En “Skyfall”, la lealtad de James Bond
hacia M será puesta a prueba cuando el pasado de M vuelve para
atormentarla. Su vida se verá en peligro, de modo que el agente 007
deberá localizar y eliminar la amenaza, sin importar el precio personal
que tendrá que pagar. Tras el fracaso de la última y fatídica misión de
Bond y revelarse la identidad de varios agentes secretos en distintos
puntos del planeta, la sede del MI6 es atacada, obligando a M a
trasladar su agencia. Debido a estos sucesos, su autoridad y posición se
verán amenazados por Mallory, el nuevo Presidente del Comité de
Inteligencia y Seguridad. Ahora, el MI6 se enfrenta a amenazas tanto
externas como internas por lo que M decide acudir al único aliado en
quien puede confiar: Bond. El agente 007 desaparece en las sombras con
una única aliada: la agente de campo Eve. Juntos le seguirán la pista al
misterioso Silva, cuyas letales y ocultas motivaciones están aún por
desvelarse..
Entrega número 23 de la saga oficial de Bond, James Bond, el agente secreto salido de la pluma de Ian Fleming, y que los guionistas Neal Purvis, Robert Wade y John Logan siguen reinventando, bajo la batuta de Sam Mendes, para hacerlo atractivo al público del siglo XXI. Skyfall tiene la virtud de jugar a poner al día a 007 con una defensa de las canas, lo clásico, la veteranía: el factor humano es decisivo, ninguna tecnología puede sustituir a las personas, y su experiencia cuenta.
Dentro de que en Skyfall estamos, no puede ser de otra manera, dentro de una película de entretenimiento, el director y los guionistas se las componen para dar peso específico a la historia. Una cinta de Bond exige ritmo frenético, no parar. Sam Mendes no se queda corto en este apartado. Nos mueve por cinco puntos geográficos principales y concibe momentos muy espectaculares. Las chicas Bond y alguna escena sexy forman parte del cine bondiano, y Skyfall no es la excepción. Quizá aquí la novedad con la oriental Sévérine sea que se integra en el engranaje de la historia, de modo que aparece y desaparece cuando toca, y eso está bien (Decine21 / Almudí JD) LEER MÁS
Por un lado, la puesta en escena del responsable de “American Beauty”, “Camino a la perdición”, “Jarhead, el infierno espera”, “Revolutionary Road” y “Un lugar donde quedarse” es quizás la mejor de toda la saga, también en las secuencias de acción. Y, entre una y otra, Mendes mima los interludios dramáticos —más abundantes de lo habitual—, que esbozan algunos detalles del pasado del agente, subrayan la primacía del factor humano sobre el despliegue tecnológico y proponen una atractiva integración superadora de lo antiguo y lo nuevo, al tiempo que suavizan el machista hedonismo característico de la saga y enriquecen un poco los perfiles de las chicas Bond. En esta mayor hondura narrativa se aprecia la influencia de la saga de “Jason Bourne” —iniciada por Doug Liman en 2002—, y de recientes películas de superhéroes, como las dos partes de “El Caballero Oscuro”, de Christopher Nolan; “Los Vengadores”, de Joss Whedon, o “The Amazing Spider-Man”, de Marc Webb.
El caso es que dicho enfoque beneficia a la labor de los actores, todos ellos muy sólidos en sus respectivos arquetipos. Sorprende especialmente el español Javier Bardem en la piel del inquietante y complejo villano Raoul Silva, a veces un poco sobreactuado, pero deslumbrante en un par de secuencias de gran intensidad dramática. Todo ello, articulado por el sobresaliente montaje de Stuart Baird, lujosamente presentado por la fotografía de Roger Deakins, el diseño de producción de Dennis Gassner y el vestuario de Jany Temime, y envuelto sin respiros por la siempre sugerente banda sonora de Thomas Newman, que se completa con la vibrante canción de créditos, “Skyfall”, a cargo de Adele y Paul Epworth. Queda así una notable película de intriga y acción, no tan rotunda ni rompedora como dicen algunos críticos, pero que cabe incluir entre las mejores entregas de la ya cincuentenaria saga de James Bond, el agente 007 (Cope J.J.M.)

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