Jack Harper (Tom Cruise) es uno de los últimos mecánicos de aviones
no tripulados destinados a la Tierra. Forma parte de una enorme
operación dirigida a extraer recursos vitales después de décadas en
guerra con la aterradora amenaza que representan los Scavs. Pero la
misión de Jack toca a su fin.
Recorre y patrulla el cielo a miles de metros de altura hasta que su
“elevada” existencia se derrumba cuando rescata a una preciosa
desconocida de una nave derribada. Su llegada pone en marcha una serie
de acontecimientos que obligarán a Jack a cuestionarse todo lo que sabe y
que acabarán poniendo el destino de la raza humana en sus manos.
Futuro distópico. En el año 2077 la Luna
ha sido destruida y la Tierra sufre una contaminación nuclear, debido a
una guerra alienígena que al final ganaron los humanos. Los
supervivientes han debido exiliarse a otros planetas, y unos pocos
elegidos quedan destinados a la Tierra controlando los drones que
obtienen valiosos recursos naturales. Uno de ellos es Jack Harper, que
junto a su compañera Victoria, realiza su misión después de que a los
dos les borraran la memoria, una acción que se supone facilita su arduo
trabajo. Mientras ella realiza las tareas asignadas desde Control de
modo metódico, él empieza a cuestionarse todo y a hacerse preguntas
sobre el que fuera su hogar, la Tierra.
Película basada en un relato de ciencia ficción del director Joseph Kosinski, que se convertiría también en novela gráfica. Con Oblivion Kosinski demuestra que puede hacer películas más interesantes que Tron Legacy,
todo lo visualmente asombrosa que se quiera, pero esencialmente hueca y
tediosa. Aquí conjuga la imaginería y el diseño espectaculares con una
trama medianamente entretenida y de tintes apocalípticos, que contiene
guiños a La guerra de las galaxias, 2001: una odisea del espacio y Matrix, entre otros títulos, pero sin renunciar a la personalidad propia.
Oblivion maneja ideas como la manipulación, la aceptación
pasiva del estado de las cosas y el uso de la libertad para labrar el
propio destino, con un telón de fondo de la Tierra hecha pedazos,
metáfora muy presente en el cine actual para hablar de los desafíos que
debemos afrontar en nuestra contemporánea sociedad. Y lo hace sin
complicarse demasiado la vida, de modo que pese a paradojas y sorpresas
argumentales discutibles, en el fondo tenemos una historia muy sencilla,
donde quizá lo más flojo es lo relativo a los rebeldes, un grupo de
personajes zarrapastrosos sin demasiado interés, véanse al desganado Morgan Freeman fumándose literalmente un puro, o a Nicolaj Coster-Waldau en plan desconfiado y tal. De modo que el rey de la función es Tom Cruise, con sus princesas Olga Kurylenko y la poco conocida Andrea Riseborough. Ahí hay espacio para hablar del amor, e incluso hacer un guiño romántico a Tú y yo en el Empire State Building. (decine21)

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