Tras crecer en un miserable campo gitano, Edmon Vidal, alias Momon, conserva un sentimiento de familia, lealtad inquebrantable y orgullo de su origen. Sobre todo, ha mantenido su amistad con Serge Suttel, con el que descubrió la vida en prisión por algo tan ridículo como robar cerezas. Los dos acaban inevitablemente metiéndose en el crimen organizado. El equipo que formaron, la banda de Los Lioneses, llevó a cabo el más célebre robo armado de principios de los años 70. Su auge imparable acabó en 1974 con un arresto espectacular. Cercano a la edad de 60 años, a Momon le gustaría olvidar esa parte de su vida. Ha encontrado la paz junto a su mujer Janou —quien tanto sufrió en el pasado— y a sus hijos y nietos, quienes respetan enormemente a este hombre sencillo de principios universales, de cabeza clara y lleno de bondad. Pero entonces Serge Suttel, que no ha abandonado nada del pasado, entra de nuevo en escena..
Intensa película de atmósfera “padrinesca”, basada en hechos reales, los golpes que realizaban en Francia, en la zona de Lyon, entre 1967 y 1977, una banda de atracadores gitanos conocida precisamente como “los lioneses”. Olivier Marchal entrega una historia gangsteril de ritmo impecable y algún giro imprevisto, bien soportada por su lacónico y perfecto protagonista, Gérard Lanvin. Están bien trazadas las relaciones entre los componentes del grupo de los lioneses, el modo en que afectan sus andanzas a sus familias, o el acecho policial, todo ello enmarcado por la mirada, cada vez más confusa, de Momon, que creía tener ciertas nociones de qué era lo correcto. No faltan los pasajes de brutalidad extrema, aunque sin intención de glorificar o banalizar la violencia mostrada (Decine21 / Almudí JD).
Intensa película de atmósfera “padrinesca”, basada en hechos reales, los golpes que realizaban en Francia, en la zona de Lyon, entre 1967 y 1977, una banda de atracadores gitanos conocida precisamente como “los lioneses”. Olivier Marchal entrega una historia gangsteril de ritmo impecable y algún giro imprevisto, bien soportada por su lacónico y perfecto protagonista, Gérard Lanvin. Están bien trazadas las relaciones entre los componentes del grupo de los lioneses, el modo en que afectan sus andanzas a sus familias, o el acecho policial, todo ello enmarcado por la mirada, cada vez más confusa, de Momon, que creía tener ciertas nociones de qué era lo correcto. No faltan los pasajes de brutalidad extrema, aunque sin intención de glorificar o banalizar la violencia mostrada (Decine21 / Almudí JD).

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