser internados y sus familiares, se deja ver un pequeño con uniforme de otra época y la cabeza cubierta con un capuchón; tal hecho coincide con una discusión entre Laura y su hijo, que termina con la inexplicable desaparición de este último. Los esfuerzos de la policía para dar con su paradero se revelan inútiles, y la madre, convencida de que para explicar los hechos no bastan las explicaciones puramente racionales, confía en la ayuda de un equipo de espiritistas.
Notable muestra del género de terror, supone el debut en la dirección de Juan Antonio Bayona, también autor del guión. El cineasta, respaldado en la producción por Guillermo del Toro -que se apuntó un tanto notable en 2006 con El laberinto del fauno, film también fantástico de producción española, y ganador de 3 Oscar-, consigue producir auténtico miedo; y lo hace con sutileza, sin recursos facilones: incluso los golpes de efecto -el atropello, las carreras por la playa, los hallazgos macabros, el recurso a los juegos infantiles.- tienen un agradecible punto de contención. Ciertamente están presentes muchas de las convenciones del género -aunque Geraldine Chaplin está estupenda, su personaje, sensible a las manifestaciones de los espíritus, o el siniestro caserón, remiten a títulos como Poltergeist-, pero Bayona sabe darles un toque personal, y demuestra llevar bien aprendida la imprescindible "asignatura" del género, la creación de atmósferas, de tensión y angustia crecientes; además, sabe concluir de modo sugerente -otra "asignatura" nada fácil-, sin aspavientos; todo apoyado en un concepto fuerte capaz de sostener la trama, el del amor de una madre por su hijo. Belén Rueda lleva la mayor parte del peso interpretativo de la película, y resiste bien el embate, primero en su faceta de madre de familia ilusionada con abrir la residencia, luego como mujer destrozada por la desaparición del hijo y la creciente sensación de que se está distanciando de su marido, que no ven las cosas del mismo modo, como sería deseable.

Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal



Que vienen los rusos
Los amantes del cine 'Indy' llevaban diecinueve años esperando que Spielberg se decidiera a retomar la saga de Indy, Indiana Jones, el más célebre arqueólogo del mundo. Pero el cineasta se ha resistido, pues en espera de un guión que le motivara llegó a echar por tierra uno escrito por el mismísimo Frank Darabont (Cadena perpetua). Al final se ha decantado por un libreto de David Koepp, que había escrito para él Parque Jurásico, muy acorde con lo que se esperaba.
La trama transcurre en los años 50, la era del nacimiento del 'rock and roll', cuando un Indy envejecido ha sido retenido junto con Mac, antiguo colaborador suyo, por un grupo de soldados soviéticos liderados por Irina Spalko, una cruel mujer que fue el ojito derecho de Stalin. Irina necesita que Indiana Jones le ayude a encontrar una reliquia precolombina, depositada en una instalación secreta del ejército estadounidense... En la aventura subsiguiente en la que se ve envuelto el veterano aventurero recibirá la ayuda de Mutt Williams, arrogante muchacho que ha ido en busca de Indy para advertirle de que un amigo, el profesor Oxley, ha sido secuestrado. Y también reaparece la mismísima Marion Ravenwood, la compañera de Indy en la legendaria En busca del arca perdida. Desvelar más datos de la trama sería hacerle un flaco favor al espectador...
La cuarta entrega de la saga no decepciona, a pesar de las grandes expectativas que ha levantado. Ya quisiera George Lucas haber mantenido el nivel tan alto en su resurrección de La guerra de las galaxias. Se le pueden sacar pegas, pero éstas son bastante menores. Por ejemplo, algunos diálogos explicativos son tan extensos que propician caídas de ritmo. También se puede resaltar que a pesar de la magia que tiene el regreso de Marion, Karen Allen es una actriz que no acaba de resultar muy convincente.
La película está llena de guiños a los incondicionales por sus referencias al arca, al padre del protagonista, a Marcus, etc. Y también se homenajean a clásicos del cine de aventuras, como los protagonizados por Tarzán, o aquellas que tenían memorables duelos de espadas... Si el objetivo de las anteriores entregas era recuperar el sabor de aquellas películas para todos los públicos, ciertamente, Spielberg ha vuelto a conseguirlo. Gustará a los que crecieron con los clásicos del cine, a quienes eran unos niños cuando se estrenaron sus predecesoras, y también a las nuevas generaciones.
Spielberg muestra desde luego que sigue en plena forma -aunque nadie lo dudaba, pues su anterior trabajo, Munich, es uno de sus grandes filmes-. Aprovecha la ambientación para trazar una descripción de la época de la Guerra Fría, con sus pruebas nucleares, su paranoia ante la amenaza comunista, y sus jóvenes rebeldes y roqueros. Se luce sobre todo en las secuencias de acción, algunas para el recuerdo, como la persecución en plena selva. Aunque ha necesitado más efectos especiales que en otras entregas, lo cierto es que los usa de forma tan inteligente que no desentonan. Las andanzas de sus personajes propician además una apología de la unidad familiar bastante sana, que el cineasta admite sin rubor.
Por supuesto, es obligatorio citar el trabajo de John Williams, un colaborador esencial de la serie. El compositor favorito de Spielberg se luce, rememorando fragmentos musicales de antaño, y con pasajes nuevos brillantes, como el que acompaña a los soldados soviéticos, que suena a música rusa. El reparto está formado por grandes estrellas, en pequeños papeles, que cumplen con su cometido. Harrison Ford mantiene su intenso carisma; en pantalla parece que sigue en forma a pesar del paso del tiempo, y se nota que ha acumulado ya muchas tablas. Cede mucho protagonismo a Shia LaBeouf, sin duda un gran acierto, porque desprende el magnetismo de las grandes estrellas, y recuerda lejanamente al rey del género de aventuras, Errol Flynn, en quien parece haberse inspirado para encarnar a su personaje, un fanfarrón con encanto. Cuando ambos protagonistas aparecen en pantalla aprovechan bastante que los diálogos tienen cierto ingenio ('has traído una navaja a un tiroteo'). ¿Son padre e hijo, como se rumoreaba antes del estreno del film? Para hallar respuesta al gran enigma cinematográfico de la temporada, lo suyo es no perderse la película.

Viaje al centro de la tierra



En busca del hermano perdido
La productora Walden Media se ha especializado en cine familiar basado en novelas de calidad, como Las crónicas de Narnia, hasta ahora el mayor éxito de la compañía. Parece que era inevitable que Walden Media se fijara en la obra de Julio Verne, uno de los autores más populares en el terreno de la literatura juvenil. Tras una irregular versión de La vuelta al mundo en 80 días (2004), con Jackie Chan, se han lanzado a producir esta adaptación a la era moderna y bastante libre del clásico de Verne 'Viaje al centro de la Tierra', que ya había dado lugar a varias versiones, entre ellas una de gran calidad y bastante fiel al original, dirigida en 1959 por Henry Levin, con James Mason.
El geólogo y profesor universitario Trevor Anderson investiga qué ocurrió con su hermano, desaparecido mientras investigaba la posible existencia de un mundo subterráneo. Mientras tiene que ocuparse de cuidar a su sobrino adolescente, Anderson descubre que su hermano usaba como guía el libro 'Viaje al centro de la Tierra', de Julio Verne, que estaría basado en hechos reales. Este libro y las notas del fallecido le llevan a explorar con su sobrino y una guía islandesa una cueva, en la que se quedan encerrados. Allí, descubrirán el camino hacia el mundo subterráneo que buscaba el desaparecido.
Brendan Fraser interpreta con gracia a un personaje, el profesor Anderson, muy similar al de la saga de La momia, con el que arranca alguna que otra pequeña carcajada. Está a su altura el niño que interpreta a su sobrino, Josh Hutcherson, que protagonizó Un puente hacia Terabithia, donde demostraba sobradamente su talento. Algunas secuencias de acción proporcionan las dosis de espectáculo esperadas, como la de los vagones de la mina abandonada, que se parece muchísimo a la de Indiana Jones y el templo maldito. Se nota muchísimo que el director, Eric Brevig, tiene poca experiencia como realizador, y mucha como responsable de efectos, en cintas como El día de mañana. Y es que resulta que acaba habiendo una sobredosis de efectos especiales y persecuciones, en las que los protagonistas huyen de amenazadores monstruos prehistóricos. Concebidas para ser vistas en 3D, donde dan mucho juego -ofrecen la sensación de estar en la montaña rusa de un parque de atracciones-, lo cierto es que pueden llegar a resultar un poco cansinas vistas de forma convencional.
Decine21

Las crónicas de Narnia, el Príncipe Caspian


Aventuras. Fantástico. Secuela / SINOPSIS: La acción de "Las crónicas de Narnia. El Príncipe Caspian" transcurre un año después de los increíbles acontecimientos de "El León, la Bruja y el Armario", cuando los reyes y las reinas de Narnia -los 4 hermanos Pevensie- vuelven a reunirse en ese remoto y fantástico mundo, donde descubrirán que han pasado más de 1.300 años, calculados en tiempo narniano. Durante su ausencia, la Edad de Oro de Narnia ha terminado, y los Telmarinos han conquistado el reino de Narnia, que ahora está dominado por el malvado Rey Miraz, que gobierna sin piedad. Los cuatro niños no tardarán en conocer un nuevo y extraño personaje: el joven Príncipe Caspian, heredero legítimo al trono que se ha visto obligado a esconderse ya que su tío Miraz trama su asesinato para colocar a su hijo recién nacido en el trono. Con la ayuda del bondadoso duende, un valiente ratón parlante llamado Reepicheep, de un tejón llamado Trufflehunter y de un Duende Negro, Nikabrik, los Narnianos, liderados por los poderosos caballeros Peter y Caspian, se embarcan en un extraordinario viaje para encontrar a Aslan, liberar Narnia del yugo tiránico de Miraz y restaurar la magia y la paz en el territorio. (FILMAFFINITY)

Encantada, la historia de Giselle



Entre dos mundos
Giselle es una jovencita que forma parte del mundo fantástico de los dibujos animados. Su vida es, tal y como se dice, "de cuento", vive feliz con los animalitos del bosque, canta con preciosa voz los anhelos de su corazón y espera casarse con el príncipe Edward. Sin embargo, la malvada reina no quiere perder su trono y con malas artes destierra a la prometida de su hijo al mundo real. Y ahí, en pleno corazón de Manhattan aparece Giselle, convertida en un ser de carne y hueso y por supuesto más perdida que carracuca. Y es que en Nueva York la vida no es precisamente "encantadora", los problemas surgen por doquier y nada se arregla con un simple sortilegio. Y las cosas se ponen aún más complicadas cuando recibe ayuda de un tal Robert, un atractivo abogado, divorciado y con una hija pequeña.
Disney apuesta por este entrañable cuento para toda la familia ante la proximidad de las fiestas navideñas. Y si apuntaban al éxito, el tiro les ha salido excelentemente dirigido. Uno cree estar viendo una película de dibujos animados muy clásicos y, de repente, zas, se encuentra en pleno Broadway con la 42. Pero es que la historia atrapa, es original, tiene momentos divertidos y enternecedores, y el equilibrio entre fantasía y realidad es sencillamente magnífico, de modo que el resultado no es ni pueril para espantar a los adultos ni por supuesto demasiado serio para no engatusar a los más jóvenes. El guión de Bill Kelly introduce con discreción y tino diversos elementos de cuentos clásicos, como "Blancanieves y los siete enanitos", "La bella durmiente" o "La Cenicienta", y traslada personajes imaginarios al mundo real con simpática destreza (y nada menos que a través de la alcantarilla de Times Square). En este sentido resultan excelentes los efectos especiales, sobre todo en las apariciones de la simpática ardilla Pip y de los demás animales, y hay que hacer mención a las canciones del film, alguna interpretada con llamativas coreografías, como la extraordinaria "That's How You Know", cantada y bailada en pleno Central Park.Se nota, en fin, que Kevin Lima (Tarzán), especialista en comedias infantiles, se siente cómodo con esta bella fábula sobre el amor, pues mima las imágenes (las transiciones con el libro son excelentes), introduce con soltura preciosos detalles llenos de sentido y, ante todo, tiene la suerte de contar con un reparto extraordinario para que el experimento no se le vaya de las manos. De todas maneras, es la bella pelirroja Amy Adams, nominada al Oscar por Junebug, la que brilla con luz propia a lo largo de todo el film. Tiene un no sé qué de ingenuidad y un gesto risueño de frescura tan desbordante que es imposible no caer presa de su hechizo.
Aventuras en Nueva York
El film transcurre en sitios emblemáticos de Nueva York, como Times Square, el Puente de Brooklyn y Central Park, donde tiene lugar una de las mejores secuencias. Pero atravesar la ciudad se convierte en una aventura para Giselle, y para el príncipe que la busca. Para ambos se trata de un lugar tan desconocido y extraño como si fuera un reino lejano al que hubieran ido a parar. "Para nuestros personajes animados, Manhattan es lo mismo que para cualquier turista que visita por primera vez esta ciudad mágica. Es excitante pero a la vez da un poco de miedo. Cuando llegan, están aterrorizados ante lo que ven porque no se parece absolutamente nada al lugar de donde vienen. Me gusta compararlo con Blancanieves en el bosque encantado", explica Kevin Lima.

Recordando a los clásicos
El guión de Bill Kelly introduce con discreción y tino diversos elementos de cuentos clásicos, como Blancanieves y los siete enanitos, La bella durmiente o La Cenicienta. Por ejemplo, la bruja que interpreta Susan Sarandon está claramente inspirada en la madrastra de Blancanieves, y utiliza una manzana venenosa. Los pajaritos amigos de Giselle, son idénticos a los que acompañaban a Cenicienta. "Queríamos tratar con mucho cariño a los personajes de Disney. Todos adoramos el legado y la historia del cine animado de Disney, y tomamos esos personajes, ideas y temas superconocidos y los enfrentamos al cinismo del mundo moderno", explica el guionista Bill Kelly. Decine21