viernes, 29 de marzo de 2013

El caballero oscuro: la leyenda renace

En “El Caballero Oscuro: La leyenda renace”, la conclusión de la trilogía de El Caballero Oscuro del director Christopher Nolan, han pasado ocho años desde que Batman desapareciera en la oscuridad, convirtiéndose, en ese instante, de héroe en fugitivo. Al asumir la culpa por la muerte de D.A. Harvey Dent, el Caballero Oscuro lo sacrificó todo por lo que considera, al igual que el Comisario Gordon, un bien mayor. La mentira funciona durante un tiempo, ya que la actividad criminal de la ciudad de Gotham se ve aplacada gracias a la dura Ley Dent. Pero todo cambia con la llegada de una astuta gata ladrona, que lleva a cabo un misterioso plan. Sin embargo, es mucho más peligrosa la aparición en escena de Bane, un terrorista enmascarado cuyos despiadados planes para la ciudad hacen que Bruce regrese de su autoimpuesto exilio. Pero a pesar de volver a ponerse el traje, es posible que Batman no sea suficiente para combatir a Bane.

   Lo ha vuelto a repetir. Con El caballero oscuro el director Christopher Nolan dejó el listón de las películas de superhéroes a un nivel de calidad casi imposible de alcanzar por el común de los mortales. Ahora, cuatro años después este genio británico ha cerrado su personal trilogía sobre Batman de modo absolutamente brillante. Es inenarrable lo que ha hecho este tipo con el superhéroe de DC Comics creado por Bob Kane. El nivel de la producción asusta; el guión es de esos que no olvida cabo sueltos; la acción es asombrosa; y los villanos tienen la fuerza poderosa que ya mostraban los malvados anteriores. Y además en El caballero oscuro: La leyenda renace Nolan vuelve a no limitarse a ofrecer simplemente a unos comparsas que rodean la lucha del malo contra el bueno, sino que reparte un puñado de nuevos caracteres rebosantes de atractivo, nada planos, y casi siempre sorprendentes.

   La intensidad de la trama va de más a… más. Todo capta la atención. Y eso que en este caso Nolan se toma su tiempo. Es la película más larga de la saga: más de dos horas y media de pura intensidad. Pero, ojo, la potencia de Nolan va mucho más allá de lo visual. Porque lo grande de la cinta es que el espectáculo no lo basa en esos fuegos artificiales, sino en las personas y sus profusos mundos interiores. Personajes finamente trabajados y maravillosamente transformados en carne y hueso por unos actores de primera fila. Todos los actores están sobresalientes.

   Como en las dos películas anteriores, la cinta tiene una atmósfera muy sombría. La maldad tiene trazas brutales, hasta poco peliculeras, y se masca la tensión y la desesperación más que en los otros filmes. El aire tenebroso y casi apocalíptico, como dice Bane, viene agravado por una fotografía oscura, fiel reflejo del siniestro destino que le espera a Gotham y de la lóbrega situación anímica de los personajes. El colofón lo pone la rotunda, grave y resonante banda sonora de Hans Zimmer, capaz de estremecer al respetable. Estamos, en fin, ante una película donde el elemento fantástico es apabullante, la trama es poderosa, los personajes brillantes y el enfoque antropológico es muy, muy realista (Decine21 / Almudí JD).

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